CUENTOS Y MICROCUENTOS
Cuentos de extensión breve, para no dejar de leer. Microcuentos para los apresurados… Ficciones contra realidades, penurias contra abundancias, angustias y encrespamientos, vencedores con sus muertos... ¡Hay tanto! Cuentos y microcuentos

UN CUENTO

Por Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda - 31 de Marzo, 2014, 13:07, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Decepcionante, querido nieto. Fue decepcionante. Sí, al llegar  a aquel planeta, que visto desde fuera y desde lejos nos pareció tan atractivo, lo primero que advertimos fue que la especie, supuestamente más evolucionada allí, poseía un enorme estómago y un cerebro pequeñísimo, aunque no eran conscientes de ello.

Dada estas características de su naturaleza el peso de la materia en sus organismos era enorme, así como la presencia del espíritu era mínima.

Lo instintivo dominaba, en un noventa y nueve por ciento, la mayoría de los actos y acciones de aquella especie por sobre la racionalidad y la espiritualidad.

Usaban, no obstante, el vocablo amor, pero carecían por completo del  conocimiento y la experiencia del amor.

Nosotros, al  posar sobre la superficie de aquel planeta, querido nieto, tomamos la  forma física de aquella especie por unas horas, no muchas, pues tal como la íbamos conociendo nos íbamos horrorizando, por lo que, casi de inmediato, decidimos abandonarlo, dado que nos sentimos como sumergidos en una infesta cloaca, y retornar a  este nuestro bello y armonioso planeta donde la espiritualidad, el amor y la poesía florecen por todas partes.

-Abuelo –le preguntó el nieto- ¿Dónde se encuentra ese planeta y cómo se llama?

El abuelo, tras dibujar en una pizarra el lugar del espacio donde se encontraba aquel planeta, le respondió:

-Querido nieto, sus involucionados habitantes lo llaman Tierra.

*

JUAN CERVERA SANCHIS JIMENEZ Y RUEDA. 2014.

Un juguete

Por Ruyamp - 7 de Marzo, 2012, 23:09, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Fue el primer día de la semana, en la primera hora del día.

Nos sentaron dentro de la oficina de la juguetería, era un lugar raro, sin escritorio ni ventanas.

 Algunos juguetes cargaban objetos representativos de sus creencias, sólo se podía oír el susurro de los impacientes, todos nos encontrábamos alrededor del acusado, que sentado en el suelo esperaba el inicio del proceso burocrático para darle sentencia. Aquello era una especie de juicio medieval.

Después de tanto esperar, apareció el dueño del negocio y su voz impuso el orden necesario para toda la desperdigada  concurrencia.

-¡Silencio!- dijo el vendedor de juguetes- hoy estamos aquí porque tenemos un juguete roto, un producto defectuoso, el único payaso triste en toda la juguetería, en todo la calle, en todo el estado. Los niños no vienen aquí a llevarse una bicicleta sin ruedas o un títere sin hilos, y por supuesto los padres no pagan por un muñeco triste, inconforme, subversivo, de colores fríos y ropajes remendados.

-¡Yo no soy ese juguete!-  respondió el acusado levantándose rápidamente- usted entiende por humor, algo gracioso, cómico o felicidad, algo muy distinto a lo que creo yo.

-¿Cómo te atreves a replicarme?- gritó el dueño enfurecido- tus acciones siempre en contra de las reglas del establecimiento te convierten en el blanco de todas nuestras preocupaciones. Ningún juguete normal puede sentirse seguro mientras existan otros como tú en este lugar, pues, en el futuro veremos pasar a la clientela frente al aparador ignorándonos a causa de un triste payaso que nos hace mala fama espantando a los niños y a sus padres.

Pensar que la felicidad y la diversión deben ser un derecho gratuito para todos los seres humanos me resulta totalmente reprobable y utópico, eso es algo que nunca pasará, y tu eterno esfuerzo para lograrlo nos está cansando. Intentar escapar yéndose entre las cosas de un niño, arrastrarse por los ductos de aire o simplemente salir corriendo por la puerta buscando un sueño, llevó al basurero a los que creyeron en tus locas palabras y a pesar de haberte otorgado el perdón, por ser mi favorito, te esfuerzas en compartir el mismo destino que tus compañeros.

