LETRAS Y GARABATOS
Finalmente logró poner en papel todo lo que cargaba dentro. Le tomó mucho tiempo. Rayó, garabateó, bosquejó, estructuró... ¡Cuánto trabajo invisible! Al leer por enésima vez, pensó que ya eran buenas sus letras. Se olvidó del descansó y escribió más.

Sobre Markheim, de Robert Louis Balfour Stevenson

Por Jessica Gòmez - 16 de Marzo, 2013, 8:29, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Este escritor escocés que tan sólo alcanzó 44 años de vida, legó una vasta obra que incluye crónicas de viaje, poemas y ensayos; además de cuentos que alojan una prosa de estilo literario nítido, como es el caso del que nos ocupa; tambièn es conocido por varias novelas de aventuras, entre las que destaca La isla del tesoro.

Dentro de la prosa del cuento Markheim (nombre del personaje principal), el manejo del tiempo es fundamental y nos permite acicalarnos los segundos para abordar la aceleración y la lentitud como danzas que derrotan o reviven los latidos del corazón.

El tiempo es omnipresente en el transcurso de este relato: es desgracia, es enemigo, es aliado en los momentos de la eternización de las reflexiones, y es el simple tic-tac del reloj. En este cuento, nos inunda la compilación de sucesos que históricamente podemos revivir a través de las evocaciones del siglo XV o nos abandona a través del rostro figurado de una mujer o de un asesino.

Stevenson, al remontarnos a una o dos épocas históricas en un solo texto, nos regala el recordatorio de lo vacuo del tiempo y, al mismo tiempo, nos da la seguridad de caminar en una sola línea de encadenamientos humanos. Lo que se hace con el tiempo y, por supuesto, con el espacio y la materia, dentro de las posibilidades humanas, arroja un halo transparente de consecuencias que trastocan la moral, lo cual es evidente ante el cuestionamiento que Markheim se hace ante el asesinato que cometió. Es posible su castigo o su huída; es posible su arrepentimiento prematuro o su condena eterna; es posible, también, el desarrollo de la consciencia como una de las pocas virtudes que le provoca la memoria; es posible asirse de la llama de la vela que alumbra aquella casa (escenario del asesinato) para considerar la ejecución del mejor acto liberador como final; es posible, incluso, colocarse ante el deber para nivelar la balanza entre un gesto feroz y un gesto afable, propio o ajeno, del visitante o del protagonista, para conciliar al cielo y al sugerido infierno.

Es notable la forma en que Robert Louis Stevenson logra aterrorizarnos con la evocación de espacios, sensaciones, pensamientos y vivencias que pueden reflejar el miedo que alguna vez hemos experimentado directamente o través de la imaginación, lo cual nos invita a darle nuevamente, aunque sólo por breves instantes en el tiempo, otro sentido a nuestro existencia.

Al pasar la página está la muerte

Por Julio Manzanares - 22 de Junio, 2012, 13:22, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Al pasar la página está la muerte. La vida, para quienes, cómodamente, no hay libre albedrio, es un libro: todo está escrito. Pero al final de la vida habrá un mausoleo planificado con epitafio inscrito para quienes, arrogantemente, se piensan arquitectos de su futuro: todo habrá de escribirse.

Luego, vendrá el irónico debate entre esos conformistas y esos presumidos, las conclusiones no serán escritas por ninguno de ellos. Y en la vorágine de la discusión habrán de encontrase, o más bien enfrentarse, corrientes cálidas y frías: la emoción y la inteligencia. ¡Pero ay de aquél cobarde que con igual cantidad de frío e igual cantidad de calor pretenda conciliar la querella!: lo tibio es cobardía, no obstante la supremacía de la prudencia. Sólo el alquimista auténtico habrá encontrado las sustancias y proporciones para hacer resonar con estruendo su voz en la bóveda. Tendrá que separarse de los mudos y de los escandalosos sin resonancia.

El desencuentro entre lo frío y lo cálido (la inteligencia y las emociones) gestará el remolino y en él nos veremos con los brazos hacia arriba, pretendiendo agarrarnos del rabo de una nube para no ser succionados por la inercia, por los giros infinitos, el estómago del tiempo. Habrá de tragarme, de tragarte, de tragarnos, la tolvanera. Y el valor hecho ceniza nos hará estornudar mientras ese tifón nos provoca náuseas. Y el estornudo no servirá de nada, ni para ganar tiempo ni para postergar el grito de terror, pues será una ineficaz, una mediocre muletilla. Y la naúsea será la respuesta a todo intento de disquisición.

