Junio del 2012

Al pasar la página está la muerte

Por Julio Manzanares - 22 de Junio, 2012, 13:22, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Al pasar la página está la muerte. La vida, para quienes, cómodamente, no hay libre albedrio, es un libro: todo está escrito. Pero al final de la vida habrá un mausoleo planificado con epitafio inscrito para quienes, arrogantemente, se piensan arquitectos de su futuro: todo habrá de escribirse.

Luego, vendrá el irónico debate entre esos conformistas y esos presumidos, las conclusiones no serán escritas por ninguno de ellos. Y en la vorágine de la discusión habrán de encontrase, o más bien enfrentarse, corrientes cálidas y frías: la emoción y la inteligencia. ¡Pero ay de aquél cobarde que con igual cantidad de frío e igual cantidad de calor pretenda conciliar la querella!: lo tibio es cobardía, no obstante la supremacía de la prudencia. Sólo el alquimista auténtico habrá encontrado las sustancias y proporciones para hacer resonar con estruendo su voz en la bóveda. Tendrá que separarse de los mudos y de los escandalosos sin resonancia.

El desencuentro entre lo frío y lo cálido (la inteligencia y las emociones) gestará el remolino y en él nos veremos con los brazos hacia arriba, pretendiendo agarrarnos del rabo de una nube para no ser succionados por la inercia, por los giros infinitos, el estómago del tiempo. Habrá de tragarme, de tragarte, de tragarnos, la tolvanera. Y el valor hecho ceniza nos hará estornudar mientras ese tifón nos provoca náuseas. Y el estornudo no servirá de nada, ni para ganar tiempo ni para postergar el grito de terror, pues será una ineficaz, una mediocre muletilla. Y la naúsea será la respuesta a todo intento de disquisición.

Y tu historia y la mía, tan divergentes y hechas polvo, yacerán entre el vómito de nuestra incertidumbre: nuestros descendientes. Y consultaremos y escribiremos libros para encontrar o proponer explicaciones, para heredarlas. Y al no hallarlas construiremos mausoleos para disimular nuestro fracaso. Supondremos, con voz arrogante, que petrificamos lo perecedero. Soñaremos que, con letras altaneras, plasmamos historias indelebles. ¡Lo creerás!, y hasta pretenderás haber dignificado tu fracaso. Pero al pasar la página estará la muerte.

Rufino Tamayo. El de los colores rosa sandía y azul ultramar

                                                             

Para conversar con Tamayo tuvimos que irnos al Hotel Camino Real. El hotel es tan enorme, que se nos hizo un verdadero laberinto dar con el gran pintor. Al fin, nos orientaron y subimos al club de Industriales, donde el maestro, en el salón que se llamará Tamayo, trabaja en un mural que ha de titularse Energía. Trata el maestro de representar en su mural la energía, la energía a través del fuego. Cuando nosotros llegamos, Tamayo estaba entregado a su obra, de espaldas a la puerta, y nos dio la impresión de que aquel hombre flotaba en mitad de un emporio de lenguas llameantes. Nos impresionó vivamente, pero venciendo nuestra primera impresión caminamos hacía él y nos presentamos. El maestro abandonó sus pinceles y nos ofreció generosamente su tiempo. Tamayo da la impresión de ser un hombre muy calmado, muy seguro de sí mismo. Nos sentamos, le ofrecí un cigarrillo, no lo aceptó, pues al parecer no fuma, prendí yo el mío, y dimos comienzo a nuestra plática.

–¿Cómo ve usted el panorama pictórico en los últimos años en México? –fue nuestra primera pregunta; pregunta manida, pero necesaria.

–Considero que la generación última de pintores en nuestro país es la más dotada. Creo que muchos de estos jóvenes que hoy pintan tienen mucho que hacer a favor de la pintura. Se les critica que imitan, sobre todo, a las dos o tres escuelas que hay en los Estados Unidos, el expresionismo abstracto, el pop… Yo pienso que estas críticas tienen cierta razón, no obstante y de todas maneras apoyo a estos jóvenes, porque siendo jóvenes es natural que sigan determinados caminos y estén influenciados, pero yo estoy seguro de que dejarán estas influencias al madurar y harán cosas importantes. Debo hacer especial mención de que hay un pintor joven, Francisco Toledo, a quien no se le puede acusar de ninguna de estas cosas, no sólo en México, sino en el mundo.

–¿Hacia dónde cree usted que va la nueva pintura mexicana?

–Desde luego se ve con claridad que, desde hace ya mucho tiempo, se abandonó la famosa tendencia de la pintura mexicana cuyos móviles intrínsecos eran políticos. Debo decirle que yo fui el iniciador de este movimiento que abandonó los mentados motivos. Ahora todos los pintores jóvenes se valen de sus propios valores, lo que quiere decir que nuestro movimiento se basa simplemente en los valores plásticos. Yo fui, como acabo de decirle, el primero en romper con esa clase de pintura; por eso tuve bastantes dificultades, y ello fue la razón de que saliera muy joven del país, pues la pintura de contenido político contaba entonces con todo el apoyo oficial.

– ¿Cree usted que la expresión pictórica contiene en sí todas las motivaciones humanas?