Después de haber dicho lo anterior, los espectadores empezamos a cuestionarnos unos a otros sobre la veracidad de ambas formas de pensar e interrumpiendo nuestros susurros, respondió el payaso:

-La razón de nuestra existencia recae en el momento en que alguien nos toma en sus manos y podemos mover algo dentro de su ser: una historia pasada o futura, un sentimiento, una imagen o simplemente creamos la sensación de compañía. Pero ustedes empresarios siempre están creando barreras que impiden que la gente decida por sí misma, alejando al comprador del juguete barato y pasado de moda, dejándonos solos en los estantes de rebajas y solamente  consiguen enriquecerse y venderle a la gente un producto frio que los hará felices hasta que ustedes publiciten un nuevo juguete en el mercado.

Al final los únicos ganadores son los dueños de las jugueterías, los juguetes con el tiempo somos olvidados o tirados a la basura y los compradores engañados de forma permanente.

Entonces todos los juguetes reflexionábamos sobre las palabras de aquel payaso triste y a pesar de estar de acuerdo con él, nadie hizo nada cuando después de haberse dicho todo, enfurecido por el apoyo que le dábamos a nuestro compañero, el juguetero lo descoció y le dio uso a sus ropajes como trapos de limpieza.

¿Porqué contar la historia de un juguete después de tanto tiempo?

Porque con el tiempo aparecieron mas juguetes como él, que inspirados por la firmeza que tuvo un payaso ante su inminente fin, dan seguimiento a la búsqueda de una sola meta: lograr un mundo, donde todos puedan recibir de forma gratuita felicidad y garantizar que nunca nadie utilizará el poder de un juguete para su enriquecimiento personal.

Probablemente somos productos nada mas, tal vez, negocios son negocios y nunca deberíamos de pensar, seguramente este es un pensamiento utópico,  ¿pero no es precisamente ese el motivo del juguete, darle no sólo a un niño, sino a todos aquellos que puedan disfrutar de la felicidad que trae sin precio alguno? y si no es esa la razón por la que existe ¿para qué comprar alguno?

Convoco a toda la clientela de la juguetería para que nos pongamos de acuerdo, y sea el cliente quien decida ¿qué juguete es valioso y cual no? y para que nos platiquen esas historias del cómo los que hoy son padres, jugaron con aquel payaso triste y reventaron de alegría, porque fueron ustedes los actuales adultos los que motivaron a aquel payaso a pensar en quien lo quería comprar y no en quien lo quería vender, por ustedes luchamos y les rogamos no nos dejen morir.

Atte. Un juguete

Sueño de la madrugada del 26 de julio del 2011

Por Axel Fungus - 3 de Marzo, 2012, 22:13, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

En un bar cualquiera, de estructura un tanto extraña…

Mi razón me hace pensar que con base a su estructura debió tener escaleras helicoidales, todo tapizado de rojo con ornamentos rococó color oro y algunos barandales de madera aparentemente de nogal oscuro.

Bastante curioso aquel mesón en el que nos encontrábamos Alejandra, Fanny, su hermana, su primo John y yo, recuerdo que bebimos como habitualmente se hace ahí; después de algunos tragos y pláticas sin sentido decidimos salir.

Ahora que lo recuerdo bien, más que decidir irnos, ya casi cerraban las puertas de la alienación.

Tuvimos que ir a buscar a un tipo apodado "el güero" para poder pagar; en realidad no recuerdo el porqué del afán de pagarle forzosamente al famoso "güero" pero dudo que tenga importancia. Así en cuanto pagamos, ipso facto salimos del establecimiento, no miramos el reloj como deberían de haberlo hecho aquellos que de momento se siente despabilados por la fría brisa de la madrugada pero, sin embargo, miré al cielo y me percaté de que la hora oscilaba entre las 5:50 y las 6:20 de la mañana.
 
