Octubre del 2012

Arcadio Poveda. El astrónomo.

Arcadio Poveda se doctoró en la Universidad de California, en Astronomía. Actualmente es investigador titular del Instituto de Astronomía y Director del Observatorio Astronómico Nacional de México. Ha escrito numerosos artículos de investigación y de divulgación en revistas científicas de América y de Europa. Es profesor de la Facultad de Ciencias y miembro de diversas instituciones científicas nacionales y extranjeras. Nació en Mérida, Yucatán el 15 de julio de 1930.

         Con este joven hombre de ciencia hemos querido hoy charlar sobre el apasionante viaje a la luna, entre otras cosas. El viejo sueño de la humanidad está apunto de realizarse. Las fantasías astronáuticas del poeta griego Luciano autor del primer viaje literario a la luna, o del sabio Kepler que también se ocupó del mismo tema en su Sueño lunar, así como posteriormente Julio Verne en su novela De la tierra a la luna, es hoy una realidad visible. La frase de Goddard, padre de los cohetes, viene aquí como anillo al dedo: "Es difícil decir lo que es imposible, porque los sueños de ayer son la esperanza de hoy y la realidad de mañana. Hoy ya es mañana en lo que respecta al soñado viaje a ese arrabal de la tierra tan cantado por los poetas que llamamos luna". Pero vayamos a la conversación.

–Señor Poveda, ¿podría usted decirnos las consecuencias que traerá a la humanidad la conquista de nuestro satélite?

–Esta conquista tiene grandes consecuencias para la humanidad. En el orden cultural nos ampliara los horizontes geográficos. Para el hombre moderno la geografía no termina ya en las Antípodas o en los polos, pues ahora es común considerar los problemas de la exploración del espacio tan natural, como en una época lo era la exploración del Himalaya o de otras regiones apartadas. Esta ampliación cultural alcanza al hombre de la calle y ya es preocupación cotidiana, gracias a los medios de comunicación. Es corriente, al platicar hoy con los niños, ver la naturalidad con que hablan de la luna, de los astronautas y de la exploración de los planetas. El hombre está consciente ahora de que vive, no sólo en la tierra, sino que su casa también el sistema planetario. Desde el punto de vista económico y tecnológico, la exploración de la luna y los planetas ha traído ya muy importantes avances, tales como la comunicación telefónica intercontinental vía satélite que antes, sólo podía hacerse por cables submarinos, los cuales tienen una capacidad muy limitada comparada con esta nueva técnica vía satélite. También el pronóstico del tiempo está experimentando un notable avance, gracias a las fotografías cotidianas y globales producidas por medio de la serie de satélites metereológicos que, desde hace años vienen funcionando. De gran importancia para la economía mundial son los satélites dedicados a la prospección remota de los recursos naturales, tales como recursos marítimos, hidrológicos, descubrimiento de plagas, etc. Si a tan pocos años de haberse iniciado la exploración espacial ya estamos cosechando algunos frutos como los mencionados anteriormente, no se necesita pues una bola de vidrio para predecir que el impacto que tendrá sobre la humanidad esta nueva tecnología será tan revolucionante o más que los grandes descubrimientos, tales como la electricidad o la energía nuclear, por ejemplo.

– ¿Cuáles son los principales experimentos científicos asociados al vuelo a la luna?

–En primer lugar, el recoger muestras del suelo lunar, hasta veinticinco kilos, las cuales serán analizadas exhaustivamente en la tierra para determinar, entre otras cosas, la edad de la superficie lunar así como su composición química detallada y la historia de los agentes que la han conformado. También los astronautas dejarán un sismógrafo en la superficie de la luna, a fin de establecer el grado de actividad sísmica de este cuerpo. Se harán estudios de la composición química del viento solar, que constantemente sopla en el medio interplanetario.

– ¿Podría usted decirnos quiénes fueron los primeros hombres que pensaron en serio en llegar a la luna?

–Es muy difícil decir quienes fueron los primeros hombres que pensaron en viajar a la luna en serio, ya que esto es un sueño que se remonta casi a los albores de la ciencia. Es claro que las fantasías de Julio Verne fueron alimentadas por las ideas científicas que prevalecían en su época. Para un novelista resulta siempre mucho más difícil poner por escrito estas especulaciones que para un hombre de ciencia.

– ¿No cree usted que si el desarrollo técnico que se está logrando no va acompañado de un desarrollo moral semejante, resultará a la postre monstruoso para nuestra humanidad.

–Yo pienso que, en efecto, si no hay tal desarrollo moral no solamente resultará monstruoso, sino fatal, pues la consecuencia de este creciente dominio del hombre sobre la naturaleza puede llevarnos a la destrucción de nuestro medio ambiente, de no existir la suficiente sabiduría para utilizar los poderosos medios que el conocimiento científico está poniendo a nuestro alcance.

– ¿Qué dificultades técnicas supone usted que serán las mayores que encontrará el hombre en este viaje?

–El hombre se está lanzando a la exploración de un medio cuyas condiciones físicas se conocen ya bastante bien por todas las investigaciones que han precedido a este vuelo y son tan violentamente ajenas al ambiente natural del hombre que para llevarlas a la luna, requieren de una tecnología tremendamente complicada. Existen miles de funciones que deben desarrollar las naves, y la falla de cualquiera de ellas resultaría fatal. No siendo yo experto en ingeniería astronáutica, no me es fácil evaluar cuáles son las mayores dificultades. Desde mi punto de vista de mecánica celeste y teoría de control, la maniobra consistente en la separación de Módulo Lunar de la Nave Madre (todo esto en movimiento orbital alrededor de la luna) se me antoja como más difícil de todos los pasos.

– ¿Cree usted en la posibilidad de que haya habitantes racionales en algunos de los planetas de nuestro sistema?

–Sí, la posibilidad es diferente de ser, pero pienso que es prácticamente nula.

– ¿Qué es la luna realmente?

–Eso tratamos de averiguar.

– ¿Cree usted que los astronautas se enfrentaran con más dificultades que los navegantes españoles y portugueses que exploraron América?

–Desde luego que sí, pero ciertamente los astronautas tienen un apoyo técnico para su misión mucho más superior al que tuvieron los navegantes del siglo XV. En la medida de las dificultades de la meta, los astronautas tienen un apoyo superior, pues los navegantes, hay que reconocerlo, estaban completamente solos.

– ¿Cree usted que en los próximos cien años el hombre habrá logrado conquistar la mayoría de los planetas del sistema al que pertenecemos?

