Agosto del 2012

HTEBAZILE

Por Fabián López Jiménez - 23 de Agosto, 2012, 19:25, Categoría: VERSOS LIBRES

Sí,

tuve ganas

de morir

cuando olvidé

tu nombre.

También

tuve ganas

de morir

cuando tu sonrisa

se difuminó

en mi arco iris.

De morir tuve ganas

cuando me perdí

en paraísos bizarros

llenos de belleza.

Fallecí

el día que te perdí

jugando al colibrí.

*

Tepito. México, D. F. Agosto de 2012

* 

Juan Soriano. El arte es amor.

Cumplidos los catorce años de edad, Juan Soriano decidió abandonar su ciudad natal -Guadalajara -y trasladarse a la capital de la República. Hijo de una familia modesta, reunió como pudo el dinero para sufragar los gastos del viaje, y, con no más de cinco pesos en el bolsillo, emprendió su aventura, deseoso de aprender y triunfar. Levísimo de equipaje, arribó a México. Nada más llegar, entabló amistad con pintores, escultores, poetas y escritores. En los estudios de los pintores, que comenzó a frecuentar, se dedicaba, con el objeto de observar y aprender, a tareas tales como lavar pinceles o hacer de recadero. Finalizadas estas humildes tareas, pintaba o esculpía y luego solía frecuentar tertulias en donde su cultura humana e intelectual se iba cincelando. Estos fueron, pues, los principios. Más tarde, la obra que sus manos mágicas estaban realizando llamó poderosamente la atención, y a los veinte años ya era famoso en México. Hoy es, sin duda, uno de los más grandes artistas mexicanos. Él, sin embargo, no parece darle mucha importancia a estas cosas y sigue trabajando sencillamente, como cualquier muchacho que empieza. Es un hombre que está muy lejos de la envidia y de las vanidades humanas, pues aparte de ser un gran maestro en lo que respecta al arte, es también un maestro en el difícil arte de la vida. La plática con él, es pues, un verdadero placer.

– ¿Cómo se despertó su vocación?

–Sospecho que en el vientre de mi madre. Yo empecé a pintar desde muy joven, a los cuatro o cinco años de edad, y desde entonces ya nunca he dejado de hacerlo. Siempre, desde que tuve conciencia de mis manos, tuve el gusto de transformar todo cuanto encontraba a mi alcance: Papel, cajitas de cerillas, trozos de madera… e inmediatamente hacía con estas cosas, figuras de todo tipo. Esto, en principio, no era más que mi manera de jugar y, ciertamente, me divertía mucho, ya que yo tenía cuatro hermanas y ningún hermano y, como ellas eran mayores de edad que yo, nunca pude conseguir que me acompañaran en mis juegos. Así, como usted puede imaginar, esta afición mía de pintar papeles y hacer figuritas con las cajas de cerillas y los trozos de madera me dio innumerables satisfacciones. Luego, al ir creciendo, lo que había sido nada más que un juego se convirtió en la parte esencial de mi vida.

– ¿Qué es el arte para usted?

–El arte es amor.

– ¿Qué se siente más, pintor o escultor?

–Se me facilita más hacer esculturas.

–Y dígame usted: ¿Tanto cuando pinta como cuando esculpe, siente gozo o inquietud?

–Se sienten las dos cosas. Hay momentos en que casi grita uno de alegría y otros en que se hunde uno en un pozo de tristeza, y todo resulta pesado y difícil.

–Cuando termina una obra ¿se siente satisfecho o insatisfecho?

–Cuando termino una obra, es decir cuando decido que un cuadro o una escultura están terminados, aunque en realidad no lo están, siento que me quito un peso de encima.

– ¿La pintura y la escultura son artes similares?

–No, son completamente distintas.

– ¿Es necesario para un pintor ser un buen dibujante, o se subsanan las carencias del dibujo con la pintura?

