PUNKIJOTE DE LA RAZA

Punkijote de la Raza - El secuestro

Por Alonso Marroquín Ibarra - 10 de Octubre, 2010, 11:56, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Por Alonso Marroquín Ibarra

Bien van las cosas de lo peor que se están poniendo.
Viejo refrán caribeño.

-¡Infames! ¡Acólitos del diablo! ¡Desgraciados ganapanes, labregones ignorantes, retahíla de seres viles y amos de la ruindad! ¡Ah, si pudiera retorcerles el pescuezo! El gusto llegaría al fondo de mis entrañas. ¡Malhaya la mal nacida madre que, a su vez, los mal parió! ¡Sois, todos, una calaña maldita de malhechores desgraciados! ¡Los dioses de todas las épocas y culturas hagan caer sus más fieros castigos sobre sus espaldas! ¡Malditos rufianes puñeteros!

-Ya, Punki, serena tus ánimos.

-Mi querida y pequeña BB. Sólo tú has estado día a día siguiendo mi sufrimiento, ese tormento por el que pasa quien vive secuestrado. Pero en mí, todo, lo sabes bien, parece haberse multiplicado. ¿Por qué secuestrar a un ser humano cuyo único delito fue haber sido agraciado con el regalo que le dio un su cuate? ¿Por qué llevarme al recorrido pavoroso de la tortura física y mental, de la abstinencia obligada de mis alimentos, del horror de la oscuridad prolongada, de la suciedad extrema. Esta experiencia ha marcado para siempre mi existencia, mi deliciosa, amorosa y paciente BeBé, mi Bella Bellota 1, mi Brigitte Bardot, mi Buena Buenota, mi Bomboncito Buena-onda…

-Ya Punki, ya pasó. Sigues siendo mi gallito fino, mi gallito favorito…

-No te burles, BB.  ni mi cresta respetaron. Mírala, está toda tijereteada y quebrada, hasta pegamento le untaron. Criminales malditos… ¡mil veces malditos!

-Ven acá. Te voy a apapachar.

-Ni siquiera fui noticia, BB. Todo esto ha sido doloroso y muy triste.

1

Mi caso inicia, mis pacientes seguidores, un esplendoroso domingo.

La neta, el sol estaba, como escribirían los poetas: radiante, bañando con sus efluvios a cuanto cristiano anduviera por las calles... bueno, aunque no fuera cristiano. Los colores resplandecían bien chido; el aire se podía respirar, hasta sentir que entraba de más a nuestros pulmones tan acostumbrados a respirar altas dosis de smog o hupo (humo y polvo). El día sabrosamente templado alegraba el espíritu, me cae que sí. Hasta ganas de silbar me dieron y me puse a tatarear una rola de las efectivas: "Que se caiga el cielo y los aplaste".

Llegué finalmente a Polanco (colonia de billetudos y encopetados y de chavitos fresas y de muchos mamilones que se sienten bordados a mano), donde en la avenida Presidente Masarik me había quedado de ver con un cuaderno de los viejos tiempos. No esperé mucho cuando llegó el valedor. Cargaba un montón de chivas; daba la impresión de ropavejero.

-¿Qué tantas madres traes ahí, mi buen Lampedusa?- Ese era su apodo.

-Cosas, mi Punkijote. Esto, en especial, te va a interesar. Es un regalo de mi parte, porque te has portado bien ley conmigo y me has hecho muchos paros.

-Usté sabe, mi Lampe, que no hay purrún. Nunca he esperado retribución alguna por ayudar a la banda.

-Se entiende, mi Punki, pero no le aunque… Ten-. Lampedusa me dio una chaquetilla y unos pantalones de mariachi. Luego agregó. -Agarra la onda que toda la botonadura y los adornos son de plata maciza, pura plata mi buen, ley 0.720. Así que haz de cuenta que te sacaste el premio mayor. Nada más sopesa las prendas. Sé que les darás buen uso.

Aquellas garras, todas chamagosas, pesaban bastante; la botonadura, sin embargo, estaba reluciente. Lampedusa había pulido pieza por pieza. Un buen rato de chamba.

-Si quieres las descosemos de una vez para que no te lleves los pinches trapos, porque esos sí están para llorar.

Y, como dice el dicho: "andando y meando pa" no hacer hoyo", nos dimos a descoser todo lo que fuera del precioso metal. No tardamos demasiado en la tarea para finalmente tener una buena cantidad  de botones, chapitas y cordoncitos del refulgente elemento. Se me prendió el foco y le solté a mi cuate:

-De una vez consigo aguja e hilo para ponérselas a mi chamarra y a mis pantalones. ¿Cómo ves? Se van a ver de poca jefa.

Repitiendo el dicho, Lampedusa agregó: -Como va. Aquí a unas cuadras está el mercado. Vamos por aguja e hilo y nos aplicamos en lo tuyo.

Eso hicimos y después de dos horas, minutos más, minutos menos, vimos el resultado del trabajo. Lampedusa se lució. Sus manos de artesano eras diestras. En la parte trasera de mi chumpa formó con todos los botones y los cordoncitos el círculo y la A de anarquía; al frente creó varias figuras un tanto locochonas pero bien chidas y en mis botas, altas hasta las rodillas, trenzó el resto de los cordones y las demás piezas. ¡Pa" su madre, cómo pesaba mi chamarra!

-Me voy a volver jorobado con esta prenda, mi Lampe. Pesa un chingo.

-Nel, te vas a volver fuerte, Punkijote. Eso sí, con las botas das la finta de ser un gato con cascabeles. Pero, lo que sea de cada quien, se ven bien. Ahora si podemos decir que estás forrado de plata.

-Eso que ni qué, mi Lampe. Bien forrado.

2

El buen Lampedusa y yo anduvimos un rato aplanando calles mientras verbeábamos sobre temas diversos, ya sobre la cacareada y fallida lucha contra los narcos o bien de los cada vez más corruptos políticos…

-Son puros rateros mi Punki, puros rateros. Es la neta. Ya sabes que en este país "todo cambia para que todo siga igual".

-Para que todo siga peor, dirás. El cambio depende de todos, pero no hacemos nada…

Llegó el momento de despedirnos y mi cuate me dio un abrazo, palmoteando con fuerza mis espaldas.

-Se ve bien chida tu chamarra mi Punki. "Ora si te ves de primera. Mohicana bien pintada y retocada, lentes de gota… Hasta pareces gente de varo, como la de aquí…Bueno, a"i te ves. Pásala chido.

-Sea, mi buen Lampedusa. Igual para ti, hermano.

Lo vi alejarse. Por mi parte, dirigí mis pasos al parque Abraham Lincoln, porque recordé que en sus estanques, por años, los residentes de la zona han maniobrado barquitos a control remoto y no me quería quedar con las ganas de verlos. Es un parque apacible, con su gran reloj cansado de dar las horas; la escultura del expresidente gringo, nunca sin barba, siempre sin bigotes; árboles frondosos de sombras frescas y atractivos locales y restaurantes en las calles laterales… «Lástima que no me alcance el billete para refinarme algunas suculencias portuguesas o para entrar, aquí, al Samborcito», pensé. Seguí caminando, mientras me regocijaba viendo pasar a las buenas morritas de Polanco. «De que hay buen ganado, hay buen ganado».

Estaba a media cuadra de Julio Verne, donde están los estanques, cuando unos batos me lanzaron una bola de improperios desde su nave.

-¡El circo Atayde está en otro lado, pinche punketo ridículo!

-¿Te escapaste de la tiendita de los horrores?

-¡Eres un atentado contra la fantasía de Walt Disney!

Les menté la madre con voz y señas. -¡Hijos de su retostada!

Se fueron, pero como una desgraciada desgracia reaparecieron, bajándose dos de ellos del auto con fusca en mano. Yo de armas no sé nada, pero por el tamaño de las chingaderas esas tal vez eran de las famosas 9 milímetros o de calibre 45. Sin decir agua va, me aplicaron un cachazo arriba de la cien que me dejó todo pendejo. Antes del segundo metalazo alcancé a oír sus risas y sus mentadas de madre. Después… me fui. me perdí, me desvanecí, valí queso.

-Pinche pajarraco exótico. No creas que por tener billetes puedes mentarle la madre a la gente decente. Ya sacaste boleto.

-No supiste con quien te metiste, arlequín estilizado. Te vamos a llevar de vacaciones. Sólo los varos2 te podrán salvar. Ya mételo.

-Está re"pesado el cabrón.

-Es que -¿ya viste?- está forrado de plata.

-Ya la hicimos. ¡Vámonos, rápido, güey!

3

Me despertó el frío. Estaba hecho bolita. Al abrir lo ojos vi una pared forrada de periódicos viejos; las demás, incluído el techo estaban igual; no había ventanas; la única luz entraba por debajo de la puerta. Me dolía todo el cuerpo. Me percaté de volón que sólo tenía puestos los calzones y que mi flaco y ñango cuerpo estaba lleno de moretones y raspones. «Me han estado madreando, pero… ¿cuándo? No recuerdo nada» Tenía las rodillas, los codos y los pies enrojecidos y medio pelados; las costillas me dolían como si les hubieran pasado un buldózer; mi cresta estaba dada a la mierda, quebrada y flácida como pene de viejito… «!Qué poca madre! Seguro que me echaron agua estos cabrones.» De suerte no me dolía allá atrás, abajo. Al parecer estaba íntegro. Sólo eso faltaba. ¡No se les fuera a ocurrir!