Aquel lienzo gélido poco a poco se tornó menos negro y más azul. Solamente las estrellas más brillantes y aferradas del firmamento combatían contra el alba que poco a poco desgarró el mundo sublunar, dejando ver el delgado trazo de azul celeste, muy parecido a la experiencia de mirar haces de luz blanca a través de una gema aguamarina.

Nos decidíamos a detener un taxi cuando recordé (cosa extraña, quiero enfatizar) que traía un Volkswagen azul rey un tanto deteriorado, el cual de pronto apareció ante nosotros como si psíquicamente lo hubiese materializado. Lo abordamos, yo al volante obviamente, y lo primero que se me vino a la mente sin importar lo que los demás pensaran fue, dejar sano y salvo a John en su casa, para lo cual debíamos haber viajado por el periférico, pero por temor a un accidente y basado en mi poca experiencia, opté por tomar una avenida paralela menos transitada, avenida que sin temor a equivocarme no es físicamente posible que existiese, ya que en ese lugar está el lago de Cuemanco.


Recuerdo aquella ficticia avenida por la que viajamos, una arteria evidentemente de caravana escasa; con abundantes sauces llorones de nuestro lado derecho y en su reflejo un prado con unos cuantos árboles más, que por la hora se nos mostraba oscuro y sin fin.


De un momento a otro me vi fuera del auto, aunque este siguió andando a una velocidad normal y con una dirección establecida, ahora miraba nuestro medio de transporte como si fuese un peatón ajeno a dicho vehículo, lo más extraño es que alcance a ver una leyenda en inglés con lo que parecía ser sangre sobre la parte trasera del VW, si mal no lo recuerdo la frase era bastante intrigante; "llegando tarde a la casa del infierno", algo que hasta el momento me trastorna en demasía.

Poco recuerdo de lo que sucedió después, así que me temo que daré un salto cuántico y nos ubicaremos afuera de mi hogar llegando del bar Alejandra, Fanny y yo. Ellas descendieron del auto mientras yo alistaba todo para dejarlo fuera de la casa sin que ocurriera algún nefasto hurto, me parece haber entrado a un cuarto que no formaba parte de mi casa, una habitación en la que sólo había una cama y una ventana por la que entraba la luz de nuestra interminable madrugada. Allí dentro se encontraba un sujeto que lloraba desesperadamente y en cuanto tuvo conciencia de que ya no estaba solo se abalanzó sobre mí, se arrodilló, gimoteó y gritó con aturdida desesperación -¡me los mataron! ¡mataron a mis hijos!- y entre descargadores sollozos me explicaba -¡los degollaron, les sacaron los intestinos y abandonaron a mi muchachos como perros en medio de la calle!- la impresión fue inexplicable después de escuchar a este hombre describir tan horripilante suceso, me quedé pasmado, pero lo que más me trastornó fueron la serie de imágenes que me llegaron posteriormente de su inconsolable pérdida y, ante mis ojos, apareció una televisión con el canal de las noticias haciendo público el acontecimiento previamente relatado, miraba unas manos llenas de sangre y dos cuerpos en el suelo; inevitablemente una fría sensación recorrió todo mi cuerpo.

De pronto el hombre se levantó y encendió la luz, no pude hacer nada, más que tirarme en un sillón, al ser consciente de la identidad de aquel desafortunado e infeliz al que escuché llorar por su pérdida; resulto ser el tío de mi novia y sin lugar a dudas los jóvenes por los que lloraba y, a los que ahora entiendo yo había matado tan desquiciadamente, no podían ser otros más que los primos de Alejandra.

Aún no encuentro explicación para tan atroz desdoblamiento de mi subconsciente, pero me asusta saber lo que mi mente esconde de mí mismo.