–Sí, pero siempre que no nos enfrasquemos en una locura destructora.

– ¿Qué planeta de nuestro sistema solar cree usted que puede ser el más interesante para el hombre?

–Probablemente el planeta Marte, el cual es posible que algún día, ante la incesante explosión demográfica, resulte ser una segunda América.

– ¿Permitiría la atmósfera de Marte la vida del hombre?

–No, en las condiciones actuales, pero no se ve imposible la creación de una atmósfera artificial para Marte liberando el oxígeno aprisionando en las rocas del suelo marciano.

-¿Nacerá un hombre nuevo a consecuencia de esta conquista?

–El hombre es un ser en evolución, nada más que sus varias facetas evolucionan a velocidades distintas. Su evolución cultural evidentemente es más rápida que su evolución biológica y, en este sentido, la exploración del espacio va acelerando la primera. Pero yo no entiendo muy bien su pregunta y todo depende de lo que usted entienda por un hombre nuevo.

–Yo entiendo, por un hombre nuevo, un hombre capaz de mayor responsabilidad, mayor amor a sus semejantes y con un coeficiente mucho más alto de inteligencia del que ahora posee.

–Ah, en ese caso yo no conozco la respuesta.

–Pues dejémoslo ahí. ¿Qué piensa usted de la llamada ciencia ficción?

–Que a veces nos da atisbos del futuro que no siempre el hombre de ciencia se atreve a divulgar.

–Usted es un teórico de la astronomía. ¿Cree que existen seres extraterrestres que nos vigilan o, por el contrario, piensa que todo eso no es más que un cuento de los autosuficientes?

–Pienso que existen otras civilizaciones en el Universo, por otro lado pienso que es mucha presunción de nuestra parte creer que somos tan importantes como para estar siendo vigilados.

– ¿Cómo se estimula en México a los jóvenes para el estudio de la astronomía?

–En el Instituto de Astronomía damos facilidades a los estudiantes interesados en esta ciencia, incorporándolos, en la medida de sus capacidades a los programas de investigación que desarrollamos.

– ¿Hay muchos jóvenes en México que estudian astronomía? ¿No cree usted que en los tiempos que vivimos los jóvenes deberían interesarse mucho más en esta ciencia?

–Claro que sí, porque en la etapa actual el desarrollo científico y tecnológico de la humanidad, no es posible, de ninguna manera, desatender el conocimiento de esta nuestra casa, que es el Sistema Planetario.

– ¿Influyen los astros en el destino del hombre, en el sentido que los llamados astrólogos sostienen?

–No.

– ¿En qué otro sentido cree usted, entonces, que influyen?

–Es evidente que el sol condiciona y determina la vida de nuestro planeta, pero de ahí a lo que los astrólogos quieren hacernos creer hay un verdadero abismo sideral.

 – ¿Cree usted que el hombre está perdiendo su capacidad de asombro, dados los acontecimientos que en el sentido espacial se están desarrollando?

–No.

– ¿Cree usted que antes de haber emprendido el hombre estos proyectos de viajar por el espacio debería haber atendido, en primer término, al conocimiento de sí mismo?

–El conocimiento de sí mismo se puede lograr por muchos caminos. No es claro, por lo tanto, que la exploración espacial de la luna y los planetas puedan perjudicar al hombre en el conocimiento de su propio yo, sino más bien resultará que, debido a ello, el hombre alcance su mejor conocimiento de sí mismo y del planeta que habita.

– ¿Es realmente una obra de amor esta hazaña del hombre o por el contrario, no es más que un afán de ambición, con el objeto de dominar a los demás?

–Yo creo que se trata, por un lado, del amor a la naturaleza y, por el otro, de la pasión que hay en el hombre de hacer grandes realizaciones.

–Y aquí pusimos punto final a la conversación con Arcadio Poveda. La conquista del espacio está en marcha. Ziolkovsky, Goddard, Herman Oberth y tantos otros pioneros de este gran sueño podrán darse por satisfechos. Nosotros esperamos que el hombre tenga la suficiente sabiduría para emplear los poderes que ha conquistado y, como decía León Felipe de la poesía, diremos de la ciencia: Si no vale para hacer mejor al hombre, no vale para nada".                 

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Suplemento Dominical, El Nacional, Revista Mexicana de Cultura, VI época, núm. 26, 27 de Julio de 1969, pág. 1, (Con pseudónimo de Antonio Herrera).

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Imagen: http://www.astroscu.unam.mx/congresos/adela/esp/comite.html

Pilar Rioja o la levedad clarividente

*Imagen: http://www.nytimes.com/2007/08/23/arts/dance/23pila.html

            En los anaqueles, donde los libros aguardan ansiosos unos ojos para echarse a vivir, cuelgan, sin afanes escenográficos, una bata de cola, verde y negra, un traje de gitana, morado, como los lirios de Sierra Morena, y otro de sevillanísimos lunares rojos y blancos.

            En mitad de todo se respira un aire de ordenado descuido. Las cosas parecen no estar en su sitio. Están, empero, en su sitio exacto.

            En un rincón, bajo un ala de sombra, unos dibujos reflejan el tiempo perdido y ganado, paradójico hito, de unos braceados hipnóticos.

            Pilar Rioja nos recibe con esa ligereza de pierna y pie que nos trae a la memoria el andar ligero y postinoso de los pescadores adolescentes de los puertos andaluces. Sonríe lejana y próxima.

            Por allá lejos, distancias sin medida, alguien canta unas sevillanas corraleras. Un estremecimiento de bailes alados me trae al alma los agostos dorados y tórridos de otro tiempo, sudados al pie del búcaro y cautivos de las mecedoras de mimbre. Los enamorados de aquella otra edad cuentan de nuevo estrellas en la alta noche de mi imaginación.

            Pilar Rioja, lo quiera o no, y aunque nacida en Torreón Coahuila, tiene porte de mujer andaluza del pueblo, de aquellas que nacen con la cultura y la gracia en la sangre. Uno se confunde y vuelve a escribir los versos de Luis Rius:

            “Viendo a Pilar Rioja, desconfía,

            duda el geógrafo y se desengaña

            de su sabiduría:

            ya piensa si, en estricta geografía

            no es Torreón la capital de España”.

Mas después de Pilar bien podría serlo, pienso yo. Pero estas cuestiones aparte, dejadas en un ¡que más da!, tras las primeras impresiones nos sentamos frente a frente, y rompiendo nuestras timideces, hablamos. Al fin somos del mismo barro.

