DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

Manifiesto por la filosofía

Por José Ricardo Bernal Lugo - 13 de Febrero, 2012, 20:28, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

Un fantasma recorre el mundo entero, es el fantasma del consumismo. Tal vez su paso apresurado y el poder omnímodo que ha alcanzado en los últimos años pueden darnos la clave para comprender el repentino descrédito en que ha caído una disciplina con más de 2000 años de historia. Hasta hace al menos un siglo la filosofía ocupaba un lugar preponderante en el proceso de formación académica. Desde la creación de las primeras universidades en los siglos XI y XII  hasta los años en que pensadores de la talla de Kant o Hegel impartieron clases en Alemania, el papel de las facultades de filosofía en la evolución del saber fue privilegiado. Sus representantes lograron gran respetabilidad y sus contenidos alcanzaron una difusión importante. Su influencia, sin embargo, no se limitaba al espacio cerrado de las aulas; contrariamente a la percepción prejuiciada de gran número de personas, la filosofía siempre ha tenido una cara eminentemente práctica. Basta con recordar que reflexiones filosóficas de personajes como Rousseau, Voltaire, Locke, Montesquieu o Smith, guiaron y fundamentaron dos de los acontecimientos políticos que más han influido en la constitución de nuestro presente: la revolución francesa y la independencia norteamericana. En México, por ejemplo, el movimiento independentista se forjó al amparo de la reflexión filosófica ilustrada y el movimiento revolucionario supuso una serie de ideas fraguadas largamente por intelectuales de alto prestigio. De hecho, nuestra concepción de persona y la reciente lucha en favor de los derechos humanos dependen, en buena medida, de reflexiones llevadas a cabo por filósofos y pensadores humanistas. Ya sea que el origen de los derechos humanos sea localizado en el S.XVI con las ideas de los representantes de la Escuela de Salamanca, ya sea que se remita al derecho natural, al contra-actualismo liberal de Locke, a la concepción de persona de Kant y Hegel o a la Declaración de independencia norteamericana escrita por Thomas Jefferson, en todos los casos nos reenvía a un trabajo intelectual de corte filosófico.     


Algo extraño, sin embargo, ha sucedido en los últimos años. Repentinamente la filosofía no sólo se ha vuelto objeto de desprecio para gente desinformada respecto a su sentido y su función social, sino que, también ha sido desdeñada por altos funcionarios educativos, por responsables de ciertas instituciones de educación media superior y superior y por algunos "intelectuales" que aparecen recurrentemente en los medios de comunicación. No exageramos, en México este creciente rechazo ha rebasado todo límite, hasta llegar al punto de borrar las materias filosóficas de los programas educativos del bachillerato. Además, de forma cada vez más acelerada, quienes diariamente intentamos mostrar en las aulas que la filosofía posee un papel privilegiado para favorecer el desarrollo de un ambiente social capaz de impulsar la existencia de un sistema verdaderamente democrático, hemos constatado la proliferación de una actitud de desprecio, incomprensión y desinterés hacia ella. Tristemente su voz, otrora fundamental, se ha vuelto irrelevante. De la nada una pléyade de funcionarios educativos y una serie de "diseñadores de programas" han intentado sustituir la filosofía con materias que, si bien cumplen con objetivos de innegable interés para lo sociedad, no favorecen el espíritu crítico enraizado en una rigurosa argumentación racional que la filosofía ha posibilitado e impulsado desde hace más de dos milenios. Es así que, con base en una serie de prejuicios y amparados en una deficiente comprensión del papel de la educación en el proceso de formación social, las materias filosóficas se han intentado sustituir por asignaturas que, supuestamente, cumplen su mismo papel. Subrepticiamente materias como "Formación de emprendedores", "Desarrollo humano", "Autorrealización", "Taller de vida", "Taller de ambiente y desarrollo", "Aprender a aprender" etc., han desbancado la función de la "Lógica", la "Ética" y la "Historia de la filosofía". Esta sustitución, aparentemente inocua, se sostiene en un razonamiento que sin duda resulta falaz; a saber: "en un mundo híper-tecnológico y globalizado, dominado por la lógica del mercado, se requiere fomentar actividades productivas y una actitud emprendedora, por lo que no se necesitan disciplinas abstractas incapaces de generar frutos tangibles y remunerables". En general, quienes defienden esta postura parten de una concepción errónea de la filosofía, ésta se les presenta, esencialmente, de dos maneras: o como un compendio de consejos edificantes para la vida o como un conjunto de reflexiones abstractas sin relación con la realidad. Siguiendo estos razonamientos los filósofos estaríamos fatalmente destinados a cumplir dos papeles en la sociedad: ya sea el de una especie de consejeros espirituales –fácilmente sustituibles por los escritores de libros de superación personal- o el de unos seres inútiles preocupados por cosas irreales y dedicados a la lectura de libros que no se traducen en nada productivo. Ambas visiones, notablemente deformadas,  justifican las dos posiciones dominantes respecto al papel de la filosofía en la academia: 1) si se ve a la filosofía como un conjunto de consejos edificantes se opta por "hacerle un favor" al  sustituirla  por otras materias ( "Desarrollo humano", "Autorrealización", "Taller de vida", etc.), las cuales, según esta visión, cumplen su misma función de una manera más "práctica" y sin ser tan "abstractas"; 2) si se le considera como un conjunto de reflexiones inútiles, se opta por su eliminación. Así, desde esta perspectiva, al quitar el lastre que ellas representan se tiene mayor espacio en la currícula para insertar materias mucho más "productivas", asignaturas que permiten generar "fuerza de trabajo mejor calificada" apta para competir en el "mercado laboral". Gracias a este "magistral" golpe de timón se deja de sostener una disciplina ociosa y quejumbrosa y se apoya la formación de jóvenes "emprendedores" e "innovadores" con una "actitud positiva" frente a la realidad. Esto último es importante, el corolario de este razonamiento es el siguiente: el problema de México es, ante todo, un problema de "actitud", luego, si formamos futuros trabajadores con una "actitud positiva", estaremos dando un gran paso para sacar a México del atolladero. En el peor de los casos esta retahíla de razones mal hilvanadas termina en una estigmatización de los filósofos, se les considera un grupo de seres quejumbrosos y ociosos, una secta marginal de sujetos que todo lo critican sin aportar ninguna solución. Al unísono se oyen las voces condenatorias de los amantes de la "productividad", "el mercado", "la competitividad", etc. diciéndonos:  ¡Ustedes, filósofos, dejen de quejarse y hagan algo!     


Ante esta ideología que, sin lugar a dudas, avanza con celeridad en México, los filósofos debemos responder tajantemente lo siguiente: ¡La filosofía no sólo resulta sustancial para nuestra época, sino que es una disciplina imprescindible para la formación de ciudadanos capaces de consolidar un orden social justo y democrático! Expliquemos porqué. A diferencia de todas las configuraciones sociales precedentes, el sistema democrático es el único que, formalmente, toma en cuenta la capacidad  participativa de quienes lo componen; esta participación, sin embargo, requiere varios elementos para volverse significativa y "válida". Un orden democrático justo parte de un supuesto "contra-fáctico" [1] esencial: "la ciudadanía es ciudadanía porque posee una capacidad de elección racionalmente fundada". Decir que la ciudadanía posee una capacidad de elección racionalmente fundada equivale a decir que es competente para comprender situaciones, evaluar contextos, valorar, comparar y ponderar argumentos con el fin de emitir juicios calificados y tomar decisiones justificables. Además de la distribución de poderes y la posibilidad de generar mecanismos de representación una democracia verdadera requiere crear una serie de instrumentos destinados a la formación de una ciudadanía bien informada capaz de esgrimir argumentos racionalmente aceptables y justificables frente a los otros. Este último punto resulta esencial, contrariamente a lo que ocurría en regímenes absolutistas la veracidad de un argumento o la viabilidad de una decisión no puede legitimarse apelando al "supuesto" vínculo con la divinidad de personas privilegiadas; por el contrario, en un sistema democrático los criterios que permiten evaluar la viabilidad y la veracidad de las elecciones deben estar a la mano de una ciudadanía capaz de hacerlos suyos. Por ello, para que un sistema democrático se legitime como tal, debe garantizar los instrumentos que facilitan que los ciudadanos conviertan sus opiniones en razones justificables ante los otros. .  


La enseñanza de la filosofía en el proceso escolar puede ser una herramienta indispensable si queremos dirigir nuestros esfuerzos en esta dirección. Basta con apegarnos a la definición clásica de la misma como: "la ciencia de las últimas causas y los primeros principios a la luz de la razón" para justificar esta afirmación. En efecto, su especificidad sobre las  demás disciplinas consiste en la vinculación de su  instrumento de análisis (la razón) con su objeto de estudio (las últimas causas y los primeros principios). La filosofía no sólo tiene  un importante potencial racional [2], su verdadera especificidad consiste en que, con base en argumentos estrictamente lógicos, intenta superar toda comprensión parcial del mundo con la intención de penetrar en la totalidad de relaciones de significado que explican la realidad humana. En una civilización que tiende hacia la híper-especialización resulta necesaria una visión de conjunto capaz de incluir todas la perspectivas racionalmente justificables si es que deseamos comprender adecuadamente la complejidad de los problemas que nos aquejan, máxime en naciones, como la nuestra, repletas de desigualdad, anegadas por olas de injusticia social, sofocadas por inmensos resabios culturales y cada vez más indiferente ante el sufrimiento de los menos favorecidos. La filosofía no es una panacea frente a estos problemas, pero puede sembrar las bases para llevar a cabo una valoración profunda y reflexiva, multidisciplinaria y, sobre todo, crítica. Cabe hacer una aclaración, por pensamiento crítico no entendemos un pensamiento  "quejumbroso" y negativo, sino la capacidad racional de valorar los límites y los alcances de propuestas, argumentos y decisiones para poder denunciar y rechazar posiciones lógicamente débiles, falaces o plenamente injustificables.