El Lado perfecto del cuadrado - Narrativa

Por DanielClarosStark - 3 de Mayo, 2011, 2:19, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Por: Daniel Claros Stark


"El que quiere nacer, tiene que romper un mundo", Herman Hesse, Demian.

Escribo tratando de aferrarme al recuerdo.  Paciencia..., es lo que necesito. Pensar... que al final hay un sentido y  que toda confusión y paisaje difuso, son tan  sólo los sentimientos de un ser perdido, dentro del cual se abren  las infinitas  posibilidades de  la creación.

Escribo sin luz, tratando de iluminar una idea. Ambigüedad es lo que prevalece a mi alrededor; y sin embargo pareciera que todo ha sido dado y  nombrado ya. De una  claridad incuestionable, parecen estar  hechos los ideales del mundo.  Sólo...  la mirada  ingenua, es capaz de  recuperar a detalle los fragmentos del molde original. No puedo conciliar el sueño. Quizás el despertar sea más nítido que nunca... Encontrar es tan sólo, una vieja forma de recordar.

La muerte nos da nuestro porqué; mientras que la vida es sólo un perpetuo ¿por qué? a la cual nunca  le encontraremos su respuesta única y atinada. Orientarse dentro del abismo, es algo que sólo en silencio y con paciencia es posible hacer.  Sólo las sombras... brillan con luz propia, y nos permiten  reflejar nuestro vacío.

Pareciera que todo cuanto existe está ahí por algo; que la realidad cumple con la función oculta, de un eterno mostrar. Y sin embargo... todo está condenado a  desaparecer, porque Algo o Alguien ha decidido permanecer sobre todo lo demás. El olvido... es tan sólo, una vieja forma de perderse.

Viejas siluetas dibujan lo novedoso; lo nuevo... retorna tantas veces, que es por ello que confundimos al presente con el pasado. El futuro... es tan sólo, el inagotable  retorno de lo mismo.

Escribo para aferrarme a una vocación. Tranquilidad... es lo que necesito. Imaginar... que al final hay un sentido y que caos y desolación, son tan sólo las emociones de un ser creado,  dentro del cual se abre la inmensidad de un mundo. Toda confusión...  no es mas,  que la pérdida inconsciente de los anhelos.

Escribo con palabras heredadas y aprehendidas, por una conciencia incrustada en el asombro. Imprecisión es lo que prevalece, cuando se ha de explicar lo ya explicado; y sin embargo pareciera que siempre hay algo que dar y que algo ha quedado sin nombrar. De una sinceridad incuestionable, parecen estar hechos los dogmas de nuestro mundo. Sólo... la palabra  prudente, es capaz de recuperar  a detalle los fragmentos del escrito original. No puedo conciliar mis pensamientos. Quizás el despertar sea más nítido que nunca. Encontrar... es tan sólo, una vieja forma de pensar.

El amor nos muestra el camino; mientras que el odio es un eterno recorrido, por donde  convergen  infinidad de caminos equivocados. Orientarse dentro del abismo, es algo que sólo con amor y comprensión es posible soportar. El odio es tan sólo... una vieja forma de perder.

Quisiera creer que la Nada es algo... pareciera que así lo es. Ya que aunque todo está condenado a ser consumido por ella... Algo o Alguien prevalecerá siempre por encima de lo demás. Leer a Dante y a Goethe, muestra que a la Nada se le puede asir con un  verso.   Leer a Nietzsche y a Sartre comprueba que de la fascinación por la Nada,  emergen nuevas forma de ver la vida. Toda filosofía... es  tan sólo, poética  interpretación que se  consume en  el vacío.

Fe y razón, dos aproximaciones a un mismo Ser, y que sin embargo tienen distintos modos de ser. En la fe todo está dicho, mientras que en la razón prevalece el suspenso, porque siempre hay algo nuevo que decir, aunque sea siempre bajo la misma forma.  Para creer hay que tener fe... para razonar hay que dudar, aunque se pierda la razón. Dios... es la forma

más vieja en donde fe y razón,  finalmente se  vuelven a encontrar.                             Escribo tratando de aprisionar ilusiones...  Serenidad es lo que necesito. Reflexionar... que al final hay un sentido y que tanto lo incoherente como lo distante, son tan sólo las pasiones de un ser finito, dentro del cual el tiempo se prolonga indefinidamente.