Pasaron horas. No se oía nada. Mis gritos y los mamporros que di en la puerta durante mucho rato no dieron resultado. Nadie respondió a mis demandas. No tenía idea de la hora ni del día; no sabía dónde estaba; ni qué había pasado desde que me levantaron en el parque; no sabía qué querían ni por qué me tenían secuestrado. Mis tripas y mi lengua protestaban. Bueno, mejor dicho, todo mi corpachón protestaba: hambre, sed, dolor, frío, angustia, coraje… así de sencillo y de cabrón. Finalmente, hecho bolita otra vez, me refugié en el sueño; estar en vigilia me resultaba más ojete3.

-Nadie conoce a este hijo de puta. No tenemos ni a quién hablarle. ¿Cómo vamos a pedir el rescate?

-No puede ser, ca". Chavo de Polanco, con kilos de plata encima… tiene que ser un junior, sus jefes deben tener toneladas de dinero.

-El error fue traerlo sin investigar. Ni siquiera trae teléfono celular, ni agenda, nada… No sabemos ni cómo se llama. ¿A quién vamos a contactar?

-Velo por el lado bueno. Al menos no nos ha costado. No ha comido en tres días. Ja, ja, ja, ja.

-No mames. Esto es un negocio, no un juego.

-No lo planeamos. Lo trajiste porque te calentaste cuando te mentó la madre.

-Ton"s ¿qué hacemos?

-Vamos a ver si canta algo.

Escuché todo el infernal dialoguito. Cuando abrieron la puerta les solté de inmediato que yo era un jodido, que fui a Polanco porque estamos en un país libre, que mi onda es mi onda, que no me metía con nadie a no ser que se pasaran de la raya, que mi banda era de otros lares, del barrio, que yo era raza, que me gustaba ir al Chopo, que rolaba por diversas zonas de la metrópoli, que en un lugar de la Raza de cuyo nombre no quería acordarme…

-Ya cállate. Pareces un pinche loro de señora viuda. Dinos a quién le hablamos para que pague tu rescate.

-No manches. ¡Rescate! No conozco a nadie que no deba la renta, ni que no pida prestado para mal comer. Estás jodido. No soy cliente para ustedes. Soy pueblo, prole, tropa, de los de abajo, raza barata, un monito cotidiano de los que hay millones… con personalidad propia, eso sí.

-Pos si no dices a quién le hablamos pa" que suelten el varo por ti, te va a cargar la chingada.

-Tienes el cerebro licuado, por eso eres delincuente. No valgo nada para ustedes. Les van a dar cólicos de tanto darle vueltas a la rueda.

No sé cuanto tiempo duró la madriza. Hasta parecían agentes, tal ve lo eran. Manotazos en las orejas, bucitos, mandarriazos al cuerpo, puño y puño en el bajo abdomen, escupitajos, fintas de disparo con la pistola, cocos en la parte rapada de mi cabeza, jalones a mi mohicana, piquetes de ojos, pisotones en los dedos de los pies, manita de puerco, llaves chinas… creo que hasta la enredadera que inventara el luchador El Dandy me aplicaron, sólo les falto el mortal martinete.

-Canta, cabroncito, canta ya.

-Shala, lalalalá…-. Les entoné una basura, el pésimo y ridículo tema oficial del bicentenario que compusiera Alexs Syntek, si a eso se le puede llamar componer, y me volvió a llover el castigo. Yo creo que más por la cancioncita que por mi imprudencia

Debo acortar mi relato, sus neuronas de cibernautas deben estar agotadas y para mi recordar aquel infiernito me afecta demasiado. Abreviando les diré que además de las madrizas sistemáticas -de los agentes, que parecían secuestradores, puede ser que lo fueran o al revés, de los secuestradores que parecían agentes, como escribí antes-, me fueron aplicadas otras técnicas para que aflojara: hambre, suciedad, amenazas psicológicas, aislamiento, un falso fusilamiento… Estuvo cabrón -¡muy cabrón!- todo aquello.

Les di nombres de algunos cuates de la banda. Nunca encontraron a ninguno porque, como casi todos, andaban a salto de mata, haciendo por la vida, mercando, interpretando rolas, haciendo actividades itinerantes o incluso huyendo de alguna banda rival. Les di el teléfono de Don Liborio, quien negó conocerme de manera amplia y suficiente. Les di el apodo y la dirección de Lampedusa pero en su vecindario sólo lo conocen por su nombre real y yo, después de tantos años, no lo pude recordar. Lástima, porque me hubiera ahorrado una dosis fenomenal de trompones adicionales que me sacaron varios chipotes de buen tamaño.

Los malhechores fueron varias veces a mi rancho y al ver la pobreza del lugar finalmente desistieron de sus pretensiones de enriquecimiento a costa de mi persona. Finalmente, una de tantas noches, me botaron en la calle donde tengo mi humilde residencia, igual que se bota un costal de papas podridas. Mis vecinos pensaron que me había drogado hasta el exceso y aun así, me alivianaron. Doña Luchita y dos de sus hijos, El Péndulo y El Bartolo, me llevaron a mi choza. Me metieron a la cama y me echaron unos trapos encima.

-Mira nada más a este muchacho loco. No, si nada bueno dejan esas cochinadas. A ustedes dos –dirigiéndose a sus hijos- no se les vaya a ocurrir meterse esas pendejadas, ¿eh? Ya están advertidos.

Al fin de la historia, todos mis vecinos y amigos, por más que les platiqué de mi secuestro, se quedaron con la convicción de que me había aventado un viaje de aquellos, un pasón de antología. Ninguno creyó lo que en verdad me sucedió. Mi Bella Bellota, mi BB, fue la única que se alivianó conmigo.

-Pinche Punky, pues quién le va a creer que lo secuestraron. Ahora sí no se midió. Está tan jodido que ahora ni sus botas trae.

 

1.- Nombre de la novia de Ruperto Tacuche, hermana de Borola, personajes de la Familia Burrón, tira cómica mexicana muy exitosa creada por el dibujante Gabriel Vargas (R.I.P.).

2.- Dinero, billetes.

3.- En este caso, molesto, feo, incómodo.

 

Punkijote de la raza - El desalojo

Por Alonso Marroquín Ibarra - 13 de Abril, 2010, 4:40, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Alonso Marroquín Ibarra


« ¡Hijos de toda su churrigueresca jefa! ¡Ya me torcieron! ¡Qué poca! ¡Malhaya la hora en que los parieron, me cae que sí! ¡Ojalá que en su ADN traigan mensajes que enfermen sus malditos cuerpos y les produzcan alteraciones aberrantes en el coco! ¡Infelices! »

No pude evitar hilvanar chingos de mentadas de madre al ver todas mis pertenencias en la calle. En la entrada de mi covacha estaban regados todos mis tiliches, sin la menor consideración. Era claro que los desgraciados que tal hicieron, aventaron todo lo que encontraron a la calle, valiéndoles madres si algo era valioso o se podía romper.

« ¡Vayan y molesten y fastidien y violen a su madre… de manera permanente… por toda la eternidad! »

-Tranquilo mi Punkijote, tranquilo. No te me alteres, deja la hormona quieta. Apacíguate, valedor.

-Cómo quieres que esté sereno, mi buen, si quién sabe quien hijo de toda su jijurria me botó mis cosas a la calle…

-Pos la dueña. ¿Qué esperabas?, si debías muchos meses de renta.

-¿Debía? No debo ni madres, Mes a mes, como si fuera inglés, pago mi renta y llevo bien la cuenta. ¡Ah, chingá, me salió verso sin esfuerzo!

-Digo, Doña Amalia dirigió el "acto" de desalojo. Vino un güey, ¿cómo les dicen?... ah, sí, un actuario y hasta dos acólitos del diablo -entiéndase cuicos, policías, pues-, para "practicarlo".

-Ah, chirrión, pues si no soy delincuente… Háblale a la señora Ruth, pa" que se aclare todo.

-Pos si la señora Ruth se cambió hoy. Incluso se cobró con algunas de tus chivas. Dijo que le debías una buena lana desde hace tiempo y que no había de otra, porque. « Si no me cobro hoy, pos no cobraré ya nunca ». Así dijo, mi Punki.

-¿Cómo que le debía una lana? A ella le dejaba mi renta para que me hiciera el favor de pagarle a Doña Amalia.

-Uy, mi Punki, se me hace que te llevó al baile.

-¡Arpía desgraciada! ¡Vieja infeliz!

- - -

Así se pusieron las cosas mis nunca bien ponderados mais –maestros, quiero decir-. Esa urraca desgraciada que tuve por vecina se pepenó mis oros y no siéndole eso suficiente me dio baje con una figurillas chinas que fui coleccionando al paso del tiempo. No eran obras de arte, pero sí estaban chiditas. También fue la ganona cargando con mi estéreo; un lote de camisetas ya trabajadas con imágenes muy acá, de mi onda, que eran para la venta con la banda; unos cuadros muy cucos, como de estilo rococó, que servían para poner fotos; otras artesanías, varias, que, mercándolas, me daban para el sustento.

La cosa fue que, además de lo que me apirañaron, muchos de mis escasos bienes se fastidiaron. Los libreritos de madera aglomerada chiflaron a su máuser; lo mismo pasó con mi comodita, la mesa del dizque comedor y las sillas, que ya de por sí estaban bien flojas de las patas; los siete años de mala suerte del espejo (quedó hecho pedacitos) de mi ropero (que también se descuadró todito) espero que le caigan al bodrio de señora en quien confié y también al güey que lo sacó.