Y tu historia y la mía, tan divergentes y hechas polvo, yacerán entre el vómito de nuestra incertidumbre: nuestros descendientes. Y consultaremos y escribiremos libros para encontrar o proponer explicaciones, para heredarlas. Y al no hallarlas construiremos mausoleos para disimular nuestro fracaso. Supondremos, con voz arrogante, que petrificamos lo perecedero. Soñaremos que, con letras altaneras, plasmamos historias indelebles. ¡Lo creerás!, y hasta pretenderás haber dignificado tu fracaso. Pero al pasar la página estará la muerte.

¿Cuánto tiempo?

Por Leonel Puente - 18 de Junio, 2012, 15:01, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

                                                   

Sólamente recuerdo que estaba leyendo algo acerca del polvo...

No recuerdo precisamente si era un artículo titulado Ecología del polvo de un par de autores homónimos llamados Guillermo Murray (padre e hijo, el uno maestro en ciencias biológicas, el otro maestro en psicología) o las Profecías del polvo de Juan Cervera Sanchís, a quien últimamente le ha dado la manía de firmar sus obras agregando, después de su nombre completo, los apellidos maternos de sus progenitores: Jiménez y Rueda. Si yo lo imitase, entonces tendría que firmar mis textos de la siguiente manera: Jesús Leonel Puente Colín de Anda y Álvarez. Un nombre que se me antoja muy largo, además de que el tal Jesús nunca lo he utilizado más que por convención civil: así estoy registrado y bautizado, así me llamo también; pero en mis relaciones cotidianas es casi inoperante ese apelativo...

Quizás no esté tan equivocado Don Juanito, ¿por qué no invocar a nuestros ancestros de sangre más próximos para sentirnos acompañados en ésta extraña y a veces desgastante jornada sobre la tierra? Posiblemente sea un recurso certero, una especie de sortilegio existencial. Constelaciones familiares las llaman ciertos psicólogos de corte metafísico, si no me equivoco...

Algo sobre el polvo estaba leyendo, ó, más bien, releyendo, porque Las profecías del polvo ya tienen varios años de haber sido escritas y llevo varias semanas aplazando la redacción de una reseña acerca de ese metafórico y alucinante texto. Sólo releo o transcribo algunas frases contundentes; en ciertas ocasiones realizo algunas anotaciones marginales o aventuro algún comentario; pero nada más. Debo ser más concreto, crítico y creativo. Nadie puede volver de sus abismos. La vuelta no es posible. El tiempo ido es ido irremediablemente...

Algo sobre el polvo estaba releyendo, quizá era ese artículo de reciente publicación en una de las revistas de divulgación científica de la UNAM. ¿Será verdad que la poesía más sublime y la tecnología de punta se tocan en sus extremos para completar la espiral evolutiva del conocimiento humano? No creo que sea necesario retornar a la brujería para comprobarlo pues, si el científico descalifica al poeta, o el poeta olvida como multiplicar 2X2, ocurre lo contrario: la involución. Sea como sea, desde la primera lectura de aquel artículo me quedó muy grabado el hecho de que, a veces, hasta el 90% del polvo doméstico está conformado por células muertas de nuestra propia piel...

Estaba, pues, releyendo algo acerca del polvo, me fui a recostar un rato, y me quedé dormido con la luz prendida. Al despertar sentí escalofríos porque recordé un pasaje de la novela 1984 de George Orwell. – ¿Acaso estoy atrapado en El lugar donde no hay oscuridad?— pensé de pronto tiritando por el frío de la madrugada. Salté cuál felino que ha olido peligro cercano y recorrí todas las habitaciones de la casa apagando y encendiendo las luces; miré bien, revisé cada rincón para cerciorarme de que todo estaba en su sitio y bajo control. Me fumé luego varios cigarros, uno tras otro (aclaro que eran de tabaco, no se vaya a pensar que me drogo ilegalmente). Legalmente me apliqué una sobredosis de nicotina, que aceleró el torbellino de mis pensamientos, y me tomé medio vaso de tequila de un jalón...