Toda sociedad que aspire a consolidarse como una democracia verdadera –esto es, una democracia fundada sobre la única base que la haría legítima; a saber, la de una ciudadanía habilitada para una participación racionalmente justificable- requiere, en mayor o menor medida, promover una corriente de pensamiento crítico y reflexivo. En los niveles de formación educativa la filosofía puede servir como una herramienta privilegiada para este objetivo, pero, para ello, debe saber reinventarse y adaptarse a las necesidades de su tiempo,  debe dejar atrás discusiones que, en nuestros días, resultan  irrelevantes y volverse, como  lo quería Michel Foucault, una "analítica del presente".  Hoy,  la filosofía debe ser  el contrapeso -que  no la negación- del enfoque productivo-empresarial que amenaza con colonizar la educación. Con ello no queremos decir que este enfoque  resulte inútil, condenable o negativo, acentuar la necesidad de generar una juventud calificada, productiva y competitiva es imprescindible en una sociedad como la nuestra; sin embargo, erigir esta necesidad como la única existente no sólo evidencia una ignorancia capital respecto a la  compleja trama de relaciones que han delineado la imagen de nuestra realidad, sino que redunda en la promoción de una juventud a-crítica, masificada, monotemática, en el mejor de los casos preocupada por los problemas que aquejan a nuestra sociedad pero incapaz de llevar a cabo un diagnóstico racionalmente válido sobre sus causas y, en el peor, profundamente insensible ante esos problemas. Esto es así porque, en buena medida, este enfoque se limita a incentivar lo que algunos filósofos han llamado "razón instrumental"; es decir, promueve un conocimiento de los medios intelectuales y técnicos para lograr un fin con éxito, pero deja de lado aspectos esenciales del proceso de socialización humana. Algunas de las limitaciones de un enfoque educativo exclusivamente fundado en procedimientos de razón instrumental son las siguientes: esta perspectiva no  valora la repercusión del éxito de las acciones  en contextos más amplios; carece de los medios para promover una estimación significativa de los productos culturales más elevados como la literatura, la poesía, la pintura o la música; además, olvida la compleja trama de determinaciones que median las relaciones humanas y diferencian las culturas, por lo que  tiende a igualar al hombre conceptuándolo  como "capital", "recurso", "instrumento", "cliente", etc.; por otro lado, amparándose en la mal llamada "ética empresarial", evade toda valoración racionalmente seria de problemas verdaderamente éticos y, generalmente, tiende a promover visiones sociopolíticas altamente parcializadas, pues ilegítimamente se sostiene que es posible trasladar el modelo- empresa,  irremediablemente destinado a la ganancia y el beneficio comercial, a todos los ámbitos de la sociedad. 


Los medios que nos otorga el enfoque productivo empresarial  no son suficientes para comprender las causas de los problemas que aquejan a nuestra sociedad y para ubicar las piedras que obstaculizan su trayecto hacia una democratización plena [3]. Sin duda su promoción es altamente relevante pero, a la par, se requiere incentivar un pensamiento  no parcializado, seriamente informado, no sólo interesado en las dimensiones más redituables económicamente, sino en todos los factores de los procesos de socialización, un pensamiento acostumbrado a la participación en procesos de argumentación racional, capaz de valorar los fundamentos de nuestra situación presente. Por ello toda institución educativa que autoproclama su compromiso social debe promover seriamente este tipo de pensamiento, seriamente, porque el humanismo light del optimismo, la superación personal y la actitud emprendedora, no es equivalente al humanismo crítico de la filosofía (aunque desgraciadamente tienda a reemplazarlo); se requiere, también, que las instituciones comprometidas con la educación no sólo hablen de  ser multidisciplinarias, sino que sean en la práctica valorando seriamente lo que la filosofía y las humanidades tienen que decir. Hasta ahora no se ha reparado seriamente en las consecuencias que tiene la decisión de eliminar la filosofía, sin exagerar debemos levantar la voz señalando claramente que es tragedia nacional. Ya que no sólo se coartan las ya de por sí limitadas posibilidades que tiene nuestra juventud para informarse y forjarse criterios propios, sino que se la deja al amparo de la desinformación mediática. Una sociedad incapaz de pensar por sí misma con argumentos sólidos, es presa fácil de la manipulación, la desigualdad, la inequidad, el consumismo deshumanizante, la indiferencia  y el egoísmo, todos ellos males que actualmente vivimos y que, lamentablemente, no parecemos querer erradicar.  
 


P.D. Firma en la siguiente página para defender la enseñanza de la filosofía en México:
http://ofmx.com.mx/firmas.html




[1] Es decir, un ideal raciona que no necesariamente se cumple en los hechos ( de facto) pero que requeriría cumplirse si se aspira a que las cosas ocurran lo mejor posible.


[2] El hecho de que la filosofía sea, desde sus inicios,  una disciplina eminentemente racional la distingue tanto del arte, como de la religión y, por último, de la demagogia, ya que éstas son formas culturales que, para generar la aceptación de quienes se enfrentan a ellas, apelan a factores que no son estrictamente racionales. Ya sea por medio del llamado a las emociones, ya sea vinculándonos a una creencia por la vía de la fe, ya sea remitiéndonos a la impresión sensible o el arrobamiento estético, todas ellas apuntan a factores que, en lo esencial, no     son guiados "únicamente" por criterios racionales. La filosofía también se distingue de la demagogia porque ésta última tiene por finalidad convencer a las personas a cualquier costo para dirigirlas hacia el objetivo que se desee, para ello se valen  de inflexiones de voz, afecciones corporales, pantomimas y , en la mayoría de los casos, la apelación a nuestra sensibilidad antes que a argumentos coherentemente elaborados. Esto explica porque la filosofía no debe ser identificada ni confundida con los discursos de motivación personal, con el ya famoso "coaching", con la oratoria, la retórica o con otras variantes discursivas que apelan más al sentimiento o al impacto emocional, que a su razonabilidad.


[3]Es decir,  para comprender racionalmente las causas últimas  que hacen que nuestra realidad sea lo que es (esa y no otra es la definición de la filosofía). 



La filosofía en medio de la violencia

Por Adán Ramirez Merlos - 1 de Febrero, 2012, 23:44, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

    Una revisión del contexto actual en perspectiva de la fraternidad en la Revolución Francesa

   Todos vivimos preocupados por la tormentosa realidad social en la que vivimos los mexicanos. La violencia de la que somos víctimas parece ser irracional, aparentan ser únicamente ajustes de cuentas por costo político que como consecuencia tienen un efecto general que arriesga grandemente el bienestar de toda la población. Las noticias al respecto aterran a todo el que escuche lo que está pasando.  La clase política culpa a los que cometen actividades ilícitas, y la población culpa a las autoridades por permitirlo.  Ha habido intentos de organización colectiva por parte de la sociedad civil para detener esta turbulenta ola de violencia y exigir seguridad a las autoridades. Hay llanto, dolor, desesperanza y resentimiento por el sufrimiento de sentir, ver y ser víctimas de la impunidad y la ilegalidad casi absoluta respecto a la justicia. Sin embargo, ante el optimismo o pesimismo de las personas en relación a esta complicada situación sería muy conveniente conocer, entender y aplicar el legado de la filosofía para poder entablar diálogos y proceder a la justificación de propuestas, de soluciones y movilizaciones que racionalmente den una perspectiva para salir de esta etapa difícil de la historia de la sociedad mexicana.

  Desde la perspectiva de la historia de la filosofía como disciplina que ejerce un papel fundamental en la transformación ideológica y social del mundo, tomaremos como objeto de estudio el valor de la fraternidad, promovido ampliamente en el ámbito filosófico desde los tiempos de la Ilustración en el S. XVIII. Junto con la libertad y la igualdad, la fraternidad es el lema que mueve a la promoción de la Revolución Francesa, cuya chispa se enciende en 1789 en la nación gala y por aquéllas latitudes no solamente se inicia una lucha armada, sino toda una transformación que políticamente representa el punto de partida de la modernidad en Occidente (1).  Esto se da por consecuencia del ocaso de los regímenes absolutistas, cuyas administraciones ejercían acciones sumamente opresivas con las grandes mayorías. La Revolución Francesa alcanza su máxima expresión cuando lo que propone llega a impactar los movimientos sociales e históricos de todo el mundo. Es este proceso de cambio ideológico el que da las pautas para la expansión de la democracia como sistema de gobierno en Europa y, por consiguiente, en América.

  Si bien la igualdad y la libertad, como garantías y derechos individuales, eran muy necesarios y anhelados en esa época por quienes vivían bajo la monarquía absoluta, la fraternidad fue el vehículo de movilización que apoyó que la Ilustración y su exaltación a la dignidad del ser humano trascendiera de los libros: hasta los Parlamentos y Congresos es la tradición política que domina en Occidente hoy día. La fraternidad social, como acción de unirse con el objeto de cambiar y propiciar una mejora en nuestras vidas a nivel colectivo fue muy bien recibida y puesta en práctica en la Europa dieciochesca y en las colonias iberoamericanas (2).  La razón de esta magna relevancia y amplia aceptación de la fraternidad en nuestras naciones hispanas se debe, según Antoni Domenech, al urgente deseo de emancipación por parte de los que allí vivían. El orden político feudalista y paternalista de la Europa medieval fue implantado por los conquistadores aquí, lo que provocó, como sabemos, profundas injusticias sociales y durante aquellos tres siglos de dominación se crearon grandes inconformidades de aquellos que por su origen eran incapaces de ascender en la escala de la sociedad.

  La idea de fraternidad, a nivel filosófico y político no sólo implica ser cercanos unos con otros con una causa en común, sino implica que a un nivel colectivo todos seamos iguales ante la ley para tener potestad de actuar como ciudadanos en una jurisdicción. Por la alta jerarquización social que se da en el sistema paternalista, en donde los rangos y privilegios de la clase dominante contrastan con la de la mayoría, el concepto de un verdadero estatus de igualdad ante la ley es desconocida en estos regímenes. De ahí la popularidad que gozó este concepto de fraternidad a partir del S.XVIII.

 Aunque generalmente destacamos las consecuencias ideológicas de la Revolución Francesa, el periodo de lucha armada también está preñado de un tremendo significado histórico y filosófico. Maximilien Robespierre puntualiza la diferencia entre las guerras entre naciones y las luchas revolucionarias. Mientras que las primeras se deben a intereses político-económicos, las otras, sostiene Robespierre, son necesarias para cumplir los propósitos de cambio social.  Según el jacobino, no es posible tener un acontecimiento verdaderamente transformador para todos sin que haya violencia a favor de esa causa (3). Como la Revolución Francesa triunfó estableciéndose en los sistemas gubernamentales de Europa occidental, una consecuencia de este proceso fue la adopción generalizada del liberalismo político, que tomando las ideas de los Ilustrados y del legado de la lucha de la fraternidad para salir del esquema absolutista-paternalista, buscaba crear condiciones más justas y una verdadera participación ciudadana.  

