MISCELÁNEA
Más madera, difícil de acomodar en otras secciones, pero que nos permite darle forma a la cabaña. Todo queda dentro de la casa.

El valor de un ser humano

Por Martin Bonfil Olivera - 12 de Septiembre, 2012, 10:18, Categoría: MISCELÁNEA

La ciencia adopta, como parte de su método, un enfoque naturalista: excluye cualquier hipótesis que postule la existencia de entidades sobrenaturales. Una consecuencia de este requisito metodológico (suponer que existen espíritus, milagros o magia le impedirían trabajar) es que la ciencia es, necesariamente, materialista.

Últimamente, "materialista" se ha convertido en una mala palabra. Y en efecto: aplicado de manera miope, el materialismo puede llevar a conclusiones cuadradas y cortas de miras. Por ejemplo: calcular cuánto vale un ser humano.

Químicamente, el cuerpo humano—si no hay espíritus, un humano es nada más su cuerpo—se compone sólo de varios elementos en distintas cantidades. Aunque los cálculos varían, consta de 65% de oxígeno, 18% de carbono, 10% de hidrógeno, 3% de nitrógeno, 1% de fósforo, 0.5% de calcio, 0.35% de potasio, 0.25% de azufre, 0.15% de sodio, 0.15% de cloro, 0.05% de magnesio y cantidades minúsculas de otros elementos. El precio de todo esto es entre uno y 15 dólares.

Pero no saltemos a conclusiones: los elementos del cuerpo humano no están aislados, forman compuestos químicos, incluyendo macromoléculas de gran complejidad, como el ácido desoxirribonucleico (ADN) y proteínas como enzimas o anticuerpos, con altísimo valor de mercado. Tan solo el costo estimado del ADN de un humano sería de 9 700 000 dólares, y el de sus anticuerpos, 7 300 000.

Pasando del nivel químico al fisiológico, que considera ya no moléculas, sino los órganos del cuerpo humano, su valor aumenta. Un pulmón puede costar 116 000 dólares; un riñón, 91 000, y un corazón, 57 000. El valor total de los órganos de un cadáver que pueden aprovecharse para trasplantes es de cientos de miles de dólares. Y algunos tejidos y células son aún más caros: la médula ósea puede valer 23 millones de dólares; 32 óvulos de una mujer, 224 000 dólares, igual que los millones de espermatozoides que un hombre puede vender durante 20 años. Así, el valor de un cuerpo humano podría alcanzar los 45 millones de dólares.

Pero un ser humano no es sólo la materia que lo forma: es también su historia, su vida y sus actos, todos consecuencia de su mente y su conciencia, productos no materiales, pero tampoco sobrenaturales, del funcionamiento de su cerebro.

El error es valorar a una persona sólo por su costo monetario, no importa si es de dos o 45 millones de dólares. Un ser humano no puede tener precio. No es sólo materia, sino conciencia. El reto es entender, de manera naturalista, cómo esta surge de un cerebro hecho sólo de elementos químicos.

*************

*¿Cómo ves? Revista de divulgación de la ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. Año 13, No. 147. Página #7. Febrero de 2011.

*Martín Bonfil Olivera mbonfil@unam.mx es colaborador permanente de ¿Cómo ves? Revista de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Nacional de México. Amablemente ha autorizado a El Círculo Azul la publicación de éstas cápsulas de filosofía de la ciencia, que esperamos les resulten útiles y aplicables en su realidad cotidiana.

*******

Visita:

Proyecto Cultura Chobojos – El círculo azul

Ahí encontrarás la sección Ojo de mosca

dedicada al Maestro Martin Bonfil Olivera.

Entre Osama y Obama

Por Chobojo Master - 3 de Mayo, 2011, 2:28, Categoría: MISCELÁNEA

Hablando de terrorismo:

Entre Osama y Obama sólo hay una letra de diferencia o ¿acaso hay algo más?

¡Ah,perdón! Al gringo le dieron el premio Nóbel de la Paz… Cosas del siglo XXI.


