NO SON CUENTOS
En la literatura algunos son relatos, no son cuentos, y en la vida real hay anécdotas y sucesos que por inverosímiles que parezcan: No son cuentos.

El Alquimista o de cómo alcanzar la plenitud o al menos el éxito financiero como escritor

Por Gilberto Soriano - 2 de Diciembre, 2014, 11:42, Categoría: NO SON CUENTOS

ESFINGE

Leo me mandó un mensaje: Léete El Alquimista y escribe un texto. Joder. "¿Te refieres al libro de Coelho o al cuento de Lovecraft?", le contesté,  aunque muy en el fondo sabía que la respuesta era más que obvia… "¿En serio, Leo, voy a leer a Coelho? No me jodas". No está de más mencionar que este señor es uno de los autores más vendidos y leído por las masas y a la vez el más odiado por el círculo intelectual. "No quiero decirte no, pero…" Total, qué podía perder al leer la novela ¿tiempo? Cuando uno está desempleado el tiempo es lo que sobra. Además, siempre he dicho que el oficio del reseñador" es como el del buen mecánico: tiene que arreglárselas ya sea con un vocho o con un BMW.  Leer a Coelho, ja. Cosa sencilla. Un reto más. "Perfecto, lo leeré y te mando el texto".

            La novela posee una historia sencilla. Y ese es el objetivo; no se puede esperar más de un escritor de superación. Así que lo primero que hice, antes de dedicarme a leer la novela por completo, fue dejar a un lado mi bagaje cultural y mis pretensiones psuedointelectuales. No quería sesgar mi lectura. Debía ponerme en un papel de lector primerizo, por no decir ingenuo, para así, según yo, disfrutar al cien la novela de Coelho.

            Doscientos cinco páginas más un cuestionario para estudiantes es el corpus de la obra. "¿Cuál era el objetivo de Santiago al volverse pastor de ovejas?", "Para ti, ¿qué es la leyenda personal?". Vaya, la guía del estudiante, sugerida por los editores o quizá por el mismo Coelho, representó para mí toda una complicación. Mejor vayamos a lo importante, la trama: Tomemos a un pastor que sueña con un tesoro, agreguemos a un guía espiritual y unos cuantos personajes secundarios. Enfrentemos al protagonista a problemas cotidianos. Finalmente, revolvamos todo y reflexionemos "filosóficamente"  las trivialidades de la vida... Todos sabemos que la vida es canija, claro, pero con la ayuda de Dios y de nosotros mismos podemos lograr todos nuestros sueños. Voilá, fin de la receta. Tenemos una de las novelas más vendidas y leídas de nuestro tiempo…

El acierto de Coelho reside en apelar a las emociones por medio de la retórica sencilla, por no decir, barata. Se aprovecha de las depresiones, los temores, la sed de éxito y sobre todo de la fe entendida como una religión new age de la sociedad para vender un producto milagro: una guía para resolver los problemas. Si bien, el autor trata de divulgar, por medio de un lenguaje común, las enseñanzas filosóficas antiguas −dígase presocráticos y la filosofía oriental, por no mencionar a Heráclito o a Pitágoras, por respeto−, fracasa en el intento, pues la filosofía antigua no es receta para alcanzar la plenitud ni el éxito entendido en la actualidad: poder, dinero, deseos o tesoros, sino todo lo contrario, son problemas que nos traen más problemas.

Hay que ser sinceros, quizá el fracaso intelectual de Coelho sea la causa de su popularidad. Pues ¿quién diantre quiere leer a los presocráticos o los filósofos antiguos? Nadie, bueno, muy pocos. Ya tenemos demasiados problemas económicos y sociales, que lo que deseamos es una solución rápida, un escape o, al menos, una ayudadita.