 Con el periodo conocido como la Revolución Industrial, fue evidente que si bien el liberalismo había cambiado quién hacía las leyes y quiénes eran los que gobernaban, las condiciones económicas y de trabajo seguían siendo muy precarias para las mayorías. Fue en este tiempo, en el que "la máquina sustituyó al hombre", cuando el sistema económico capitalista se instaló y los campesinos emigraban de sus tierras hacia las grandes urbes en Europa para aspirar a convertirse en obreros de aquellas fábricas que eran propiedad de los nuevos "señores feudales". Después de la opresión feudal-paternalista de muchos siglos, el capitalismo que la fisiocracia defendió ardientemente pareció una excelente solución racional en términos económicos para las naciones. Sin embargo, la inconformidad por los salarios reales insuficientes de las masas populares generó amplios descontentos. Como una crítica a las consecuencias del capitalismo como sistema económico surge el socialismo. Su fundador, Karl Marx, provee una visión integral de la historia de la humanidad en términos de la perenne desigualdad de los rangos sociales y cómo estos se han necesitado uno al otro a lo largo de la historia: la lucha de clases y el materialismo dialéctico. En 1848 publica el "Manifiesto Comunista", en cuyo párrafo final dota de una clara alusión a la fraternidad: "trabajadores del mundo, uníos".

  El marxismo ganó muchos seguidores, tanto entre la élite intelectual como entre los menos favorecidos. El hecho del discurso socialista de igualdad y la propuesta de unirse para expandir la idea de un sistema en donde los trabajadores fueran los dueños de los medios de producción, dio un vuelco en la manera en que se llevaba la relación entre los patrones y los asalariados. Había mucha unión por parte de los estratos laborales de menor rango para exigir y lograr mejores condiciones de trabajo. Lo hacían por medio de unas instituciones que por mucho tiempo fueron vetadas en Europa: los sindicatos. Estos gremios fueron ampliamente popularizados por las asociaciones con pensamiento socialista, cuyo concepto de fraternidad es parte medular de su credo político. La fraternidad fue y ha sido el vehículo que potencializó los grandes movimientos sociales en la historia. Las principales revoluciones, las protestas sindicales, las diversas huelgas, el activismo para lograr el sufragio femenino, el pueblo buscando cambios de régimen y la cohesión social armónica han sido todas producidas por la fraternidad en un grupo de personas sinceramente comprometidas y unificadas en un solo objetivo: el bien común.

   Aunque en la cuestión histórica la resistencia colectiva social, basada enteramente en la fraternidad hacia el bien común ha modificado grandemente el curso de los hechos, ha habido casos de "falsa fraternidad", como es la práctica del corporativismo, tan común en muchos regímenes del siglo XX como la Alemania Nazi, la Unión Soviética y hasta nuestro país. Esta asociación forzada de personas en diversos gremios a lo único que conlleva es al beneficio de ciertas personas en las cúpulas de poder, cuyos objetivos son completamente ajenos al bien común y a la transformación social. Más bien perpetúan un statu quo que deriva en el letargo y la impotencia de las mayorías porque éstas se sienten alienadas de poder ser protagonistas de cualquier cosa dentro de su entorno. Esto suele anular por completo cualquier esperanza de una verdadera fraternidad.

 En el caso de México, aunque haya un desánimo y un escepticismo generalizado de que las cosas puedan cambiar, son las injusticias inminentes y la poca disposición que las autoridades demuestran por representarnos y velar por nuestros intereses las que inician la inquietud de defender lo propio, de pelear la causa de la dignidad, de obtener condiciones óptimas para incrementar el nivel de vida, de soñar con un futuro donde seamos capaces de recuperar las virtudes del "deber ser", de retornar a nuestra herencia y la esencia de nuestra civilización occidental basada en lo que la Revolución Francesa postulaba, peleaba y dejó como legado.

  En nuestro país, aunque las amistades y la unión entre los núcleos familiares son bastante efusivas e íntimas, se estima que más del 80% de los mexicanos nunca ha colaborado en proyectos para resolver problemas en la comunidad y, con excepción del voto, no ha habido mucha participación cívica en nuestra sociedad.  (4)

   Los plantones, las marchas, las huelgas, los diálogos entre los servidores públicos y la ciudadanía y hasta las guerrillas han formado parte de nuestra historia reciente. Eso nos dice dos cosas: la primera es que la manifestación de protesta colectiva y masiva es indicador de una demanda generalizada que brota de la injusticia brutal y de la realidad social cuyos factores son, para muchos, verdaderamente opresivos y asfixiantes. La segunda cosa es decepcionante y visible: si la fraternidad con un proyecto sistematizado, con planes de seguimiento e intereses definidos no se mantienen en un movimiento social, las causas no prosperan, no despegan y al poco tiempo, todo se olvida ante más retos, más abusos y más injusticia.

  Ante el panorama de tristeza, frustración y temor que nos causa la violencia actual, necesitamos replantearnos como país. Salir y darnos valor para que la fraternidad cobre nuevamente sentido en nuestras vidas, para que en vez de asociarnos por interés personal, dejemos que otros nos ayuden y podamos ayudarlos nosotros. Hagamos un plan de movilización para que racionalmente propongamos soluciones que nos restauren a todos con igualdad, que resarzan el daño que nos hemos hecho con la indiferencia, con el silencio y con el miedo a cambiar. Soluciones que no se queden en los blogs de Internet ni en conversaciones casuales. Propuestas que verdaderamente nos dirijan a buscar otro rumbo y una transformación real, no a ser partícipes de una demagogia del cambio que busque cotos de poder para beneficiarnos. Como Hegel dejó claro en la Filosofía del derecho el orden político no se agota en el mero corporativismo, en tanto que somos seres sociales. Seres que buscamos regenerar el tejido social sangrado y nocivo que nos hemos permitido aguantar, no personas que con nuestra hipocresía empeoremos la situación.     

  Realmente, como nación, como pueblo, como mundo nos beneficiaría darnos cuenta del enorme potencial que nuestra efusividad representa, de la enorme e inspiradora historia de lucha social de movimientos que sí han trascendido y sí han impactado en nuestro México, de que a la luz de la verdadera fraternidad podemos aprender, ayudarnos todos y nuevamente soñar... Tener el sueño de los héroes que con su vida en las revoluciones, protagonistas de los cambios reales y cuyos actos hicieron la historia que hoy gozamos, tener el sueño de aquellos que se unen y se salvan, aquellos que como seres sociales que son buscan fraternidad para unir su capacidad y vivir en plenitud la vida que los humanos por naturaleza buscamos: la comunidad.

Bibliografía

(1)  Ávila, Mariano, "Entre Dios y el César: Líderes Evangélicos y política en México 1992-2002". Editorial Libros Desafío, Grand Rapids, EE.UU.; 2008.

(2)  Domenech, Antoni, "El eclipse de la fraternidad": Una versión republicana de la tradición socialista. Editorial Crítica, Barcelona, España; 2004.

(3)  Zizek, Slavoj, "Robespierre: virtud y terror". Editorial Verso, Madrid, España; 2007.

(4)   Bohórquez, Eduardo: "En qué creen los mexicanos", Revista Contenido, México, D.F. Julio 2011.

* Nuestros lectores nos interesan, escríbenos al correo mundochobojos@hotmail

Los derroteros de la ética: De Immanuel Kant a …Laura Bozzo

Por José Ricardo Bernal Lugo - 15 de Enero, 2012, 19:25, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

Bajo el nombre de "Laura Bozzo" se pueden localizar aproximadamente 1520 entradas en el socorrido sitio de Internet "youtube". En la primera página de las cerca de setenta  disponibles aparecen veintidós videos asociados con el nombre de la conductora peruana, entre estos materiales el más visto posee la asombrosa cantidad de 850988 reproducciones (y contando), mientras que por lo menos otros nueve superan la respetable cifra de cien mil. En el mismo sitio de internet, bajo el nombre de "Discutamos México" (programa promovido por el gobierno federal para los festejos del bicentenario), podemos encontrar 441 entradas aproximadamente, de todos los videos que aparecen con semejante referencia sólo seis superan las cinco mil reproducciones, entre ellos despunta el primer programa de la serie con la nada desdeñable cantidad de 15826 reproducciones. Por más alentadora que nos parezca esta cifra en nada se compara con las exorbitantes 850988 visitas que un fragmento del programa de Laura Bozzo ha logrado atraer.

Entre los sugestivos títulos de los videos asociados con el nombre de la conductora latinoamericana podemos encontrar algunos como: "Me gusta poner el cuerno", "Soy trailero, soy mujeriego", "Mi hija es un estorbo para mi nueva relación",  y otras tantas lindezas propias del mejor manual de frases escatológicas o de un catálogo de los peores títulos del cine mexicano. No sólo eso, si uno arriesga su pudor decidiéndose a mirar por algunos minutos el contenido de estos materiales quedará francamente sorprendido. La dinámica del programa es sencilla, por una extraña razón difícilmente comprensible algún personaje agraviado decide hacer públicos sus problemas ante una audiencia morbosamente ávida de escucharlos. Laura con "desinteresada" generosidad pone a su disposición el espacio televisivo del que es responsable, el personaje se desahoga con un desparpajo poco habitual y cuenta su problemática que, las más de las veces, involucra casos de "infidelidad", "engaño", "confesiones impúdicas", "deslices amorosos", etc. Inesperadamente el programa da un vuelco radical, la aparente tranquilidad inicial da paso a un campo de batalla. Laura hace pasar a otro personaje estrechamente ligado al agraviado en cuestión, discuten, gritan, pelean, en más de una ocasión terminan a golpes. Mientras tanto la conductora azuza por igual ya sea a los participantes, ya sea al público, para que el conflicto continúe casi infinitamente. Casi, porque en un inexplicable alarde de sincronía, la señorita Laura interviene justo con el tiempo exacto para lograr conciliar a los participantes, dar un consejo de alto valor moral y despedir el programa.

