Tenía los sentimientos
demasiado apretados al corazón
y las palabras, fáciles, demasiado sueltas.
Voces de filigrana sonora
o como hierros de marcar ganado.
Pero sus ojos brindaban
eventuales mensajes de su alma
y desviaba la mirada.
Cuando se podía leer en ellos
todo era transparencia.
Ahí el deseo de un viaje desenfrenado
en el cuerpo de un amante,
la envidia de una noche de serenata y alcohol,
para ella sola, sólo para ella,
la plegaria de hallar el amor
y con él su eternidad.
Los párpados bajan muy lento
las pestañas defienden…
un suspiro,
un recorrer al horizonte,
las manos están inciertas.
Adentro todo bulle…
Más deseos.
¿Te gusto?
¿Me quieres?
Te extraño.
Te necesito.
No te vayas.
Te amo.
28/11/1994