–Yo creo que la pintura es una expresión del hombre, como lo pueda ser la música o la poesía. Y diría que la pintura, con su lenguaje, el que le es propio, sí expresa todas las motivaciones humanas, pero sólamente, quede esto bien claro, con el lenguaje pictórico.

– ¿Cuál es su técnica al pintar? ¿Sigue usted a los antiguos maestros o, por el contrario, ha creado innovaciones dentro de su técnica personal?

–Yo creo que el pintor, el artista en general, refleja las inquietudes de la vida en el momento en que está viviendo y, en consecuencia, requiere utilizar las técnicas más de acuerdo con ese momento. No tendría, por tanto, caso en este momento estar pintando a la manera de los pintores del siglo XVI. Yo pinto con técnica de nuestro tiempo y tengo mi técnica, como todos, personal, y naturalmente surgen innovaciones dentro de esa técnica, pues la pintura, como el hombre y el universo, es evolutiva.

–¿Qué es más fácil, pintar o restaurar, copiar con exactitud o crear?

–En eso yo no podría responder con la propiedad requerida, ya que jamás he copiado.

– ¿Qué maestros de la pintura cree usted que han influido más en su obra?

–Mas que maestros de la pintura, yo diría que las influencias que he recibido son de escuelas, y las influencias más profundas que encuentro en mi obra proceden directamente de nuestra gran tradición, me refiero al arte precolombino, a las artes populares. En fin, todo aquello que tiene una profunda raíz mexicana. Ahora bien, cuando yo decía escuelas, hay un punto importante que deseo aclarar, pues considero que la pintura, como todas las artes, es un lenguaje universal, con lo que quiero decir que ese lenguaje tiene que ser inteligible para todas  las gentes del mundo. Aunque a ese lenguaje, como es natural y lógico, le demos el acento propio de nuestra particular idiosincrasia, pero deseo hacer especial énfasis en que, el lenguaje es el mismo, no obstante los diversos y naturales acentos, y, en este caso, no creo que haya pintura mexicana o china, sino que hay pintura. Tanto usted como yo hablamos español, aunque su acento sea andaluz y el mío mexicano. ¿De acuerdo?

–Sí, señor. Bien. ¿A qué pintores contemporáneos admira usted más?

–Más que admirar a pintores en lo personal, lo que yo admiro son los movimientos. Por ejemplo, admiro mucho la serie de movimientos, porque no es uno solo, que ha realizado Pablo Picasso, su paisano. A mí me parecen muy interesantes. Y creo también que en los últimos tiempos los movimientos llamados de la Escuela de Nueva York han sido muy importantes, dadas sus aportaciones, para la Historia del Arte.

– ¿Qué color prefiere usted?

–Hay varios colores que, no solamente aquí en México, sino en el extranjero, llaman colores "Tamayo", como son el rosa sandia, el azul ultramar y, últimamente, como he estado usando mucho el violeta, también dicen que hay un "violeta Tamayo".

– ¿Cree usted que los pintores modernos han superado a los antiguos?

–Yo creo que la pintura contemporánea está totalmente liberada, y ya sabemos que en el arte la libertad es lo más importante.

– ¿El uso de los colores, tanto en la antigüedad como hoy en día, han variado o son permanentes?

–Hay materiales nuevos, con  los cuales se han experimentado, como sustitutos químicos, de luz…, y se ha demostrado que son buenos. Además de tener ventajas sobre los materiales que se usaron en la antigüedad.

– ¿Es usted partidario de seguir una técnica hasta superarla o de probar varias?

–Es una inquietud constante en mí esto. Se ha dado el caso de que yo he logrado cierta forma de expresión y la gente se sorprende de que cambie de repente. Yo insisto en que la pintura es una especie de laboratorio y, en consecuencia, se presta a que estemos de continuo experimentando.

– ¿En qué material le gusta a usted pintar y, a su entender, cuál es el de más calidad?

–Bueno, esto depende de lo que uno esté haciendo. Según el caso empleo lo mismo materiales antiguos que modernos, pues unos son válidos para determinadas cosas y otros para otras.

–¿En qué forma, pictóricamente hablando, representaría usted el amor?

–Para mí, los temas no son importantes, y si puedo reflejar el amor o cualquier otra cosa, eso no sería nunca en una forma directa sino que siempre estaría detrás de la pintura. Es decir nunca sería obvio. Usted sabrá que los nombres de mis cuadros son simples: Hombre, Pareja, etc. Yo no quiero que mi pintura esté ilustrando ninguna idea ajena a la pintura.

– ¿Qué piensa usted de sí mismo como pintor?

–No obstante haber logrado una situación que muchos envidian, a tal grado de que ha sido motivo de tremendas enemistades, yo, en lo particular, me sigo sintiendo un estudiante de la pintura.

–De no ser pintor, ¿qué le hubiera gustado a usted ser?

–Quizás médico cirujano, porque creo que la cirugía es también un arte.

– ¿A qué aspira usted en la vida?

–La tranquilidad es una cosa que me interesa muchísimo. Por otra parte, creo que es muy difícil de lograr. Esto es en parte una aspiración mía (la tranquilidad), porque con la tranquilidad estoy en posibilidad de realizar cosas que deseo hacer todavía.

– ¿A qué tiene usted miedo en la vida?