Escribo sin prejuicios, tratando de aproximarme a una idea original. Vaguedad es lo que prevalece; y sin embargo pareciera que tanto lo dado como lo nombrado, comparten un mismo origen. De una precisión irrefutable parecen estar hechos los fundamentos de nuestro mundo. Sólo...  la mano inexperta es capaz de palpar a  detalle el principio de todo fragmento. No puedo conciliar mis fantasías. Quizás el despertar sea más nítido que nunca... Encontrar es tan sólo, una vieja forma de ilusión.

La  mentira  nos otorga su  fuente inagotable  de  espejismos; mientras la verdad aunque perturbadora y sombría  nos encamina hacia el umbral de una tranquilidad duradera. Orientarse dentro del abismo es algo que sólo con  sinceridad e ilusión se puede lograr. Sólo los fantasmas...  brillan con luz propia, y nos permiten reflejar nuestro vacío.

Pareciera  que todo cuanto existe, es  un sueño y nada más; que la realidad  cumple con una función oculta, de un continuo despertar. Y sin embargo... toda realidad esta condenada a desaparecer porque Algo o Alguien ha decidido permanecer despierto sobre todo lo demás. El olvido es tan sólo... una vieja forma  de despertar.

Viejos momentos, trazan el destino del presente; la presencia retorna tantas veces que es por eso que confundimos el ahora con el ayer. El mañana... es tan sólo, el imperecedero retorno de un mismo instante.

Escribo para aferrarme a un sueño. Silencio es lo que necesito... Presuponer que al final hay un sentido y que tanto lo inconexo como lo deforme son tan sólo los delirios de un ser inconcluso, dentro del cual se abre toda posibilidad de trascendencia. Toda confusión... no es mas, que la pérdida inconsciente de los sueños.

Escribo con imágenes difundidas y aprehendidas, por  una conciencia arraigada en el olvido. Ambigüedad es lo que  prevalece cuando se ha de imaginar lo ya imaginado; y sin embargo pareciera que siempre hay algo nuevo por dar o que algo no ha sido imaginado aún. De una claridad irrefutable parecieran estar hechas las imágenes de nuestro mundo. Sólo...  la ensoñación prematura, es capaz de recuperar a detalle los fragmentos del retrato original. No puedo conciliar mis conceptos. Quizás el despertar sea más nítido que nunca.

Encontrar es tan sólo... una vieja forma de soñar.

El destino muestra nuestro porqué; mientras la libertad nos obliga a  recorrer  indefinidamente  los caminos del ¿por qué?. Orientarse dentro del abismo, es algo que sólo con  libertad y decisión es posible entender. La libertad es tan sólo... una vieja forma de elegir.

Quisiera creer que el Todo es algo...  pareciera que así lo es. Ya que aunque nada escapa de su alcance ... Algo o Alguien  prevalecerá siempre sobre cualquier individualidad. Ver a la mujer que amas, te muestra al Todo como alguien. Escuchar la  voz  de la mujer amada,  comprueba que el  Todo es existencia. Toda filosofía es tan sólo... mística interpretación que nos salva del vacío.

Origen y Tiempo, dos manifestaciones de un mismo Ser, y que sin embargo tienen distintos modos de ser. El origen todo lo contiene, mientras el tiempo consume insaciablemente  toda huella y todo principio.  Para  contemplar el origen... hay que seguir sus huellas...  para no ser consumido por el tiempo...  hace falta... ser principio de lo eterno. Dios...  es la forma más vieja en donde  tiempo y  origen finalmente se vuelven a encontrar.

¿Por qué vivir? ... , ¿ Por qué morir?

¿ Existe lado perfecto en un cuadrado?.

¿Existo realmente yo?