Al encuentro del pasado

Por Luis Alfonso Villalobos Guerrero - 19 de Marzo, 2011, 20:30, Categoría: MISCELÁNEA

Por Luis Alfonso Villalobos Guerrero

Tixtla se arrellana, como bien lo escribiera Don Herminio Chávez Guerrero en el año de 1971, entre la fiereza de la sierra madre del sur,  en un valle florido y sonriente, señorial por su edad arcaica y aristócrata por su hermosa altivez.

A catorce kilómetros de la capital del estado de Guerrero, Chilpancingo, y a tan solo unos veinte minutos en automóvil, Tixtla aparece de repente a los ojos del visitante cuando se llega a lo más alto del cerro de las piedras altas. Entonces se observan su ya extendida urbanización, la arboleda que engalana la plaza central donde se asienta la parroquia principal y el hoy palacio del ayuntamiento, y al poniente, sus extendidos campos de cultivo en los que todo tipo de verduras, frutas y flores son la esencia de su comercio.

Las mejores fechas para visitar esos campos son durante el mes de Noviembre, cuando las flores que se cultivan encienden los campos de un rojo y amarillo intenso, aunque siempre es posible disfrutar todo tipo de frutas y vegetales, especialmente los mangos, mandarinas, chirimoyas, granadas chinas, y muchos otros manjares que en sus mercados se expenden permanentemente.

Tierra de gigantes narra la leyenda, en la que empatan la discordia por ser el más poderoso el gigante mayor y el mismísimo diablo, y tierra de manantiales encendidos de historia como la de la virgen de la Natividad, que aún se conserva en el mismo lugar, al pie del brote de agua en el que descansaran quienes la regresaban a su lugar de origen después de haberla restaurado. Nunca se ha podido volver a levantarla del lugar en que decidió permanecer y su festividad se celebra cada 8 de Septiembre.

Vale la pena caminar desde la iglesia de la Natividad hasta la plaza central. Las calles son poco transitadas y en el andar despacio se encuentran algunas sorpresas como botines de piel por menos de trescientos pesos, o los recuerdos de la historia que aún deteriorados alumbran el recorrido que pensábamos encontrar.

Ahí mismo, sobre la calle Vicente Guerrero que corre desde la iglesia de la natividad hasta la plaza principal, se encuentra el anuncio que nos desvía hacia donde entonces se encontraba el número 59 de la calle de Arrabal, en el que la historiadora Raquel Huerta Nava ubica el nacimiento del consumador de nuestra independencia. Hoy se erige en la plazuela del antiguo barrio de Tlaltelulco, hoy de San Isidro, una pequeña plaza que en el fondo hace memoria, como en todos los monumentos que el poblado tiene en su honor, a las famosas palabras que le dirigiera a su padre, Don Juan Pedro Guerrero, cuando éste lo invitara a declinar las armas.

El recorrido por esa calle de cuando mucho unas seis u ocho cuadras culmina con el esplendor pueblerino de la plaza principal que se descubre lentamente al amparo de las torres de la parroquia principal o templo de San Martín, del lado derecho de la avenida.

La parroquia de San Martín de Tours ostenta dos campanarios de doble altura que engalanan la fachada labrada en cantera que simula cuatro pilares con capiteles románicos, dos ventanales sostenidos por maceteros, y una buhardilla sostenida por lo que serían cuatro columnas jónicas. El cuerpo de la nave es un arco simple sostenido en paredes de piedra colonial, y en ambos costados está rodeado por lo que algún día fueron esplendorosos jardines.

Frente a la parroquia y en medio de la arboleda se extiende la plaza principal que a su costado derecho y como en los viejos tiempos indígenas, apacienta el enorme mercado  de puestos improvisados con todo tipo de frutas y verduras que la región produce.

Justo en el centro de la plaza se encuentra la más impresionante escultura de Don Vicente Guerrero, consumador de nuestra independencia, prócer de la humildad que como luchador y como gobernante nadie más ha llegado a igualar.

Ahí he visto al mártir del convento de Cuilapan ungido con su uniforme militar, pero arropado por un manto blanco que le cuelga desde el hombro izquierdo y hasta su cintura del costado derecho, y con la vista en alto, tal y como siempre vivió, aun en la cúspide, aún en la desgracia.