¡Chale, ya estoy desvariando! Lo que pasa es que sí, estoy muy muino, encamionado, caliente, emputado, encabronado, que me lleva Pifas, la rechintola también y ando como diablo en busca de quién me la pague, aunque no sea el me la haya hecho.

El nefasto día del desalojo, tratando de encontrarle algo positivo al suceso, aproveché para deshacerme de todo lo que ya no servía. Había yo acumulado, como si fuera rata cambista, un chingo de porquerías que, la neta, no servían para nada. Doña Amalia me recetó una letanía de palabrotas de carretonero porque quería que le quitara toda "esa basura" de allí, porque le estorbaba y le afeaba la "privada". ¡Privada! ¡Cómo no! ¡Pinche vecindad mugrienta!

-Hágale como quiera, pinche vieja argüendera, yo me pinto de colores. A"i se ve-. Dejé a la ruca gritando como loca. Vociferaba y me lanzaba amenazas como si desde sus extrañas quisieran salírsele los diablos que guardaba dentro.

"Pechuguita", una morra muy buena, y buena onda también, me dio chance de guardar los pocos triques con los que cargué. Tenía que aplicarme en buscar otro penthouse para vivir.

« La ropa que traigo puesta, pensé, aguanta unos cinco días; luego veo si la fémina se aliviana y me lava y plancha algunos trapos. Ni modo de andar como cerdito todo el tiempo. ¡Pulcritud ante todo! Faltaba más, sobraba menos. »

Empecé a aplanar calles en busca de una nueva morada, encomendándome a San Cinete de los Lebreles, un santo que inventé en mis ratos de ocio, customizado a mi medida, que siendo amante y gran protector de los perros, a mí debía funcionarme de maravilla.

¡Ni madres! San Cinete de los Lebreles me estaba fallando… y gacho. Llevaba horas caminando; pregunté aquí y allá, acullá también, y nada. Unos depas estaban de a tiro carísimos, como si estuvieran en las Lomas de Chapultetrepo; otros, eran francamente inhabitables. Yo creo que ni los lacras más lacras se hubieran animado a vivir en semejantes cuchitriles. El día casi se volvía noche mientras yo seguía como mulita, dale y dale, en busca de mi nuevo paradero. El cansancio junto con el fastidio, el hambre y la sed, ya me tenían pendejo. Al final de una calle polvorienta, que en tiempos de aguas ha de ser un lodazal, vi un letrero: Se alquila cuarto. Eso infló mi casi ponchada esperanza y me aliviané. « Veamos, dijo un ciego »

Toqué y, después de un buen rayo, al fin salió un viejo mala cara.

-¿Vienes por lo del cuarto?

-Por eso mismo, señor-. Contesté con respeto.

El güey me barrió completo y empezó a decirme una letanía de chingaderas.

-Nuestros inquilinos, todos, son gentes respetables. Aquí no andamos con pendejadas, ni toleramos que cualquier prángana venga a alterar el orden y la paz. Eso es lo primero que tienes que saber y aceptar. Si estás de acuerdo le seguimos y si no, la calle es muy larga, no es la única, hay muchas, y puedes seguir buscando.

-Estoy de acuerdo. ¿Se puede ver la vivienda?

-Claro que se puede. Pero antes vamos a ponerles todos los puntos a las "is". Ya estuviste de acuerdo con lo primero; lo segundo es que debes cumplir con todos los requisitos para que te rente el cuarto.

 -¿Y cuáles son?

-Tres rentas de depósito, más la del mes que corre; un aval que tenga bienes raíces, libres de hipotecas, que quede bien claro; el aval tiene que vivir en el D. F. y debe firmar "solidariamente" el contrato; el contrato es de un año, obligatorio, o sea mi buen amigo que si te vas antes, tienes que pagar todos los meses que resten para que se cumpla el período; en tu caso, también necesito que me traigas una constancia de "no antecedentes penales", expedida por la autoridad competente…

Brinqué.

-¡Chale! ¿No vas a querer también una carta de buena conducta?

-No te pases de lanza. También necesito tres cartas de recomendación de gente que te conozca por lo menos desde hace diez años que haga constar tu honradez y…

-¡No mame...naces!- lo interrumpí.

De a tiro ya estaba yo irritado. Mis sentidos se alteraron. Era increíble que para rentar un pinche cuarto, que ni siquiera había visto, el ruco me estuviera pidiendo tantos requisitos… empezando por los tres meses de depósito… el año obligatorio…

-Y, ¿qué?, ¿de a cómo está la renta?

-Son tres mil pesitos mensuales

-¿Tres mil varos? ¡Ah chingá! ¿Incluye servicio de hotel, caricias de las mucamas a mi entera satisfacción, un negro para que me eche aire con un abanico de plumas de pavo real, baño con sauna o de jodida un temascal, guardias de seguridad para que me cuiden y acompañen a mis menesteres…?

-¡Hijo de toda tu madre! Nada más me estás viendo la cara de pendejo. Vas a ver, infeliz. De mí nadie se burla.

El viejo más tardó en amenazarme que en sacar unos chakos, y haciéndole al Bruce Lee, me empezó a tupir. Yo cabeceaba, evadiendo los mandarriazos, pero no pude evitar que en uno de tantos me diera en la cresta y, ¡eso sí!, puedo permitir cualquier cosa, pero que estropeen mi mohicana, ¡ni madres! Así pues, me le dejé ir, triando trompones a diestra y siniestra, más a siniestra que a diestra, porque los chakazos que tiraba estaban de a peso. Era bravo, muy bravo el pinche viejo.

Era la hora de la justicia y no podía permitir que un malandrín de esa laya, saliera vencedor de tal embate. Me quité el cinturón de volón y, como si de unas boleadoras se tratara, lo hice girar a lo cabrón. EL viejillo con todo y sus palitos, reculó y me dije: « Hora es cuando, Punki, acaba con este símbolo de inequidad y abuso. Tienes a San Cinete de los Lebreles por testigo de que venías en son de paz. Arremete y sal vencedor. Sea pues. »

El viejo estaba bien fiero, pero le apliqué unos buenos hebillazos en el coco. Cuando se me dejaba venir lo esperaba a pie firme, le hacía una finta, él se mosqueaba y ¡rájale!, le daba su madrazo. Me empecé a ufanar. Traía una puntería de apache. Me confié también y ese fue mi error.

Por estar concentrado en el viejo, ni cuenta me di que ya se había juntado la banda detrás de mí y, de sopetón, me cayeron encima. Sentí la lluvia de chingadazos y traté de cubrirme, pero fue inútil. Parecía "ponchin bac". Sentía lo tupido por todos lados. «Tienes piernas, Punki. ¡Pélate!» me dije, y ¡a correr, caballo, porque si no, no la hubiera contado!

Tuve que recortarme la mohicana; mi chamarra quedó desgarrada; perdí mi cinturón; la "Pechuguita" ni lavó ni planchó ninguno de mis trapos; no me he bañado casi en dos semanas y tengo muy poco varo. La cosa está de la chingada. Ah, tampoco he conseguido una mansión para vivir y me quedo en los parques corriendo el riesgo de que me lleven al "botellón". Sólo San Cinete de los lebreles no me ha abandonado, al menos eso espero, porque nada más falta que pase un perro y me mee.

Unos chavos de la banda me dieron unas artesanías para mercarlas. Espero juntar un billete para que mi situación se estabilice. La bronca sigue siendo que son demasiados los pinches requisitos que piden para rentar unos mugrosos metros cuadrados.

Seguiré cabalgando, Sancho, desfaciendo entuertos y enderezando jorobados.

 

Punkijote de la raza - ¿No se acuerdan cómo se vestían?

Por Alonso Marroquín Ibarra - 18 de Enero, 2010, 0:25, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Por Alonso Marroquín Ibarra

Aquellos canillas 1 estuvieron burlándose de mí hasta que de a tiro me salió la fiera que mantengo quieta tras las rejas, allá en mi interior. Quería evitar que corriera la sangre y menos la mía; pero la neta, me pusieron hasta la madre con sus burlas sostenidas. Que si mis pantalones estaban llenos de chapitas plateadas, que si era yo un charrito moderno, que por qué una suástica tachada, que si era yo un anuncio de algún producto exótico, que si mis botas eran una réplica de las de Frankenstein…

-Bueno, ¡quietos, hijos de toda la suya! ¡Ya estuvo!

-No te sulfures, mi buen. Puede ser malo para tu salud.

Los monitos cacahuateros con quienes altercaba eran como la roña: pegajosos y molestos de a madres.

-Ve el cinturoncito con el que sostienes tus dizque pantalones… ¿Son pantalones?, porque a mi me parecen más bien una colección de banderitas muy cotorronas 2.

El desenlace fue inevitable: le solté un mamporro al Molcas 3, que así le decían; no supo ni de dónde le llegó, y antes de que reaccionara, ya tenía el segundo estampado en su carota cacariza. Muchas veces me habían madrugado en este tipo de lides, así que en esta ocasión me adelante y fui yo el primero en surtir 4, así garantizaba la victoria sobre mi oponente. Los otros, al principio muy gallitos, se amilanaron cuando vieron la efectividad de mis puños y no les quedó de otra que calmar la bronca.