–Yo no tengo miedo, estoy satisfecho, pues después de una lucha intensísima el éxito me ha llegado plenamente.

–Aparte de su pintura, ¿qué es lo que realmente le interesa a usted?

–Me importa mi familia, que consiste en mi mujer únicamente y que es, no solamente parte integral de mi vida, sino que como artista ha sido parte muy importante en mi carrera. Ella y yo somos una sola cosa.

– ¿Hasta dónde le han ayudado en la creación de su obra sus enemigos?

–Indudablemente, nuestros enemigos nos ayudan de forma positiva de tal suerte que si ellos supieran que en vez de hacerle a uno daño lo que le hacen es un bien, creo que, por egoísmo, dejarían de serlo.

– ¿Cuál de entre todos sus enemigos le ha ayudado a usted más?

–Ninguno en especial y todos en general, pues todos son muy generosos para conmigo. Tan es así, que les estoy muy agradecido a todos ellos, pues tal vez sin su fervorosa colaboración, yo no sería quien soy.

– ¿Qué piensa usted del llamado arte efímero?

–Opino que es inexistente, porque a mí juicio lo importante en el arte es su permanencia.

– ¿Cree usted en la inmortalidad por las veredas del arte?

–Yo no creo que lo importante sea hacer la obra de arte. Eso de la inmortalidad es una cosa que, incluso, no nos incumbe a los artistas.

– ¿Qué obra de entre todas las suyas prefiere?

–A pesar de que tengo algunos cuadros que desearía haber conservado por considerar que tengo algunos logros en ellos, yo diría que el cuadro que más me interesa es el próximo.

– ¿Es cierto que cuando usted expuso en Venecia, así lo hemos oído por ahí, protestaron algunos grupos con pancartas que decían: "Tamayo vete a tu casa"?

–Jamás sucedió semejante cosa en Venecia, y me sorprende usted con su pregunta. Ignoraba incluso, que tal cosa haya circulado por ahí. Que tal cosa no sucedió le consta al director del Instituto de Bellas Artes, al jefe del Departamento de Extensión Cultural de la Secretaría de Relaciones, como consta al representante de mis tres salones, señor Gamboa, y al público en general de Venecia y de toda Italia. Por lo demás, todo el mundo sabe allá, como aquí, que la crítica italiana me elogió grandemente con motivo de aquella Bienal. Y todo esto se puede comprobar con las reseñas críticas que aparecieron en la prensa italiana.

–Muchas gracias.         

Nos despedimos de Tamayo, y éste volvió a su mural serenamente. Antes de desaparecer, ya en la puerta, volvimos el rostro para contemplar su obra y de nuevo creímos que aquel hombre de aspecto pacífico flotaba, aunque indemne, en un emporio de lenguas llameantes.           

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    Suplemento Dominical, El Nacional, Revista Mexicana de Cultura, V1 época, núm. 21, 22, jun. 1969, pp. 1-2

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Foto tomada de: tvnoticias.wordpress.com

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Visita:  Proyecto Cultura Chobojos - Vida sin fin

 

¿Cuánto tiempo?

Por Leonel Puente - 18 de Junio, 2012, 15:01, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

                                                   

Sólamente recuerdo que estaba leyendo algo acerca del polvo...

No recuerdo precisamente si era un artículo titulado Ecología del polvo de un par de autores homónimos llamados Guillermo Murray (padre e hijo, el uno maestro en ciencias biológicas, el otro maestro en psicología) o las Profecías del polvo de Juan Cervera Sanchís, a quien últimamente le ha dado la manía de firmar sus obras agregando, después de su nombre completo, los apellidos maternos de sus progenitores: Jiménez y Rueda. Si yo lo imitase, entonces tendría que firmar mis textos de la siguiente manera: Jesús Leonel Puente Colín de Anda y Álvarez. Un nombre que se me antoja muy largo, además de que el tal Jesús nunca lo he utilizado más que por convención civil: así estoy registrado y bautizado, así me llamo también; pero en mis relaciones cotidianas es casi inoperante ese apelativo...

Quizás no esté tan equivocado Don Juanito, ¿por qué no invocar a nuestros ancestros de sangre más próximos para sentirnos acompañados en ésta extraña y a veces desgastante jornada sobre la tierra? Posiblemente sea un recurso certero, una especie de sortilegio existencial. Constelaciones familiares las llaman ciertos psicólogos de corte metafísico, si no me equivoco...

Algo sobre el polvo estaba leyendo, ó, más bien, releyendo, porque Las profecías del polvo ya tienen varios años de haber sido escritas y llevo varias semanas aplazando la redacción de una reseña acerca de ese metafórico y alucinante texto. Sólo releo o transcribo algunas frases contundentes; en ciertas ocasiones realizo algunas anotaciones marginales o aventuro algún comentario; pero nada más. Debo ser más concreto, crítico y creativo. Nadie puede volver de sus abismos. La vuelta no es posible. El tiempo ido es ido irremediablemente...