Al fondo del jardín principal y al costado izquierdo de la plaza, como la ilustre escritura de un libro abierto que dos grandes tixtlecas heredaran para la posteridad, se encuentran inscritas las siguientes frases, que tomo de la última fotografía ampliándola hasta hacerlas legibles para el texto:

Y en frente del mercado, al costado izquierdo de la parroquia, se encuentra, en perfectas condiciones de conservación, aquella casona que Don Juan Pedro Guerrero le rentara a Doña Ana Moreno, viuda de José Rodríguez, para vivir con su familia, la de sus hermanos Manuel y Diego, y la de su mejor amigo, Luis Nava.

Es en esa casona donde Vicente crecería, aprendería primero el oficio de la arriería y luego el de la armería. Sería ahí donde se inculcara esa disciplina y esa honorabilidad inquebrantable, y donde compartiera vida y campo, riquezas y pobrezas con sus primos, Esteban, José y Rita.

El pórtico principal de lo que ahora es el ayuntamiento de la ciudad, da hacia el costado izquierdo de la plaza, y en su entrada tan solo se puede leer, austeramente, la siguiente inscripción:

"Casa que habitó el General Vicente Guerrero, actualmente palacio municipal, cuyos poderes fueron trasladados el 15 de septiembre de 1978. Tal inmueble se encuentra ornamentado con frontones al estilo neoclásico y decoración a base de figuras vegetales, figuras geométricas y dentículos. El interior de la casa de distribuye en torno de un tradicional patio pletórico de verdes así mismo se encuentran los murales que narran la lucha independentista. Hay una placa que dice "A la memoria del general de división Vicente Guerrero (que habitó en esta casa), Independencia y libertad, o muerte. Primero está mi patria que mi padre".

Pero el aviso se queda corto, porque dentro de la casa que en aquel entonces formaba una enorme plazuela alrededor del huerto central, los pasillos se encuentran pletóricos de pintura, de la pintura que el extenso mural intitulado "Tixtla y los próceres Guerrerenses", cubre una superficie de alrededor de 730 metros cuadrados elaborado entre 1984 y 1988 por el pintor Jaime Gómez del Payan, que por cierto quedara inconcluso por la muerte anticipada de su autor a sus sesenta y tres años.

Encontrarme dentro de esa enorme mansión, aún con sus bastas habitaciones cerradas pero disfrutando los frescos sangrados con que cada una de sus paredes trata de inmortalizar la historia, ha sido sin duda una experiencia enormemente gratificante. Imaginar que los miembros de cuatro o cinco generaciones atrás algún día devinieron y convivieron por esos pasillos, por esa huerta central que hoy alberga una pequeña fuente y un ocre testimonio al caudillo de la patria, es el mejor recuerdo que puedo guardar de mi visita al origen de mi apellido materno.

Tixtla, tierra del pan, del agua y de las empanadas de piña; del caldo blanco huacaxtoro y de los tamales tololochos. Tierra que es pródiga en maíz, jitomate, rábano, col, lechuga, calabacita, cebolla, frijol y sorgo, y artesana en el trabajo del cuero que le procura su extensa ganadería vacuna, porcina, caprina, ovina y equina. Secretos escondidos  que trabajan la palma para elaborar con ella sombreros, bolsas y tanates, para el deleite de sus visitantes. Tixtla, la del mezcal y del torito preparado con queso seco, chile, ajo y cebolla, la del clima húmedo y caluroso, la de tensa calma y permanente sosiego, la misma que tiene en su historia haber sido sede de los poderes del estado de Guerrero.

La hoy Tixtla de Guerrero, nido de águilas tejido a mil doscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, fue fundada por mandato virreinal a fines del siglo XVI como resultado del fallo dictado por Don Martín de Armendáriz, comisionado para dar término a la disputa del valle entre los habitantes de Atliaca y Mochitlán.

Vicente Ramón Guerrero Saldaña, hijo de Juan Pedro Guerrero y María Guadalupe Saldaña, nació en Tixtla en el año de 1782 -Los historiadores aún no se ponen de acuerdo si fue el 9 de agosto o el 4 de abril-  y su bautizo se encuentra registrado en el archivo parroquial de la ciudad, en el libro 15, tercera foja, partida cuarta, firmada por el entonces Pro. Francisco Saucedo Carvallo, y cuyo análisis ha sido un deseo postergado a lo largo de cincuenta años de mi vida.