Eran las 4:30 A.M. y la casa estaba fría y silenciosa; anormalmente silenciosa porque en general siempre hay algún ruidillo por aquí o por allá, sólo es cuestión de concentrarse y de escuchar; pero ésta vez no, nada, silencio total en el exterior...

Recapitulando... Estaba releyendo algo acerca del polvo antes de quedarme profundamente dormido. De aquel letargo, un silencio total y absoluto me despertó. No diré que se me apareció el fantasma de mi padre muerto o el espectro del maese Marroquín, sería mentira: nunca he visto seres sobrenaturales, ni quiero verlos; sin embargo, después de un rato de confusión, fui a buscar mi libreta de apuntes y busqué la última página escrita: ¿Cuánto tiempo puede uno perder antes de perderse para siempre? Como simple frase interrogativa, hasta califica para slogan de una compañía de seguros o para la tarjeta de presentación de un pastor evangelista; pero como serio cuestionamiento acerca del desempeño propio, a lo largo de la vida, se vuelve una sentencia acuciante, reveladora, demandante...

¿Cuánto tiempo puede uno perder antes de perderse para siempre? No lo sé, sinceramente no lo sé. De lo que si estoy completamente seguro es de que, si por el tiempo malgastado pierdo la partida contra el destino y la muerte, nadie más que yo será el responsable de esa amarga derrota.

¿Cuánto tiempo puede darse uno el lujo de perder antes de perderse eterna e irremediablemente? ¿Cuánto tiempo?

Recordando a un clásico.

Por Puente Colin Jesús Leonel - 16 de Mayo, 2012, 8:45, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Hace veintiún años—la mitad de mi vida—junté un día todos los textos que había escrito hasta ese momento. Había alguno que otro intento de cuento en mis libretas de primaria, desgraciadamente muy disneylandescos casi todos; había también varios pseudopoemas amorosos en mis cuadernos de Español de la secundaria, pero la mayoría eran paráfrasis de la obra de Gustavo Adolfo Bécquer. Ya en el bachillerato, me dio por escribir acerca de los dilemas filosóficos, las crisis existenciales y la necesidad de una revolución real, no espiritual ni ideológica ni abstracta; aunque, ya en la distancia, siendo sincero conmigo mismo (y con aquellos camaradas de juventud), me encantaban más Giovanni Papini y Hermann Hesse que Karl Marx y Sigmund Freud.

Así pues, ya reunidos todos aquellos textos, decidí destruirlos. De hecho, ya lo había pensado varias veces antes, pero siempre había algo que me detenía: alguna que otra frase bien lograda; algunos versos no tan románticos, no rimados tan gratuitamente ni calca de los de Bécquer; algún cuento o relato con el germen de alguna idea interesante; algún protoensayo casi argumentativo o casi crítico... o algo por el estilo. Pero aquel día quemé todo en una fogata que armé en la azotea de mi casa. No quedó más que un montón de cenizas. Sólo eso y la decisión de volverme positivista, realista y profesionista, ¿para qué distraerme con el ejercicio artístico si ya existen las obras monumentales de Sófocles, Cervantes, Shakespeare, Baudelaire, Maupassant, Poe... [etcétera]? 

Desde niño había dicho que sería doctor, o más específicamente, médico; porque se puede ser doctor en muchas áreas, incluida la medicina, pero yo quería llegar a ser doctor en medicina y específicamente en la especialidad de neurología. Sin embargo, me descarrié en el camino y terminé matriculándome en la Facultad de Psicología de la H. UNAM; y no me arrepiento, pero esa veta literaria que siempre he querido acallar, reprimir, olvidar o encubrir, nunca me ha dejado en paz. Quizá, o [yo] así me lo explico, la psicología sea un punto intermedio entre la medicina y la carrera de las letras. Y el ejemplo más evidente de este razonamiento o creencia es precisamente el señor Freud, que tuvo que estudiar medicina por la presión de su padre y por las circunstancias económicas de su familia –venida a menos –que no podía arriesgarse a financiarle una carrera literaria que no garantizaría su sobrevivencia física ni su status social. ¿De dónde le salieron a aquel brillante psiquiatra varias de sus teorías más famosas si no de la literatura clásica? De alguna manera, su vocación más profunda nunca pudo ser sometida porque las grandes y verdaderas pasiones no mueren tan fácilmente ni se dejan asesinar impunemente.