–El baile es algo que se trae en la sangre -le digo - ¿Qué antecedentes hay en Pilar Rioja por esas trochas del devenir y culminar en una gran artista del baile como ella?

            Pilar Rioja sonríe, abre sus ojos glaucos con curiosidad ladrona y mordiéndose las uñas comienza  a cazar recuerdos en los campos de su imaginación.

            –De que yo sepa no tengo ningún pariente que haya sido bailador. Pero… Bueno, a mis padres les gustaba mucho la danza. Ellos eran, él de la Rioja y ella de Burgos. Y mi papá fue un gran aficionado al toreo. Fue lo que se dice en España maletilla y dio sus naturales en alguna que otra tienta. Tan era así que le decían por sobrenombre “Belmontes”. Fue un fanático del gran Juan Belmontes.  Pero volviendo al baile, tanto mi madre como mi padre bailaban bastante bien la jota y, en las fiestas, había que verlos poner su alegría con aquel gran entusiasmo por la vida que tuvieron. Y ellos fueron los que me enseñaron a mí bailar lo que sabían antes de que yo echara los dientes.

            – ¿Ya desde entonces querían que fueras bailaora?

            –Tal vez, pues hay una cosa muy curiosa con respecto a mis padres. La mayoría de los padres quieren, mientras sus niñas son chiquitas, que estas hagan gracias y bailen o canten, pero nada más son mayores buscan segarle por completo este tipo de inclinaciones artísticas, sobre todo el baile, por una serie de prejuicios, que por lo menos en mi tiempo eran muy habituales. Como te digo, con respecto a mis padres, eran todo lo contrario, en lugar de desviar mi vocación, mientras yo crecía, más y más me la incrementaban. Ni qué decir tiene que el baile desde entonces era para mí la vida misma y, aparte, ellos, hermosa coincidencia, insistían ayudándome en todo a que continuara desarrollando mi vocación por él. Tan fue así que te voy a decir algo muy interesante: mi padre tenía un pequeño rancho allá en Torreón y un día, para que yo me pudiera ir a estudiar a España, lo vendió. Te lo digo todavía con emoción.

            Pilar Rioja guarda silencio. Las sevillanas corraleras llegan más intensamente a mis oídos. El traje de gitana, el de los lunares rojos y blancos… Me acuerdo de una novia lejana. Y los recuerdos a ratos pesan y hay que aligerarlos. Le pregunto para salir del ensimismamiento:

            –Y allá en España, ¿Quiénes fueron tus maestros?

            –Estudié en Madrid y tuve en el baile “jondo” un maestro extraordinario.

            – ¿Cuál?

            – Ná menos que al “Estampío”.

            El Estampío, pensamos y recordamos. Otra vez los recuerdos: “Memorable” y único, como un blasón ejemplar, casi olvidado de él mismo a fuerza de sentirse solo, y que fue en su tiempo el más cabal y permanente conservador de toda nuestra tradicional pureza “jonda”: Así hablaba del “Estampío” hace algunos años el poeta Caballero Bonal, cuando el gran viejo ya no era más que una sombra de cuanto había sido ese gran bailaor, que fue uno de los maestros de Pilar Rioja. Al verla bailar se entienden muchas cosas, que aquello de la ciencia infusa no es más que cuento.

            –Sí, con El “Estampío” estudié el baile “jondo”… Luego estudié la danza bolera del siglo XVIII con el maestro Ángel Pericet, con el padre, pues tiene un hijo del mismo nombre que anduvo por la Argentina. Los Pericet representan una antigua y sabia tradición familiar en esto del baile de mucho tronío. Allí en Madrid pasé dos años estudiando con pasión enamorada. Regresé a México y tras pasar aquí un poco tiempo retorné a España y estudié con Regla Ortega. Aquí en México también he tenido estupendos maestros como son Oscar Tarriba y Manolo Vargas.

            – ¿Y todas estas innovaciones hechas con la música barroca cómo se te ocurrieron?

–Esas ideas no fueron mías. Todo esto de la música barroca que yo hago se lo debo a un arquitecto español, ya fallecido, y que fue muy amigo de León Felipe: José Domingo Samperio, un hombre que podía dar cátedra de baile español, el más pintado. Según me contó Samperio él tenía estas ideas desde antes de la guerra civil española, pues él era muy amigo de Federico García Lorca y del maestro Manuel de Falla y tenía interés en la música y el baile. Quiso hacer lo que hizo conmigo con la Argentinita, la guerra se lo impidió. Aquí en México yo tuve la suerte de conocerlo, hablamos y logré ejecutar su idea, esto que él denominó exactamente “El arte del Danzado a la Española con Castañuelas en Concierto”, que ahora tanto gusta. Era como revivir juntos con Domenico Scarlatti, Arcangelo Corelli, Soler, Casanova, Gallets, gentes de la música, ballet, danza y ópera.

–A propósito de Samperio, murió en Málaga ¿verdad?

            –Sí, y yo acababa de estar con él. Recuerdo que la noticia de su muerte me estremeció en Madrid. Murió el 10 de octubre de 1968.

            –Creo que fue José Greco quien dijo algo así: “Y después que no me vengan a mí con el cuento de la suerte”. Se refería a la enorme entrega que el baile le exigía.

– ¿Aparte de traer “eso” –duende, ángel o como se le quiera llamar –cuántas horas dedica Pilar Rioja a su arte?

            –Todas. Realmente así podría decir -y sonríe-. Mira, yo hago hora y media de barra, o sea, danza clásica, pues creo que la danza clásica es básica para bailar luego lo que sea. Con ella se aprende a hacer piruetas, a tener equilibrio, a saltar… Hablo de la danza clásica de media punta. Esto lo hago en la mañana temprano y me sirve de calentamiento. Después de esto estudio con la pianista las sonatas: el vito, las jotas… todo lo que sea piano. Y ya son tres horas de vivir para el baile. Más tarde otra hora y media de guitarra… Y siguen ejercicios de castañuelas… Descanso el domingo.

            En esto del baile, como en todo lo importante de la vida, hay que estar siempre estudiando. Yo sigo tomando clases. Ahora, mi maestro Manolo Vargas, me ha puesto unas “soleares” y unos “mirabrás”.

            – ¿Pero también das clases?

            –Sí, tengo algunas alumnas. Para alcanzar la perfección, o por lo menos acercarse a ella, hay que enseñar y aprender, pues de todos aprendemos. El maestro aprende del discípulo, no se crea que nada más es el discípulo el que aprende del maestro.