Al espectador no le queda duda, Laura es una verdadera altruista, se preocupa por los asuntos de los demás y los soluciona sin ningún interés de por medio. Todavía más, arriesga su integridad física sólo con la intención de apoyar a la gente más humilde. Ella es una valiente filántropa y su programa un innegable espacio de servicio a la comunidad. La propia conductora así lo manifiesta, en una entrevista para un programa de televisión bonaerense señala muy ufanada: "Yo me siento orgullosa de lo que he hecho, creo que hecho cosas realmente positivas". Después, visiblemente emocionada dice: "Me gustaría que me recuerden como una persona que hizo algo por los demás, por los más pobres, sacó la cara y le dio voz a aquellas personas que no tienen voz en la televisión porque desgraciadamente no se les da" (http://www.youtube.com/watch?v=DwKFjFxkFrA&NR=1). 

Luego de ser expulsada de la televisión ecuatoriana por orden expresa del presidente Rafael Correa, quien literalmente dijo: "Esa porquería que es el programa de Laura Bozzo, donde se dan sillazos, presentan al amante, al amiga del amante, a la suegra… ¡Por favor![…] No podemos ser tan inconsecuentes. Así que ahorita mismo me quitas esa porquería del aire" (http://www.youtube.com/watch?v=elCzcFQ_wCk), el programa cambió su locación y al amparo de Televisión Azteca comenzó a transmitir en México. Ricardo Salinas Pliego, presidente de "Grupo Azteca", afirmó en una entrevista que el éxito de su televisora: "radica en producir contenidos sin agredir los valores familiares". En otra ocasión, y en el marco de una reunión cuya intención era la producción de programas televisivos con "valores", afirmó: "Debemos ofrecer contenidos marcados bajo nuestro código de valores. En TV Azteca tenemos la obligación de ofrecer a la familia mexicana y a nuestros hijos una señal con valor. Es decir, una televisión con valor" (http://www.tvazteca.com/corporativo/prensa/notas/61720.shtml). Después de transmitir durante poco más de un año en esa televisora la conductora cambio su lugar de trabajo y comenzó a salir en pantalla en "Televisa". En más de una ocasión esta empresa ha manifestado su preocupación por fomentar los valores familiares, apoyar la construcción de un "México mejor" e impulsar la deficiente educación de nuestra nación. "Televisa"  ha intentado reflejar ese "compromiso social" llevando a la pantalla programas "supuestamente" educativos como "Todo mundo cree que sabe" o producciones televisivas que alientan el apoyo a la nación como "Iniciativa México".  

A cualquier espectador poco precavido le parecería incongruente que, después de manifestar su "sincera" preocupación por "México", tanto "Tv Azteca" como "Televisa" hayan contratado los servicios de la conductora peruana. No se trata, sin embargo, de una inconsecuencia hipócrita, sino de algo mucho más grave: la implementación de una nueva ideología que comienza a producir una ética light al compás de los imperativos empresariales. De lo que se trata es de fundamentar una ética maleable capaz de justificar la lógica comercial del "ganar/ganar" sin el remordimiento de conciencia que supone la necesaria violación de postulados éticos, violación que, inevitablemente, un afán de lucro desmedido y desregulado requiere para subsistir. La intención es, literalmente, desinflar la moral y, para hacerlo, resulta necesario eliminar toda concepción de ética fundamentada en nociones con un potencial racional relevante, como las de dignidad, reconocimiento, deber, etc., ya que implican obligaciones incomodas y, sobre todo, la defensa de un fundamento permanente para nuestra actividad en el mundo. Gracias a esta eliminación la moral se puede reducir a intervenciones instantáneas que no obligan al individuo a tomar una postura radical.

En última instancia lo que está en juego es no encadenarse nunca, no imponerse ninguna restricción moral que pueda eliminar la posibilidad de obtener ganancias redituables. Al  redefinir así la ética resulta conciliable el engaño radical y la bondad más desinteresada. En el programa de televisión argentino antes mencionado Laura Bozzo acepta que, en muchas ocasiones, su show es un montaje ya que, en realidad, son actores quienes representan las deplorables reyertas televisivas; sin embargo se justifica diciendo: "Esto es televisión, es un show, hay que condimentarlo un poquito…si no es entretenido no vende". Según esta perspectiva la necesidad de "vender" justifica  la mentira y, sobre todo,  la violación de la dignidad de las personas. Al fin y al cabo "El show debe continuar", y si se da el caso de que ese show permita, al final de tanta mentira, tanto engaño y tanta falta de pudor, ayudar a alguna persona, ¿qué importa el costo?

Lo novedoso es que esta postura, anteriormente calificada de cínica, ahora representa la veta de una moral emergente. La moderna ideología empresarial construye una cadena lógica que no está, ni con mucho, fundada en bases éticas rigurosas. Dada la competencia que "naturalmente" debe regir el nuevo orden social en el modelo-empresa, no es posible limitar con "abstracciones moralizantes" a los actores comerciales. Si en algún punto  resulta provechoso y redituable violar alguna norma o pisotear la dignidad del otro para alcanzar algún fin, esto se llevará a cabo sin siquiera cuestionar las implicaciones de semejantes acciones. Así, la otrora regla de oro (No hagas lo que no quieres que otro te haga) sustentada racionalmente por Kant bajo la forma del imperativo categórico (Actúa de tal manera que  la máxima de tus actos se vuelva ley universal), se vuelve irrelevante, incluso se considera anacrónica en un mundo marcado por una incesante competencia destinada al lucro y a la ganancia. El imperativo categórico kantiano no puede ser equivalente al ya famoso "Win/win" propagado hasta el cansancio por la mal llamada "ética empresarial". En el fondo de la propuesta kantiana se encuentra un concepto imposible de asimilar por aquellas perspectivas que colocan el afán de lucro encima de cualquier criterio moral; a saber, la irrenunciable dignidad humana. Un planteamiento verdaderamente ético debe asumir inevitablemente que, en el balance de fuerzas, muchas veces se tiene que perder para salvaguardar la dignidad de otro ser humano. Claramente en las entrañas del famoso "ganar/ganar" no se encuentra el concepto de persona digna como guía de nuestros actos, sino el imperativo del éxito.

En El sublime objeto de la ideología el filósofo esloveno Slavoj Zizek habla del fenómeno de las risas enlatadas. Se trata de risas pregrabadas que aparecen en los programas de comedia en el momento en que supuestamente ocurre algo gracioso. Zizek afirma que estas risas poseen una importante función: nos dicen dónde debemos reír y qué debemos considerar gracioso. Así, la risa deja de ser un acto espontáneo para volverse una obligación que es necesario aceptar si queremos entrar a la dinámica del programa. De forma parecida la autoproclamación de Laura Bozzo como una conductora altruista dedicada a ayudar al prójimo (En Tv Azteca su programa se llamaba sugerentemente: Laura de Todos y la secuencia inicial la mostraba ayudando a niños sin recursos y ancianos desvalidos), nos indica no ya dónde debemos reír sino qué debemos considerar como bondadoso y qué actos debemos aplaudir por su "alto contenido moral".

Cuando el programa radicaba en Perú se descubrió el caso de una niña que Laura Bozzo usó en dos programas distintos, primero como huérfana y luego como damnificada. La conductora peruana acudió para socorrer a los infortunados damnificados en un "desinteresado" acto de ayuda -con cámara de por medio, claro está- y, gracias a una coincidencia inaudita, dio la casualidad de que ahí se encontraba la niña que programas atrás había protagonizado magníficamente el papel de huérfana. Recientemente causo  revuelo en los medios de comunicación mexicanos un hecho vergonzoso, la conductora peruana insultó soezmente a una de sus entrevistadas en vivo y en horario familiar (http://www.youtube.com/watch?v=oTu5Qx7Mv9k), sin que las autoridades de Televisa  (corporación autoproclamada como entidad socialmente responsable, preocupada por la transmisión de contenidos familiares [sic.]) la sancionaran.  El mensaje es claro: "por supuesto que los valores son importantes, sin embargo no hay nada más importante que un "rating" exitoso". La actitud de la propia conductora ante esta misma situación es sintomática, en una entrevista en la que se cuestionaba su acción se justificó presumiendo toda la infinidad de cosas positivas que hace "desinteresadamente" por nuestro país  (http://www.youtube.com/watch?v=VChNF8aGwqM). Estos excesos no sólo son insultantes por su cinismo, sino que representan un nuevo imperativo propio de una ética light y convenenciera. El imperativo moral ya no se presenta en los términos kantianos: "Actúa de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de los demás, siempre como fin y nunca simplemente como medio", sino que se ha traducido en una máxima más simple y redituable: "Haz lo que sea si de una u otra manera  puede ser considerado como bueno". Ante esta nueva manifestación de una ideología moral convenenciera y despreocupada por la dignidad del hombre, nos quedaba, hasta hace poco, el espacio del aula para intentar centrar la reflexión ética en fundamentos rigurosamente racionales. Sin embargo cuando la ética se desinfla y pierde todo contenido verdaderamente reflexivo se vuelve fácil, e incluso necesario, eliminarla de la tira de materias obligatoria, como ya se ha hecho en los programas de bachillerato en México. La ética no sólo resulta incómoda, también peligrosa. Ante el consenso general que pugna por erigir una moral light que no obliga al individuo a asumir posturas permanentes, el arduo trabajo reflexivo que intenta buscar fundamentos sólidos para dirigir nuestros actos se vuelve contrario al ideal colectivo. Que se elimine entonces la ética de las aulas, así las cosas.  No nos sorprenda, entonces, si en pocos años los libros de texto sustituyan los argumentos de Kant por la "generosa" figura de Laura Bozzo.

* Nuestros lectores nos interesan, escríbenos al correo mundochobojos@hotmail

¿Cómo se dice, presidente o presidenta?

Por Chobojo Master - 14 de Mayo, 2011, 21:23, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

Correo recibido en el buzón del Chobojo Mayor (y el de muchos)

Un poco de gramática bien explicada, vale la pena.

¿PRESIDENTE o PRESIDENTA?

En español existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales.

El participio activo del verbo atacar, es atacante; el de salir, es saliente; el de cantar, es cantante; el de existir, existente.

¿Cuál es el participio activo del verbo ser?

El participio activo del verbo ser, es el "ente'" ¿Qué es el ente?