Todo ha quedado contenido, y sin embargo... nada ha nacido aún. El cuadrado es tan sólo... la forma más vieja de recordar lo dado.

Quizás mañana... el despertar sea más nítido que nunca. Quizás...  el mañana tenga sentido.

Quizás mañana... despierte y tenga una anécdota que contar.


La joven viuda

Por Juan Cervera Sanchís - 8 de Marzo, 2011, 22:33, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Por Juan Cervera Sanchís

Cenizas. Él acababa de ser reducido a un puñado de cenizas. Salimos todos del crematorio. Ella abrazaba la urna donde él descansaba. No cesaba de llorar. Sus grandes ojos negros eran dos ríos de lágrimas. Viejo amigo, trataba de consolarla. La tomé del brazo. Sin decir palabra. Para qué. A veces las palabras salen sobrando.

Ella apenas susurró: “No me dejes sola”. Todos se fueron yendo. Hasta sus cuñadas.

Cuando nos dimos cuenta estábamos los dos solos. Ella con la urna entre sus manos. Yo con mi mano tomando su brazo.

Nos miramos. Sus ojos estaban rojos como dos ascuas. Sentí su desolación. Su infinito abandono. Me acorde de él, ya tan distante, como a años luz de nosotros. Así es la muerte.

-Te llevo – le dije.

 Subimos a mi auto. Silencio sobre silencio. En una curva puede ver cómo las cenizas del difunto se agitaban. Ella se abrazó con más fuerza a la urna.

 Llegamos al edificio donde vivía. La acompañé hasta la puerta de su departamento.

-No te vayas todavía- me dijo. Entramos. Esperé. Dejó la urna sobre el televisor. Sentí rarísimo. Fue por una vela. La puso al lado de la urna. La encendió. La llama comenzó a cintilar.

Era todo tan extraño.

-Espera. No te vayas todavía- insistió. Y se metió en su recámara.

Al volver ya no traía su vestido negro. Se había puesto una bata azul. Se veía más relajada. Se había mojado la cara y sus ojos ahora rebrillaban con una enigmática intensidad. Nos sentamos en la sala. Ella en un extremo del sofá, yo en el otro.

-No tengo nada que ofrecerte –me dijo. Y luego -¡Ah!, sí, creo que por ahí hay una botella de brandy que dejó...-. No completó la frase. No dijo el nombre del difunto.

Se levantó. Trajo la botella y una copa. Todo aquello era cada vez más raro para mí. La llama de la vela centelleó. Las plomizas cenizas de él recogían la luz amarillenta y hacían que rebrillara el gris de una manera extrañísima.

-Fue tan repentino. Tan inesperado. ¿Qué voy hacer? Yo no he trabajado nunca. Si al menos me hubiera dejado un hijo...

 No le contesté. No sabía que contestarle. De repente y sin saber por qué, todo cambió en mi mente.

 No sé qué diablos se introdujo en mi cabeza. Miré la urna. Sentí como remordimiento, pero... ¡qué terrible es la mente humana!

Sí, comencé a desear frenéticamente a la joven viuda, a la esposa del que fuera mi mejor amigo, fallecido brutalmente en un accidente automovilístico:

“Dios mío, Dios mío, ¡debo estar loco!”, me dije para mis adentros.

Las cenizas del difunto debieron leer mis pensamientos. Creí ver que se revolvían en la urna. Un hilo de aire inesperado apagó la llama de la vela.

Ella, la joven viuda, se veía cada vez más nerviosa.

-Me voy - le dije.

-No, no, por favor, no te vayas todavía. No me dejes aquí sola- suplicó.

Experimenté una sensación de locura. Sí, todo aquello empezaba a ser una locura y una imperdonable irreverencia. Así lo sentía yo, cada instante más dominado por el deseo y la atracción que comenzaba a ejercer sobre mí la joven viuda.

Es por eso que después de lo que sucedió me siento desesperadamente culpable y aunque por más que pretendo olvidarlo no puedo. No, no puedo. Me es imposible poder olvidarlo.