Lo malo, independientemente de su literaturidad y argumentos, es la forma en que aborda la condición humana. La autoayuda en lugar de hacer reflexionar al lector, le brinda un camino idílico para abordar y conducir su vida. Todos los problemas se resuelven gracias al Cosmos y a Dios, sólo basta creer en ellos. No sé, aquí mi parte escéptica pone en contraste toda la reflexión del autor. Si pongo mis problemas en manos de Dios, el universo o los aliens y ellos conspiran para que todos mis problemas se resuelvan, para qué diablos me mato en reflexiones y estrategias que ayuden a cumplir mis objetivos. La fe es indispensable para el humano, no cabe duda, pero no hay que dejar a un lado la acción y la razón.

Este pensamiento de dejar nuestros problemas a entes divinos que conspiran para que todo se cumpla, es el boom y la mina de oro de Coelho. En una sociedad tercermundista como la nuestra: en donde la economía, la sociedad y la política están en plena decadencia y corrupción, lo que la gente busca son escapes sencillos para salir de su realidad. Por desgracia, estos escapes son: la televisión, la religión y la literatura de autoayuda.

En fin, debemos tener en claro que el target del autor son: a) las personas no lectoras con pretensiones a acercarse a la lectura; b) los estudiantes de secundaria y nivel medio, o eso sugiere la guía; y c) los lectores de autoayuda. Tomando en cuenta estos sectores, no quiero satanizar a Coelho. Posiblemente su literatura sirva de  apertura para descubrir otro tipo de lecturas. Y si ese es su objetivo, aplaudo su acierto, en este país lo que necesitamos son  más lectores… Amen.

Las ideas no tienen derechos de autor

Por Leonel Puente Colin - 30 de Mayo, 2014, 10:53, Categoría: NO SON CUENTOS

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SI DURARAMOS PARA SIEMPRE

TODO SE TRANSFORMARÍA

PERO COMO SOMOS FINITOS

QUEDA MUCHO COMO ERA.

BERTOLT BRECTH

Uno de mis maestros más estimados, a menudo me decía cuando la vanidad me cegaba: -"Las ideas no tienen derecho de autor". Eso me hacía rabiar, especialmente cuando me había esforzado mucho en algún trabajo o en algún proyecto; pero con el tiempo me fui dando cuenta de que tenía razón y que no me decía aquello sólo por molestarme.

De hecho, ahora yo también me rio con los aspavientos de los individuos con personalidad de YO-YO. "YO hice esto por primera vez", "YO inventé aquello", "YO traje esto o aquello antes que nadie", "YO lo pensé, YO lo ví o YO lo escuché primero".

También los fans o acólitos de ciertos personajes, quizá sin maldad, pero con exagerado afán, se empeñan en encontrar a los Padres de ciertas áreas del conocimiento: "Padre de la filosofía", "Padre del psicoanálisis" , "Padre de la ciencia moderna", "Padre de la evolución" etcétera. Y si bien es cierto que existen seres humanos excepcionales donde se conjuga, se sintetiza o se realza el bagaje cultural, existe toda una comunidad de personas que contribuyen a todos y cada uno de los logros del acervo de la humanidad. La humanidad misma es la dueña de todos los derechos de autor.

Ahora bien, me pregunto: ¿Debe existir legislación para los derechos de autor? Algún lejano ancestro inventó la rueda y nadie la paga regalías a sus descendientes. Otro de esos ingeniosos ancestros inventaría u observaría el proceso de fermentación de la cerveza, pero nadie sabe su nombre para poder construirle un monumento por su valiosísima y exquisita aportación.

En el momento en que alguien, en los oscuros y lejanos tiempos prediluvianos, pinto una raya, delimito un terreno, y proclamó: "Esto es mío", comenzó una terrible y rapaz historia de apropiamiento privado.