Quiere decir que tiene entidad. Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega al final "ente".

Por lo tanto, a la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independientemente del sexo que esa persona tenga.

Se dice capilla ardiente, no ardienta; se dice estudiante, no estudianta; se dice paciente, no pacienta y se dice dirigente y no dirigenta.

Algunos políticos, los llamados comunicadores y otras personas no sólo hacen un mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua española.

- - -



.- - -

La materia prima del escritor y el poeta

Por Alonso Marroquín Ibarra - 20 de Febrero, 2011, 2:03, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

No es de dudarse que muchas personas puedan hacer una mesa, una silla o poner un conjunto de entrepaños entre dos tablas; es innegable también que otros con un cincel y un martillo puedan hacer muescas o darle cierta forma a la piedra así como una buena parte de la población construye su vivienda con los recursos que tiene a la mano, su sentido común y la ayuda de otros que han emprendido con anterioridad ese trabajo.

Con mayores o menores destrezas quien sea puede emprender un objetivo y lograr un resultado, tratándose de cualquiera de las actividades humanas, y ese conjunto de obras o bienes, utilitarios o no, generado por todos los individuos, formará parte de la cultura, imprimiéndole incluso un sello social ya sea por sus similitudes, los colores utilizados, las formas con tendencia preferente, las estructuras más prácticas, fáciles o útiles. Todos los pueblos a lo largo de la historia han dejado vestigios de ello.

Sin embargo en todos los campos del quehacer humano hay diferencias evidentes en lo producido; así, quien se ha especializado en trabajar las maderas sabrá reconocer aquellas que son más nobles para la talla, podrá escoger las mejores vetas para un trabajo ornamental o de chapeado, desarrollará o aprenderá de sus antecesores las técnicas de ensamblado y manejará las curvas, la escuadra y todos los ángulos para crear un mueble mejor en todos los aspectos.

Llegado a este punto es probable que tenga el atrevimiento de crear nuevas formas, de cuidar más la selección de su materia prima, de perfeccionar el pulido, de realizar diseños con incrustaciones incluso de otros materiales, y lograr un acabado con nuevos barnices, ceras o frotamiento.

Un último estadio sería aquel en donde, más allá del valor utilitario que su trabajo significa, este hombre pensara en una creación inimitable, lo que implicaría poner en marcha todos sus recursos para lograrlo: su talento, las habilidades desarrolladas a través de los años, su creatividad y los conocimientos adquiridos. Si pensamos en un librero, el resultado sería extraordinariamente diferente al que haya realiza un paisano que sólo tomó unas tablas, las medio mal corto y a golpe de martillazos las clavó, a ojo, en los largueros, a la distancia que creyó era la correcta. No hay vuelta de hoja: es de mayor valor el librero del primer caso, aunque utilitariamente ambos sirvan para lo mismo.

De manera análoga podemos comparar un jarro hecho con el barro tomado de la barranca de junto con una pieza de porcelana; la herradura de un caballo con una pieza de orfebrería donde convivan los metales preciosos; una casa de barrio con una residencia diseñada por un arquitecto, no digamos con una mezquita o un templo fastuoso de la India; una lapida del cementerio hecha en serie con una escultura de mármol o vaciada en bronce y, por supuesto, podemos comparar también cualquier acomodo de palabras tomadas por ocurrencia o a la buena de Dios, con faltas de ortografía incluídas, con la literatura y dentro de ella con la poesía.

Todos son productos culturales, sin excepción; todos son manifestaciones de la sociedad que los produce. Unos, simplemente, valen más por sus características intrínsecas y otros, por oposición, carecen de valor.

La materia prima, fundamental, del escritor es el idioma; pero, como en el caso del especialista en muebles, no es suficiente utilizarlo sin ton ni son si el objetivo es hacer un escrito con valor. A final de cuentas incluso los analfabetos pueden producir un resultado que puede ser trascrito por un tercero para que prevalezca en papel, pero lo realmente valioso, contiene mucho más que sólo palabras.

El significado, la gramática, el ritmo, la armonía, la observación, el conocimiento, la sensibilidad, la capacidad de síntesis, la investigación misma,  y, por supuesto, la práctica, son elementos vitales, inseparables, para el escritor.

En el caso opuesto se encuentran: la ocurrencia, el desconocimiento del idioma y el significado de las palabras, la utilización por ignorancia de las aberraciones divulgadas por las televisoras y otros medios de comunicación (locaciones por ubicaciones, terapista por terapeuta, promocionar por promover, Telemarketing por telemercadeo, indexar por indicar, aplican por se aplican, etc.), las faltas de ortografía (coser, cocer; casar, cazar; dé, de; éste, este…), el desconocimiento de la sintaxis (no significa lo mismo: "Zapatos para niños importados de España" que Zapatos importados de España para niños"), incluso  el no saber ni siquiera cómo ni cuándo se utiliza la puntuación, que también le da sentido a lo escrito.

Los resultados del oficio en ambos casos serán extraordinariamente diferentes en su valor.

Escribir, sin embargo, no es limitativo ni excluyente y es válido utilizar todos los recursos para transmitir un contenido que se considere de interés para algún receptor. De tal suerte, la palabra escrita tiene que echar mano de recursos, incluso imaginativos, para reproducir un modo de hablar local o de, pongamos por caso, sectores minoritarios o marginales de la sociedad. Aquí caben la jerigonza, el código utilizado en la telefonía celular o en los recursos propios de Internet, los localismos, las palabras caídas en desuso  que prevalecen en algunas regiones (ansinita, ansí), los modismos, neologismos, etc.,  etc., etc.

Los dadaístas "crearon" "poesía" recortando palabras, metiéndolas en un sombrero y sacándolas de manera aleatoria para, después, escribirlas en un papel. El título mismo era "realizado" de manera similar. Como vestigio social de la crisis moral y el desencanto que vivía la sociedad de la época (período posterior a la primera guerra mundial) y como acto de rebeldía contra el arte burgués establecido, el dadaísmo y su producción  es un testimonio que debe considerarse en su justa dimensión, no más.

La decadencia, en cualquier renglón, conlleva el abandono, el desinterés, lo mal hecho, el "a"i se va" tan mexicano, el camino fácil, y si bien es cierto que vivimos en una época de maravillas y, simultáneamente, decadente, no por ello debemos colocarnos en el lado "pinche" de la balanza.

El camino está y la carreta también. Decidamos cómo queremos viajar: ¿como fardos, arrastrados y dando tumbos?, ¿jalando la carreta como los caballos, con sus estrechas viseras?, ¿cómo pasajeros?, ¿cómo polizontes? o ¿cómo conductores?

Juntando las piedritas de ayer,
las que nos estorbaron el camino también,
y las que pulimos con paciencia,
con todas, se harán las Haciendas de las Letras

Alonso Marroquín Ibarra
febrero de 2011 y corriendo

La Posmodernidad: un monstruo voluble

Por Leonel Puente - 14 de Febrero, 2011, 21:45, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

Por Leonel Puente Colín

I. Romanticismo y modernismo.

En la segunda mitad del siglo XIX, Gustavo Adolfo Bécquer escribía


 "Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!" (1)

Setenta años después, aproximadamente, ya bien entrado el siglo XX, John B. Watson afirmaba:

"Dadme una docena de niños sanos y bien formados y mi mundo específico para criarlos, y yo me comprometo a tomar a cualquiera de ellos al azar y entrenarlo para que llegue a ser cualquier tipo de especialista que quiera escoger: médico, abogado, artista, mercader y, sí, incluso mendigo y ladrón, sin tener en cuenta para nada sus talentos, capacidades, tendencias, habilidades, vocación o raza de sus antepasados" (2)

Estos puntos de vista, ilustran dos periodos culturales del mundo occidental; el primero al romanticismo, el segundo al modernismo. Tanto el romanticismo como el modernismo constituyeron modelos que pretendieron explicar el mundo de una manera lineal y totalizadora. Ambas posturas, irreconciliables entre sí, tenían coherencia cada una a su manera, pero afirmaban ciertos aspectos del ser humano negando u ocultando los otros. Para un romántico, los avances científicos iban en contra de la evolución del alma humana; sus conceptos fundamentales eran la fantasía, la religión, el sentimiento, el espíritu, el misterio, el genio individual, el temple moral y la introspección. Para un individuo modernista, toda fantasía o introspección resultaba negativa porque obstaculizaba el avance de la sociedad; sus conceptos fundamentales eran la realidad tangible, la ciencia, la razón, la objetividad, el pensamiento, la materia, la máquina, el desarrollo industrial, el progreso y la productividad.

A finales del siglo XIX, el romanticismo dejó de tener vigencia general debido a la creciente industrialización y a la disminución del sometimiento fundamentalista de las creencias religiosas. Gradualmente, el modernismo se instaló en todos los ámbitos de la cultura occidental y la ciencia aplicada tuvo un auge que no se había visto nunca a tan gran escala; sin embargo, tras la inicial "ilusión del progreso" y dos devastadoras guerras mundiales, también el modernismo entró en una grave crisis y resultó insuficiente para la estabilidad de los tejidos sociales.

II. Posmodernismo.

En los años 60´s y 70´s (s.XX), aunque el modernismo seguía siendo el modelo imperante, comenzó a fraguarse un nuevo movimiento cultural: el posmodernismo (aunque en aquellos tiempos aún no se llamaba así, era denominado posmaterialismo o superindustrialización hasta que, en 1979, Jean Francois Lyotard publicó su obra La cuestión posmoderna). Las sociedades occidentales, aparentemente homogéneas y hegemónicas, estaban ya conformadas en su interior por una gran cantidad de grupos con necesidades e intereses muy diversos; aunado a eso, el acelerado desarrollo de la tecnología sentó las bases para una ruptura radical con el pasado: las formas de convivencia comenzaron a cambiar con una velocidad impresionante y también las maneras de concebir el mundo y al ser humano.