Por una parte me sangra la conciencia al recordar las cenizas del difunto agitándose ciegas de celo en la urna, mientras imaginaba que el muerto era yo y me llenaba a rebosar el corazón de odio, al tiempo que, por otra parte, no ceso de experimentar aquella sensación de éxtasis que compartí con la joven viuda, pues nunca jamás antes había saboreado los deleites del sexo como en aquella irrepetible ocasión.


Fábula del hombre más pobre

Por Juan Cervera Sanchís - 24 de Febrero, 2011, 20:16, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Los investigadores  de la pobreza de aquel  país a punto estaban de volverse locos en la busca del  hombre  más pobre, entre los pobres del mismo,  dado que, cuando ya  daban por  hecho que  lo habían descubierto, de inmediato  aparecía otro aún más pobre  que él, por lo que aquella investigación parecía convertirse en el cuento de  nunca acabar.

Todo  lo  contrario  había  resultado encontrar  al hombre  más rico. Su riqueza era tan notoria  que  nadie tenía  la  menor  duda  de que aquel hombre   era el más rico  entre todos los ricos del país.

El problema surgió  cuando se decidió buscar al más pobre ya que  los pobres  abundaban por todas  partes día con día  y eran  cada  vez más en número y en el grado de pobreza.

Por  el contrario,  el hombre  más  rico, era cada vez más   rico, ya que  mientras la pobreza  se expandía de manera escandalosa,  la riqueza se  concentraba con desmesurada atrocidad.

Los  extremos  entre  la pobreza  y  la riqueza  en aquel país llegaron  a tal punto que  no pudieron  evitar enfrentarse entre    y  cuando  vinieron a darse  cuenta  ya  no hubo  ricos  ni  pobres, sino muertos  y ruinas  por todas partes.

          Juan  Cervera  Sanchís
          México D. F.,  23 Febrero 2011

 

Amanecer de Reyes

Por Juan Cervera Sanchís - 28 de Diciembre, 2010, 23:18, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Por Juan Cervera Sanchís

Él quería seguir creyendo en los Reyes Magos. A sus diez años sabía ya de sobra que éstos no existían, pero... pues, ¿por qué no creer en los milagros?

Benito se fue a la cama con la imaginación rebosante de sueños. Había visto una película en la TV donde sucedían hechos maravillosos. Él sabía que en las películas se daban por hechos lo que en la realidad eran puras fantasías.

Aquella noche...En fin, que se metió en la cama queriendo de creer que al amanecer tendría junto a sí la bicicleta que tanto deseaba.

Benito vivía con su madre, su abuela y dos hermanitas pequeñas en un estrecho y feo cuarto de azotea en la colonia Guerrero de la ciudad de México.

Ignoraba por completo quien había sido su padre, si vivía o ya estaba muerto.

Del padre jamás se hablaba allí. Una vez que se puso impertinente haciendo preguntas sobre el particular, su madre le gritó:

-Niño, cierra el hocico y no hagas preguntas pendejas-. Y tras decirle esto le soltó un manotazo en plena boca.

Desde entonces, Benito, ya no volvió jamás a preguntar por su progenitor. Los niños, que son terriblemente sinceros, en la calle, cuando se enojaban con él no lo bajaban de "hijo de puta".

Él no acababa de entender muy bien lo que le significa aquello de "hijo de puta", pero sentía que era algo insultante.

Él sabía que su madre trabaja hasta altas horas de la noche en el Jardín de San Fernando, ahí a la salida del Metro Hidalgo. Algunas veces no retornaba al cuartucho en toda la noche. En varias ocasiones llegó golpeada y mentando madres y diciéndole a la abuela:

-Es que me tocó un gran cabrón. Ojalá se pudra el maldito.

-¿Y si quiera te pagó? - preguntaba la abuela.

-No chingues, mamá, ¿cómo crees?. ¿Acaso no estás viendo como vengo?