He de encontrarme nuevamente con el pasado, porque el actual párroco del templo de San Martín de Tours, Don Sotero Sánchez Isapa, ha tenido a bien acceder a mi petición de revisar detenidamente ese libro 15 y los dos posteriores, que me permitirán descifrar el origen de mi apellido materno.

Retrato póstumo realizado por Ramón Sagredo

          Febrero 06 de 2011

 

Los conectados o lo que es lo mismo: los Tribilines de hoy

Por Alonso Marroquín Ibarra - 22 de Febrero, 2011, 2:43, Categoría: MISCELÁNEA

Por Alonso Marroquín Ibarra

Te veo, vas conectado a tu teléfono celular o a tu Ipod. Mueves un brazo, las piernas o la planta del pie de manera rítmica, como si fueras el músico que interpreta lo que vas oyendo. A veces cantas y te contorsionas, es probable que te imagines triunfal ante un público inmenso o quizás intentas transmitir -tal vez ni siquiera te des cuenta- que estás inmerso, compenetrado, sorbido, alienado voluntariamente por la música de tu aparatejo, esa que, como la has seleccionado con tiempo y total dedicación, la consideras tu música.

No reaccionas ante nada. La gente que te rodea, la que pasa a tu lado, la que te pide permiso para salir del transporte, no existe para ti. Chocas con frecuencia, te vas de lado, pero sigues con tu ritmo. Estás conectado a tu chunche y desconectado del mundo.

Te encuentro en todas partes: en el camión, en la pesera, en el metro, en una plaza comercial o en los mercados, en cualquier calle, en los parques, a veces sentado en una banca, en el filo de la banqueta o en la mesa de una cafetería.

Al verte, veo a millares que son idénticos a ti: no tienen diferencia alguna. Eso me hace recordar una vieja animación de Walt Disney donde todos eran iguales a Tribilín, (nombre que en México se le dio al personaje de Goofy), lo mismo el automovilista que el jugador de jockey, el vecino de junto, el universitario, el árbitro, el maestro, el vendedor… Todos eran Tribilines: la misma cara bobalicona, el mismo modo zonzo de  hablar, los mismos movimientos flácidos y lentos y una sonrisa rayana en la estupidez. Ni qué decir del modo de vestir que desde hace décadas ha uniformado a la sociedad estadounidense; los Tribilines se vestían parejo.

Al verte multiplicado y omnipresente, veo Tribilines; Tribilines con su gorrita beisbolera -y bien sé que a veces prefieres usar la visera hacia atrás, como si eso te diera un sello de más exclusividad-, pantalones mugrosos, rotos, deslavados o que por lo menos parezcan viejos, desgastados; Tribilines con su infaltable mochila de lona, mugrosa también, y si está rota o descocida ¡qué mejor!; zapatos tenis, sucios por supuesto, en modelos muchas veces sofisticados -el que se vean mal, no quiere decir que sean baratos, para nada-; Tribilines con su andar cansino, puesta la mirada en ninguna parte; Tribilines ufanos de estar al día al poseer y disponer de la tecnología para inyectarse directamente al cerebro su música todo el tiempo –lo que pase fuera de los oídos no importa-; Tribilines de hablar monosilábico o muy corto: Chido, Neta, Va, Uy, Güey, De poca, Me la rifo, Ya sabes, Hazme el paro, Hasta la madre, Es mala copa, Vamos a chupar, Hay reven, Como rey, Buenas rolas…;Tribilines, apáticos, ausentes de la familia, de su sociedad, desinteresados en el conocimiento, en el trabajo…

Los Tribilines bajan música de Internet por megas, por gigas –y dentro de poco por terabytes-, buscan los modelos de reproducción más recientes porque a esos “si les cabe un chingo”, “no te limitan y puedes almacenar lo que quieras”. Casi sin posibilidad de error, la mayoría de los Tribilines almacena tal cantidad de piezas musicales que si de reproducirlas en secuencia se tratara podrían pasar varios meses sin regresar a la primera. Ellos mismos, en cierto momento, desconocen lo que tienen almacenado.