Ya desde los comienzos del modernismo, las ciencias físicas no sólo rebasaron a las ciencias sociales, también las convirtieron en tributarias: si algo podía hacerse, debía hacerse; de esta manera, los cambios que antes tardaban siglos en ocurrir, ocurrían en décadas o en años. Con la llegada del posmodernismo, en meses o en días se trasformaban las cosas, las ideas, las creencias, las ciudades e, incluso, las personas. La economía de producción se convirtió en una economía de consumo; se desacralizó la política y todo lo que tuviera que ver con figuras de autoridad; se desmitificó a los líderes y en su lugar aparecieron los ídolos pasajeros y desechables; la historia cultural de las minorías y de los subalternos, teóricamente heredada por los historiógrafos franceses de los años 50, encontró vías de aplicación; los paradigmas se convirtieron en perspectivas; de la represión de los sistemas totalitarios, se pasó al caos globalizante, quedando el terreno preparado para que el culto al individualismo y el imperio de lo efímero se hicieran más que patentes; la filosofía abarató sus precios y la psicología dejó de interesarse en el alma para convertirse en ciencia de la conducta.

Abolidos los sueños ecuménicos, disgregada la realidad en muchas parcelas, tenemos ahora una hibridación cultural y una hiperrealidad en donde todo puede ser todo y también nada a la vez. Para un posmoderno, los conceptos fundamentales son el desarrollo tecnológico, el oportunismo, el pluralismo, el perspectivismo, la emoción, las cosas, la deconstrucción, las redes sociales y la globalización. Para estar al día, es necesario conocer un sinfín de datos y entablar un sinnúmero de relaciones de diversa índole. Apenas algo va tomando forma, ya existe una opción nueva o nuevos detalles se deben tomar en cuenta. El resultado de todo esto es una situación pasmante. No por nada se ha calificado al posmodernismo como la "era del desencanto".

III. El yo saturado. (3)

En su libro, El yo saturado, Kenneth Gergen hace un análisis minucioso sobre los dilemas de identidad en el mundo contemporáneo; a través de sus páginas nos va develando la forma en que la conceptualización del "yo", de primordial importancia para el mundo occidental, se está convirtiendo en un barco a la deriva.

Los seres humanos de otras épocas, en mayor o menor medida, tenían un concepto permanente de sí mismos; según el sitio en el que vivieran, la religión que profesaran o la raza a la que pertenecieran, poseían un núcleo esencial, una personalidad constante que difícil o lentamente se modificaba. Sin embargo, en la actualidad, todas las creencias y costumbres, incluyendo leyes y teorías, se han puesto en tela de juicio y nada escapa al cuestionamiento y al cambio.

Existen varios factores que han contribuido a tal situación, pero hay uno fundamental: la tecnología. "Los logros tecnológicos a lo largo del siglo han producido una alteración radical en nuestra forma de revelarnos ante los demás. Como consecuencia de los avances realizados en el campo de la radio, el teléfono, el transporte, la televisión, la transmisión vía satélite, las computadoras, etcétera, estamos hoy sometidos a una tremenda andanada de estímulos sociales. Las comunidades pequeñas y estables, que tenían un molde conformado de otros valores, van siendo sustituidos por un conjunto amplio –y creciente—de relaciones humanas". (Gergen, pág. 13)

En la actualidad, la realidad cambia de un día para otro, de hecho la hiperrealidad es la que domina: en unos cuantos minutos o segundos, las personas—especialmente las que viven en las zonas urbanas o semiurbanas—están expuestas a un torbellino de estímulos indiscriminados. Basta con sintonizar por un rato cualquier noticiario televisivo para recibir, sin pausa ni concierto, una cantidad enorme de información acerca de todo el mundo. Una tras otra, las noticias, presentadas casi todas de una forma impactante, absorben la atención: "El calentamiento global... Asesinos seriales (que, por cierto, ahora son tan admirados como los héroes de la antigüedad)... Una madre indígena pare trillizos por segunda ocasión (los primeros ya están en el Kinder)... Autorización de bodas heteroflexibles (es decir: entre homo, bi y transexuales)... Divorcios express... Matrimonios virtuales... Ovnis sobrevolando la Casa Blanca... Monsanto (el principal monopolizador de transgénicos) se vuelve a pasar las leyes por el Arco del Triunfo... Mariposas drones explosivas (modificadas genéticamente con implantes mecánicos y equipadas con nano-bombas teledirigidas) con la potencia destructiva de varios kilogramos de TNT... El Chupacabras es hembra y está enamorada de Osama Bin Laden... y bla, bla, bla, bla, bla...". La hiperrealidad, es decir: la realidad sobrecargada, superando como nunca a la ficción. Siglos y más siglos de desarrollo artístico y científico, avocados primordialmente al entretenimiento y adoctrinamiento de las masas.

El "yo auténtico" de cada persona es asediado sin cesar a través de los acelerados cambios y, para sobrevivir a esta vorágine, se convierte en una especie de "manipulador estratégico": elige de la moda lo que le acomoda, como dice el dicho. Pero la caprichosa moda posmoderna arrasa con todo, no sólo influye indefectiblemente en la forma de vestir sino en la de pensar y la de sentir: "Las tecnologías que han surgido nos han saturado de los ecos de la humanidad, tanto de voces que armonizan con la nuestra como de otras que nos son ajenas. A medida que asimilamos sus variadas modulaciones y razones, se han vuelto parte de nosotros, y nosotros de ellas. La saturación social nos proporciona una multiplicidad de lenguajes del yo incoherentes y desvinculados entre sí. Para cada cosa que "sabemos con certeza" sobre nosotros mismos, se levantan resonancias que dudan y hasta se burlan. Esa fragmentación de las concepciones del yo es consecuencia de la multiplicidad de relaciones también incoherentes y desconectadas que nos impulsan en mil direcciones distintas, incitándonos a desempeñar una variedad tal de roles que el concepto de ¨yo autentico¨, dotado de características reconocibles, se esfuma. El yo plenamente saturado deja de ser un yo" (Gergen, pag. 26).

En este proceso de saturación social, Gergen hace una distinción entre dos tipos de tecnologías: las de bajo nivel y las de alto nivel. Varias de ellas se desarrollaron simultáneamente y se difundieron de manera inverosímil.

Dentro de la categoría de las tecnologías de bajo nivel están el ferrocarril, el servicio postal, el automóvil, el teléfono, la radiofonía, el cinematógrafo y la edición comercial de libros, periódicos y revistas. Todas ellas contribuyeron a difundir información o a facilitar la movilidad; cada una, en su momento, desempeñó un papel decisivo como factor de cambio e influencia social. Tomemos como ejemplos el automóvil, la radiodifusión y los libros impresos:

  • El automóvil, a principios del siglo XX, era casi desconocido y su producción en todo el mundo no llegaba a cien. En los años 20 se perfeccionó la línea de montaje y, en 1930, había alcanzado el récord de cuatro millones de unidades (más de las tres cuartas partes fabricados en Estados Unidos). En los 80´s saltó a 40 millones diseminados por todo el globo terráqueo (aproximadamente la quinta parte fabricada en Estados Unidos). (4)
  • La radiodifusión apareció en Estados Unidos y Gran Bretaña en 1919, penetrando y alterando la forma de vida en comedores y cuartos de estar, dormitorios, automóviles, playas, talleres, salas de espera y hasta en las calles de la ciudad. En 1925 había 600 emisoras de radio en todo el mundo [la XEW mexicana data de 1930]; esta cifra se duplicó en diez años, y en 1960 las radioemisoras ya eran más de diez mil. (5)
  • El libro impreso ha difundido ideas, valores y modalidades de vida desde hace más de cuatrocientos años; sin embargo, su producción todavía era, hasta cierto punto, artesanal y limitada. Con el desarrollo de las rotativas, las ediciones comerciales pasaron a ser una fuerza poderosa, particularmente en la década de los años 50, cuando la aparición de las ediciones en rústica puso los libros al alcance de vastos sectores de la población. La cantidad de nuevos títulos que ahora se publican, en un solo año, supera con mucho a la producida (antes del siglo XX) por todas las civilizaciones desde que apareció la escritura allá por el año 10,000 antes de Cristo. Se necesitarían muchas vidas para leerlos todos.

Las bases para el proceso de saturación social, y, como consecuencia, la dislocación del concepto del yo individual, estaban en plena marcha con estás tecnologías de bajo nivel. Dichas tecnologías han sido desplazadas, pero no han desaparecido: se han sofisticado y continúan incidiendo en nuestra vida cotidiana; y aún faltaba la llegada de las tecnologías de alto nivel para asestar otro fuerte golpe al equilibrio psíquico.

La siguiente fase traería consigo los avances en el transporte aéreo, la televisión, los viajes al espacio exterior y la comunicación electrónica...

  • Con los aviones a reacción ya no se necesitaban ochenta días para darle la vuelta al mundo, como en la novela de JulioVerne. Además, viajar en avión dejó de ser, para muchos, una aventura o un lujo para convertirse en una necesidad.
  • Con la llegada del hombre a la Luna, varios poetas se volvieron burócratas. Y si se tiene el dinero suficiente, se puede viajar al espacio exterior sin que se requiera ser astronauta de carrera.
  • En 1946 comenzó la televisión comercial y su popularidad resultó descomunal: millones, decenas de millones, cientos de millones, miles de millones de aparatos se han producido y comprado desde entonces. Rara es la casa en donde no exista al menos una, incluso en los países con pobreza extrema. Las salas de cine sufrieron una baja sensible de asistencia, algunas mantuvieron una buena taquilla pero varias tuvieron que cerrar. Al llegar las cintas de video y las cámaras portátiles, muchísimas de las sobrevivientes quebraron.
  • De los 80´s a la fecha, fueron apareciendo las computadoras caseras, los teléfonos celulares, la televisión por cable, los faxes, las laptops, las palms, los ipods... Gracias a estos exquisitos artefactos, la cantidad, variedad y velocidad de intercambio de información se volvió entonces verdaderamente frenética y enloquecedora. La radio y el correo comenzaron a pagar su cuota de popularidad; especialmente la correspondencia postal (en el sentido de comunicación interpersonal): si uno revisa el buzón de su casa, aunque esté repleto de papeles, casi todos son de propaganda o de recibos de pago. ¿Quién se toma hoy la molestia de escribir una carta "con su puño y letra" si se pueden mandar e-mails masivos, chatear o enviar música y mensajes instantáneos por celular?