Ahora bien... ¿cuántos de los que escribimos lo hacemos nada más por hobby y cuántos por una verdadera necesidad de expresión y amor a las palabras? Y aún si es sincera esa necesidad y ese amor, ¿cuántos nos esforzamos por perfeccionar tanto la forma como el fondo de lo que redactamos? ¿Cuántos ya sólo nos dormimos en nuestros laureles por haber conseguido algún premio, algún diploma o el aplauso del público (muchas veces caprichoso y falaz o sumamente sectorial)?

En fin... ¿Quién mejor que un clásico para ilustrarnos con su sabiduría? Por eso ya me callo [yo] y les comparto éste texto del Maestro Stevenson. Y como dice el dicho: "Quien tenga oídos que oiga". Esta carta me la dedico a mí mismo –más que a nadie en el mundo—y me aplico sus sentencias en el presente, ahora como entonces...

    

-*-

CARTA A UN JOVEN QUE SE PROPONE SEGUIR LA CARRERA ARTÍSTICA*

Con la agradable franqueza de la juventud, usted se dirige a mí, sobre un asunto de cierta importancia práctica para usted, y (es también concebible) de cierta gravedad para el mundo: ¿debe o no debe usted ser artista? Es algo que enteramente debe usted decidir por sí mismo; cuanto yo pueda hacer sólo es llevar a su conocimiento algunos de los materiales de esa decisión; y empezaré, como también acabaré probablemente, asegurándole que todo depende de la vocación.

******************************************************************

· Y además, tenemos vocaciones imperfectas; hay hombres cuyo espíritu se dedica afanosamente no tanto a un arte como al general ars artium y base común de toda obra creadora; que ahora estará inclinado a la pintura, luego estará aprendiendo contrapunto, y después ha de estar escribiendo un soneto: todo con igual interés, y a menudo con verdadera sapiencia. De este temperamento, cuando existe aisladamente, me es difícil hablar; pero a uno así yo le aconsejaría seguir las letras, porque en literatura (que arrastra una red tan amplia) toda su información se considera útil algún día, y si continúa como empezó, y entra al fin en la crítica, habrá aprendido a usar los instrumentos necesarios. Últimamente llegamos, de un golpe, a esas vocaciones que son decisivas y precisas; algunos hombres han nacido con el amor por los colores, la pasión por el dibujo, el don de la música, o el impulso de crear con palabras, exactamente como otros, y quizá los mismos hombres, han nacido con el gusto de la caza, o del mar, o de los caballos, o del torno. Éstos son predestinados; si un hombre gusta del ejercicio, de una ocupación cualquiera, sin embargo de toda finalidad de éxito o fama, lo han llamado los dioses. Podrá tener también la vocación general; podrá tener también afición a todas las artes, y creo que a menudo la tiene; pero la prueba de su vocación es esa laboriosa parcialidad para con una, ese deleite inextinguible en sus éxitos técnicos, y, quizás sobre todo, cierto candor de ánimo para tomar esa frívola empresa con una gravedad que llenaría el cuidado de un imperio, y para creer que es digno de lograrse el más pequeño progreso, a cualquier costo de tiempo o de trabajo. El libro, la escultura, la sonata, han de ir adelante con la irrazonadora buena fe y el persistente espíritu del niño en sus juegos. ¿Merece la pena? Cuando le ocurra a un artista esta pregunta, lleva implícita la respuesta negativa. Pues no le ocurre a un niño cuando juega a ser pirata en el sofá del comedor, ni al cazador cuando persigue a su presa; y la ingenuidad del uno y el ardimiento del otro deben juntarse en el pecho del artista.

· Si usted reconoce en sí mismo un gusto tan decisivo, no hay lugar a la duda: siga su inclinación. Y observe (a menos de que lo desanime demasiado) que la disposición no resplandece al principio de un modo tan brillante, o, por lo menos, no tan constantemente. El hábito y la práctica habilitan los dones, la necesidad de la faena se hace menos desagradable, llega hasta a ser bienvenida, con los años; un gusto leve, siempre que sea genuino, con la indulgencia se convierte en una pasión exclusiva. Baste, por ahora, que al recordar un intervalo suficiente, vea usted que el arte escogido ha logrado preponderar entre los insistentes intereses de la juventud. El resto lo hará el tiempo, si lo ayuda la devoción; y pronto cada pensamiento suyo irá a ingresar en la labor atractiva.