            – ¿Hay muchas jóvenes interesadas en el baile español en México?

            –Bastantes. Y de ello podría hablarte, mejor que yo, mi hermana Milagros que es una excelente maestra y es quien está entregada al alumnado. Yo tengo que andar saliendo y…

            Llega Milagros, que es muy joven, y nos saluda. Luego desaparece. Allá en el estudio siguen cantando y bailando Sevillanas corraleras. Dos jóvenes con vocación por el baile entran en nuestro círculo de libros, bata de cola y trajes de gitana. Son Pilar Medina, con el perfil agitanado y Matilde Souto, nieta del pintor Souto e hija del escritor Arturo Souto. Curiosas nos escuchan y yo, andaluz parlanchín, les pido que me echen una manita en el trabajo de conversar con Pilar Rioja, ellas deben conocerla muy bien y deberán tener preguntas inteligentes que hacerle. La chica con aíre agitanado -Pilar Medina -le plantea esta pregunta:

            – ¿Yo le preguntaría qué es ella misma dentro de la danza?

            –Sin la danza Pilar Rioja no sería nada -responde la señora del duende y dueña y señora de la levedad clarividente.

            Y hablamos de que los planetas danzan al ritmo de la noche y del día; de que danzan las aves; de que danzan los peces, los insectos… de que el universo es una danza cambiante y mágica.

            Matilde Souto, que apenas tiene dieciséis años, está interesada en saber  si Pilar Rioja en cada danza expresa un sentimiento distinto.

            –Sin duda -responde la maestra con una sonrisa comprensiva.

            Pilar Medina, de repente nos dice: 

–Yo le digo un secreto: A Pilar hay que verla poco a poco y luego…

Matilde Souto nos dice:

–Al verla bailar yo me siento seducida por su mano, por su tobillo. Y a veces un gesto, una sonrisa suya, su mirada...

Y nos acordamos de aquello que se decía de Antonia Mercé: que bailaba con los ojos “centrando en ellos toda la penetración femenina y sugestión de su movimiento corporal”.

Pilar Medina añade:

–Aquí es tímida, pero cuando sube a un escenario se desenvuelve de tal manera que es la Pilar integral que es ella.

            Por nuestra memoria revuelan los versos de Rius:

            “Podría bailar

            en un tablado de agua

            sin que su pie la turbase,

            sin que lastimara al agua”

            Cae un silencio sobre nosotros, Pilar Rioja lo rompe al decirnos:

–Siento que mi casa es el escenario. Me siento mucho mejor allá arriba que acá abajo.

            Y hablamos del artista, donde nos ha llevado Pilar Medina, y parecemos estar de acuerdo en que el artista puede no ser padre, no ser esposa o esposo, no ser amigo; no puede ser esto o aquello, pero por nada del mundo puede dejar de ser artista, porque entonces no sería absolutamente nada. Nada sería Pilar Rioja si no fuera bailarina, pensamos nosotros.

            Pilar y Matilde se despiden. La hora de clase es sagrada y ellas quieren ser lo que ya sueñan, lo que admiran en la maestra.

            El baile, el baile. Pilar Rioja nos contesta:

–En mis programas yo bailo de todo. Si no bailo de todo no me siento completa. Empiezo con sonatas. Ya sabes, el fandango de Boccherini, sigue el vito de infantes. Las sevillanas boleras del siglo XVIII, los tangos del Piyayo, pero, de corazón te lo digo, con el flamenco, con el “jondo” es, de pura ley, cuando llego al clímax. Yo necesito bailar “jondo”, ahí pasa algo que no pasa con ninguno de los otros bailes. Se acerca una al no sé qué y como que se orillan y casi se palpan todos los misterios.

            –Y bien: Es cierto lo que aseguran los “cabales” -hablo de lo “jondo”- ¿que el baile se baila desde dentro, para uno mismo y para exteriorizar algo que nos martiriza o deleita?

            –Principalmente yo bailo para mí. Y sucede algo: si de verdad está una bailando para una eso trasmite algo muy profundo y entonces el pueblo está con una. Se da la comunión.

            Un aíre inesperado mueve la bata de cola verdinegra. Pilar se pierde en bailes imaginarios. Sonríe desde lejos como a veces leemos en sus labios, cual si estando junto a nosotros ya no estuviera. Y le preguntamos:

– ¿Estás de acuerdo con nosotros en que la verdad del baile no se puede aprender en ninguna academia?

            –Totalmente. La técnica no es más que el medio para expresar algo muy interior, muy de una. Pienso que hay que olvidarla, en cierta manera, para bailar de verdad, de lo contrario… Sí, es cierto el genio no se aprende.

            – ¿Qué es lo más difícil para ti cuando sales a un escenario?

            –Sabes que pienso yo qué es lo más difícil que hay en un escenario: caminar, plantarse, levantar los brazos.

            – ¿Qué pasa dentro del que baila, allá arriba?

            –Hay una transformación. Y si no se llega a esa transformación es que no ha pasado nada. Hubo pantomima, gimnasia, pero baile no. Pero esa transformación, ese éxtasis, desgraciadamente no siempre es posible, es algo así como si no dependiera del todo de nuestra voluntad. Y aquí nos acercamos y topamos con el misterio. El baile es un misterio, como la misma vida.

            – ¿Es, en esos momentos, como el descubrimiento del amor?

            –Sí, creo que sí, y también, para mí, como la muerte. Me preocupa mucho la muerte. Hay veces que me obsesiona. Le tengo un miedo enorme. Los momentos más importantes de mi vida están relacionados con la muerte, en especial la de mi padre, que fue algo sin nombre. Ahora mismo que te hablo de ella me vuelvo a estremecer. Recuerdo que llegué a sentir aquello que decía Miguel Hernández de escarbar la tierra para reencontrarme con mi muerto. Y aquella impotencia frente al hecho… Es terrible, es terrible. La muerte de mi padre me dio rabia, me llenó de desesperación. Fue una muerte repentina. Con mi madre fue distinto. Ella padeció una larga enfermedad y cuando sentí su muerte me dio ternura. La muerte es una constante en mí, y pienso en ella siempre. No entiendo y no entender es angustioso. Quizá por eso crea en lo mágico, y, de repente sea supersticiosa, pienso que todo eso -magia y superstición- me aclaran algo del misterio, aunque la realidad sea que la confunden más a una todavía. ¡En fin!