Benito recordaba conversaciones como éstas y pensaba:

"Cuando sea grande buscaré a esos hijos de la chingada y vengaré a mi madre".

Aquella noche, cuando se fue a la cama, su madre no había llegado, lo que era muy natural para él.

Benito soñó y soñó con su bicicleta, que había visto en el escaparate de en una tienda del Centro Histórico.

En el fondo de su corazón sabía que los Reyes Magos no existían, que era un cuento más de tantos como los mayores les cuentan a los niños.

Ya su madre, el año anterior, por esas mismas fechas, la víspera de Reyes, en que llegó de su trabajo encabronadísima, le dijo:

-Hijo, me ha ido de la puta madre estos días, de manera que este año no hay Reyes.

Benito entendió que los Reyes Magos no eran más que la realidad de su madre, quien platicando con su abuela le comentó:

-Con el miedo al SIDA la gente coge menos y este negocio cada vez está peor.

Benito recordaba todo aquello sin entender muy bien nada de nada y así se quedó profundamente dormido.

Apenas amanecía cuando despertó sobresaltado. Oyó ruido y a su madre que cantaba. Seguro que venía embriagada. Los despertó a todos. Su hermanitas comenzaron a llorar, pero su madre les gritó:

-No lloren cabronas, que les traigo unas muñecas y unas bolsas de dulces. Y tú, Benito, aquí tienes tu bicicleta. Yo sabía que querías una bici, ¿no?

Benito saltó de la cama y vio y acarició la bicicleta. No podía creer que todo aquello fuera realidad. Dudó de ella y se dijo para sí:

-Debo estar soñando, ¿no?

Su madre estaba feliz a rabiar y le decía a la abuela:

-Mamá, tú también tienes tus Reyes. Aquí tienes este vestido y unos zapatos.

La abuela estaba feliz, y decía:

-¿Tan bien te fue, hija?

-Sí, muy bien, me bailé en Garibaldi a un gringo que me pagó en dólares. Espero que no sea transmisor del SIDA, ¡Ay, qué miedo!, porque me cogió sin condón. Espero en Dios que no me pase nada.

La felicidad, por lo pronto, reinaba en aquel cuartucho de azotea, donde todo era presente y el futuro no parecía importarle a nadie.

Benito sentía que jamás olvidaría, mientras viviera, aquel amanecer de Reyes


El hijo de sus enemigos

Por Juan Cervera Sanchís - 15 de Noviembre, 2010, 20:08, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Por Juan Cervera Sanchís

Inédito, de su libro: “Narciso frente a su espejo

- - -

Me miro en el espejo retrovisor de mi futuro, ya pasado, desde mi agonizante presente.

Descubro con terror y horror que soy hijo de mis enemigos, que nada de cuanto imaginé ser soy.

Enloquezco. Rompo el espejo. Me acuerdo de antiquísimas tabernas donde los borrachos, rindiendo culto al vino, escupían los huesos de aceitunas y, luego, con la punta de sus botas, los ocultaba debajo de las mesas para no verlos. Los huesos seguían allí.

Sigo yo aquí, fatalmente siendo lo que no quiero ser y tanto combatí inútilmente.

Sí, sí, soy hijo de mis enemigos. Pienso: luego desisto, aunque podría ejercer la venganza de inmediato.

Miro de reojos los alrededores de mi desolación. Veo mi reluciente revólver. Rompe mis tímpanos una ríspida carcajada. Desde el pequeño y siniestro círculo del cañón, mi contrayó me increpa con una desgarrada interrogante:

-¿Qué se hizo de tu imaginaria vocación de suicida?

El silencio se hace plomo en mi lengua. Callo cercado de infinitas cobardías.

Me miro y me miro en el espejo retrovisor de mi futuro, ya pasado, desde mi agonizante presente y me resigno a seguir viviendo con este hijo de mis más encarnizados enemigos, dueño ya de aquel yo que supuse ser y no soy y que, probablemente, nunca fui y nunca seré.

          México D. F.  Noviembre  2010

 

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