· Pero aun con devoción, usted me advertirá, aun con asiduidad firme y placentera, muchos miles de artistas gastan sus vidas enteramente en vano, si se está al resultado: miles de artistas, y nunca una obra de arte. Pero la vasta muchedumbre humana es incapaz de hacer nada razonablemente bueno, en arte como en todo. El artista sin mérito tal vez hubiera sido un panadero muy competente. Y el artista, aun cuando no divierta al público, se divierte a sí mismo; de modo que en todo caso sus vigilias harán a alguno más feliz. Éste es el lado práctico del arte: que es una fortaleza inexpugnable para el que lo profesa con verdad. Las recompensas directas—las ganancias de la carrera—son pequeñas; pero las indirectas—las ganancias de la vida—son incalculablemente grandes. No hay otra ocupación que permita ganar el pan de cada día con tanto gozo. El soldado y el explorador tienen momentos de excitación más digna; pero se adquieren a través de crueles azares e inenarrables periodos de tedio. En la vida del artista no tiene que haber hora sin placer. Hablo del escritor, porque con su carrera estoy mejor relacionado; y es verdad que trabaja un material rebelde, y que el mero acto de escribir es entumecedor y fatigoso para la vida y el ánimo; pero obsérvele usted en su trabajo, cuando el asunto se desborda encima de él, y abundan las palabras, en qué continua serie de pequeñas victorias transcurre el tiempo; con qué sentido de la fuerza, como quien mueve montañas, él dispone sus personajes ínfimos; con qué placer, de los ojos y del oído, ve crecer en la página toda su aérea estructura, y cómo desempeña una labor a la que toda su vida contribuye, y que da entrada a todos su gustos, sus aficiones, sus convicciones y sus odios, de modo que lo que escribe es solamente lo que ha anhelado pronunciar. Él habrá disfrutado muchas cosas en este grande y trágico escenario del mundo, pero ¿qué habrá podido disfrutar de un modo más completo que una mañana de trabajo fecundo?

******************************************************************

* Texto extraído de la Antología de textos sobre lengua y literatura. Lecturas universitarias # 5. Colegio de Ciencias y Humanidades. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición, 1971. Ciudad Universitaria, México, D.F.

Amanecer

Por Ruyamp - 25 de Febrero, 2012, 9:41, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

El sol está saliendo. Me da los buenos días con una sonrisa dibujada en su cara.

Despierto sólo para volver a vivir en un mundo lleno de asesinos, violadores, políticos ladrones, cinismo, envidia, muerte, resignación, alienación. ¿Por qué despierto todos los días en un mundo, que a mis 21 años, no ofrece nada? ¿Por qué antes si uno se esforzaba lo suficiente garantizaba su lugar en el mundo y ahora no?

Qué clase de mundo han hecho para las futuras generaciones. ¿Es realmente esta vida un terreno de juegos donde puedan reír y crecer seguros? ¿Por qué nos esforzamos en defender lo que nos está destruyendo?

Poco a poco, pierdo las ganas de pararme. Ya no quiero ir a trabajar, ya no quiero vivir otro día más en un lugar así, pero algo me vuelve a levantar y me dirige hacia mi trabajo, y hoy vuelvo a esforzarme más allá de lo que me piden, porque mi trabajo empieza con las labores por las que me mal pagan, pero ese es sólo el principio.

Todos tenemos un segundo empleo, que de hecho, es el primero que aceptamos en nuestras vidas, es el más importante y el que realmente satisface, somos seres humanos.

Este trabajo es de tiempo completo y la retribución, a pesar de no ser monetaria es más grande que cualquier otra, pues, esta paga no hay forma de gastarla sin compartirla, no se despilfarra en rebajas, ni se puede disponer de ella con planes de crédito y no importa si tienes mucho o poco, lo importante es que todos tenemos algo que ofrecerle al que está enfrente.

Mientras sigo pensando en este amanecer, la sonrisa me vuelve al rostro, y me acuerdo de mis 15 años, cuando defendía el mundo con mi vida, simplemente porque es lo correcto, pero, aun así esa alegría es acompañada por un ligero llanto, porque el recuerdo viene acompañado por la desesperación, que la gente adulta generó sobre mí, sus eternos ataques para que cambiara: porque ese camino nunca me iba a llevar a nada, porque el mundo no va a cambiar, porque la vida siempre ha sido igual y siempre lo será, porque casi me arrebatan mis ganas de luchar, porque casi convierten a un ser humano de 15 años en un zombi que se arrastraría por el mundo obedeciendo, ganando, comprando, follando, drogándose con televisión, ¡pero no!