            Busco cambiar de tema. Pilar Rioja está nerviosa. Le hablo de bailes antiguos: la zarabanda, la chacona, el escarramán. Ella me dice que le gustaría bailar, si consiguiera la música, la zarabanda y que bailó la chacona. Y de aquí pasamos a los bailaores y bailaoras que a Pilar Rioja le han hecho temblar:

–Son varios –nos dice- El “Estampío” era imponente. Y Manolo Vargas, a quien vi antes de salir de México, me impresionó de tal manera que aquella primera vez que lo vi ya no le he podido olvidar. También Antonio Gades me impresiona. Y no se diga Carmen Amaya, que es cosa aparte, pues como ella nada más que ella ha podido bailar. No es posible imitarla. También recuerdo a Regla Ortega, cuando tomaba clases con ella, no la vi bailar en público, pero le vi cosas extraordinarias en su estudio. Era una mujer con un duende increíble.

            – ¿Qué cree que ha aportado al baile Pilar Rioja?

            –Hombre, te contaré. Cuando vino Samperio a decirme lo de las castañuelas con la música barroca a mí me pareció muy bien, pero le dije que aparte de tocarlas yo quería bailar. A él le pareció muy bien. Pienso que esto fue una aportación. Yo tomo pasos de la escuela bolera y también le pongo el braceo de la escuela bolera y flamenco. Los pasos, por ejemplo, de la escuela bolera son pasos de ballet, pero no hay que bailarlos exactamente como lo hacen los bailarines clásicos, sino con el toque español, cual debe ser, pues no está una bailando ballet clásico sino español.

            –Y a propósito, ¿cómo definiría Pilar Rioja el baile?

            Pilar Rioja sonríe, silba, se muerde las uñas y exclama:

– ¡Ay! ¿Qué será? Ya me pusiste en un gran apuro. Yo no sé definirlo, la verdad, pero hay gentes que si saben decir cosas muy bonitas sobre lo que es la danza, por ejemplo recuerdo que Marcelle Vourgart decía: “La danza es la más humana de las artes, pues en ella se unen el espíritu y el cuerpo al servicio de la belleza”, pero… Y Pilar Rioja nos sonríe y nos mira con asombro desde sus ojos glaucos.

            Finalmente me cuenta que acaba de llegar de Rusia donde actuó en numerosas ciudades, en donde filmó un programa de televisión, donde bailó y bailó. También nos habla de cuando estuvo en España, en Canadá, en Estados Unidos, en Centro América y que piensa ir pronto a Sudamérica, que ya ha estado en Colombia. De repente, nos manifiesta que la televisión rusa es estupenda. Hacen unas tomas extraordinarias, nos dice que en eso son maestros.

            – ¿Y qué teatros son los que más impresionan a Pilar Rioja? 

            –Bellas Artes, La Zarzuela y las grandes salas de conciertos de Leningrado y Moscú. Me ponen muy nerviosa, pero siento que es bueno, porque eso me ayuda a superarme.

            Se escuchan ahora de nuevo Las sevillanas corraleras y Pilar nos ilustra:

Las sevillanas son un baile básico para la danza española. El braceo de las sevillanas es muy rico y muy bello. A mí me encantan.

            Y escuchando sevillanas corraleras nos despedimos de Pilar Rioja, intérprete a la altura del que más de la danza española, del baile “jondo”, y mujer clara y sencilla que nos recuerda, por es su estampa, a las mujeres -del pueblo -que acuñaron nuestra infancia andaluza.

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Suplemento Dominical, El Nacional, Revista Mexicana de Cultura, VI época, núm. 377, 25, Abril de 1976, pág. 4

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Manuel Rodríguez Lozano. Genio de su siglo y de su raza.

                                                       
                                            

"Manuel Rodríguez Lozano, alza la cabeza, como las llamas, por sobre las dos o tres canalladas serias que le ha hecho la vida, y domina con los ojos las puntas de la hierbas". Así se expresaba Alfonso Reyes al referirse a Rodríguez Lozano.

Andrés Salomón, francés universal, dijo de él: "Rodríguez Lozano, apasionado, pero lúcido. Ferviente inventor de signos plásticos; de cifras que fijarán en constelaciones espirituales el genio de su siglo y de su raza".

Con Rodríguez Lozano, que a los veinte años ya era famoso y que quizás por eso, más que por otra cosa, muchos no lo han sabido perdonar, platicamos hoy, en unión de su amigo Gilberto Rivera Jiménez, de profesión plomero. Los amigos del gran pintor son en su mayoría gentes sencillas, pues entre las gentes del pueblo, es donde él se siente más a gusto, aunque tenga amigos en todas las esferas sociales. Tras consumir varios cigarrillos en charla informal, dimos comienzo a nuestra conversación, no menos informal, porque entre amigos no es posible hablar de otro modo. La formalidad es como un guiso sin sal, y eso se queda para aquellos que gusten de las cenas que sirven en los homenajes, y aquí, nosotros, estábamos gozando de una merienda de cabreros en mitad de la sierra. Esto es, pues, otra cosa.

–Bueno, voy a empezar a escribir, Manuel. Hábleme de su pintura, de lo que quiera y como quiera.

–Yo soy el mismo siempre como pintor, como escritor, como educador y como hombre: vertical. Mi pintura es la única pintura mexicana que hay. Vamos a ver, ¿usted cree que sus glándulas pueden estar segregando constantemente? Pues bien, Diego Rivera se pasaba la vida pintando kilómetros y kilómetros sin detenerse siquiera a respirar. ¿Cree usted que uno puede expresar un sentimiento sin parar? La vida en cualquier orden, al recibir una impresión, necesita un proceso de gestación interior para luego devolverla como obra de arte. Y Orozco, que es el mejor de ese disparate llamado "Los tres grandes" –cuando en arte no hay grandes ni chicos, solamente hay arte –, cuando no era académico y dejaba de hacer caricatura, imitaba a Toulouse Lautrec, auque sin llegar nunca a la finura y la gracia de éste. Va a Europa y se vuelve, ¡hágame usted el favor!, expresionista. ¡Expresionista un pueblo introvertido como el nuestro! Eso es más que imposible. De ahí que ni uno ni otro sean México, porque el pintor, así lo entiendo yo porque así debe ser, es la voz viva de su pueblo, y debe cantar, llorar, injuriar poéticamente con él y por él, porque la pintura es un lenguaje poético o no es nada.