Algo sobre el polvo estaba releyendo, quizá era ese artículo de reciente publicación en una de las revistas de divulgación científica de la UNAM. ¿Será verdad que la poesía más sublime y la tecnología de punta se tocan en sus extremos para completar la espiral evolutiva del conocimiento humano? No creo que sea necesario retornar a la brujería para comprobarlo pues, si el científico descalifica al poeta, o el poeta olvida como multiplicar 2X2, ocurre lo contrario: la involución. Sea como sea, desde la primera lectura de aquel artículo me quedó muy grabado el hecho de que, a veces, hasta el 90% del polvo doméstico está conformado por células muertas de nuestra propia piel...

Estaba, pues, releyendo algo acerca del polvo, me fui a recostar un rato, y me quedé dormido con la luz prendida. Al despertar sentí escalofríos porque recordé un pasaje de la novela 1984 de George Orwell. – ¿Acaso estoy atrapado en El lugar donde no hay oscuridad?— pensé de pronto tiritando por el frío de la madrugada. Salté cuál felino que ha olido peligro cercano y recorrí todas las habitaciones de la casa apagando y encendiendo las luces; miré bien, revisé cada rincón para cerciorarme de que todo estaba en su sitio y bajo control. Me fumé luego varios cigarros, uno tras otro (aclaro que eran de tabaco, no se vaya a pensar que me drogo ilegalmente). Legalmente me apliqué una sobredosis de nicotina, que aceleró el torbellino de mis pensamientos, y me tomé medio vaso de tequila de un jalón...

Eran las 4:30 A.M. y la casa estaba fría y silenciosa; anormalmente silenciosa porque en general siempre hay algún ruidillo por aquí o por allá, sólo es cuestión de concentrarse y de escuchar; pero ésta vez no, nada, silencio total en el exterior...

Recapitulando... Estaba releyendo algo acerca del polvo antes de quedarme profundamente dormido. De aquel letargo, un silencio total y absoluto me despertó. No diré que se me apareció el fantasma de mi padre muerto o el espectro del maese Marroquín, sería mentira: nunca he visto seres sobrenaturales, ni quiero verlos; sin embargo, después de un rato de confusión, fui a buscar mi libreta de apuntes y busqué la última página escrita: ¿Cuánto tiempo puede uno perder antes de perderse para siempre? Como simple frase interrogativa, hasta califica para slogan de una compañía de seguros o para la tarjeta de presentación de un pastor evangelista; pero como serio cuestionamiento acerca del desempeño propio, a lo largo de la vida, se vuelve una sentencia acuciante, reveladora, demandante...

¿Cuánto tiempo puede uno perder antes de perderse para siempre? No lo sé, sinceramente no lo sé. De lo que si estoy completamente seguro es de que, si por el tiempo malgastado pierdo la partida contra el destino y la muerte, nadie más que yo será el responsable de esa amarga derrota.

¿Cuánto tiempo puede darse uno el lujo de perder antes de perderse eterna e irremediablemente? ¿Cuánto tiempo?

Jaime Torres Bodet. El gran poeta.

           

           Torres Bodet ha escrito substanciosos y profundos ensayos sobre los más variados temas; discursos que, como los de Demóstenes o Cicerón, y no se crea que nos excedemos en el elogio, son modelos en su género. Es además un estupendo novelista y, sin la menor duda, el crítico literario más importante que ha dado México en los últimos tiempos. Pero sobre todo, es un gran poeta, aunque algunos, según hemos podido observar por ahí, quieren negarle el don de la poesía.

         Y, sí, señores, como poeta, y antes y después que nada como poeta, es como a nosotros nos ha emocionado Torres Bodet. ¡Y qué poeta es el autor de El corazón delirante, La casa, Destierro, Fronteras y Sin tregua, entre otros libros de los que su estro nos ha regalado¡

         Sí, queremos remachar bien esta idea: Torres Bodet es genuina y substancialmente, poeta, aunque como todo gran hombre tenga sus detractores que, entre las sombras, quieran negarle su don más preciado. Comprendemos, por otro lado, la insidia disimulada de ciertas gentes, por lo común frustradas, contra Torres Bodet, en lo que respecta a negarle el don mágico de la poesía. Este griego de América y mexicano universal, ha ocupado importantes cargos públicos y, desde que el mundo es mundo y, mientras lo siga siendo, los hombres que destacan con luz propia despiertan la envidia; de ahí que los envidiosos, molestos secretamente, corran la falsa leyenda de que Torres Bodet es sólo un gran ensayista, un prosista excelente, un crítico extraordinario, pero un poeta de segunda, cuando la verdad es que Torres Bodet es mejor poeta que todo lo demás.

         Los que duden, que vayan a las fuentes y beban allí, verso a verso, la poesía de Torres Bodet que, con la de J. Gorostiza, C. Pellicer, S. Novo, E. Huerta, Octavio Paz, Ali Chumacero y muy pocos más (no hablo aquí de los jóvenes) es parte esencial del cimiento que sostiene la alta torre de la poesía mexicana contemporánea y una de las más importantes, sin duda, en conjunto, que se ha escrito en los últimos años, y se está escribiendo en la lengua inmortal de Jorge Manrique.

         Con este gran poeta mexicano que es Torres Bodet hemos querido dialogar, en la plaza pública, que es siempre la entrevista, para nuestros dilectos lectores, Aquí está, pues, el diálogo. Atención a lo que nos dice Torres Bodet, amigos:

         – ¿Cuándo comenzó a escribir Jaime Torres Bodet?