–Yo entiendo que no puede existir una cosa sin la otra. Hay, sin embargo, muchas gentes que separan el dibujo de la pintura, creen que son cosas diferentes, pero yo pienso que en el dibujo más simple están ya todos los problemas de la pintura. El buen artista resuelve el problema, el malo, no.

– ¿A qué escuela pertenece usted?

–A la europea, que viene de Altamira hasta Picasso.

– ¿Le agrada a usted la escuela flamenca?

–Mucho. Y de todos ellos el que más me ha impresionado ha sido Vermeer, que tiene algo que ver, para mí, con Velásquez.

– ¿Podría usted decirme qué materiales usaron en los murales de Creta?

–Supongo que, más o menos, los mismos que seguimos usando, o sea; un aglutinante X con polvo de colores, que es lo que siempre se ha usado.

– ¿Considera usted a la pintura mayor que la música, de la cual se dice que es la expresión absoluta del arte?

–Yo creo que ninguna expresión artística puede ser substituida por otra; lo que se aprende con el oído no es posible aprenderlo con la vista, y  viceversa.

–Aparte de México ¿dónde le gustaría vivir para desarrollar su arte?

–Creo que podría vivir contento en París, Madrid y Roma.

– ¿Y por qué motivos no vive usted en una de esas tres ciudades?

–No tengo dinero para poder vivir fuera de México y, además, aquí tengo demasiados compromisos económicos. Sin embargo, cada vez que puedo, voy a pasar temporadas en esas tres ciudades.

– ¿Cómo ha evolucionado su obra?

–Hace años, como unos cinco o seis, se hizo en Bellas Artes una exposición retrospectiva, donde se reunieron mis obras de veinticinco años; entonces me sorprendí grandemente al ver que no había cambiado nada desde mis primeras obras a las últimas. ¡Qué monotonía!

–Ya que hablamos de su obra, ¿podría decirnos dónde se encuentra y de qué número consta?

– ¡Huy! Mire, yo he hecho innumerables cuadros y esculturas, no sé el número. Sí puedo decirle que la mayoría de mis obras se encuentran en México, ya que las he vendido a mis amigos en abonos.

– ¿En abonos?

–Sí señor, como se vende un televisor o una lavadora, y lo malo de esto es que yo no hago firmar contratos a mis clientes ni les exijo un fiador, de ahí que muchos de ellos aún no me hayan pagado el último plazo. Ese último abono es casi siempre fatal. Y esto es chocante.

–Vaya, vaya. Oiga usted, no es que quiera yo meterme en cosas ajenas, pero ¿podría darme el nombre de algunos de esos compradores morosos?

–Bueno, son muchos, y no creo que sea conveniente dar nombres.

–En fin, olvidemos a los tramposos y que el buen Dios los tenga en su santísima gloria -le decimos muy seriamente a Soriano, mientras éste sirve una taza de café

 –Dígame, ¿cuáles son sus pintores predilectos, tanto antiguos como modernos?

–Entre los antiguos, Velásquez, Piero Della Francesca, Goya y Vermeer y, entre los modernos, Picasso y Cézanne.

– ¿Qué diferencia hay entre Picasso y Dalí?

–Que Dalí es académico en el mal sentido de la palabra y Picasso en el buen sentido es renovador de la tradición.

– ¿Qué es lo fundamental en pintura?

–Que el cuadro sea un equilibrio entre lo horrible y lo bello.

– ¿Tiene usted colores específicos?

–No, yo no tengo colores específicos.

– ¿El arte es hereditario?

–Yo creo que todas las gentes heredan inclinaciones artísticas, unos para ser espectadores de las obras de arte y otros que tienen la necesidad de hacer ellos mismos sus obras. La vida de cualquier individuo, aunque aparentemente nos parezca una vida sin chiste y sin gracia, está de pronto presidida por momentos artísticos perfectos. ¿Pero cuándo lo vamos a saber? Por otra parte, no se puede vivir siempre en plenitud de momentos artísticos. La verdad se manifiesta por segundos en forma artística. Cuando vemos cosas perfectas, sentimos que todo es real. El dolor físico que es muy perfecto en sí, pues ni le falta ni le sobra nada, nos suele poner en contacto con la realidad en forma precisa.