-No es para tanto Punki. Mira, ya abarataste 5 al Molcas. A"i que muera el asunto. ¿Va?

-Va.

Después de la camorra, cada quien agarró su rumbo. Como conozco a la raza, de vez en cuando volteaba, no fuera la de malas que aquellos cabrestos6 me alcanzaran y, a traición, me tupieran a su gusto. No sucedió tal cosa y me fui vicenteando7, con calmita, a las chavas que pasaban. Había muchas de colección, de página central de revista de caballeros. ¡Uyyyy… qué cositas tan rebuenas pasaban! Me acordé de lo que decía un camarada que nació con la desgracia de ser jorobado: « ¡Falta ver cómo son por dentro! »  No, por sí. Mis pensamientos anduvieron de aquí para allá, siempre cazando morritas 8 con los ojos para darme el agasajo visual.

No pasó mucho, cuando un "ñor más o menos cincuentón me vio de arriba abajo, como tantos lo hacen; iba vestido de trajecito, con su corbata de colores chillones bien anudada, zapatos brillantes, tal vez de charol; una mano metida en la bolsa de los pantalones y en la otra un cigarro. Era claro que el güey 9 ese se sentía bordado a mano o de hechura especial, como si no defecara o meara igual que todos, y, también como tantos, me irrespetó.

-Está chido 10 tu look, punketo.

Y volvió la burra al trigo.

-Cada quien se viste como se le da su rechingada gana, güey. Todos llegamos encuerados a este mundo. No creo que tú hayas nacido con tu pinche saco de Christian Pior.

-No me faltes al respeto, cabrón, que no somos iguales. No sabes con quién estás hablando.

-El presidente no eres, ni eres Jacobo Sabludowsky, ni muchos otros que sí son figuras públicas. Para mi eres un pinche desconocido. Nada más y nada menos. Un anónimo. Al menos yo llamo la atención. En ti ni quien se fije.

-Estás muy agresivo. Bájale de huevos, porque yo sí te paro en seco.

-Tú empezaste y pa" que me pares en seco falta que llueva recio. Bríncale si quieres.

-Sólo te dije que está chido tu look…

-Te burlaste de mí, ca" 11. Yo me puedo dar el lujo de vestirme como quiera y con lo que quiera. Tú ya estás ruco12, y estás bien asimilado por el sistema, ya no te permites hacer lo que quieres, haces lo que los demás quieren. Ya no eres libre.

-Estás loco, me cae.

-Nel 13. ¿Cuál loco? Me criticas por mi forma de vestir. ¿Qué? ¿Cuando eras chavo no te vestiste a tu antojo, como se te pegó la gana?

-Yo siempre he sido gente decente.

Chale 14! Eres igualito a todos los adultos. Olvidan lo que hicieron en su jumentud 15. ¡Gente decente! ¿Qué es eso? ¿Acaso me vas a decir que siempre te has vestido así?

-Siempre me he vestido como Dios manda.

-Bueno, güey, ¿eres mentiroso o eres olvidadizo? Tienes toda la finta de setentero 16.

-¿Y eso qué?

-Fue cuando se empezó a usar el pelo largo, surgió el movimiento Hippie con la onda aquella de "Paz y Amor", la vida en comuna, la igualdad sexual… Los modistos de la época impusieron los pantalones acampaguados17, las chavas se vestían a la usanza hindú, se acostumbraron los morrales y los huaraches, los collares y las pulseras tejidas, las cintas y las blusas indígenas, las bolsas de cuero y un chingo de cosas más…

-Yo nunca fui de esos locos…

-Me cae de madres que, como ya te dije, eres un olvidadizo o un mentiroso. Me inclino más por lo segundo. En ese tiempo eras chavo y lo más seguro es que te hayas dejado el pelo largo o algo… Así que no me vengas con que siempre has sido "gente decente". Esas son mamadas.

Para no aburrirlos más, nos metimos en una discutidera de aquellas. El ruco se aferró a que yo era un irregular en todo. A sus ojos no había manera de justificar mi atuendo, y para él yo no era más que un pobre pendejo y él, por supuesto, era un chingón 17 que había alcanzado el éxito dentro del mundo de la gente decente. El paso de una patrulla hizo que me contuviera para no partirle su mandarina en gajos 18. Para nada quería broncas con los acólitos del diablo. Me largué, no sin hacerle abundantes señas de mentadas de madre.

La neta es que todos, sin excepción, digo yo, en su época de chavos se han vestido diferente a la "moda imperante del momento", lo que pasa es que cuando ya están "integraditos a la sociedad" necesitan justificar el porqué ya no lo siguen haciendo y si no les gusta que sus hijos o los demás se vistan con otras usanzas, se escandalizan y sólo encuentran el camino del rechazo, de la burla, de una pinche censura que no se justifica… Finalmente la mayoría llega a convertirse en aquello que siempre odiaron.

Cuando llegué a mi choza, decidí llenarme de música chida, de la mía, de la que me late, con la que vibro, les guste a los demás o no.

Glosario de mexicanismos


1.      Canillas. Cabrones, abusivos

2.      Cotorronas. Graciosas, chistosas.

3.      Molcas. Aféresis de molcajete, instrumento de piedra para moler y elaborar salsas. El apodo se aplica por la semejanza que tienen las marcas del acné o la viruela con la irregularidad de la piedra.

4.      Surtir. Golpear.

5.      Abaratar. Golpear y disminuir al contrincante

6.      Cabrestos. Cabrones,

7.      Vicenteando. Viendo.

8.      Morritas. Muchachas

9.      Güey. Modo despectivo de dirigirse a una persona

10.  Chido. Bonito

11.  Ca". Cabrón,

12.  Ruco. Viejo

13.  Nel. No

14.  Chale. Interjección. Admiración

15.  Jumentud. Juventud. Relaciona a los necios con los jumentos

16.  Setentero. De la década de los años setenta

17.  Acampaguados. Acampanados

18. Chingón. En este caso, hábil, destacado

19. Partirle su mandarina en gajos. Partirle su madre, golpearlo

20. Acólitos del diablo. Policías

Punkijote de la Raza - Quiero garantías para llegar al infierno 1/2

Por Alonso Marroquín Ibarra - 27 de Diciembre, 2009, 19:35, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Por Alonso Marroquín Ibarra

El título se debe, mis rubicundos, imberbes o barbados y cachetones lectores, a una inmensa preocupación que ronda desde hace tiempo a este galopante amigo de todos ustedes y enemigo de muchos. El coco me baila una y otra vez debido eño que tuve en días recientes. Desato mi lengua y les platico.

Me encuentro en un lugar insultantemente blanco, muy claro, mejor dicho. No importa para donde mire, todo es resplandor. Por unos momentos me tapo los ojos para alivianar aunque sea tantito la molesta sensación que me produce tanta luz. Al cabo de un ratón, me acostumbro y volteo para todos lados con la desesperación subiendo por mis espaldas. No veo a nadie, no hay ni maíz, nada más la canija lluvia de luz. Pues, ¿"on toy?, me pregunto. Camino ligerito, como si flotara, durante horas –esa fue mi sensación en el sueño- y nada. Ni un cerro, una calle, algún cuate… un can, pues. No. Nada. No hay nada. Pierdo la noción del tiempo y sigo camine y camine, hasta que finalmente, si mis oclayos no me traicionan, veo a lo lejos la figura de alguien. Va en chinga, caminando de espaldas a mí. No sé si es una vieja o un güey, pero es una persona. Corro, como si en ello me fuera la vida, hasta que la alcanzo. Se voltea, veo que es una ñora, vestida con atuendos monjiles, sonriéndome con una amabilidad que siento extraña. Luego me suelta un chorito, que me deja con el hocicote abierto.

-Bienvenido, Telésforo. Has llegado a la región más transparente de la Gloria.

¡Chale! ¿Y ésta? ¿Como sabe el pinche nombrecito que me pusieron mis jefes? Respingo:

-¿Telésforo? Estás como licuada del cerebro. Soy Punkijote, Punkijote de la Raza, eterno aprendiz, hacedor de voluntades, ilustrador para los ignorantes, valedor que se la rifa todos los días y que persigue su pan realizando las faenas necesarias que haya menester para ese fin. ¿Tú quién redemonios eres? ¿Qué mamada es esa de la región más transparente de la Gloria?

-Estás en la Gloria, Telés… Punkijote. Aquí podrás conversar, por toda la eternidad, con los grandes guías espirituales de todos los tiempos, con santas y santos, con gente pía de almas bondadosas, gente plena de amor y misericordia.

-¿Puedo platicar con el mero efectivo, con los ángeles y arcángeles?

-Ellos pertenecen a la grey celestial, hay que hacer cita y si procede…

-¡Chale! ¿Cita? ¿Si procede? Mucha burocracia, ¿no? ¿Podría platicar con el Mahatma, al menos?- pregunté entusiasmado.

-¿Te refieres a Mohandas Karamchand Gandhi?- Asiento, de asentir, no me refiero al lugar que se usa para sentarse. –No, Gandhi, aunque fue un pacifista de los más altos vuelos, cometió algunos pecadillos que…

Chale! Cometió algunos pecadillos… ¿Pos qué onda…? Si Gandhi no está en este dizque paraíso, entonces ¿quién está? ¿Está Juanita? Me refiero a Sor Juana Inés de la Cruz,  a Juanita Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, para ser muy claro…

-No te sulfures, Punki. Está Ignacio de Loyola, Carol, Juan de la Cruz, Juan Diego, El Niño de Atocha… Aquí, cuando es el caso, ya no les endilgamos el santo o santa; nada más los llamamos por su nombre.