–A los doce años. Lo he contado ya en un libro autobiográfico: Tiempo de arena. Estudiaba entonces en la Escuela Nacional Preparatoria, de la ciudad de México. Mi profesor de Literatura Española -el poeta Enrique Fernández Granados -solía ilustrar sus lecciones con lecturas de textos inolvidables. Gracias a esas lecturas, conocí a Garcilaso de la Vega, a Fray Luis de León, a San Juan de la Cruz, a Lope de Vega… Y, con mayor ingenuidad que efectiva audacia, comencé a trazar mis primeros versos. Trabajé cuatro años. Me asomé a la obra de los modernos: Rubén Darío, Amado Nervo, Leopoldo Lugones, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Guillermo Valencia, Enrique González Martínez. Y, también, a la poesía francesa: desde Ronsard hasta Rimbaud y los simbolistas que estaban en boga. La influencia del autor de la "muerte del cisne" es perceptible, sin duda, en aquellos ensayos.

– ¿A qué edad publicó su primer libro y en qué fecha?

–Mi primer libro, Fervor, apareció en México durante el otoño de 1918. Tenía yo dieciséis años.

– ¿Cómo ve el panorama literario y, en especial, el poético de México?

–Con satisfacción, como mexicano. Con renovado aliento, como escritor. Advierto, en ese panorama, diversas rutas: la que busca lo nacional a través de lo universal y la que encuentra lo universal a través de lo nacional. Ambas me parecen muy respetables. Alfonso Reyes dejó un ejemplo para los que siguen la primera, y Ramón López Velarde otro para los que optan por la segunda… En México, ha descollado frecuentemente la poesía. Y no sólo la poesía en verso; pues no olvido la poesía en prosa, tal como la encontramos en ciertas páginas de Julio Torri, de Gilberto Owen o de Ermilo Abreu Gómez, el de Canek.

– ¿Hacia dónde cree que va la joven poesía mexicana?              

         –Hacía una expresión más original -y quizá más ardua -de lo que los jóvenes quieren ver en el mundo de hoy. Reconozcamos que se trata de un mundo oscuro, complejo, rebelde y acongojado. La inconformidad, si es genuina anuncia honradez de espíritu. En una época de rápida evolución, como la que nos ha tocado vivir, han llegado incluso a pensar muchos intelectuales que las pasadas generaciones pertenecen más bien a la prehistoria… Pero ¿dónde concluye, en verdad, un ciclo cultural? Solo el tiempo dirá si lo que las promociones de ahora suponen muerto, murió del todo, o si mucho de lo que niegan revivirá, transformado tal vez por su propia acción.

– ¿Qué poetas jóvenes mexicanos destacaría Torres Bodet?

–Aquí también su pregunta plantea un problema previo. ¿Cuándo acaba la juventud de un poeta? ¿A los cincuenta, a los sesenta, a los setenta años... Optemos por un límite arbitrario como cualquier otro. Hablemos de los que tienen menos de cuarenta; esto es, de los que vienen después de Octavio Paz, Efraín Huerta, Neftalí Beltrán, Alí Chumacero, Rubén Bonifaz Nuño, Rosario Castellanos y Jaime Sabines. De ellos aludiré a José Carlos Becerra, a Marco Antonio Montes de Oca y a José Emilio Pacheco.

– ¿Qué poeta mexicano de todos los tiempos considera usted el más importante?      

         – ¿Uno? ¿Uno solamente…? permítame, al menos, citar a dos. Y, para no hablar de los vivos, déjeme mencionar a Sor Juana Inés de la Cruz y a Manuel José Othón, el del "Idilio salvaje".

–Como crítico literario, ¿cuál libro de poesía, escrito en México en los últimos veinte años, cree que ha sido el mejor?

–Tres importantes colecciones de poesía han aparecido en México en los últimos veinte años, la de Salvador Novo, en 1961, la de Carlos Pellicer: Material poético en 1962, y la de José Gorostiza, en 1964. Pero todas ellas reproducen -reducen o amplían -volúmenes publicados en anteriores decenios. Señalaré, por consiguiente, un libro dado a la imprenta en 1956: Práctica de vuelo, de Pellicer.

– ¿Cómo ve la poesía mexicana y qué títulos destaca?

–Como la poesía, la novela mexicana atraviesa una crisis que, para algunos, es de definición y, para otros, de nuevos descubrimientos. En el siglo XX, desde Fernández de Lizardi hasta Ángel del Campo "Micrós", tuvimos excelentes narradores, como Luis G. Inclán, Manuel Payno, Ignacio Altamirano y Rafael Delgado. En el XX, tanto como a Mariano Azuela y a Agustín Yáñez, desearía recordar aquí a escritores que hicieron del relato más o menos autobiográfico, verdaderamente grandes novelas -de pasión y también de acción. Pienso en el Ulises Criollo, de José Vasconcelos, y en El Águila y la Serpiente de Martín Luis Guzmán. De Mariano Azuela señalaré Los de Abajo y La Malhora. De Agustín Yánez, Al Filo del Agua. La Novela de la Revolución Mexicana cuenta con obras valiosas, como algunas de Rafael F. Muñoz, José Mancisidor, Mauricio Magdaleno y Francisco L. Urquizo. La antinovela principió entre nosotros con el Pero Gann, de Genaro Estrada, ingeniosa parodia del género "colonial". Rubén Salazar Mallén constituye un caso característico, de veracidad amarga y atormentada. Desde hace más o menos  veinte años, nuestros novelistas buscan otros caminos. Algunos los han hallado, con éxito incuestionable. Los nombres más conocidos son los de Juan Rulfo, José Revueltas, Juan José Arreola, Luis Spota, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Rafael Solana, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Sergio Fernández.