–Y bien ¿cómo ve usted el panorama pictórico mexicano?

–Yo tengo un cuadro que está en el INBA y que se llama Los rebeldes con causa. La causa es la siguiente: cuando yo era chico mi familia me decía: "Hay que estudiar, hay que hacerse un porvenir". Al terminar la primera guerra mundial, se decía: "Hay que pensar en el mañana". Finalizada la segunda: "Hay que pensar en el instante", y como la juventud no sabe cuándo nos va a llevar el "Diablón", piensa, y con justa razón, que para qué estudiar y para qué hacer nada, si ignoramos a qué hora nos vamos a ir al abismo. Además, si los valores actuales son el Ratón Macías, el Alacrán Torres, etc., ¿para qué hacer nada que valga la pena, si a bofetadas y a trancazos es como se gana el honor y el dinero? Mire usted al cantante Raphael se le van a pagar seiscientos mil pesos; Ana Luisa Pelufo gana cien mil mensuales… La reflexión tiene que ser por fuerza: ¿Para qué me ocupo de hacer obras de arte, si ello no cuenta en lo más mínimo? Por eso, entre otras cosas, yo veo que nuestro panorama pictórico está perdido. Y es lógico, hoy día se pinta con las orejas, con la boca y hasta con las nalgas. Y en este caos en que vivimos es natural que no pueda hacerse lo que verdaderamente es pintura.

–¿Y hacia dónde cree usted que va la pintura mexicana?

–Hacia el drenaje. Mire usted, la pintura española es universal por ser española; la italiana por ser italiana; la francesa, no la de París, por ser francesa. ¿Cómo, pues, es posible hacer pintura mexicana imitando los "ismos" de Europa?

– ¿Cómo definiría usted el arte?

–Te voy a contar una anécdota que le sucedió a mi amigo Pablo Picasso. Pues bien, resulta que un día llegó a la casa de Picasso, estando yo allí, Elena Errazuri y, al ver un cuadro de Pablo, le dijo: "Ay Pablo, me gusta ese cuadro que tienes ahí, pero la verdad no lo comprendo".

Pablo Picasso me miró y, tras sonreírse, se dirigió a Elena para decirle: "¿Te gustan las ostras, Elena". "Me encantan". "¿Las entiendes?" Esta es la anécdota, amigo mío. Pero me resta decirte algo más: El arte es universal porque el verdadero artista trabaja sobre los invariables humanos. Hijos de p… hay en China, en Norteamérica, en Rusia, en España, en México…En todas partes hay gentes crueles, mezquinas, generosas, buenas, en fin, en cualquier parte del globo se encuentran todos los defectos y todas las virtudes humanas en potencia y, cuando el artista trabaja sobre esos elementos sinceramente es cuando de verdad da en el clavo.

– ¿Cree usted que la pintura moderna ha superado a la antigua?

–Categóricamente, no. Porque no es pintura lo que se hace hoy. Yo, en un ataque que le hice a mi gran amigo Picasso, le dije: "No sé por qué impotencia este mundo moderno, cuya cultura maravillosa ha realizado las más grandes obras, los escritores no inventan un nuevo abecedario para escribir bla, bla, bla, que sería el equivalente de sus abstracciones".

–Nadie hasta ahora nos lo ha dicho, de entre los pintores a quienes se lo hemos preguntado: ¿Cómo conserva usted sus pinturas?

–Colgadas en la pared.

–Bueno, seguimos en las mismas. Vamos a otra cosa, ¿podría usted decirnos dentro de qué corriente está su quehacer pictórico?

–Me consideran en todas partes del mundo cómo el clásico impar. Dicen que Goya viene de Jacobo Robusti "Tintoretto", Rafael y Miguel Ángel, de Piero de la Francesca… Yo no vengo de nadie, yo sólo vengo de mi pueblo.

–De no ser pintor ¿qué le gustaría a usted ser?

–Amigo mío, yo soy lo que nací y nada más, y nadie puede ser otra cosa que lo que es. Yo soy, y es bastante.

– ¿Qué color prefiere usted?

–Yo inventé mi paleta: negros que son negros, blancos que son blancos, rojos que son rojos…

–Cambiando de tema, ¿puede decirnos usted que es el amor?

–El amor es como todo: pasajero, pero mientras dura, y cuando es verdadero, es una entrega completa.

 – ¿Se ha enamorado usted muchas veces?

–Sí, varias; pero yo nunca vivo de recuerdos; lo que viví, ya lo viví, y lo que me interesa siempre es lo que estoy viviendo. Pero hablamos del amor y quiero contarte algo que cierta vez le dije al doctor Gregorio Marañón. Es un cuento que yo titulo "La paloma y el pescado". Un día, hablando con el mentado doctor, muy amigo mío, le plantee este problema diciéndole: "Don Gregorio, ¿cree usted que una paloma y un pescado podrían amarse y realizar su amor? ¿Cree usted que la paloma no se ahogaría si bajase a las entrañas del río o que el pescado no se asfixiaría si intentase salir del agua en busca de la paloma? Y si dos seres perfectamente constituidos sólo se aman en una mínima parte, ¿cree usted que dos seres que no son realmente iguales lograran de veras amarse?" Espero que usted me entienda, amigo mío. Piense, piense y verá que la angustia del hombre es precisamente la soledad.

–Lo entiendo y espero que mis inteligentes lectores también lo hayan entendido. Hábleme ahora de la vida, ¿qué piensa usted de la vida?

–La vida… Yo tenía diecisiete o dieciocho años y estaba en París. Trataba a Joyce, el autor de Ulises y a todos los genios de Europa. Ellos hablaban y hablaban de los libros que leían; yo siempre estaba callado porque no había leído ninguno de aquellos libros que allí se comentaban. Un día me dije: Leeré todos esos libros y los leí, y supe que en ningún libro podía aprender lo que yo quería saber. Por eso me pregunté: ¿si no me entiendo con mi familia cómo me voy a entender con los libros? Y dejé la lectura. Luego reflexionando más y más, me volví a preguntar: ¿Qué es lo que me interesa de verdad? La respuesta fue esta: La vida, que es lo único que tengo. Y me dediqué a vivir la vida, que es como un río donde se reflejan los árboles, los pájaros, hasta que llega al mar, que es el morir. Por eso creo que el que pierde el tiempo, pierde la vida. Y, sin embargo, hay gentes que no tienen para unos calcetines y están soñando con un coche de lujo. Esto es un derroche inútil y absurdo de tiempo, es decir, de vida.