Ayer, sin ir más lejos, fui a una de las sucursales del Fondo de Cultura Económica a comprar un libro que quería regalarle a una bella muchacha de la República Checa que anda en estos días en México trabajando en la V Feria de las Culturas Amigas. Unos días antes habíamos platicado animosamente sobre Milan Kundera, especialmente sobre el libro La lentitud, un poco sobre Kafka y sobre cómo se pronuncia el apellido del compositor Dvorák (pero por más que me dijo cómo, sigo sin poder pronunciarlo correctamente). Y pues bien, como no quería que se regresara a su país sin algunas palabras de algún escritor mexicano, fui a la librería Rosario Castellanos de la colonia Condesa y elegí un libro de Octavio Paz. Como era todavía muy temprano para que abrieran la Feria en el Zócalo, me quedé ahí un rato a leer en la sala de lectura.

Me aburrió Gilles Deleuze o, más sinceramente, no le entendí un carajo. Fui a buscar otra cosa y me topé con una edición excelente de poemas de Bertolt Brecht titulado Poemas del lugar y la circunstancia. Leí el prólogo (cuyo autor no recuerdo) en donde se justificaba el criterio de elección de los trabajos de esta antología y donde se calculaban en más de 2 mil los poemas de este autor; también se hablaba sobre la vulnerabilidad de la belleza y la necesidad de protegerla de la corrupción. Leí luego el índice y fui leyendo los poemas cuyo título me llamaron más la atención. Especialmente me gustaron dos, uno pequeño sin título, otro llamado Antígona.

El libro de Brecht del que hablo no tenía precio marcado y fui a preguntar a un cajero. Me dijo que era el último ejemplar y que costaba $500 menos el 25%, es decir $375. Traía el dinero para comprarlo, pero la verdad se me hizo algo caro con todo y el descuento, no estaba tan "económico". Regresé a la sala de lectura y comencé a copiar en una libreta el poema Antígona...

"SAL DE LA PENUMBRA Y LLEGA/ HASTA NOSOTROS UN MOMENTO/ CON LA PISADA LIGERA..."

Después continuaba algo así como: "La manera en cómo volteas la cabeza/ me hace recordar en cómo temes a la muerte/ pero mucho más temes vivir sin dignidad"

Pero entonces, una empleada me dijo con tono autoritario.

- Señor, no sé permite sacar notas de los libros. Todos están a la venta. No funcionamos como biblioteca.

No le contesté nada, sólo me detuve y me le quedé mirando a los ojos. Cuando se fue, tuve ganas de continuar con la transcripción, pero uno de los guardias de seguridad estaba cerca observándome. ¿Cometí un delito? ¿Cuánto es la multa por sacar información escrita de una librería?

Continué leyendo un rato y pensé en comprar el libro de Brecht porque de verdad valían mucho la pena sus poemas y la selección era muy buena, pero en estos frenéticos tiempos posmodernos que corren hay demasiadas cuentas pendientes que saldar y no siempre puede uno gastar en traducciones de calidad. Por otra parte, leer a autores extranjeros mal traducidos muchas veces es peor que no leerlos, porque la mayoría de las ediciones baratas deforman sus obras hasta grados penosos. Ahí, precisamente es dónde deberían incidir las instituciones como el Fondo de Cultura para brindar buenas ediciones a precios accesibles. Tampoco quiero que me regalen nada, porque como dice el dicho: "lo que no cuesta no se valora".

En fin. Pagué el libro de Octavio Paz, ¿Águila o sol?  y salí rumbo al Zócalo montado en una democrática Ecobici. Desgraciadamente ya no vive ese querido maestro del que hablaba al principio de este texto, porque me hubiera encantado ir a platicarle esta experiencia para conocer su punto de vista. 

*

Foto de Jean Yean. Terezie Cvernová. República Checa.

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No es negocio

Por Leócrates - 11 de Junio, 2013, 6:16, Categoría: NO SON CUENTOS

La verdad no es comercial, es decir: no llena las taquillas, no vende. Siempre, o casi siempre, elegimos la mentira y somos capaces de pagar hasta con la vida para mantenernos engañados.