Todo esto ha traído consigo una movilidad social extraordinaria y una revolución en la forma en la que nos comunicamos unos con otros.  Las hibridas sociedades posmodernas provocan una fragmentación cultural y una precarización del autoconcepto difíciles de asimilar y de comprender. Bajo estas circunstancias, incluso las relaciones cara a cara se vuelven prescindibles: se pueden entablar relaciones virtuales de todo tipo a través de la desaforada Internet, pueden conseguirse cientos o miles de "amigos", hacerse compras y ventas, jugar ajedrez o póker en línea, trabajar sin salir de casa, llevar la oficina a cualquier parte del mundo o estudiar una carrera universitaria sin que medie contacto físico alguno. Una vez conectado a la red, poco importa si alguien se suicida a tu lado. Las redes electrónicas son exponencialmente enajenantes y, en ellas, el concepto de espacio pierde sus dimensiones tradicionales y el tiempo se torna inasible. En palabras de Barry Schwartz: "Hasta cierto punto, más es más; después de ese punto, más es menos...Crear relaciones estrechas requiere de tiempo. ¿Quién tiene la flexibilidad y el tiempo necesarios para darse un respiro durante las actividades regularmente planificadas y poder estar disponible, cuando se le necesita, sin tener que pagar por ello un precio muy alto de estrés y complicaciones?...El tiempo es el último bien escaso y, por alguna razón, aunque constantemente nos lleguen artilugio tecnológicos para "ahorrar tiempo", parece que la servidumbre del tiempo no hace sino aumentar..." (6)

El yo es "colonizado", literalmente, por muchas otras voces y perspectivas que exigen atención; la identidad personal se dispersa en muchos "yoes", lo que da lugar a lo que Gergen (pag. 106) denomina multifrenia, término con el que designa la escisión del individuo en una multiplicidad de investiduras de su yo. Hasta los ataráxicos burócratas, contra su voluntad, han tenido que mover uno que otro de sus anquilosados dedos y poner a funcionar una de las dos neuronas que se alojan en sus enmohecidos cerebros.

Si antes las personas se relacionaban permanente y sólidamente con un puñado de gente—conformada por su familia, sus vecinos, amigos, colegas o compañeros de trabajo--, ahora se relacionan parcial y temporalmente con una cantidad tan grande de individuos, de toda calaña, que difícilmente es posible recordar el nombre de cada uno. Los roles y las redes sociales crecen a un ritmo insostenible y por eso—y para eso—el  yo crea sus estrategias de manipulación: para unos se pone una máscara negra, para otros una blanca; si es necesario se pone una de colores. El problema es cuando se quita todas las máscaras y, al mirarse al espejo, no se reconoce a sí mismo.

Sin necesidad de hacer una introspección profunda y minuciosa—pues no tiene tiempo para tal aberración—, un posmoderno ciudadano de la capital mexicana, al realizar un rápido y superficial recuento de los componentes de su personalidad, bien podría encontrar los siguientes resultados mediante un test mental al estilo de las revistas de psicología barata: 23% es existencialista guadalupano*, 21 ecologista, 19% deportista, 18% acomplejado, 10% modernista, 5% romántico, 3.33% tutti fruti, y, las centésimas que restan, revolucionario.

Una gran cantidad de individuos posmodernos, además de multifrénicos, son nómadas: su dirección es una dirección electrónica, su teléfono es un teléfono móvil que puede cambiar en cualquier momento. Ya sea por necesidades laborales o, simplemente, por "cambiar de aires", muchos se mudan de casa varias veces o emigran a otros estados u otro país. Y aquí, en este punto, habría que hacer un par de especificaciones relativas a  los países en guerra y las comunidades subdesarrolladas, pues, en tales casos, las causas del desplazamiento son motivadas principalmente por el hambre o por la devastación, no por un ascenso laboral, un mejor nivel de vida o la búsqueda de novedad.

Todas estas variaciones de residencia geográfica o virtual, provocan un severo desarraigo y una disminución de compromiso comunitario. El famoso "amor a la tierra"—aunque tal cosa fuese una choza desvencijada—era un valor muy básico y difundido; con el paso del tiempo tiene cada vez menos contenido afectivo. Las ciudades, las colonias, y hasta los pueblos rurales,  se tornan fantasmales porque nadie conoce a nadie y menos se interesan por sus destinos mutuos. Existe gente que platica o interactúa más con los integrantes de las comunidades electrónicas a las que pertenece que con las personas que viven a unos cuantos pasos de su puerta.

También otro famoso amor, el "amor a la camiseta", se disuelve. Hace unos años, recuerdo que Adomaitis, ex-integrante del Cruz Azul, se dirigía al entrenamiento y no lo dejaron pasar a las instalaciones de La Noria: lo que sucedía es que había sido vendido a otro club y él no estaba enterado todavía. Y su caso es uno de tantos: jugadores de equipos con una rivalidad añeja, en el transcurso de su vida deportiva pueden alinear en uno y otro equipo. Luego entonces, la tal rivalidad añeja, se vuelve abstracta: se conserva relativamente la estructura del equipo, pero sus componentes son intercambiables. La lealtad se vuelve una más de las tantas mercancías que se expenden en el mercado de las personalidades.

IV. El shock del futuro. (7)

Después de leer El yo saturado del psicólogo Kenneth Gergen, en una librería de viejo encontré una obra del periodista Alvin Toffler titulada El shock del futuro. Gergen no hace ninguna referencia de esta obra, pero ya la había yo escuchado mencionar por algunas personas y en otras lecturas me había encontrado citas acerca de ella. El titulo me sonaba demasiado sensacionalista y no pensaba comprarlo en realidad, pero, después de revisarlo por unos minutos, me dí cuenta que su contenido era muy parecido al de aquél.

El yo saturado fue publicado, por primera vez, en 1991; El shock del futuro, en 1970. Es innegable que en veintiún años el mundo había cambiado mucho, también que la terminología y el enfoque de un psicólogo pueden ser muy distintos a los de un periodista; pero estas dos obras son sorprendentemente afines. Varios de los datos que maneja Toffler están actualizados en el de Gergen: los miles se convierten en millones, los millones en miles de millones y comienzan a aparecer los billones y alguno que otro trillón; mas eso no es lo más importante, sino que manejan varios conceptos análogos a pesar de que los nombran con otras palabras.

Toffler también pone énfasis en el hecho de que la tecnología es la causa principal de los cambios radicales en la sociedad: "En los tres decenios escasos que median entre ahora y el siglo XXI, millones de personas corrientes, psicológicamente normales, sufrirán una brusca colisión con el futuro. Muchas de ellas, ciudadanos de las naciones más ricas y tecnológicamente avanzadas del mundo, encontrarán creciente dificultad en mantenerse al nivel de las incesantes exigencias de cambio que caracterizan nuestro tiempo. Para ellas, el futuro llegará demasiado pronto" (Toffler, pag. 23).

Este periodista hablaba ya de la transitoriedad de todos los valores culturales; de la muerte de la permanencia; de la febril búsqueda de novedad y de placer inmediato; de la diversidad exacerbada y del desdibujamiento de los parámetros mediante los cuáles el individuo rige su conducta. Denomina "shock cultural" al efecto psicológico producido por los avances tecnológicos. Y ese "shock cultural", aunque impacta primero en las sociedades superindustrializadas, con mayor tono en los ejecutivos o especialistas, no tarda mucho en irse difundiendo en todas las capas de la sociedad. De hecho, muchas de las tecnologías que alguna vez fueron de punta y luego se volvieron obsoletas o anacrónicas, experimentaron un "segundo aire" al descender por los estratos sociales, y, luego, hasta un "tercer aire" al exportarse a comunidades más atrasadas.

El individuo multifrénico de Gergen—fragmentado en varios "yoes", con una personalidad pastiche en cuyo interior conviven por igual el santo y el asesino, el explotador y el altruista, el inocente y el culpable—es denominado por Toffler como el "hombre modular": "Hemos creado la persona disponible: el hombre modular. Más que relacionarnos con todo el hombre, lo hacemos con un módulo de su personalidad. Cada personalidad puede ser imaginada como una configuración única de miles de tales módulos. Ninguna persona total es intercambiable con otra. Pero ciertos módulos sí lo son. Como buscamos únicamente un par de zapatos, y no la amistad el aprecio o el odio del que los vende, no necesitamos entremeternos ni interesarnos por todos los otros módulos que forman su personalidad. Nuestra relación es convenientemente limitada. Existe una responsabilidad limitada en ambas partes. La relación entraña ciertas formas aceptadas de comportamiento y de comunicación. Ambas partes comprenden, consciente o inconscientemente, las limitaciones y las leyes. Sólo surgen dificultades cuando una de las partes vulnera los límites tácitamente aceptados, cuando intenta hacer conexión con algún módulo que nada tiene que ver con la función de que se trata" (Toffler, pág. 113)

V. Cavernícolas computarizados.

¿En qué estamos ahora, en los albores del siglo XXI? Gergen y Toffler son optimistas a pesar de todo; de hecho, sus libros son presentados como una especie de útiles manuales para que la colisión psicológica contra el monstruo tecnológico sea más llevadera.  Existen otros, entre los que me incluyo, para quienes el futuro no es nada esperanzador.

En una reciente nota periodística**, Mateo Cueva*** hace referencia a la prodigiosa (pero también sumamente peligrosa) "convergencia de disciplinas que permiten la creación y manipulación de la materia a escala atómica mediante las nanotecnologías. Sus aplicaciones son ilimitadas: química, biología, física, informática, robótica, etcétera... [Constituyendo] una revolución científica e industrial, en la que algunos ven la panacea de todos los males de la humanidad, incluyendo milagrosos tratamientos contra el cáncer. Otros evocan invenciones mortíferas como bombas miniaturas o mariposas transformadas en drones vivos. Advierten el peligro de una mayor concentración económica y de una transformación radical del homo sapiens, en la que poshumanos**** dominarían a los seres humanos de segunda clase" (8).

Bits... Átomos... Neuronas... Genes... Componentes que hasta hoy han estado relativamente compartimentados en sus áreas, pero que mezclados no tardan mucho en hacer: ¡BANG!