Esta frase me acompañara toda mi vida y en ella he basado mis esfuerzos: "Podemos seguir en este camino o podemos pensar en un cambio". Es una de las más importantes de mi vida, porque cuando todo parece ser una gran red de mentiras imposible de romper, en vez de seguir por ese camino, recorro el sendero del cambio, empezando con no colaborar para que esa red continúe, de esta manera aunque no se debilita ya no se fortalece, y en la medida de lo posible la intento debilitar cuando menos deshilachando un pequeño hilo de ese gran telar.

Gracias sol por recordarme quien soy y de que soy capaz, gracias por este nuevo amanecer.

Biblio

Por Ruyamp - 23 de Febrero, 2012, 0:01, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Cuéntame todo lo que sabes, dime con letras todo lo que has pasado para llegar a mis manos. ¿Cómo te sientes a lado de tus hermanos, complementándose constantemente en mi mente, formando así un gran rompecabezas de ideas, teorías, cuestionamientos, y sentimientos a lo largo de la historia?

Platícame como has sido perseguido por los que no quieren que nos relacionemos, no escatimes en detalles y relátame la gran persecución que has sufrido desde tiempos ancestrales por ser peligroso para un gremio poderoso.

Hermano, llora con tinta negra; dime como dolió ser parido por la pluma de tu padre, cómo a golpes de imprenta has crecido y como te reprodujiste en las mentes de los que te hemos escuchado hablar dentro de nuestra cabeza.

Canta con alegría, que a pesar de todo, sigues luchando por cultivar en cada persona la semilla del progreso, la diversidad cultural, un buen criterio, la necesidad de avanzar justamente…

Y, por último, denuncia a todos los que después de conocer tu poder lo han malempleado para tener resultados contrarios a tus intenciones; aquellos que con tu gran acervo sólo se han cultivado con la intención de desinformar y destruir.

Sin ti compañero la luz se extinguirá.

Despues del clímax

Por Ruyamp - 18 de Diciembre, 2011, 19:45, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Quiero olvidar este mundo frio y oscuro, que no tiene futuro y que ignora su pasado.


Quiero que la vida cumpla la promesa que me hizo al nacer, acelerando el inevitable destino que comparte el héroe y el villano, el rico y el pobre, las personas a la moda y los parias.


Anestesiaré mi realidad con golpes de química fermentada, para olvidar todo aquello que me robó mi juvenil ímpetu, la libertad de volar de norte a sur y mi forma de pensar.


Porque si aún queda algo en mí que valga la pena rescatar, prefiero que se hunda en un hoyo de putrefacta alucinación, antes de que también me sea robado el último suspiro que queda del joven que un día fui.


Con cada día que pasa mi fuerza se agota más rápido, mi corazón se ennegrece, mis pulmones se caen a pedazos, mi cerebro deja de pensar…


Mis manos, que en alguna ocasión fueron creadoras, han abandonado su característica forma de puño y han tomado una mansa caída, generada por el peso de los grilletes que ya llagan mis muñecas.


Quería ver en el horizonte al sol acercándose, nunca más huyendo de nosotros.


Quiero poder volar y quitarme estas raíces, que incrustadas en el frio y opaco asfalto impiden mi libre tránsito.


Me encantaría dejar de vomitar sangre, aunque así mismo se acabe mi tinta.


Me encantaría ya no lanzar gritos desesperados que desgarran mi garganta, sin importar que mi música se extinga.


Quiero que se apague la luz, si nunca hemos de terminar con las tinieblas.
¡Por favor, quiero el desenlace de esta mi historia!

* Nuestros lectores nos interesan, escríbenos al correo mundochobojos@hotmail.com

López Velarde y las flores

Por Juan Cervera Sanchís - 27 de Mayo, 2011, 10:05, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

La presencia de las flores en la poesía de López Velarde es una constante. Desde los primeros versos del bardo jerezano se advierte "la visión de los jardines", "el chorro de la fuente" y, por ende, la blancura de los "azahares y los nardos".

Cuerpo de nardo dice que es el de su amada y a Cristo lo llama "celeste jardinero".