–¿Cómo ve el teatro mexicano y qué autores destacan en los últimos años?

–Cada día -y con razón -el público y la crítica dedica mayor interés a nuestro teatro. Muertos Xavier Villaurrutia y Celestino Gorostiza, los autores que han destacado son, a mi ver, Rodolfo Usigli, Salvador Novo, Sergio Magaña, Emilio Carballido, Rafael Solana, Luis G. Basurto, Luisa Josefina Hernández y, entre los más jóvenes, Vicente Leñero.

– ¿Qué libros de todos los que hasta ahora escribió Torres Bodet, piensa el que ha sido el mejor?

–El menos malo, lo escogerán los lectores, sí se toman el trabajo de hacerlo. Y es muy posible que no resulte el mismo, en el caso de cada lector. Los que encuentro más expresivos de lo que intenté realizar son dos: Tiempo de arena, por lo que concierne a los escritos en prosa y Sin tregua, de mi obra en verso.

– ¿Cuáles son sus autores preferidos, de ayer y de hoy?

–Tendría que hacer una larga lista. Aún así, correría siempre el riesgo de dejarla incompleta. Desde luego incluiría en ella a los autores de cuyas obras he escrito algunos ensayos de interpretación personal: Henri-Marie Beyle conocido por su famoso renombre de Stendhal, Fiódor M. Dostoievski, Benito Pérez Galdós, Honoré de Balzac, León Tolstoi y Marcel Proust… Eso por lo que atañe a los novelistas. Pero admiro con especial fervor a Shakespeare, Cervantes, Lope de Vega, Pascal, Moliére, Quevedo, Goethe. Y releo, cada vez con mayor provecho, La Biblia, La Odisea, Los Diálogos de Platón y la Divina Comedia, de Dante. Entre los modernos, le indicaré varias preferencias: Paul Valery, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset, Thomas Mann, Antonio Machado, Albert Camus y Hernest Hemingway, el de El viejo y el mar. Todos esos han muerto, pero su obra perdura. De los mexicanos de nuestro siglo, me he referido ya a los que me parecen haberse distinguido mayormente en la poesía, la novela, el teatro y el relato autobiográfico. Entre los hispanoamericanos actuales, sin olvidar a Rómulo Gallegos, citaré a Jorge Luis Borges, a Pablo Neruda, a Miguel Ángel Asturias, a Gabriel García Márquez, a Julio Cortazar. De los españoles contemporáneos, leo siempre con interés a Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Pedro Lain Entralgo. Conocí de cerca a Pedro Salinas, Federico García Lorca y León Felipe. Estimo mucho sus obras.

– ¿Qué libros de la literatura universal le hubiera gustado escribir?

La Odisea.

– ¿Qué libro está escribiendo actualmente?

Mis memorias. Sintetizar lo hecho implica una forma de reflexión, no exenta –en ocasiones -de cierta melancolía, impone al autor un diálogo intenso consigo mismo. ¿Por qué acertó, si acertó?

– ¿Y cuáles fueron los motivos reales de sus errores?

- Revisar el pasado propio señala una obligación de modestia, que no debe disminuir la sinceridad del hombre, pero que ha de afirmar en él un sentimiento que aprecio profundamente: el de las responsabilidades morales e intelectuales del escritor.

–De no haber sido poeta, ¿qué otra cosa le hubiera gustado ser?

–Arquitecto.

– ¿Cómo definiría el amor?

–El amor no es tanto anhelo de posesión, como lo suponen los egoístas, cuanto capacidad esencial de entrega. Solo poseemos durablemente lo que supimos dar con desinterés. Una mujer, una obra, una verdad o una patria son nuestras, al fin y al cabo, en proporción con lo que hicimos por entenderlas y por servirlas, por defenderlas y por lograr la plenitud de su desarrollo.

         – ¿Cómo definiría la muerte?

–Morimos mientras vivimos. La muerte define y resume nuestra existencia. Por eso, en un poema de Sin tregua, escribí estos renglones: "Vivimos sólo de creer que fuimos. / Seremos siempre póstumos". 

– ¿Qué es la vida para Torres Bodet?

–Durante la infancia, un paraíso; en la adolescencia, un augurio; en la madurez, una lucha; en la senectud, un examen de conciencia. Pero siempre, y en todas las circunstancias, una oportunidad de servicio humano y una posibilidad de superación.

– ¿Qué flor prefiere?

–La rosa, que es la flor que más frecuentemente aparece en mis poemas.

– ¿Qué ave?

–La alondra.

– ¿Qué color?

–El azul.

– ¿Cuáles son sus tres palabras preferidas?

–Intrepidez, humanidad y fervor.

– ¿Qué piensa Torres Bodet de Torres Bodet?