-¿Ignacio de Loyola? Ese bato fue un soldadote que mató a buti de raza…

-Se arrepintió, Punki, se arrepintió.

En esta parte del sueño vi venir a una viejita sonriente. La identifiqué de volón era La Madre Teresa. Era la segunda persona que veía en aquel espacio que más me daba la impresión de estar lleno de soledad que de alegrías y paz. Eso sí, la luz seguía hiriendo mis pupilas, me refiero a las de mis ojos, no a mis admiradoras. Teresa –no sabía si decirle madre porque en rigor no tuvo hijos- me soltó un decálogo… más bien dicho una especie de icosálogo de consejos, porque fueron como veinte los que, más rápido que pronto, me quiso imponer para que tuviera una estancia perfecta en aquella inmensidad.

Apareciendo poquito a poco me fueron rodeando cuates y cuatas que en sus vidas terrenales habían sido monjas, sacerdotes, beatas, portadores de la palabra, prelados eclesiásticos, santurrones de pueblo, proselitistas, rezadores y todos, sin excepción, a coro y en crechendo, me decían en tono gandallamente imperativo:

-Sigue los preceptos de Teresa.

-Haz lo que te manda Teresa.

-No pienses más que en lo que dice Teresa.

-Actúa como te pide y te ordena Teresa.

-Sé como Teresa…

¡Me desperté! Me desperté angustiado, sudando, con las cobijas –jodidísimas, por cierto- enrolladas en mi pescuezo. Mis brazos, como aspas, estaban tirando madrazos a diestra y siniestra, mientras mis piernas se flexionaban a lo loco… ¡En la madre! ¡Qué cosa más ojeta!

-¿Qué te pasa, Punki?

-¡Ay, güey!-. Me espanté más. Luego me percaté que la que me había preguntado no era Teresa, la madre esa del sueño, sino mi chava en turno, que se había despertado acelerada y que con voz pastosa me inquiría, preocupada, cuidando al mismo tiempo mi mohicana para que no se quebrara.

-Disculpa, morrita, es que tuve un sueño de lo más cañón-. Le resumí, me refiero a que le hice un resumen de mi visión onírica, no a que le haya re-sumido nada, eso fue después, para el aliviane. –Pienso que para cuando me pele de este mundo necesito garantías.

-¿Garantías de qué, mi gallito fino?

Lo de gallito fino me cayó al pelo porque ya había cumplido con mi agradable papel de machín y había cumplido bien. Lo supe al ver la sonrisa de satisfacción de mi chava.

-Sí, morrita. Necesito garantías para llegar al infierno. Allá arriba está de a tiro muy gacho. Nunca lo había pensado, pero este sueño hizo que mi conciencia se iluminara.

 -Ah, cabrón, ni que fueras lámpara.

-Frena tu carromato. Escucha, lissenea, para oreja, óyeme, cosita linda.

-Está bien, Punki. Dime. Te escucho con atención total, al cien. Cuando la fuerza mengua, te queda la lengua.

-Siempre había pensado, porque así nos han enseñado generación tas generación, que al petatearse el premio –después de esta vida-, era irse al cielo, pero… la neta, ¡está cabrón! Te repito: ¡Quiero garantías para llegar al infierno! El sueño que tuve, me dio cosa. Al fin de los tiempos ¿quiénes van a estar allá?; y más que quiénes, ¿cuántos? Allá arriba está vacío, me cae que sí. "Ora si que allá arriba está muerto.


Punkijote de la Raza - Quiero garantías para llegar al infierno 2/2

 

Punkijote de la Raza - Quiero garantías para llegar al infierno 2/2

Por Alonso Marroquín Ibarra - 27 de Diciembre, 2009, 19:30, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Por Alonso Marroquín Ibarra

Estuve echándole un de rollos a mi morra. Sin embargo, no sirvió de nada, ella no dejaba de verme como un maldito blasfemo. Me tachó de hereje, de desubicado, de desarraigado de la voluntad del altísimo, de loco –esto último sí lo acepté, aunque no como ella quería, tampoco estoy tuti chispoteado. ¡Faltaba más!-, me dijo irreverente, alejado de la fe, heredero de Luzbel, guía de los perdidos –no de los jodidos, sino de los que no tienen remedio-.

La chavala se descosió con chingos de calificativos mala onda hacia mi persona. Luego, agarró su tubo de tela, guatemalteco, metió sus trapos, sus "donas" para el pelo, sus adornitos y se fue… Bueno, debo reconocerlo: me abandonó, me botó como a un apestado. Eso si me caló. Tardé un buen en convencerla para que viniera a vivir conmigo y por un pinche sueño, se espantó. Ni siquiera cumplimos la semana de vida sabrosamente marital. Me convertí para ella en un vivo sinónimo del maligno. ¡Satanás redivivo! ¡Pa" su madre! ¡Qué cosa!

El punto es que, reflexionándolo bien, masticando el problema hasta el punto de ablandarlo, llegando al mero meollo del espinoso asunto, la neta es que originalmente no quería irme al infierno, aunque todos me decían:

-Cuando te pones en plan agresivo, eres un verdadero diablo.

-Si, güey, además eres bien anti-todo. Te manchas con la tropa.

-Pinche Punkijote, de seguro tú sí te vas derechito al infierno.

Nada más que después del sueño y ver la Gloria –al menos esa- y de darle vueltas, como burro amarrado a un eje, al asunto, ya no se me antoja ir para allá.

Pero la bronca no para ahí.

La verdadera bronca es que, como en la actualidad el mundo –completito- está lleno de pecadores, de a madres, el infierno ha de estar a reventar. La neta no creo que queden muchos lugares para pecadores leves como yo, y digo leves, porque comparándome con cualquier político, empresario, líder sindical, funcionario público, o religioso de nivel –que se meten también en la política a lo cabrera- soy un aprendiz de poca monta.

Mi valía como pecador es mínima, debo reconocerlo. He trompeado, me han trompeado, he tronado naricitas y partido algunas mandarinas en gajos, he ofendido con mi filoso verbo, he gritado, he roto vidrios, pateado puertas, me han metido al bote, le he puesto los cuernotes a varios güeyes cuyas esposas quisieron conmigo, pero eso no se compara, para nada, con los pecadores de ligas mayores, como aquél que hace poco dejó sin chamba a más de 40,000 trabajadores.

Yo no armo guerras, menos hecho bombas de uranio enriquecido en ningún país, ni desmadro economías nacionales, ni traiciono causas populares, ni me tranzo los impuestos –de hecho como mis ingresos llegan por medios no ortodoxos no pago ortodoxamente impuestos-, no me robo la luz, no soy rata de ningún tipo…

Mi preocupación es no tener cabida en el averno. Allá están muchos gandallas, lo sé, pero también están los grandes libertadores. Sería buena onda hecharse un buen verbo con Bolívar, con Carlo Magno o con algunos escritores chipocles como Giovanni Papini, el Dante, Balzac o Proust. Supongo que Saramago va irse pa" allá abajo también, el Gabo (García Márquez) y una bola de pensadores chidos que han de estar pasándola de poca con nuevos cuates –en esas condiciones, intemporales-. Imagínense a Sócrates en un mano a mano con Marx o a Sigmund Freud polemizando con Wilhem Reich y Burrhus Frederic Skinner… ¡Chido! Para acabar pronto: el buen ambiente parece que está allá abajo.

Tal vez deba empezar a cometer pecados mayores para "garantizar" mi entrada en el tan demandado y saturado "mundo de allá abajo". Tal vez deba convertirme, como dice un anarco, en un ser hermosamente violento. No, creo que no va por ahí, atentaría contra mi filosofía personal. Ya se me ocurrirá algo efectivo: tal vez atacar las casas de los políticos que no resuelven nada con heces fecales, hasta que solucionen de raíz las broncas de la raza.

La inquietud que me queda es la onda esa de los castigos -y más porque se supone que son eternos-, aunque, meditando, concluí que va a estar lleno de mexicanos y que algo se les ocurrirá para evadir las torturas. ¡Vaya que sí! Creo que no debo preocuparme. ¡Hay de diablos a diablos y para asuntos donde hay que darle la vuelta a las cosas mis paisas se pintan solos!

Termino contándoles que cuando se fue mi morrita, la banda le preguntó por qué me dejaba y los convenció de que estaba yo poseído. Desde ese día me han visitado una lista interminable de proselitistas religiosos como no tienen idea, desde los dichosos Testigos de Jehová hasta los mormones, pasando por un madral de sectas de toda laya: los Hijos de Dios, Los Adventistas del Séptimo Día, Los Niños de la Alborada, Nuevo Amanecer, Pare de sufrir, Cristianos (de los nuevos), Evangelistas, Anglicanos, Calvinistas, Pentecosteses, Costaleros… También han apedreado mi morada, rompiendo los vidrios de la única ventana que tengo; hubo un intento de quemar mi aposento con una estopa llena de gasolina; se han manifestado varios grupos de hijos de toda su madre, mentándome la idem; me han hecho fama de hechicero y brujo negro y, en el colmo de la tontería, ayer pasaron unos güeyes pidiendo mi anuencia para hacerme un exorcismo. Todo ha sido "En el nombre de Dios"


Punkijote de la Raza - Quiero garantías para llegar al infierno 1/2


Punkijote de la Raza - Me cae que sí era un muerto

Por Alonso Marroquín Ibarra - 17 de Noviembre, 2009, 3:00, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Muchos de mis cuadernos, mis cuates, mis amigos, pues, son aficionados a coleccionar chiva y media. En estos tiempos donde todos viajan por Internet, no falta quien se aplique, como poseído por el maldito demonio, acercándose al límite de la locura, a guardar miles de jotapegés (archivos jpg) de pornografía en todas sus variantes. Y vaya que hay un buen de categorías: softcore para los leves; hardcore para entrar en materia; bestialismo para los dañaditos; hermafroditismo, relaciones entre putos (les gusta decirles gays), lesbianas, ídem; eyaculaciones en todas las variantes imaginables; trabajos de manita, combates interraciales y… ¡Chale! mejor le paro. No vaya siendo que les pique la curiosidad y, la neta, no quiero ser promotor de esos mundos.