La Canica, una perrita callejera

Por Chobojo Master - 28 de Marzo, 2008, 12:12, Categoría: NO SON CUENTOS

Por Chobojo Master

Les cuento, chobojos:

Este Master tiene su espacio en la revista Toma Todo. La sección se llama: Chobojos. !Qué falta de originalidad la mía! Pudo haberse llamado de otra manera, algo así como Filigranas y torceduras del pensamiento, Aleluya del cotorreo, Mostrador de miserias, La tenaza de Parménides, La espada flamígera de Felipe el Desobediente, incluso Choborrollos…, pero no fue así.

Cada mes, este Master, servidor de todos ustedes (hasta cierto punto, ¿eh?), teclea un artículo para la citada publicación, que como ya se sabe (y si no, para que se sepa) dirige el Chobojo Alonso Marroquín.

Reproduzco a continuación uno de los artículos ahí publicados. Diviértanse. Aquí va.

La Canica, una perrita callejera

En el número anterior les platiqué de Cultura, una perra muy especial; en esta ocasión, chobojos déjenme contarles de otra perrita, que apareció un buen día en la calle donde este Chobojo Mayor vivía. Inicialmente la raza le puso por nombre "Canica", no sé si porque, como si fuera gente pobre, había rodado mucho o simplemente andaba de aquí para allá.

Todas las historias de perros tienen su moraleja y están asociadas a muy diversas anécdotas, unas veces simpáticas y otras en extremo trágicas. Valga el espacio para recordar a un periodista argentino, Juan José de Soiza Reilly, quien escribió un pequeño texto, publicado en México por  Editora Nacional, titulado El alma de los perros, donde escribe -anoto, sin citarlo textualmente-: este era un perro tan desgraciado, tan apaleado, hambriento, sarnoso, perseguido y segregado, que más que perro parecía hombre. En su ejemplar, el periodista hace diversas analogías entre los perros y sus vidas con el hombre y la suya, marcando similitudes impresionantes. Pero debo regresarme a la historia que quiero contarles.

Resulta pues, que la Canica se ganó a todo el vecindario, porque era indudable que, viniera de donde viniera, había sido muy bien educada por quienes fueron sus amos y era destacada por su obediencia a cualquier orden que se le diera. Al paso de los días, buscó y encontró un recodo que tomó como su domicilio: el descanso de una escalera independiente que llegaba a un departamento aislado en un vecindario de esos que tienen patio y macetas floridas en las orillas.

El tiempo pasó y la Canica se convirtió en un todo un personaje extraordinariamente popular. Era favorecida con viandas suculentas y cobijada con buenos trapos; hasta un pequeño techado le construyeron los vecinos. Buena defensora de su territorio, juguetona con los niños… una perra que -así lo decían los escuincles-, hasta cantaba. ¡Cuántas cualidades se le adjudicaron! ¡Todas!

Cierto día, llegó un chobojo de esos mala sangre, sangregorio, sangrón, mamón, mamila, jactancioso, presumido, pedante, nadiememerece, que había sido residente en la cuadra, y al ver a la Canica, calificó y preguntó de botepronto:

-¿Y cómo se llama el pinche perro?

Este Master, que ya se vestía de humor negro, le contestó muy serio.

-Se llama Usted.

-¿Cómo? ¡Así se llama?

-Sí, así se llama. Pero déjeme hacerle una aclaración. Usted no es un perro, Usted es una perra. Ah, pero eso sí: Usted es muy obediente. Nada más se le da una orden y Usted la obedece de volón pin pon. Usted, además es una perra muy cariñosa. Si se la pongo, Usted me lame la mano, o Usted va corriendo por el palito, si se lo aviento. Aunque para serle franco, eso de que Usted sea una perra tiene sus inconvenientes, porque cuando Usted está en brama, todos los perros andan detrás de Usted, y ya se imaginará el espectáculo que da.

-Bueno, ya. ¿De qué se trata?- me estás ofendiendo.

-No. Lo único que estoy haciendo es platicarle de cómo es Usted.