– ¿Qué opina usted de la agresividad?

–Mire usted, las gentes llaman agresivo a todo aquel que dice la verdad; porque todo el mundo suele enmascararse.

–Usted, que es un gran aficionado a los toros, díganos, ¿qué es el temple?

–Templar es ajustar la velocidad de la bestia al ritmo que van marcando el capote o la muleta. Templar es dibujar. Dibujar es templar las formas: la sensibilidad hecha inteligencia.

– ¿Y qué es para usted el arte de torear?

–Torear es pensar con la sensibilidad: el más leve error ocasiona la muerte.

– ¿Qué piensa usted del torero?

–El verdadero torero torea para las estrellas: el público no cuenta.

– ¿Y cómo ve usted, aficionado viejo, actualmente la fiesta?

–La fiesta está perdida.

–Bueno, ahora yo deseo que Gilberto Rivera Jiménez, plomero de profesión, aquí presente, sea el que siga interrogándolo. ¿Lo permite?

–Cómo no, es un gran amigo.

–Pero, hombre –dice Gilberto –, yo qué sé de estas cosas.

–Estamos aquí en plan de amigos, Gilberto, olvide usted que voy a escribir lo que usted pregunte, y pregunte.

–Bueno, le haré una pregunta o dos, como más, al maestro Manuel, ¿por qué le gusta a usted vivir así?

–Porque soy consecuente con mi manera de vivir y de pensar, Gilberto.

Luego, Manuel Rodríguez Lozano se dirige a nosotros y nos dice:

–Gilberto es un gran amigo, y además un obrero extraordinario; en él confirmo a cada rato esa maravilla que tiene nuestro pueblo para realizar todo lo que hace con unas manos de prodigio. 

–Bien, Gilberto, déme usted ahora su opinión sobre el maestro, olvidando, claro está, que él está aquí presente.

–A mi entender, Manuel es muy buena gente; es un hombre sencillo que acepta y da su amistad a cualquier clase de gentes y primordialmente al pueblo que es de donde yo vengo, como usted ve.

Y aquí encendemos otro cigarrillo. Gilberto, amable, nos da fuego a Manuel y a mí. Rodríguez Lozano nos cuenta ahora un cuentecillo andaluz:

–Os voy a contar un cuento muy gracioso:

Una vez, un gitano venía por un camino con un burro robado. En una vuelta del camino, se encontró con un pintor que estaba pintando un paisaje. Al ver aquello, se olvidó de que los guardias podían salirle al paso y se acercó al artista. Lo miró de arriba a bajo y, sin saber lo que allí pasaba –el pintor apenas si había dado comienzo a su pintura, dijo acercando a su burro: "Josú lo que inventan los hombres "pa" no trabajar. Yo al menos me juego el tipo".            

  Gilberto y yo nos reímos. Pero se ha hecho tarde. Se nos ha ido el día volando. Son las cuatro de una tarde soleadísima y polvorienta. Manuel Rodríguez Lozano vive cerca del Puente de Alvarado. El polverío es tremendo, con las obras del * "Metro". Nos despedimos de él, le decimos hasta luego, pero antes, como si el polvo que entra por la ventana refrescara nuestra memoria, le recitamos a Rodríguez Lozano una décima de las que Alfonso Reyes le hizo:

"Insobornable pincel,

certero como florete,

y que nunca se somete

ni al oro ni al oropel:

tal ha sido y tal es él,

Manuel Rodríguez Lozano,

buen pintor y buen hermano

en su arisca soledad,

porque lleva la verdad

en el pulso de la mano".

 

–No se imagina usted lo que me ha hecho sentir con esa décima –nos dice con los ojos nublados –. Yo no pinto desde que Alfonso murió en 1960.

Los tres guardamos silencio.                   

 Y cuándo ya me he puesto en pie para levantarme llega Humberto Santos, director de un grupo de damas modernas, y como si hubiera adivinado todo lo que pasaba le pregunta al maestro:

-      ¿Por qué ha detenido usted su obra, maestro, si habemos muchos jóvenes que deseamos ver más?

–Porque a mí, como a mi pueblo –dice con amargura Rodríguez Lozano –las clases dizque privilegiadas no nos han hecho más que puras bajezas.

Y aquí dejamos al maestro que con Gilberto sale a despedirnos a la escalera, a esa escalera raída, con cavernas de país subdesarrollado, que hay que subir para llegar a su casa y, cuyo barandal de madera, como del piso huye la mano por miedo a que se astille. Al subir no nos percatamos muy bien de esto, pero al bajar, bajamos pensando muchas cosas, al mismo tiempo que observando aquella entrada horrenda que lleva al cubil donde habita uno de los más grandes artistas de México.

*    

Suplemento Dominical, El Nacional, Revista Mexicana de Cultura, VI época, núm. 13, 27 de Abril de 1969, pág.5

*

Imagen: http://champy-decomalaamacondo.blogspot.mx/2009/08/manuel-rodriguez-lozano.html


Juan Rulfo. La grandeza de la sencillez.

                                                               

 Imagen de http://eltallerlags.blogspot.com/    

Corría el mes de junio de 1968 cuando tuvimos la oportunidad de conversar con Juan Rulfo en el Instituto Indigenista donde trabajaba en un estrecho cubículo. Ahí, no sin cierta dificultad, nos hizo espacio e instaló una silla para que pudiéramos ir tomando nota de sus respuestas a nuestras preguntas, con un humilde bolígrafo, en una modesta libreta. Así solíamos trabajar los periodistas en aquel tiempo.

         Hablamos y hablamos largo y tendido, como si de repente nos hubiésemos convertido en dos viejos amigos.

         Ello, tal vez, debido a que yo le recordé su nombre de pila: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Vizcaíno, lo que le cayó en gracia, al tiempo que le hacia hincapié respecto a Juan Manuel de Rulfo, su primer ascendiente en México, quien viviera, durante la época virreinal, en Querétaro.

         A renglón seguido le refresqué la memoria dándole una fecha: 1936, y él subrayó:

–Sí, fue cuando llegué a México a vivir en la casa de mi tío, el capitán David Pérez Rulfo. Por cierto que fue gracias a él que decidí usar mi seudónimo literario.