–Si algo resultara difícil, es conocerse bien a sí mismo. En la juventud, la esperanza no nos da ocasión de medir nuestras deficiencias. En la madurez, la acción nos obliga a vivir en los otros, para los otros. Y ese contacto con la verdad ajena va definiendo nuestra propia verdad con mayor vigor que el que pudieron proporcionarnos los libros y los maestros. A la edad en que ya me encuentro, lo advierto muy claramente: todos somos la secuencia de la vida que –año tras año –tuvimos que conquistar. Las certidumbres que no he perdido (mi confianza en el destino del hombre, mi fe en la capacidad creadora de la existencia) tienen hoy, para mí, el valor de no ser el producto de un sistema prefabricado en lo abstracto, sino el fruto de una asociación personal con mis semejantes, dentro y fuera de mi país.

No me enorgullezco -y no me arrepiento- de lo que he hecho. Traté de ser, en la medida de mis alcances, fiel a mi mismo y leal para los demás. Podrá o no persistir algo de mi obra; pero, aún suponiendo –como suelo pensarlo –que nadie la recordará, quedaría en mí la satisfacción de haberle entregado lo menos perecedero que el hombre tiene: su afán de llegar a ser, mediante el esfuerzo de cada día, lo que sintió la necesidad de ser.

– ¿Cuál ha sido el peor poeta que ha dado México en los últimos veinte años, a juicio de Torres Bodet?

–Si alguien es verdad poeta, podrá ser más o menos bueno. Sin embargo, a mi juicio, las palabras "poeta" y "peor" son incompatibles. Conozco autores que, sin ser poetas, escriben versos. Pero "poetas peores", no los conozco.

–Si estuviera en manos de Torres Bodet la concesión del Premio Nobel de Literatura, ¿a qué autor mexicano se lo daría?

–A Martín Luis Guzmán.

– ¿Qué piensa Torres Bodet de la unificación cultural de los pueblos latinoamericanos? ¿Cree que deberían estrecharse más los lazos entre esos pueblos?

–A mi entender, la universalidad es la aspiración de toda cultura. El regionalismo, sin ventanas abiertas al mundo entero, acabaría por convertirse en un temible error. Ello no quiere decir que no sea partidario entusiasta de que se estrechen, cada vez más, los lazos que nos unen con los pueblos hermanos del Continente. Pero pueblos hermanos, en el fondo, lo somos todos. En los viajes que tuve ocasión de hacer como director general de la UNESCO, sentí hasta que punto los problemas radicales del hombre interesan y afectan a todo el género humano.

– ¿Qué aconsejaría Torres Bodet a un muchacho con vocación literaria?

–Esforzarse por ser él mismo. Vivir honradamente cada momento. No aceptar ni el capricho, incapaz de fijarse sus propias reglas, ni -por esclavitud a la retórica de las modas -la obediencia a reglas que limiten y reformen su pensamiento. No creer que la mera sorpresa sea presagio de positiva originalidad. Leer, sin prejuicios; alternando, en lo posible, a los autores de hoy con los de ayer -y los de anteayer-–. Si le gusta James Joyce, por ejemplo, que lea enseguida a Dickens. Si le interesa Franz Kafka, que no olvide por ello a Balzac. Si le encanta Mallarme, que lo confronte con Góngora. Si le cautiva Kierkegaard, que se apresure a considerar a Pascal. Y no digo lo que precede porque proponga a nadie un fácil eclecticismo. Los antiguos temían al hombre de un solo libro. Los jóvenes dotados de verdadero talento han de rehusarse a ingresar, con la ilusión de obtener éxitos transitorios, en una capilla estrecha, por hábiles que sus prosélitos les parezcan. Elegir su camino es el supremo derecho de todo artista. Para elegirlo a tiempo -y con autenticidad -le convendrá conocer, sin dogmatismos precoces, los amplios horizontes de la cultura.

– ¿Qué recomendaría Torres Bodet al extranjero que llega a México con el deseo de conocerlo lo mejor posible?

–Ante todo, no detenerse exclusivamente en la capital. Que el extranjero del que usted habla vaya primero a otras ciudades de la República. Que conozca Guadalajara, Morelia, Oaxaca, Guanajuato, Monterrey, Mérida, Zacatecas… Que procure hablar con sus habitantes. Que visite lugares como Palenque, Teotihuacan, Monte Albán, Uxmal y Chichén Itzá. Y que se asome a la realidad del campo. Que trate de cerca a los indios. Ya tendrá, después, ocasión de recorrer los museos, las avenidas y las calles de la ciudad de México. Y, entonces, nos comprenderá mejor.

– ¿Qué figura histórica de todos los tiempos piensa Torres Bodet que es la que mayores bienes ha aportado a toda la humanidad?

–Sin llegar hasta las figuras que han divinizado las religiones, podrían citarse a grandes maestros de la verdad, de la belleza y del pensamiento, como Sócrates, Leonardo, Newton, Pasteur… No, por cierto, a los guerreros, que pretendieron sólo vencer, sino a los creadores, que se esforzaron por persuadir. Después de todo -y dentro de los límites de lo que no constituye motivo de fe para los creyentes el héroe al que más debe el hombre es el hombre mismo. Él, sin nombre y sin biografía, ha sido el protagonista de toda la historia.