Otros hay que bajan y bajan música sin parar, tanta que sus Ipods o reproductores contienen cientos de gigabytes -sin exagerar- en archivos mp3. Las rolas almacenadas se cuentan por miles y, aunque se enchufaran los audífonos todo el día, tardarían meses o años en darle la vuelta a todo el material recopilado. Muchas veces ya no saben ni qué tienen en sus chunches o, para colmo, en discos duros externos, que también "llenan hasta el full".

Hay coleccionistas de videos; niñas que cambian y conservan los teléfonos celulares anteriores; ¡ah!, otras que coleccionan ositos y muñecos de peluche y también quienes coleccionan búhos, tortugas o palomas llenando todos los rincones de su vivienda con las figuritas -a veces figurotas- colocándolas hasta en el "trono de las necesidades elementales". Ni puede uno concentrarse como debe ser estando rodeado de las canijas figuras, que en ese momento tan especial más parecen vigilantes, como los de las tiendas Samborn"s (son bien aferrados esos fulanos… han de pensar que todos son rateros y a todos los quieren cachar en las actividades propias del caco).

Yo colecciono timbres postales.

-Ya, Punkijote, ¿qué chiste le encuentras a juntar esos pinches papelitos?

-¿Cómo que qué chiste? Si serás ignorante. Te pones en evidencia. La filatelia -así se llama, ¿eh, güey?, pa" que te ilustres- nos entrega el mundo en estas pequeñas piezas. Cualquier tema que se te ocurra está aquí.

-¿Y eso qué? Mejor veo la tele, allí también está el mundo y todos los temas.

-¿Sabes qué? Por eso tu cerebro no evoluciona, estás como patinado. Tu caletre no da para más, no lo ejercitas, ya no captas. Se me hace que también eres fanático macizo del fútbol. En tu forma de pensar se ve que tienes espíritu de televiso (de Televisa) y teveazteco (de TV Azteca). Este mundo de los timbres está mucho más allá de esa bazofia.

-¡No te manches! Más allá… -chilló despectivo-. Más allá, está el mundo de los muertos y más acá, el nuestro, el de los dizque vivos.

-La neta, estás cerrado de las entendederas. Ya mejor vete. Déjame cultivar y disfrutar mi afición.

-Pos a"i te ves mi Punkijote. Te dejo con tus alucines.

Oí clarito cuando el Robin cerró la puerta. Le decían así como sustitución de petirrojo, que a su vez era la evolución de jilguerillo. Se la pasaba chiflando todo el tiempo. Otros de sus apodos eran El pájaro "orcas, El bocinas, El tlaconete (por arrastrado, baboso y desagradable), La babosa (ídem), El nopal (vestía de verde, incluía otra vez lo baboso y era muy espinoso: por todo brincaba y eternamente buscaba camorra). Me regresé a la mesa y me dispuse a clasificar las estampillas que tenía pendientes. Escuché que se abría la puerta.

-Ya vete, Robin. No tengo ánimos para lidiar contigo y menos para que al rato estés todo esponjado, con ganas de hacerme la guerra. Hoy no quiero usar la fuerza de mis puños.

No me contestó; pero eso sí, conforme caminaba hacia mi cuarto, empezó a dar de zapatazos en el piso de duela, ya demasiado vieja y carcomida como para resistir sus embates.

-Vas a chingar la duela. Ya te dije que te vayas, pinche Robin. Afuera te ves bien bonito, me cae que sí.

Ni una palabra. Peor aún, como de seguro estaba ardido porque lo taché de "cerradito", tiró mi librero, y eso me enchiló más rápido que pronto. Ya se había pasado de la raya y era necesario un hasta aquí.

Me levanté como rayo, volteando mi silla de mimbre, también bastante desvencijada, y haciendo a un lado la cortinita que hacía las veces de puerta, atravesé el umbral y… ¡Ay, güey! ¡No había nadie! Miré mis libros en el suelo y traté de encontrar alguna explicación lógica: un gato intruso, o un perro… Pero no, no era posible. Ni modo que un animal hubiera abierto la puerta y hubiera caminado como soldadote de Felipe por el cuarto… Un movimiento me hizo voltear y vi cómo la cortinita se hacía a un lado, como si la estuviera moviendo un chiflón, luego escuché un repapaloteo y alcancé a ver cómo caían las hojas de mi carpeta y volaban mis timbres por todas partes… ¡No manches!, dije quedito, muy quedito, y sentí cosa. Recordé las palabras de Robin «Más allá, está el mundo de los muertos y más acá, el nuestro, el de los dizque vivos»

«No te arrugues cuero viejo que te quiero pa" tambor» dije, para darme valor y ¡Madres! que oigo cómo daba mi lira contra el piso. Luego, como decía mi jefa, «me tentó la muerte chiquita». Sentí que me tocaban el hombro y, «patas, para qué las quiero», que salgo hecho madres de mi cantón.

Saliendo, vi al Robin sentado en la banqueta Robin con otros gandules. Estaban bien entretenidos chupando. Voltearon de volón.

-¿Y "ora qué, pinche Punkijote? Al mono ese de la capa no lo corriste como a mí. Me discriminaste y eso, la neta, no se les hace a los amigos.

-¿Cuál mono? ¿Cuál capa? Si me acaban de asustar. Me cae de madres que se coló un fantasma a mi guarida. Tiró mis libros y mis timbres; hasta pensé que eras tú, pinche Robin…

-"Ora sí, ca". Primero me corres, luego dejas pasar a tu cueva otro güey que no es de la banda, discriminándome, como si fuera yo basura, y ahora me pincheas. La verdad, te pasas de lanza. Si perdono, no valgo, así que, aunque yo no quiera, debo hacerme valer. A"i te voy.

Empezaron los trompones. Yo me la rifé y lo empecé a surtir, pero los otros gandayas al ver al Robin caer dos veces se me echaron en bola y la cosa se puso cañona. Allí estaba mi chante, pero no sabía qué hacer. Si me seguía rifando con aquellos bandoleros de banqueta, me iban a tupir de lo lindo y si decidía entrar de nuevo a mi mansión quién sabe cómo me iría con el fantasma. Tenía que escoger: los vivos surtiéndome o el muerto -porque debía ser un muerto- que hasta ese momento nada más me había asustado.

Por estar en mis elucubraciones, cual Alonso de Quejana con sus novelas de caballería, me descuidé, y el Robin me dio un sopapo, a mano abierta, pero que me dolió un chingo, pero un chingo, y me atarugó todito. Reaccioné: «Manos, brazos, ¿para qué os quiero si no es que para que seáis como aspas de un molino de viento y detengáis a estos atorrantes» Que me les voy encima. Dando y recibiendo, recibiendo y dando. Uno, dos, tres, abajo, arriba, patada, puño, codazo, cabezazo también.

La cosa fue subiendo de intensidad y con la escandalera que armamos, aparecieron más cuates del Robin y yo, la neta, ya no pude aguatar la madriza, así que, sin pensarlo más, traspuse la puerta de mi chalet y preferí enfrentarme con el muerto.

La mente es cabrona. A lo largo de la noche escuché risotadas malignas, como las de los malosos de las caricaturas; llantos lastimeros, quejidos de ultratumba… ¡Pa" su madre!, aquello parecía programa de radio con todos los efectos tecnológicos de ahora. Se cayeron los tres vasos que tengo y se rompieron; la cafetera que compré hace un mes, también valió queso; mis CD"s rodaron por el suelo y el Robin, afuera, con los ojetes que lo acompañaban, soltaban como si fueran ametralladoras verbales, mentadas y más mentadas… Para mí aquello fue una noche terrible, una Noche de Walpurgis. No supe a qué horas terminó todo. Me perdí.

- - -

Al día siguiente, me encontré con la maciza de Graciela. La noté preocupada.

-¿Cómo estás, Punkijote lindo?- Le iba a contestar que de la rechintola, cuando continuó. –Me cae que ahora sí se pasaron el Robin y sus ojetes esbirros. Tenían su plan. Como saben que estás alejado de todo lo que ellos le meten a sus cochinos cuerpos, decidieron ponerte algo leve para que viajaras pero, por lo que supe hace rato, se mancharon gacho…

-¡Ah, que hijos de toda su prostituida jefa!- Fue lo único que me salió del corazón y en mi coco ya se estaba fraguando la venganza, mejor dicho, la necesidad de hacer justicia. Pero les juro que todo fue tan real que quien estaba en mi casa… me cae que sí era un muerto.