– ¿Qué entiende usted por realidad?

–La realidad es algo así como si uno súbitamente despertara de un profundo sueño y, de un salto, alcanzara el estado de híper lucidez, las obras de arte, cuando son verdaderas, nos dan la realidad absoluta. Lo malo es que nosotros no podemos, o no sabemos, vivir de realidades absolutas.

– ¿Cree usted que el amor, como el arte es también una manifestación de la realidad absoluta?

–Sí, porque el enamorado descubre el mundo en la persona que le despierta ese amor. Tanto el amor como el arte son puentes hacia la realidad. Las gentes creen que la realidad es una catástrofe, un horror y, la verdad es que la realidad es una maravilla.

– ¿Cómo representaría a la muerte y, qué es para usted la muerte?

–La representaría como una tela blanca, una tela sin pintar y, en cuanto lo que es para mí, le diré que la muerte no es otra cosa que la gran revelación de la vida.

–De no ser lo que es ¿cómo le hubiera gustado proyectarse en la vida?

–Me hubiera gustado ser arquitecto.

– ¿Por qué?

–Porque me gusta hacer cosas con las manos. Yo necesito el espacio para proyectarme.

– ¿Tiene usted predilección por algún color determinado?

–No.

– ¿Hasta dónde importa el oficio y hasta dónde el oficio puede perjudicar al arte?

–El oficio es algo que va adquiriendo uno conforme trabaja. A veces, es necesario hacer instrumentos para trabajar en una escultura o para pintar una línea muy fina y, esto es algo que no se puede aprender de otro modo que trabajando. Nadie sale nunca de ningún taller con lo que se dice oficio aprendido; el oficio es algo que siempre se está aprendiendo. Claro que el tener como el no tener oficio siempre perjudica al mal artista, al bueno nunca.

– ¿En las antiguas civilizaciones precolombinas hay pintura que haya influido determinantemente en algunos pintores mexicanos?

–Debe haber habido pintura en aquellas civilizaciones, pero la poca que se conserva no ha influido en nadie.

– ¿Se cotiza en México mucho al pintor?

–Yo creo que en todo el mundo se le da a las gentes que hacen arte un trato especial, como de enfermos incurables.

– ¿Qué tema cree usted más difícil, la carne o el agua?

–Los dos son igualmente difíciles.

– ¿Cuál es el espíritu de la pintura?

–La verdad.

–Se supone que la técnica depura a la pintura. ¿Cree usted que la técnica es el alma del pintor?

–La técnica del pintor es la carne que encarna al alma. Todo el trabajo de pintar es darle carne, o forma, a cosas espirituales.

– ¿Qué le preocupa a usted más: técnica, color o idea?

–Técnica.

– ¿Qué opina usted del llamado arte efímero?

–El arte no es efímero; el arte es como la antorcha olímpica que pasa de una mano a otra mano, y la obra de arte es como la quemadura que deja la antorcha al pasar. La llama sigue eternamente de una generación en otra generación.

–Para terminar, ¿cómo ve la pintura mexicana actual?

–Bien. Tenemos a Tamayo y a algunos jóvenes. Pero si he de ser sincero le diré que es muy difícil hablar de otros pintores, pues en realidad a uno no le interesa más que la pintura que uno mismo hace.

Y aquí, no sin antes tomar una nueva taza de café y hablar de los compradores de Juan Soriano, que son muchos, sobre todo los que le deben el último y hasta el penúltimo abono, le dijimos hasta luego, que no adiós, pues de los hombres como él nunca puede uno despedirse del todo. Hasta pronto, pues.

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Suplemento Dominical, El Nacional, Revista Mexicana de Cultura, V1 época, núm. 32, 7, sep. 1969, p. 1 (con seudónimo de Miguel Sanchís).

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Foto tomada de: http://www.juansoriano.net/biografia/fotos/38.htm

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