– ¿Qué cosas que no ha hecho Torres Bodet le gustaría hacer antes de morir?

–Una, sobre todo: acabar de ponerme de acuerdo conmigo mismo, a fin de morir en paz.

– ¿Qué epitafio pondría Torres Bodet sobre su tumba?

–No lo he pensado. Esa labor corresponde a otros. Juzgarse a sí propio en vida implicaría falsa modestia o ridícula vanidad.

– ¿Qué haría con la envidia Torres Bodet?

–Vencerla, cuando pudiese existir en mí. Y, en el caso de los demás, compadecer a los que la sufren. El que envidia quisiera ofender a quienes envidia, pero se ofende en realidad él mismo, pues su envidia encubre a menudo una admiración oculta. Y la admiración que se esconde envenena al que la padece.

– ¿Cuáles son, a juicio de Torres Bodet, las tres plagas más nefastas para la humanidad?

–La miseria intelectual y física, la injusticia, social, económica y cultural, y el odio, entre los hombres y entre los pueblos.

– ¿Qué es México para Torres Bodet?

–Un ámbito irremplazable, un ejemplo de persistencia, una lección de esperanza y una obra colectiva que proseguir y mejorar.

Por su historia, y por las características de su población, México asocia dos tradiciones muy diferentes y muy profundas: la americana precolombina y la occidental, venida en primer lugar de España. Y, por su posición geográfica, representa una posibilidad de confrontación entre las culturas latina y sajona del Nuevo Mundo. País muy joven –y muy antiguo –, lo anima una comunidad de recuerdos y aspiraciones, gracias a cuyo impulso ha podido afirmar, a través de no pocas dificultades, una vocación nacional de justicia en la independencia y una voluntad internacional de colaboración pacífica en el progreso.              

   

Suplemento Dominical, El Nacional, Revista Mexicana de Cultura, V1 época, núm. 2, 9, feb. 1969, p. 4

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* Foto tomada de:

 http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=3380&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

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Visita:  Proyecto Cultura Chobojos - Vida sin fin

Un hombre

Por Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda - 12 de Junio, 2012, 18:06, Categoría: JUAN CERVERA: VIDA SIN FIN

Un hombre ha muerto, se llevó mis ojos.

Dime, amor, dime, amor, ¿cómo te voy a ver?

Un hombre ha muerto, se llevó mis manos.

¿Me puedes tú decir, oh, amada amante,

cómo sería posible acariciarte?

Un hombre ha muerto, renunció a mi sombra.

Amor, ¡ay!, dime, amor:

¿En que rayo de sol colgaré mi sombrero?

Un hombre ha muerto, te dejó mis trajes,

mis zapatos, mi pluma, mis corbatas...

Dime, amor, dime amor, ¿qué harás con todo eso?

Las  corbatas, los trajes, los zapatos,

los podrás envolver y darlos al asilo;

pero dime tú, amor: ¿En dónde encontrarás

al hombre enamorado que acepte hacerse cargo

de mi pluma decidida a escribir

versos de amor al aire de tu pelo?

Un hombre ha muerto, se llevó mis labios.

Ya nunca más, amor, podré encenderme de besos en tu boca.

¡Qué terrible es la muerte, amada mía!

Caben en ella todas las amnesias

y todos los recuerdos también caben en ella.

Un hombre ha muerto, se llevó mi vida.

Dime tú, amor del alma, si aún muerto quepo en ti

y así, pese a mi muerte, no moriré del todo

en tanto que tú vivas y me lleves contigo,

incluso hasta la cama con tus nuevos amantes.

Un hombre ha muerto, lo dejó aquí todo.

Dime, amor, dime amor: ¿cómo decir entonces

que alguien se fue si no se llevó nada?

Un hombre ha muerto... suponía ser yo.

*

JUAN  CERVERA SANCHIS

México D. F.  Mayo  2012

Frases célebres- 65

Por Leonel Puente Colin - 7 de Junio, 2012, 14:20, Categoría: FRASES CÉLEBRES

Lo que no te mata te hace más fuerte.

Friedrich Nietzsche

Demasiadas cosas útiles convierten a los seres en inútiles.

Karl Marx

Yo, como Don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme.

Voltaire

Conserva tus sueños: ¡los cuerdos no los tienen tan bellos como los locos!

Charles Baudelaire

Cuando conozco a alguien no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano.

Walt Whitman

La imprenta es un ejército de 26 soldados de plomo con los cuáles se puede conquistar el mundo.

Gutemberg

La mejor manera de predecir el futuro no consiste en imaginarlo, sino en producirlo.

Marcelino Cereijido

No pierdas de vista tus ideas fijas. Mantente alerta porque son la puerta que da a la locura.

Julio Torri

La lentitud es la elegancia de la derrota.

Pablo Fernández Christlieb

Una obsesión vivida hasta la saciedad se anula en sus propios excesos.

E. M. Cioran

A partir de cierto punto ya no hay regreso. Es preciso alcanzar ese punto.

Franz Kafka

Nadie puede volver de sus abismos. La vuelta no es posible. El tiempo ido es irremediablemente ido.

Juan Cervera Sanchís

Las ideas no tienen derechos de autor.

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