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Eya - Los genios de la moda
10 - Los genios de la moda
Un día como cualquier otro me levanto de la cama con parsimonia. Voy hacia el baño y me tropiezo con un cenicero enorme, lleno de colillas. Vuelan las cenizas y el cristal se hace pedazos. Me astillo un dedo y sangro copiosamente. Me curo lo mejor que puedo, pero me asombro de no sentir dolor. Debería sentirlo. Recojo el tiradero y suena en la calle el pregón de un ropavejero. Me asomo para verlo. Hace años que no veía a uno de estos personajes. Siempre he tenido una simpatía especial por estos seres. Son los genios de la moda. Se visten con una originalidad y un descaro que ningún estilista sabrá igualar jamás. Y si les da la gana, también son capaces de la más autentica elegancia. Solamente los vagabundos pueden competir con ellos en cuanto a creatividad, pero en estos hay mayor radicalismo porque la necesidad les impone menores opciones. Pongan a un diseñador a su lado y sentirá envidia, pues con toda su inmensa industria no podría mejorar un diseño de los que cualquier ropavejero o vagabundo inventaría en unos segundos. Y si esto parece delirio o capricho del intelecto, bastaría con leer un poco acerca del supuesto talento empresarial: no es más que la asimilación del latido callejero... lo más cercano a la Naturaleza para un individuo metropolitano.
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Eya - Dudas existenciales
9 - Dudas existenciales
¿Cuántas personas viven sólo de ilusiones? . ¿Cuántas viven sólo de recuerdos?. ¿Cuántos y cuántos seres pululan sobre la faz de esta tierra después de haber vivido su máximo anhelo?.¿Cuántos siguen mintiendo sabiendo que mienten?
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Eya - Sombra de una sombra
Por Leonel Puente
8 - Sombra de una sombra
Suena el teléfono. Contesto y es la mujer con la que acabo de intercambiar
caricias hace unas horas. Quiere verme de nuevo. Debería decirle que está
equivocada, que yo no soy ese de quien habla de forma tan agradable. Quisiera
incluso pedirle perdón por haberla engañado: ella cree que tuvo a un hombre de
carne y hueso entre sus brazos y yo - ¡ya lo dije hasta el cansancio! - sólo
soy la sombra de una sombra. Pero no me he atrevido a romper su ilusión porque
se escuchaba muy contenta y le he prometido otra cita.
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Eya - Concesiones inconcebibles
Por Leonel Puente
7 - Concesiones inconcebibles
Ella disfrutó mi cuerpo; yo le dije que también había disfrutado del suyo; pero esto es sólo palabrería (al menos de mi parte): yo casi no puedo sentir mi organismo, mucho menos podría sentir el que ella tiene. Debí ser sincero y confesarle que soy nada más la sombra de lo que fui (y ya ni siquiera eso), pero uno es capaz de hacer concesiones inconcebibles con tal de evadir la soledad aunque sea por unos instantes. Y, no obstante, nada se gana: uno se sigue sintiendo aislado aunque esté introducido en otro cuerpo.
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Eya - Cortesías íntimas
Por Leonel Puente
6 - Cortesías íntimas
Hasta para sufrir hay que tener energías y yo hace mucho tiempo que no tengo ánimos de nada. Sombra de sombra que siente frío solamente. Pero aun así, el mundo es tan raro que hoy estuve entre las sábanas de una mujer que piensa que soy real. Estuve allí y le dije lo que se dice bajo esas circunstancias; ella me tocó y me dijo que tengo una piel suave, unos ojos encantadores y otras características positivas que me hacen creer que no esta bien de la cabeza. ¿O también me dijo, a su manera, lo que se debe de decir en esas faenas íntimas para no ser descortés?.
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Eya - Maldita maldición
Por Leonel Puente
5 - Maldita maldición
¿Cuánto tiempo se puede vivir sin emociones intensas?. Llevo tantos meses, con sus días y sus noches, que cada vez se me hace más extraño mi cuerpo. Recordar es vivir de nuevo, pero recordar siempre, es una maldita maldición que envenena, envilece y provoca una transformación de la luz en oscuridad. Una cosa es la memoria; otra muy distinta es el perpetuo recuerdo que no te permite conocer algo nuevo.
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Eya - Los senderos de la memoria
Por
Leonel Puente
4 - Los senderos de la memoria
Recordar y recordar. ¿Hasta
cuando acabará esta infame tarea?
Había ocasiones en que me esforzaba por recorrer todos los senderos de la
memoria y parecía que estaba a un punto de concluir; pero siempre surgía algo
que no me permitía llegar al fondo. Entonces tenia que comenzar de nuevo
porque, en un solo esfuerzo, por muy grande que este fuera, no era posible
hilvanar una totalidad y, al siguiente empeño, algo se volvía a escapar o a
darle un enfoque distinto al conjunto de causas y efectos, de pensamientos y
sensaciones, de vivencias y de ilusiones.
Cuando está casi terminada una imagen global, se matizan las querencias con
tonos extraños, las culpas se hacen más o menos terribles, el remordimiento a
veces desaparece y en otras no se puede mirar el propio ser sin sentir una
honda repugnancia. Entonces hay que iniciar otra y otra y otra vez con los
recuerdos, sin poder entrelazarlos completamente y sin encontrar una solución
eficaz, ni dar una sentencia definitiva.
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Eya - Pecado simple
Por Leonel Puente
3 - Pecado simple
¿Una sombra he dicho? ¡Ojalá fuera eso! En realidad soy únicamente la sombra de una sombra. Y todo por un simple pecado...
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Eya - Clavos enterrados en paredes desnudas
Por Leonel Puente 2 - Clavos enterrados en paredes desnudas
Veo las paredes desnudas y todo este espacio casi vacío que tengo alrededor, recuerdo que alguna vez estuvo lleno de muebles, de fotografías enmarcadas, de diplomas y medallas. Las fotos y los muebles se los llevó Eya; los diplomas y las medallas los guarde en un viejo baúl porque me fastidiaba ese irónico brillo que me evocaba otras épocas, en las que yo no era una sombra sino un ser sensible con el virus de la esperanza circulando por mi sistema nervioso. Los clavos enterrados son lo único que permanece y perdura.
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Eya - Una tormenta nueva
Por Leonel Puente

1 - Una tormenta nueva
Llego a este lugar en donde habito; me cambio la ropa porque estoy empapado; caliento agua para un té, y enciendo la radio para sintonizar una estación en donde estén tocando una canción conocida. Me asomo por la ventana y allí está ese parque con sus árboles reverdeciendo. Los juegos infantiles concluyeron hace tiempo. Es casi medianoche y solamente uno que otro columpio se mece movido por una leve brisa nocturna. Un rayo cruza el cielo y, luego, un estruendo. La tormenta ya había terminado. Viene otra. Intento calentarme bebiendo el té, pero hace meses que traigo por dentro un frío insidioso, y aunque a menudo recuerdo que en otros tiempos había calor constante en mis venas - ¡hace tanto ya! - que no es posible recrear por completo aquella sensación placentera. Sólo es una huella tenue, muy tenue, apenas un rescoldo.
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