Vives un mundo auditivo, a costa de tu sordera prematura, te mueves con él, vives por él, te jactas de poseerlo, acumulas más y más –tal vez es el último recurso con el que los desposeídos pueden acumular algo en la actualidad- y lo demás, el mundo real, desaparece, no existe.

Tus necesidades son precisas:

Una conexión a Internet, para bajar y bajar y bajar tu música,
Un reproductor de tecnología de punta de preferencia,
Un cargador para mantener la pila al toda carga,
Unos audífonos lo más aislantes del exterior que sea posible y
Tus dedos de agilidad asombrosa.

Conectándote, mi querido Tribilín, te desconectas.

22 de febrero de 2011 y corriendo

 

Las cosas inútiles.

Por Luis Alfonso Villalobos Guerrero - 22 de Enero, 2011, 2:52, Categoría: MISCELÁNEA

El pasado fin de semana, y como suele suceder por el cúmulo de lectura que tengo pendiente, con quince días de retraso, leí el breve ensayo que el maestro David Toscana publicara en la última página de una prestigiada revista semanal editada por el periódico El Universal. Lo titula "Porqué me quité del vicio" y en forma por demás amena argumenta las razones que le llevaron a deshacerse de su vieja televisión Hitachi de 28 pulgadas que había comprado para ver el mundial de 1994.

Y no es la televisión aún por su antigüedad, que ya la llevarían a convertirse en una pieza de museo lo que lo aleja del vicio, sino sus contenidos. Esa continua letanía que aún hoy día se hace presente en todos los medios de comunicación endilgándonos leyendas como los consabidos  "En el senado de la república, acuerdos para poner a México en la ruta del progreso" (¿?)

Yo he comprado recientemente una nueva antena, de esas que Steren se jacta de ser las mejores porque usan corriente eléctrica y tienen una carátula muy elegante, con tal de poder sintonizar los canales abiertos del televisor que, como los noticieros nocturnos o los juegos de fútbol, me agradan ver antes de dormir pero sin positivos resultados hasta el momento. Todo pareciera que las televisoras restringen la potencia de la televisión abierta como una enfermedad que solo tendrá cura al contratar sus señales por cable, por antena satelital, o por la Internet. Depredadores contra consumidores con la complicidad de nuestras edificantes autoridades.

Pero en fin, y al igual que lo escribiera David Toscana, también estoy a punto de retirarme definitivamente de ese vicio y conservar mis televisores como verdaderas piezas de museo. Yo le gano a David, porque la Hitachi que tengo en el estudio es de 1984, diez años antes que la suya, y la que tengo en la sala de casa data de 1944. Jamás la volveré a encender aunque recién la he mandado restaurar. Quizá sea un buen futuro para los cinescopios que en mis mozos años me di el lujo de comprar pensando entonces en un sano entretenimiento.

Pero reflexionando sobre el artículo leído recordé que muchas otras cosas se han vuelto inútiles con el correr de los años, lo que no necesariamente significa que, como la televisión, hayan dejado de servir, de funcionar, o de cumplir su original cometido. Y abundo en algunos ejemplos pensando que quienes rondan más o menos mi edad estarán de acuerdo conmigo.

En la vitrina de las pequeñas antigüedades de mi estudio aún conservo tres cámaras fotográficas: Una Ansco Shur Shot de caja profunda con mirilla en su parte superior; una Kodak Brownie Chiquita de cajón pequeño que ya incorporaba la mirilla en su parte posterior, y otra Kodak Flashfun que ya incluía un pequeño flash para focos incandescentes. Hubo tiempos en los que fui verdaderamente aficionado a la fotografía, cuando al resguardo del cuarto obscuro y de las bandejas de químicos, se podían manipular luz y sombra o el tamaño de las reproducciones. No existían ni el video, ni los celulares que captan imágenes para inexpertos, ni programas como el Photo Shop. La fotografía no profesional era también un arte en el que si querías destacar, al menos tenías que apoyarte en un buen tripié, en algunos elementales filtros, y desde luego en algunos libros como el que en 1971 editó la firma Kodak resumiendo escritos de 27 especialistas durante más de 10 años.(Cómo hacerlo en fotografía, XAE-1008).Ese tipo de fotografía se volvió inútil con el tiempo, y con el tiempo la retiré de los vicios adoptados, o más bien por ellos adoptado.