         Le recordamos también aquella mañana a Juan Rulfo sus días de fotógrafo artístico y sus tareas como agente de migración, así como su niñez en Sayula, su juventud en San Gabriel y Tonaya y la publicación de sus primeros cuentos en la revista Pan, lo que sin duda nos lo agradeció, mientras que, ofreciéndonos un cigarro, me dijo:

–Veo que se ha informado bastante bien sobre mí. Pregunte lo que quiera. Nosotros entonces le preguntamos:

         ¿Cómo ve el panorama literario nacional?

–Creo que actualmente hay un movimiento joven que está presionando bastante y que se distingue mucho de la generación anterior.

– ¿Por qué causas?

–Por su actitud y por su fuerza. Al mismo tiempo tiene la virilidad de contener un aspecto de rebeldía a lo que se hacía antes, aunque he de advertir que ese movimiento es general en Latinoamérica.

– ¿En qué se fundamenta para hacer esta afirmación?

–Porque yo acabo de recorrer la mayoría de los países del hemisferio recientemente y así lo he constatado.

–Centrándonos en México: ¿Hacia dónde va la literatura mexicana?

–No sabemos. Es imposible saberlo. A veces son flamazos que duran lo que dura una moda. Uno sabe que hay muchas personas con talento entre los jóvenes, pero existe un peligro evidente.

– ¿Cuál es ese peligro?

–Son muchos los que se pierden por causa de la facilidad de publicar que hay hoy.

– ¿Antes no era así?

–No, de ninguna manera. Antes no era nada fácil publicar. Sin embargo, aquella dificultad de ver nuestros libros impresos nos hacia bien. Por ejemplo: yo recuerdo que las primeras cosas mías, que vieron la luz en la revista Pan, en lugar de cobrar teníamos que pagar nosotros. Hoy es distinto, por lo que repito: la facilidad no es buena para nadie.

–De acuerdo. ¿Qué autores jóvenes mexicanos destacaría?

–A Carlos Fuentes. Él es la base de toda la literatura joven actual en México. Todos quieren ser como él. Pero no es fácil, ya que Fuentes, cuando comenzó a escribir poseía una cultura muy amplia. También hay que destacar a Salvador Elizondo, autor de Farabeuf. Elizondo es un hombre de gran talento, firme vocación y con una visión extraordinaria de las profundidades del alma humana. Tampoco hay que olvidar a Fernando del Paso ni a Sergio Galindo. Son dos grandes escritores.

–A su juicio, ¿qué autor mexicano vivo considera merecedor del Premio Nobel? –Vivo a Octavio Paz y, si viviese Alfonso Reyes.

– ¿Piensa que la literatura mexicana ha superado ya su etapa nacionalista y puede, en este tiempo y esta hora, tomar carta de ciudadanía universal?

–Yo pienso y creo que la literatura es buena o mala, y ya está.

–De entre los novelistas y narradores más jóvenes, ¿a quienes considera con mayor porvenir?

–A José Agustín, tiene gran talento, aunque todavía no se refleja en su obra, a Raúl Navarrete, muy poco conocido, pero en quien yo tengo fe, y a Eraclio Zepeda. Pero he de señalar que hacen aún literatura de adolescentes para adolescentes y creo que esa literatura no podrán conservarla siempre.

–Y díganos, ¿cómo ve la poesía mexicana?

–Latinoamérica está empedrada de poetas. En México, si, cómo no, tenemos muy buenos poetas. Paz al que ya he mencionado y que es nuestro más grande poeta actual. Otros destacables son: Jaime Sabines, Marco Antonio Montes de Oca, José Emilio Pacheco, prosistas además, Rubén Bonifaz Nuño y José Carlos Becerra. Este último es el más joven de todos ellos y yo creo que es una voz nueva, distinta. En fin, creo que la poesía mexicana está en un buen momento. Y va a más.

– ¿Y cómo ve el panorama general de la literatura latinoamericana?

–La literatura latinoamericana tiene "ahorita" una gran fuerza. Basta nombrar a autores como Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, José Lezama Lima, cubano, Arturo Uslar Pietri, José María Argueda, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Mario Benedetti, José Donoso, Enrique Buenavista… y tantos otros. Ciertamente está en un momento de gran esplendor.

– ¿Y cómo ve la literatura española actual?

–Yo creo que la literatura española actual tiene muchos valores, de entre ellos valga mencionar a Juan Marsé, Camilo José Cela, Rafael Sánchez Ferlosio, y Miguel Delibes.

– ¿Cuál fue su primer libro y en qué fecha apareció?

–Mi primer libro fue El llano en llamas. Vio la luz el año de 1953.

De nueva cuenta Juan Rulfo me ofrece un cigarrillo. Se hacía necesaria una pausa. Miramos los dos hacía la ventana mientras nos envuelve el humo y el silencio. De repente le pregunto:

– ¿De cuánto ha escrito hasta ahora que es lo que piensa y siente, que ha sido lo mejor o, en su caso, lo que más le gusta a Juan Rulfo?

–Hay un cuento titulado "¡Diles que no me maten!" Ese cuento…

Y Juan Rulfo calla, fuma y se queda por unos instantes ensimismado. Le pregunto de nuevo:

– ¿Qué libro que no ha escrito, de la literatura universal, le hubiera gustado escribir?

Salka Valka, de Halldor Laxness.

–¿Podría decirnos cuáles son sus autores preferidos?

–Cómo no: Joao Guimaraes Rosa, Carlos Emilio Gadda, Cesare Pavesse, Albert Camus, Jean Guono.

– ¿Qué recomendaría a un joven con vocación literaria?

–Leer, leer, leer.

La respuesta es tajante ¿Cómo no tenerla en cuenta?

Y le hacemos nuestra última pregunta:

– ¿Cuándo veremos en los escaparates de las librerías ese libro que nos tiene anunciado con el título de La cordillera?

–Ese libro era una novela en la que yo estaba trabajando, pero la he suspendido. Ahora estoy escribiendo una serie de narraciones para publicar a finales de este año (1968) con el título de Dios sin floresta.

Sí, él nos lo dijo: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Vizcaíno, es decir Juan Rulfo, nieto de Juan Nepomuceno Pérez Franco y Mónica Jiménez, quienes engendraron al padre de Juan, también llamado Juan Nepomuceno, y bisnieto a la vez de Lucas Vizcaíno, padre de Carlos Vizcaíno, quien contrajera matrimonio con Tiburcia Arias, descendientes de familia andaluza y abuela materna de Juan Rulfo, padre de dos libros Pedro Páramo y El llano en llamas.                                                   

*

Suplemento Dominical, El Día, El Gallo Ilustrado, núm. 312, 16, junio 1968, p. 2

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