Es difícil ser optimista en un mundo tan voluble, hasta la palabra arte pierde su belleza; y no hablo del abigarrado arte pop, que por más que me lo expliquen no alcanzo a entenderlo (si todo discurso, rime o no rime, es poesía; si todo es calificado como arte, el género se aniquila), me refiero a aquel arte que desde niño siempre he considerado casi divino: las pinturas rupestres. El antropólogo Houghton Brodrick, en una interesante hipótesis apunta: "Nos inclinamos a pensar que el impulso que movió a los hombres de Europa a pintar hace trescientos siglos o más puede encontrarse en el estímulo que en sus sentidos se produjo por un choque de ideas y costumbres, por el contacto de culturas donde los hombres "modernos" se enfrentaron con los hombres de Neanderthal, físicamente diferentes de los que encontramos en Europa. Parece improbable que una cosa tan original, tan extraña, tan mágica, exponente de un progreso espiritual e intelectual como el arte, se originase en cualquier otra esfera que no fuese la de una revolución moral". (9)

Lindo razonamiento, pero dicho enfrentamiento cultural, por muy moral y revolucionario que haya sido, culminó en el exterminio de los neandertalhes.  Los homo sapiens depredamos todo y a todos, máximamente a quienes más se nos asemejan porque ponen en riesgo nuestra supremacía. Ojalá fuera mentira que existe la posibilidad de crear homo sapiens 2.0, pero,  mientras ocurre el siguiente exterminio o la destrucción total del planeta, oigamos a Joaquín Sabina cantando que tenemos "más de cien mentiras para no cortarnos de un tajo las venas", quizá nos consuele un poco su ácida ironía; prendamos el televisor, evitando obviamente todos los canales educativos para embobarnos en sus emocionantes programas; leamos bests sellers, del estilo El monje que vendió su Ferrari, para entretenernos con su filosofía light; vayamos al Gym más cercano, tomemos agüita embotellada, asistamos a una marcha en pro o en contra de cualquier cosa, naveguemos o volemos por la internet, vayamos a misa aunque ya se nos haya olvidado cómo o para qué se reza. En resumen: matemos el tiempo. Total qué: si la tesis del rumano Virgil Gheorghiu es acertada, como especie ya estamos viviendo tiempos extras en la Historia; la hora fatal, la hora veinticinco de la humanidad—tal como la entendíamos—sonó hace años.

 

Bibliografía.

(1) Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas, leyendas y narraciones. Edit. Porrúa, México, D.F., Colección Sepan Cuantos...1980.

(2)  John B. Watson, El Conductismo. Edit. Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1961.

(3) Kenneth J. Gergen, El yo saturado. Dilemas de identidad en el mundo contemporáneo. Edit. Paidós, Barcelona, España, 1992.

(4) Datos citados por Gergen de John B. Rae, The american automobile industry, Boston: Twayne, 1984.

(5) Datos citados por Gergen de Ivan Stoddard Coggeshall y otros, Telecommunications Systems, Encyclopaedia Britannica, 1988.

(6) Barry Schwartz, Porque más es menos. Edit. Taurus, México, D.F., 2005.

(7) Alvin Toffler, El shock del futuro. Edit. Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1972.

(8) Mateo Cueva, Las nanotecnologías hacen ¡BANG! Prodigiosa convergencia de bits, átomos, neuronas y genes. Le Monde Diplomatique, edición México, EU. y Centroamérica, número 14, Octubre 2009.

(9) A. H. Brodrick, La pintura prehistórica. Edit. Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1950.

Notas

* "Existencialista Guadalupano" es un término que me gusta piratearle a José Agustín. Puede encontrarse el contexto en su novela De perfil.

** Escribí este ensayo entre finales de 2009 y principios del 2010). El excelente mensuario –palabra derivada de mensual, no de la palabra menso—Le Monde Diplomatique, edición México, Estados Unidos y Centroamérica (traducido al español), ya no existe. Conservo sólo diez ejemplares, de Abril de 2009 a Enero del 2010, y me hubiese encantado conseguir los primeros siete. El ejemplar 14, del cual extraje la información, corresponde al mes de octubre de 2009 y, de hecho, es el que más estimo porque lo tengo firmado por Serge Halimi (director de Le Monde Diplomatique de Paris) y por Jean Francois Boyer (quién dirigía la edición ahora extinta y que sólo tiró 17 ejemplares). Ambos periodistas me lo autografiaron amablemente después de la conferencia: "Estados Unidos: ¿un nuevo rumbo?", el día 27 de octubre de 2009, en la Sala Covarrubias del Complejo Cultural Universitario. Todo parecía ir viento en popa con la edición y la aceptación de los que leíamos tal mensuario al oeste del Atlántico, pero en Febrero de 2010, de buenas a primeras dejó de aparecer. ¿Será qué en México, Estados Unidos y Centroamérica, faltan siglos para que exista un periódico o mensuario que sólo dependa un 4.1% de los anunciantes, 37.1% de sus suscriptores y que su base sean sus ávidos lectores, quienes constituyen el 58.8% de su ventas y que lo compran en los puestos o tiendas por los contenidos de fondo? ¿Será qué peco de ingenuo al creer que existe una comunidad profesional de periodistas accionarios que realizan una publicación, casi sin censura, allá en París o en cualquier otra parte del mundo?    

*** Mateo Cueva es el pseudónimo de un alto funcionario internacional.

**** Según ETC Group, 2006, www.etcgroup.org/es/ un transhumano es una especie de homo sapiens 2.0, dotado de desempeños físicos e intelectuales "aumentados", coexistiendo con humanos de segunda, marginados en su humanidad misma (cita de Mateo Cueva).

Santa Fé, México, D.F.

Candilejas

Por Luis Alfonso Villalobos Guerrero - 13 de Octubre, 2010, 23:51, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

Sin duda es una melodía triste, como fue triste la vida de su autor, aquel mimo eterno que fuera Charles Spencer Chaplin Jr. Aún estaba yo muy joven cuando tuve la fortuna de ver la cinta The Kid que filmara con el niño Jackie Coogan en 1921, pero que él mismo musicalizara en 1971. Una historia llena del amor humano, de la crítica social, enternecedora y emotiva.

Y sí, su vida había sido triste. Venido en una familia sumida en la pobreza, de un barrio de Londres, de padres dedicados a la actuación -él alcohólico y ella esquizofrénica-, tuvo que pasar su juventud en orfanatos. Charles comenzaría accidentalmente su carrera artística a los cinco años, y no más allá de los 19 viajaría a los Estados Unidos y tendría su primer contacto con el cine.

Vagabundo. Siempre interpretó a un vagabundo caracterizado por una estrecha chaqueta, pantalones y zapatos superiores a su talla, un bombín como crítica a la alta sociedad inglesa, un bastón que regulaba su errático andar, y un bigote que le fue como especial sello al estilo Mark Twain. No consta documentación sobre su nacimiento aunque él negó siempre haber sido de descendencia Judía. Más bien se le atribuye ascendencia gitana, lo que explicaría la melancolía, la simpleza y austeridad, con que se presentaba en escena.

Mucho se ha escrito sobre la historia fílmica de Charles, pero poco de su vida privada y por tanto del origen de esa hermosa canción, Candilejas. Casó en su primer matrimonio el 23 de Octubre de 1918 con Mildred Harris, una jovencita, actriz secundaria, que tan solo lo acompañaría un par de años. A los treinta y cinco años, el 24 de Noviembre de 1924, volvería a casarse con su entonces adorada y también jovencita actriz Lolita MacMurray, con quien estuviera unido hasta 1927. A los cincuenta y cuatro años, y después de un escándalo por la paternidad de la hija de la actriz Joan Barry, contrajo nupcias con Oona O´neill, hija del famoso dramaturgo, y quien permanecería a su lado hasta su muerte.

Candilejas es el título de la última película escrita, dirigida, producida y actuada por Charles Chaplin, en el año de 1952. Durante la primera guerra mundial y situada en un barrio de Londres, Calvero, un veterano cómico, acoge en su casa a una joven antes de suicidarse, atormentada por sus penas. Su trastorno sicológico es de tal magnitud que sufre una parálisis física irreal; Calvero intentará todo al alcance de su mano para que esa joven, Thereza, vuelva a caminar, a recuperar su afición por la danza. Thereza recupera sus capacidades a costa del sacrificio de Calvero y triunfa en el ballet pocos años después, pero Calvero es rechazado por el público debido a su edad, y aunque ella le profesa un gran amor, él la rechaza consciente de que ella debe continuar su vida sin él. La música, Charles se la dedica a su amada Oona.

Charles Spencer Chaplin Jr. murió el 25 de Diciembre de 1977, muchos años antes de que yo tuviera la oportunidad de empaparme sobre lo que para él había significado esa ultima realización. En casa no se estilaba con afecto esas cuestiones de la cultura y de las artes, pero cuando tuve la oportunidad de verlo en vida, lo quise, me inspiró, y me hizo sufrir con su desvalida imagen. Aquella película había sido su propia historia.

La reproducción original de la música de la película Candilejas la comparto tal y como Charles Chaplin la sufrió en vida, la pensó, la creó, y la llevó a la pantalla.  "Pichikita" subió a You Tube la versión original del tema, a quien le agradezco su tiempo, las imágenes,  y la magnífica interpretación. Súbanle al volumen.

Algún día yo también me sentí triste.

Luis Alfonso Villalobos Guerrero
Abril 27 de 2010

- - -





Fraudes sin casigo - Introducción

Artículos anteriores en DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

El Blog

Creative Commons License
Esta obra está bajo una
Licencia de Creative Commons.

Calendario

<<   Diciembre 2017    
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31
 
Proyecto Cultura Chobojos - Chobojos
 
 Proyecto Cultura Chobojos - Vida sin fin
 
Proyecto Cultura Chobojos – Fotografía 366
 
Proyecto Cultura Chobojos – El círculo azul
 
Proyecto Cultura Chobojos – La Jauría
 
Proyecto Cultura Chobojos – Toma Todo
 
Proyecto Cultura Chobojos - Chistes x Kilos
 
 

Baja gratis el PDF de:

Baja la versión digital de Toma Todo

Suscríbete a CHOBOJOS


Suscribir con Bloglines

Archivos

Sindicación RSS

Add to Technorati Favorites

BloGalaxia

Directorio de Weblogs

Culture Blogs - Blog Catalog Blog Directory

The House Of Blogs, directorio de blogs

blog search directory

Directory of General Blogs

Casinos

blog rating and reviews

BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog

Blogarama - The Blog Directory

TopOfBlogs

terrenos

Blog Ping

Alojado en
ZoomBlog