El tipo casi me mentó la madre, se dio la vuelta y se fue. Yo, para rematar, de inmediato, llamé a la Canica, pero no por su nombre, sino con el Usted, y ¿qué creen?.. la perrita obedeció. El fulano también volteó y todos los que estábamos ahí soltamos la carcajada. Entre chobojos te veas.

Aquellas reuniones

Por Alonso Marroquín Ibarra - 26 de Diciembre, 2007, 14:22, Categoría: NO SON CUENTOS

Unos jirones de corazón por aquí, unas sonrisas por allá, abundantes o escasas y muchas, muchas conversaciones acumuladas, donde los hablantes dejaron su mejor sentido del humor, su asombro o sus vanidades incontenibles para demostrarle a los que oíamos que no había más allá que su palabra y nadie, absolutamente nadie, por encima de su persona. ¡Ah, nunca faltaban esas personas non plus ultra!

Nos comíamos las noches enteras, hasta escuchar el trino de los pájaros que, despertando, nos sugerían, sin reclamo, que visitáramos la almohada. Nadie les hizo caso nunca. Las horas se quedaban vestidas de palabras, de extrañas filosofías personales, de ideas nuevas, de proyectos inalcanzables, de locas fantasías que muchas veces aterrizaron a  pedazos, deshaciendo ilusiones y quebrantando economías; también se llenaban de risas y alegría.

Los de pies ligeros se conformaban con los ritmos para crear su baile, entre más esenciales mejor, y con pareja o sin ella se movían de continuo: sentían por los pies, por las piernas, por los hombros, por las caderas. Cerrando los ojos y soltando desde muy dentro sus emociones, seguían cada nota y cada nota se les pegaba al cuerpo, redibujando sus movimientos. Chachachá, que rico chachachá.

De vez en cuando alguna grabadora registraba lo que después, al reproducirlo, era una mezcolanza de voces atropellándose con un entusiasmo extremoso o con una pasión absurda de alguien que defendía su postura, de suyo indefendible. Se generaba la polémica y no faltaban los amarra navajas, que sin defender postura alguna, echaban toritos a uno y otro lado hasta exaltar los ánimos, que se alivianaban muchas veces con el amigo de la guitarra que reclamaba la atención de los duelistas verbales: «Vamos a echarnos la Sanmarqueña» Con eso la bola pegaba en otra banda y, como en un juego de billar, la reunión presentaba otra cara.

Váyase volviendo amable,
deje ya el verbo filoso,
Guarde en la vaina su sable
y quítese lo rencoroso.

Si porque te quiero,
quieres que te quiera más.
Te quiero más que a mi vida.
¿Qué más quieres? ¿Quieres más?

Los aferrados en continuar con la caldeada discusión eran llevados, quisieran o no, a la cantada. «Ya déjenle a’i. ¡Vamos a cantar!» Y si no se integraban al ingenio y comicidad de esa canción chilena guerrerense, ya se integrarían a las canciones dolorosas o de romanticismo, empalagoso como melcocha.

Amar es empapar el pensamiento
con la fragancia del Edén perdido.
Amar, amar es llevar herido
con un dardo celeste el corazón.

Los enamorados, o los que estaban en camino de llegar ahí, se acurrucaban, dejando salir esas miradas cargadas de “te quiero”, “tú y yo, de aquí hasta la eternidad”.  El tiempo daría su veredicto, premiando a los espíritus armoniosos y lanzando a los extremos opuestos a los amores tormentosos e inapropiados. Una mera cuestión de afinidades.

La comida, la bebida, la conversación en buena lid, el baile, el canto y la ganas de compartir -el factor principal-, eran los ingredientes necesarios –y lo son- para que aquellas reuniones dejaran una huella profunda en el espíritu.