Aunque la cinta magnetofónica había sido obra del ingles Oberlin Smith en 1878, no fue sino hasta 1930 en que, a partir de los desarrollos del danés Valdemar Poulsen, se implementaran las primeras cintas magnéticas antecedente de lo que se conoció como el audio casete. Pero muchos años antes que estos aparecieran, se comercializaron los carretes de cinta abierta y con ellos las grandes reproductoras de nivel portátil, semi, o profesional. Y se volvieron inútiles como se volvieron aquella grabadora De Luxe SS0-50, la enorme grabadora AKAI que aún conserva mi padre, y los muchos carretes de cinta abierta que ya no pueden ser reproducidos en ningún otro medio, y que en el aparador de los recuerdos guardan música tan inolvidable como el Take Five dirigido por el mismísimo David Brubeck.

¿Y qué puedo decir del tradicional fonógrafo?. La última vez que los amantes de lo ajeno usurparon impunemente en mi departamento, se llevaron entre muchas otras cosas, el último equipo de sonido que podía reproducir con profesional calidad los cientos de long play que en vinil me dediqué a coleccionar desde que tuve uso de memoria. Los discos no se los llevaron porque ya no valían nada para ellos, pero para mi mala suerte tampoco me han servido de mucho porque ante el avance de la tecnología, con la aparición del CD, del Ipod, del I tunes, se volvieron inútiles.

Y caben en mis recuerdos aún tantas, tantas cosas que en su momento disfruté, gocé o trabajé, que me llevan a concluir que a David Toscano se le acabó la tinta antes de tiempo. En la inutilidad quedaron aquellas enormes sábanas tabulares de hasta 24 columnas que la firma Printaform vendía para los más avezados contadores; En el mismo rincón se quedaron los carteros y los timbres postales que a muchos nos encantaba coleccionar; ahí perdí la enjundia por jugar el Pac Man del famoso primer Atari, y se perdieron en la inutilidad lo mismo el molinillo de mi abuela que aún conservo, la imprescindible manteca Inca en la cocina, y si volvemos a hablar de la televisión, el llanero solitario, las rejas de Chapultepec, o el club quintito de Ramiro Gamboa.

He meditado mucho sobre la orientación política que el maestro Toscano le quiso dar a su ensayo, pero también me parece corto en ese sentido, porque ya a la breve edad que yo tenía en el sexenio de Adolfo López Mateos, quizá el último de los gobernantes de austeridad personal que hemos tenido y artífice del desarrollo estabilizador, ya se manejaba la mercadotecnia manipuladora en contra del gremio ferrocarrilero que aún se revolvía en su conflicto, en contra de los sindicatos que no fueran leales a su gobierno, y en contra de los dirigentes agrarios a quienes vapuleó haciendo un simulado reparto de tierras por más de 16 millones de hectáreas.

Es cierto que las dos televisoras que hoy le chupan el cerebro al pueblo aún no existían, pero en aquellos ayeres ya el pueblo seguía con especial fervor y costase lo que le costase, a sus tres banderas: El estandarte de la virgen de Guadalupe, la bandera de huelga, y la bandera nacional. Era entonces lo mismo, solo que al gobernante en turno le salía más barato llevar a las redadas de votantes a las elecciones. No se repartían despensas, todo era de a huevo, como de a huevo fue López Mateos el que encarceló a David Alfaro Siqueiros y mandara matar impunemente al dirigente agrario Rubén Jaramillo.

La película es la misma, los medios y los presupuestos son los que han cambiado. Muchas cosas se vuelven inútiles, pero los verdaderos inútiles siempre encontrarán las mejores formas de subsistir. Y yo le preguntaría al maestro Toscana si por casualidad se dio cuenta de la proporción existente entre la publicidad oficial y la publicidad privada que aparece en la revista en donde publicó su ensayo. Los mismos medios de comunicación se volverían inútiles sin el presupuesto que les asignan esos que ya nos tienen hasta la coronilla. ¿No será que los que se están volviendo inútiles somos nosotros?