 


Información adicional


Noche De Walpurgis

"La noche anterior al primero de mayo, las brujas vuelan por Wernigerode hacia Blocksberg, para allí casarse con el diablo." www.alemania-turismo.com

Noche de Walpurgis, la noche en que se hace la reunión o aquelarre de Brujas más importante del año.

De acuerdo a las leyendas tradicionales de países como Alemania, Finlandia, Estonia, Suecia y Rumania; en esta noche ocurrida entre el 30 de abril y el 1 de mayo, las brujas salen de sus casas o escondites para reunirse y celebrar el equinoccio.

El Aquelarre

Para acudir a esta gran reunión, las brujas se ungían con aceites especiales que les permitían volar hasta el lugar del aquelarre o en ocasiones se montaban en un perro o chivo proporcionado por el demonio.

Cuentan las historias que los lugares mas concurridos por las brujas para celebrar la Noche de Walpurgis eran las cercanías de Kiev, en Rusia; la región de Blocula, en Suecia; Puy de Dome, Auvernia, en Francia; y Blocksberg, la montaña mas alta en la Sierra de Harz, en Alemania.

Hay quienes cuentan que en alguna ocasión llegaron a reunirse más de diez mil brujas en esta noche. Así pues, una vez reunidas todas en el lugar, el objetivo del aquelarre era saludar la llegada de la primavera, jurar obediencia al diablo y realizar distintos ritos satánicos y sacrílegos.

Verdadero Origen

En la antigüedad, en esta fecha se realizaba una celebración pagana; en la cual se adoraba a Waldborg, diosa de la fertilidad a la que le pedían distintos favores. Durante toda la noche se celebraba y se esperaban los primeros rayos del sol de la primavera.

Tiempo después, con la aparición del cristianismo, esta celebración pagana se mezcló y confundió con la celebración de Santa Walpurgis, una abadesa y misionera inglesa que contribuyó a consolidar la Iglesia Católica y que tiempo después fue canonizada. Los restos de esta santa fueron trasladados a la iglesia de la Santa Cruz un día 30 de abril, confundiéndose de esta forma ambas celebraciones.

Con el paso del tiempo, a la celebración de la diosa de la fertilidad fue relacionada con la adoración al diablo y las mujeres que continuaban con esta tradición fueron consideradas brujas… naciendo así La Noche de Walpurgis como la noche en que las brujas se reúnen para adorar al diablo.

 

Tomado de: http://nemesis2074.blogspot.com/2008/04/noche-de-walpurgis.html


Punkijote de la Raza - Un costal de ladillas

Por Alonso Marroquín Ibarra - 11 de Octubre, 2009, 20:05, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

-Ese mi Punkijote. Ya se supo, ¿eh?, que te llevaste ayer a la Marianela. Fuiste el mero ganón. No hay más.

El que me soltó ese rollo, así de sopetón, era el Roñas, bato que había estado en el reventón del viernes de la semana anterior, donde se hizo presente casi toda la banda dándole rienda suelta al verbo fácil e intrascendente y a sus tradicionales debilidades: el alcohol y otras cosillas. Aunque ustedes bien saben que yo trato de no hacerle a ninguna de esas cosas -por mi personal código de ética-, no puedo negar que sí me metí dos que tres alcoholes y entré en un nivel de euforia chido, mientras la raza se perdía, con el consumo excesivo, en sus laberintos tortuosos e infinitos, casi, casi en sus infiernos.

El alcohol y cuanta madre se metieron, hicieron sus estragos, dando paso a los típicos desfiguros y a las guacareadas que, incontenibles, aparecieron por todas partes. Las sandeces hacían su nido en todas las bocas y no faltaron los que soltaban, al escuchar cualquier pendejada, una cadena interminable de risotadas, mezcla de estupidez y desequilibrio. Las neuronas de sus cerebros estaban siendo aniquiladas sin pena ni piedad.

-Ah, imbéciles-, pensé –que aprovecháis la vida para cercenarla o para, de plano, quitárosla. Del bien más preciado que os ha sido dado, hacéis leña pura o, con más precisión: hacéis pura mierda, pura calabaza.

En aquella batahola, el machismo -negado por la mayoría cuando están en sus cinco sentidos- salió a flote y a cuanta chavala estaba allí se la querían fajar, como mínimo. No faltó el que se les iba encima, sin decir ¡agua va! Ellas, como no están mancas, les soltaban un mamporro tras otro, hasta que se libraban de los ataques. Digo, tenían derecho por lo menos a escoger con quién, ¿no? Practicando la solidaridad, todas se hicieron una y volviéndose fuertes repelieron a cuanto cábula quiso servirse con la cuchara grande aprovechando el frenesí del reventón.

Yo, un tanto apartado del desmadre, registraba cuanto pasaba y ¡oh, manifí!, llegó el momento en que me harté. Fue cuando la Marianela puso sus ojos en mí.

-¿Y tú, qué, mi Punkijote, eres de palo?

-Para nada, pero no me gusta ser como el montón. Aquí estoy bien.

Para acortar el rollo, resultó que mi respuesta hizo que la curiosidad se metiera en el coco de la Marianela, y al poco no sólo estábamos clavados conversando muy sabroso sino que se me acurrucó, y, pues… -al que le den pan, que llore- el asunto evolucionó y de común acuerdo decidimos irnos solitos a otra parte, abandonar la pachanga, que ya había degenerado demasiado. Esa voz me agradó. Ni qué decir.

El resto de la noche con la Marianela estuvo de pelos. De parte de ambos, cero quejas y muchos puntos. Para mí estuvo de 10. Ella dijo lo mismo. La bronca vendría después y, aunque nadie nos puede quitar lo bailado, el precio del encuentro, eso creo, estuvo un poco alto.

Como a los dos días empecé a sentir un picorcito allá abajo, saben a lo que me refiero. Al principio no le di importancia, pero la frecuencia del prurito fue aumentando y, rascándome, me produje cierta irritación. El asunto fue que aquello se empezó a volver insoportable, en lo físico y en lo anímico, pues al conversar con la gente se presentaba la molestia y por más que de intentaba no rascarme, llegaba el momento en que era inevitable. No había manera de disimularlo. Me daba la vuelta para, según yo, aligerar la incomodidad de manera discreta, me alejaba momentáneamente para quedar fuera de la vista de los demás, buscaba las esquinitas, me arrinconaba dando la espalda en los quicios de las puertas, me pegaba contra los árboles y la maldita picazón no se calmaba, se incrementaba. A pesar del intenso calor, empecé a usar la chamarra larga, la de invierno, con ella era más fácil disimular la rasquiña que se había convertido en permanente y que, sea la verdad dicha, Sancho, ya me tenía loco. Dejé de salir y en la intimidad de mi cuarto me echaba agua para mitigar la joda de la comezón. También me apliqué aceite de cocina, una pomadita para raspones que por ahí tenía y otra contra el pie de atleta. Resultado: ninguno. La chingazón aquella ya no me dejaba ni dormir.

Vendí unas artesanías a las que les tenía mucho cariño, todas tenían su historia, para ir con el galeno. El cuate cuando me recibió sonrió socarronamente, me pasa seguido; cuando me auscultó, volvió a sonreír con una malicia muy maliciosa, el hijo de su madre.

-Hay que ser selectivo, joven; hay fijarse con quién se tiene relaciones, a eso me refiero… Esto de las Pthirius pubis es muy molesto.

-¿Pitirius?

-En leguaje del vulgo se llaman ladillas… piojos púbicos también…

-Ah, no chingue. ¿Tengo ladillas?

-Y en buena cantidad. Ha dejado pasar los días y está infestado. Esto es lo que tiene que hacer…

Me rasuré mis partes íntimas, mis partes pudendas… ¡Chale! Imagínense el oso. Me desinfecté con alcohol, me apliqué una loción según las indicaciones del matasanos y el alivio empezó a llegar, aunque no de volón, pero sentí que salía de un infierno. Eso sí.

Ya con el tratamiento en curso, me animé a salir y al encontrarme a uno de la banda, se me ocurrió abrir el hocico y platicarle mi desgracia, por esa necesidad de todos de ser escuchados. En mala hora lo hice. Más me tardé en platicarle lo que me pasó que él en difundir la noticia como si tuviera pacto con Televisa o Televisión Azteca. Tal cual. Mi confidencia se regó como si fuera nota roja ultra sensacional -¡Pa" su madre!- y empezó a raza, a mis espaldas, con sus cosas:

-Miren quién está aquí: Punkijote, amo y señor de las ladillas.

-Aguas con el Punki, chavas, no las vaya a contagiar. Es portador insano de ladillas.

-Dicen que en sus loqueras, platica con sus piojos púbicos por las noches…

Finalmente, la abstinencia sexual obligada se prolongó más allá, mucho más, de lo que debería haber sido por la maldita campaña que todos emprendieron contra mí. Como si el asunto no tuviera cura, como si fuera yo un apestado o un sidoso. Para colmo de males cuando el hermano de la Marianela se enteró, me achacó a mi el que su carnala estuviera contagiada de los molestos bichos.

-Eres un malnacido, Punkijote, pasaste a desgraciar a mi hermana. ¡Maldita guacamaya tricolor! ¡Pinche Telésforo!

-No me llamo Telésforo, cabrón, me llamo Punkijote-. Siempre he renegado del nombre con que me registraron  y lo desconozco, pero me calienta al tope que me lo digan. Pierdo los estribos. El carnal de la Marianela lo sabía y más me lo restregó.