Eran elementos sencillos, sin tecnologías rebuscadas qué presumir, ni eventos fatuos, la vanidad era exclusiva de algunos que considerábamos verdaderos hígados:  «Acabo de comprar una laptop de poca madre. Mira» «Tengo un Blog en Internet que visitan millones de personas, aunque es muy exclusivo» «Mi cel (teléfono móvil) es lo último que hay, hasta hace trutrú, además de cargarse solito» «Prende la tele para ver el partido» «Es que la membresía que compramos en el Club Soloparagentecomoyo es de primer mundo» «Fuimos a San Antonio y compramos… » «No voy a poder estar con ustedes, me voy a mi tiempo compartido en Cancún, tú sabes es un resort de 25 estrellas, all inclusive, claro» «Pongan un buen rock, ¿a poco les gustan los artistas nacionales? Eso es sólo para nacos» «Nos tenemos que ir, teníamos un compromiso programado… »

¡Ah, aquellas reuniones!

Alonso Marroquin Ibarra
año 2007 por terminar

La ley del Monte contenía la ley del Triunfo.

Por José Antonio González Villanueva - 17 de Diciembre, 2007, 18:24, Categoría: NO SON CUENTOS

Estimados Chobojos, hoy quiero platicarles la historia de una de las canciones rancheras que más pegan: La ley del monte, y que representa la bandera de Vicente Fernández Gómez, el Charro de Huentitán, y pónganle atención, porque en verdad es muy bonita. Resulta que el compositor de esa canción, José Ángel Espinosa, a quien se apodó "Ferrusquilla", por ser ese el nombre de un personaje que interpretaba en la XEW, regresaba hace ya algunos años de un viaje al Estado de Veracruz, y a la altura de la carretera México-Puebla, observó a lo lejos una parejita que se alejaba de una penca de maguey y de inmediato echó a volar su imaginación, tanto sobre lo que acababa de hacer aquella pareja, como lo que sucedería después de ese encuentro, y en unos pedazos de periódico, empezó a escribir la canción, al terminarla, la leyó por completo y seguro de que sería un numerazo, acudió de inmediato a presentársela a Doña Lola Beltrán, pero ésta no la quiso incluir en su repertorio, -Está muy bonita tu canción mi "Ferrus", pero yo no la voy a cantar-, y Don José Ángel Espinosa, sólo se limitó a dejarla en las listas de canciones de las disqueras para las que escribía, al poco tiempo, esa canción fue grabada con un toque pausado por el Mayor David Reynoso, y su versión de ese tema no se oye tan mal, pero la verdad no pasó nada con esa interpretación, pero ya bajo el estilo del señor Reynoso, la escuchó un joven intérprete de música Ranchera quien pidió permiso a Don José Ángel Espinosa "Ferrusquilla" para grabarla, y éste no tuvo objeción alguna, convirtiéndose el tema, en la bandera de Vicente Fernández y parte de las canciones que no puede dejar de interpretar en sus presentaciones, y hasta película se hizo sobre la misma, les dejo la letra para que la recuerden y dentro de poco les subo la versión de David Reynoso, para que conozcan la versión original de dicho tema.

 

José Antonio González Villanueva

LA LEY DEL MONTE
(Ranchera)
 José Angel Espinosa "Ferrusquilla"


Grabé en la penca de un maguey tu nombre
unido al mío, entrelazados,
como una prueba ante la ley del monte
que allí estuvimos enamorados.

Tú misma fuiste quien buscó la penca
la más bonita, la más esbelta,
y hasta dijiste que también grabara
dos corazones con una flecha.

Ahora dices que ya no te acuerdas,
que nada es cierto, que son palabras,
yo estoy tranquilo porque, al fin de cuentas,
en nuestro idilio las pencas hablan.

La misma noche que mí amor cambiaste
también cortaste aquella penca;
te imaginaste que si la veía
pa' ti sería cómo una afrenta.

Se te olvidaba que el maguey sabía
lo que juraste en nuestra noche
y que a su modo el también podía
recriminarte con un reproche.