Luis Alfonso Villalobos Guerrero.
Enero 12 de 2011.

Aunque se molesten los chavos - Reflexión

Por Chobojo Master - 2 de Noviembre, 2010, 22:24, Categoría: MISCELÁNEA

Enviado por Enrique García

Durante una conferencia sobre las grandes diferencias entre generaciones, un estudiante petulante y presumido se tomó la molestia de explicarle a un señor mayor sentado cerca de él, por qué le es imposible a la vieja generación comprender a su generación:

-Usted creció en un mundo diferente, realmente casi primitivo-, dijo en voz lo suficientemente alta para que lo escucharan alrededor-. Los jóvenes de hoy crecimos con televisión a color, Internet, teléfonos celulares, aviones jet, viajes al espacio. Nuestras sondas espaciales han visitado Marte. Tenemos naves con energía nuclear y autos eléctricos y de hidrógeno. Computadoras con procesos de velocidad de la luz... y más.

Luego de un breve silencio el señor mayor respondió:

-Tienes razón, hijo mío; nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos jóvenes... ¡Así que nuestra generación las inventó! Ahora, dime, arrogante pendejo, ¿qué estás haciendo TÚ para la próxima generación?

¡El aplauso fue atronador!

 

La azafata

Por Chobojo Master - 25 de Julio, 2010, 1:50, Categoría: MISCELÁNEA

Enviado por Heriberto Martínez Fernández

 

En un avión, iniciado el vuelo, una "señora" oprime insistentemente el timbre para llamar a la azafata

-¿Cuál es el problema, señora? - Pregunta la azafata

-¿Es que no lo ve? - Responde la dama

-Me  colocaron junto a un sucio indígena. No soporto estar al lado de uno de estos seres repugnantes. ¿No tiene otro asiento?

-Por favor, cálmese… -dice la azafata- Casi todos los asientos están ocupados. Pero, voy a ver si hay un lugar disponible

La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:

-Señora, como yo pensaba, ya no hay ningún lugar libre en la clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase económica. No obstante, tenemos aún un lugar en primera clase.

Antes de que la dama pudiera hacer el menor comentario, la azafata sigue:

-Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase. Pero, dadas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante.

Todos los pasajeros alrededor, observaban la escena, indignados.

Entonces, la azafata, dirigiéndose al indígena, le dice:

-Si el señor. lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.

Y los pasajeros, que sorprendidos, presenciaban la escena, se levantaron y aplaudieron…

 

Burj Khalifa, Dubai, el rascacielos más alto del mundo

Por Chobojo Master - 18 de Enero, 2010, 23:20, Categoría: MISCELÁNEA



Burj Khalifa
El rascacielos más alto del mundo
828 metros de altura
Dubai

Artículos anteriores en MISCELÁNEA

El Blog

Creative Commons License
Esta obra está bajo una
Licencia de Creative Commons.

Calendario

<<   Septiembre 2017    
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  
 
Proyecto Cultura Chobojos - Chobojos
 
 Proyecto Cultura Chobojos - Vida sin fin
 
Proyecto Cultura Chobojos – Fotografía 366
 
Proyecto Cultura Chobojos – El círculo azul
 
Proyecto Cultura Chobojos – La Jauría
 
Proyecto Cultura Chobojos – Toma Todo
 
Proyecto Cultura Chobojos - Chistes x Kilos
 
 

Baja gratis el PDF de:

Baja la versión digital de Toma Todo

Suscríbete a CHOBOJOS


Suscribir con Bloglines

Archivos

Sindicación RSS

Add to Technorati Favorites

BloGalaxia

Directorio de Weblogs

Culture Blogs - Blog Catalog Blog Directory

The House Of Blogs, directorio de blogs

blog search directory

Directory of General Blogs

Casinos

blog rating and reviews

BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog

Blogarama - The Blog Directory

TopOfBlogs

terrenos

Blog Ping

Alojado en
ZoomBlog