Hay en el autor de "La Suave Patria" un gusto voluptuoso por las flores.

En "Tu voz profética" canta:

Y nuestro dulce noviazgo
será, Fuensanta,, una flor
con un pétalo de enigma
y otro pétalo de amor.

En "Tus ventanas", esas ventanas que miran al oriente, hay "pájaros y flores".

En la floral provincia, tan fielmente reflejada en su poesía, tan universal, y siendo a su vez tan entrañablemente provinciana.

López Velarde "y la desmayada ofrenda del perfume / de rosas y claveles".

Hay, en su visión del mundo, una emoción colorida y floral.

Los rosas de su Jerez natal se advierten en sus versos, en esos versos "a la luz del plenilunio" donde mueren las flores y también renacen en la "complicidad del infortunio, / en el rosal de la vida."

Mundo de "pupilas llorosas" y "pétalos de esperanza". Universo de "quimeras y rosas".

Cantos de primavera en "que florea la eclesiástica unción de la cuaresma", la intensidad del cielo y la tierra vestida de rosas. Y cabría preguntarse si la rosa es la flor principal en la poesía de López Velarde. Es posible, pero ahí en sus sonoros versos hay también "ramos de claveles" y, con los Viernes de Dolores, "cuando se anuncian ya las flores," "el altar huele a lirios" y, con las flores, aparecen "las místicas naranjas".

Bella, muy bella la catolicidad poética de Ramón López Velarde.

Cuanta sensualidad, cuanta poesía vegetal y perfumada en sus versos, escritos para leerse y decirse con deleitación. El poeta nos recuerda que "la corona de espinas, es suave rosa / que perfuma la frente del amado".

La insistencia en la rosa es una musical y colorida evidencia en la poesía estremecedora de López Velarde.

No faltan en esta poesía los "jardines soñolientos", aunque vuelve una y otra vez a "los tiestos florecidos" y, en los tiestos, rosas. Sí, rosas "para ornar la frente de la amada" y muchachas, esas lindas muchachas que se llaman Rosa.

También preguntas que terminan en rosas, como ésta:

¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron
para mí, desde un marco de verdor y de rosas?

Rosas de Zacatecas con la infancia y la adolescencia al fondo. Rosas... y "macetas de claveles". "Los claveles de una maceta" y "un lúbrico lazo de claveles/ lanzados a cada virginal cintura".

Se mueve López Velarde entre rosas y claveles, aunque confiesa:

A medida que vivo ignoro más las cosas:
no sé ni porqué encantan las hembras y las rosas.

Pocas veces hallamos en su poesía las violetas, que él califica de pobres:

Oculta en pobres hojas de violetas.

Y advertimos otras flores:

Las flores policromas
que engalanan los clásicos mantones
de Manila...

Junto con los adornos de rosas artificiales y pétalos de flores no nombradas.

Y vuelve y vuelve a insistir en "la rosa intacta" y "en la rosa perenne:

Y pensar que extraviamos
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como perenne rosa.

¿Cómo no aspirar a la rosa perenne? Todos aspiramos a lo perenne ante el drama del tránsito inevitable de la vida y las flores.

De súbito nos encontramos en López Velarde con "la flor del paraíso", esa flor...Vayamos al verso:

Por débil y pequeña,
oh flor de paraíso,
cabías en el vértice
del corazón en fiesta que te quiso.

Y aparecen los lirios: "Mis lirios van muriendo, y me dan pena..."

Flores que nacen y desaparecen. Vidas que nacen y mueren. ¿Serán en sí y por sí las mismas que amasa el Creador a golpes de memoria con la levadura del olvido?

Y entre tiestos, macetas y jardines aparecen en la poesía de Ramón López Velarde:

Propietarios de huertos y huertas copiosas,
regatean las frutas y las rosas.

¿Qué inexplicable mundo es este donde el poeta sabe del llanto y la risa de las flores?

Quizá nadie lo sepa, o tal vez, sin saber que lo sabemos, todos estamos conscientes de ello, y a nadie escapa, mientras lee la poesía de Ramón López Velarde, el gozo y el sufrimiento del clavel y la rosa ante la mirada de los naranjos en flor, la música del chorro de la fuente y el sentimiento de los azahares y los nardos, al sentirse acariciados por los ardientes rayos del sol y la fragante suavidad de las zalameras brisas.

Juan Cervera Sanchís

 

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