No sé si creas las extrañas cosas
que ven mis ojos, tal vez te asombres,
las pencas nuevas que al maguey le brotan
vienen marcadas con nuestros nombres.

Dos personajes que dejaron huella, se iniciaron en la radio

Por José Antonio González Villanueva - 7 de Diciembre, 2007, 19:46, Categoría: NO SON CUENTOS

Pues en otra anécdota de cosas interesantes que sucedieron en radio, hoy quiero platicarles sobre uno de los comunicadores que se ha mantenido con el programa con mayor permanencia en la Televisión y otro considerado como el cantante de mayor trayectoria de nuestro país, me refiero a Xavier López Chabelo y a Don Marco Antonio Muñiz.

Chabelo inició su carrera como actor en los estudios de Televicentro, ahora conocida como Televisa, convocado por un amigo. Xavier López se dedicó en su juventud a asistir a productores de esa empresa y con el tiempo se dedicó a asistir a Ramiro Gamboa (El tío Gamboín), quien conducía diversos programas en la XEW. Ahí, Gamboa, (cómo se le conocía), propuso a Xavier López, escenificar diversos chistes de un niño llamado "Chabelo", de un libro en el que se apoyaba para alimentar sus programas. Xavier López Chabelo, quien abandonó sus estudios de medicina para dedicarse a la actuación, jamás imaginaría que ese personaje se convertiría en el futuro no sólo en un personaje del cual nunca se separaría, sino en un icono de la publicidad y una figura, que en la actualidad cuenta con el programa de mayor permanencia en la historia de la televisión mexicana. Chabelo forma parte, pues, de esos pocos personajes que quedan, que se hicieron a sí mismos, sin más apoyo que su talento y su deseo de subir un escalón

Marco Antonio Muñiz por su parte, a pesar de haber iniciado su carrera como cantante en Ciudad Juárez, Chihuahua, a los trece años de edad, al llegar a la Ciudad de México, tuvo que desempeñarse en la XEW como lo que él mismo define como "traidor" (tráete las tortas, tráete el café, etc.), y llama mucho la atención una anécdota de su juventud en la que en el barrio de Mexicaltzingo, Jalisco, al descanso de una cascarita con sus compañeros, entre los que se encontraba otro joven de nombre Tomás Balcázar, tumbados en el pasto al término del juego, Marco Muñiz comenta que:

Tomás Balcázar miraba el improvisado balón manufacturado con trapos viejos con el que tenían que conformarse por no tener para un balón diciendo:
-Cuando sea grande seré un gran futbolista-, al oír eso Muñiz no quiso quedarse atrás y exclamó -Y yo seré un gran cantante.
Con el tiempo Balcázar se convirtió en jugador goleador de las Chivas rayadas del Guadalajara y seleccionado nacional, y Muñiz, por su parte, en una de las personalidades más importantes de la música popular latinoamericana.

José Antonio González Villanueva

Breve anécdota de la radio mexicana

Por Chobojo Master - 1 de Diciembre, 2007, 10:47, Categoría: NO SON CUENTOS

José Antonio González, locutor de profesión, ha establecido contacto con este Chobojo Mayor, y comparte la siguiente anécdota de la radio mexicana, de tantas que tiene por contar. Desde este espacio le doy la bienvenida y le mando un fraternal saludo, esperando ver su nombre con frecuencia en este Blog de los Chobojos.

Chobojo Master

El locutor Álvaro Gálvez y Fuentes, llegaba muy temprano a los estudios de la XEW en las calles de Ayuntamiento, y al saludar a sus compañeros, cuando alguien le preguntaba
-¿Qué tal señor? ¿Cómo le va?-, éste respondía:
-A mí me va muy bien, sólo a los pen... les va mal. En esta vida maravillosa no nos puede ir mejor.
Luego preguntaba a su interlocutor:
-Y a usted, ¿cómo le va?
La situación planteada, obligaba a responderle:
-No, pues a mí también me va muy bien.

José Antonio González

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