-¡Telésforo, pinche Telésforo!

¡Puños para qué os quiero! Empezaron los mamporros, y grueso, no jaladas. Quijadita, coquito, mollerita, estómago, huevos, espinillas, rodillas, higadito… Los madrazos nos los dimos los dos, no fueron sólo para él. La madrina se fue pareja y ambos nos dañamos. Después de un ratón, satisfechos los instintos, nos calmamos y dimos por saldadas las afrentas.

¡Ah, humanidad, señor Dios! Además del contagio de la Marianela que me convirtió en un costal de ladillas, ahora tengo que usar la pomada para los raspones y un poco de ungüento para que no me duelan tanto los mandarriazos que recibí. ¡Por tantos caminos andamos, Sancho!

 


Información complementaria


La pediculosis es una infestación del vello púbico y perineal. El agente que lo causa es el Pthirius pubis, que en lenguaje coloquial, conocemos como ladillas o piojos pubianos. Este insecto pertenece a la familia de los ectoparásitos, y se alimentan de sangre. Tiene uno o dos milímetros de longitud, y presenta seis pares de patas que acaban en forma como de tenaza, y es lo que le permite aferrarse a la raíz del vello. En esta misma raíz capilar es donde la hembra pone los huevos, formándose la ninfa al cabo de una semana, y el insecto maduro a los 14 días. La vida media es de tres a cuatro semanas.

La adquisición y transmisión, es siempre por contagio sexual, y aunque se admite la ocasional transmisión por el contacto con ropas u otros objetos, esta vía es dudosa, y de hecho no se contempla como tal en la clínica diaria.

Afecta sobre todo a personas jóvenes, y dentro de éstas a mujeres. El contagio es tan fácil, que el parásito es contraído en el 95% de los casos de contacto.

El síntoma principal y casi único es el picor, que no sólo se produce por la acción mecánica del insecto, sino también por una reacción alérgica a él.

Mácula cerúlea: Como indica su nombre, se observa una mancha del color de la cera en la piel, en el punto de punción del parásito.

A veces el parásito puede colonizar el periné, y más raramente axilas o cabeza.

Es muy frecuente la asociación de las ladillas, con otras enfermedades de transmisión sexual. En este caso suele asociarse con la gonorrea.

 

Información tomada de Internet


Punkijote de la Raza - El agua la manda Dios

Por Alonso Marroquín Ibarra - 23 de Agosto, 2009, 17:42, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

La neta, el aguacero fue chidamente memorable, con granizotes y todo. Yo, más rápido que pronto, busqué un techito para que no se me arruinara el esmerado color que le había aplicado a mi muy apreciada mohicana (hay que dedicarle tiempo para traerla al tiro). ¡Para mi suerte! Otros batos que escogieron el mismo refugio, al aplicarles el ojo, no me latieron para nada, y, al parecer, tampoco les cayó bien mi llegada, pues así nomás empezaron a soltar cacayacas, o sea, palabrejas con mala leche, haciendo referencia indirecta a mi persona.

-Hasta los loros le temen a la lluvia, güey- dijo uno de ellos con finta de chavo emo.

No quería calentarme, ni bronquearme, pero no pude quedarme callado, ni debía, así que solté mi verbo.

-No seas mamila, si la bronca es conmigo, cántamela derecho. Tienes una carita de chillón que no puedes con ella -los chavitos emo tienden a ser depresivos y llorones, gozan y se regodean en su masoquismo-. Además cada quien puede andar y ser como se le pegue su regalada gana, mi buen lloroncito. Respeta honras y estirpes para que vivas longos años.

-¡Uy, qué intenso!- soltó, inexpresiva, una chavalita de copete caído sobre el ojo izquierdo.

-¡Lo que hizo Dios!-, agregó un tercero.

Luego, otra vez, la copetona –La lluvia la hizo y la manda Dios.

-Paren su carreta, mozuelos murmuradores-, atajé agresivo: -Este chaparrón no es mas que una meada de Tláloc, el Dios teotihuacano de la lluvia.

-¡Qué fumado!-, de nueva cuenta, sin énfasis, habló la del copete largo, puntiagudo y colgante.

Decidí no pelarlos. Era mejor. Enfoqué mis pensamientos a lo que más me importaba en ese momento: encontrar alternativas que me permitieran llegar lo más temprano posible a mi lejano hogar, « Por Apolo, Palas Atenea y hasta Sócrates, aunque no sea Dios del Olimpo, voy a tener que irme al Metro Tepalcates, porque no me alcanza el varo para más », pensé. «!Recórcholis! Es el camino más largo.».

-¿Saben que chavitos? Hay pajarracos más vistosos que los loros: las guacamayas, las cacatúas, aunque no sé si hay cacatúas con tantos colores-. Insistió en "picarme" otro de los chavitos. Decidí usar el verbo fino.

-Cerrad vuestros hocicos que se les pueden partir los labios, jóvenes imberbes y les puede llegar otra meada que no será precisamente la del Dios de la Tierra de las Pirámides.

-Sólo falta que presumas que la tienes como manguera.- Se rieron todos y con ello me empecé a calentar de veras, sin embargo, seguí usando el buen hablar.

-Nuestro benemérito, o sea el de los buenos méritos, Benito Juárez, dijo: "El respeto al derecho ajeno es la conservación de los dientes", así que mejor ahórrense sus mofas, sus befas, sus escarnios, sus vulgatas y sus físicos serán respetados. Aguanten callados y guarden sus distancias. La lluvia ya está leve y pueden irse enteros y llegar  a sus hogares…

La niña del copete me lanzó con muy mala vibra y siempre inexpresiva, unas onomatopeyas. –Huark, huark, huark…

-Nada más porque eres vieja, si no te partía tu mandarina en gajos

-No viene sola, güey y ya la ofendiste. Eso no lo podemos pasar por alto.

- - -

«Siempre que llueve juerte -me platica mi amigo Julián, campesino morelense-, nos ponemos rete contentos. A los de la ciudá les molesta que llueva, pero es que nunca piensan, o se les olvida, que el agua es la vida. Con ella crecen el maicito y los frijolitos. Los animales, toditos, menos los que hablan y tienen dos patas –se ríe-, se ponen felices con la lluvia; se refrescan, se bañan, juegan… Si no hay lluvia, hay muerte; si hay poca agua, eso es poca vida, si hay mucha, es pérdida… se deslavan las laderas y se van por a"i las semillas y a veces todo lo sembrado; en los terrenitos planos, si el agua se anega, pos todo se pudre. Pero el agua es vida, hay que cuidarla, hay que quererla, hay que darle su valor… El agua la manda Dios y él sabrá en qué cantidades, cuando y como… El granizo también mata… Nosotros na" más sembramos y cuidamos… ¡Mira qué nubes más bonitas! Están bien cargadas y eso es bueno para nosotros».

- - -

Estaba por armarse la bronca y yo, precavido, agarré una macana que traía entre los pantalones, regalo que me hizo un policleto*, pero el pleito fue de pura lengua, ademanes y fintas. Que la tuya, que también la del otro, que a mi me la Pérez Prado, que todos juntos y con una mano amarrada, que no me sirves ni para los mandados, que… Estando en esas, puras amenazas y manotazos, aparecieron dos patrullas y a la voz de "¡Órale cabrones, todos contra la pared", nos revisaron de pe a pa. A mí, con la macana en la mano, y no es albur, me agarraron de inmediato y me subieron a una de las patrullas.

-Trais un artículo de uso exclusivo de las fuerzas del orden público. Ya te cargó el pintor, copete rosado.

-Era pa" mi defensa, jefe, no se manche–, le dije.

-Allá en la delegación te van a poner a parir nopales. A ver cómo explicas de dónde sacaste la masacuata.

 

Después de pasar tres noches en la delegación, preferí pensar positivo: tuve donde dormir, qué comer y me evité el circo del viaje nocturno hasta mi casa.

Al salir era de madrugada; tenía tiempo sobrado para cubrir el trayecto hasta mi chante. Así pues, armado de estoicismo, di el primer paso para lo que sería una larguísima caminata. La neta: ¡Cómo me hubiera gustado tener mi propio Rocinante!

 

* Policías que hacen su ronda en bicicleta.

Artículos anteriores en PUNKIJOTE DE LA RAZA

El Blog

Creative Commons License
Esta obra está bajo una
Licencia de Creative Commons.

Calendario

<<   Mayo 2017    
LMMiJVSD
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31     
 
Proyecto Cultura Chobojos - Chobojos
 
 Proyecto Cultura Chobojos - Vida sin fin
 
Proyecto Cultura Chobojos – Fotografía 366
 
Proyecto Cultura Chobojos – El círculo azul
 
Proyecto Cultura Chobojos – La Jauría
 
Proyecto Cultura Chobojos – Toma Todo
 
Proyecto Cultura Chobojos - Chistes x Kilos
 
 

Baja gratis el PDF de:

Baja la versión digital de Toma Todo

Suscríbete a CHOBOJOS


Suscribir con Bloglines

Archivos

Sindicación RSS

Add to Technorati Favorites

BloGalaxia

Directorio de Weblogs

Culture Blogs - Blog Catalog Blog Directory

The House Of Blogs, directorio de blogs

blog search directory

Directory of General Blogs

Casinos

blog rating and reviews

BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog

Blogarama - The Blog Directory

TopOfBlogs

terrenos

Blog Ping

Alojado en
ZoomBlog