Al encuentro del pasado

Por Luis Alfonso Villalobos Guerrero - 19 de Marzo, 2011, 20:30, Categoría: MISCELÁNEA

Por Luis Alfonso Villalobos Guerrero

Tixtla se arrellana, como bien lo escribiera Don Herminio Chávez Guerrero en el año de 1971, entre la fiereza de la sierra madre del sur,  en un valle florido y sonriente, señorial por su edad arcaica y aristócrata por su hermosa altivez.

A catorce kilómetros de la capital del estado de Guerrero, Chilpancingo, y a tan solo unos veinte minutos en automóvil, Tixtla aparece de repente a los ojos del visitante cuando se llega a lo más alto del cerro de las piedras altas. Entonces se observan su ya extendida urbanización, la arboleda que engalana la plaza central donde se asienta la parroquia principal y el hoy palacio del ayuntamiento, y al poniente, sus extendidos campos de cultivo en los que todo tipo de verduras, frutas y flores son la esencia de su comercio.

Las mejores fechas para visitar esos campos son durante el mes de Noviembre, cuando las flores que se cultivan encienden los campos de un rojo y amarillo intenso, aunque siempre es posible disfrutar todo tipo de frutas y vegetales, especialmente los mangos, mandarinas, chirimoyas, granadas chinas, y muchos otros manjares que en sus mercados se expenden permanentemente.

Tierra de gigantes narra la leyenda, en la que empatan la discordia por ser el más poderoso el gigante mayor y el mismísimo diablo, y tierra de manantiales encendidos de historia como la de la virgen de la Natividad, que aún se conserva en el mismo lugar, al pie del brote de agua en el que descansaran quienes la regresaban a su lugar de origen después de haberla restaurado. Nunca se ha podido volver a levantarla del lugar en que decidió permanecer y su festividad se celebra cada 8 de Septiembre.

Vale la pena caminar desde la iglesia de la Natividad hasta la plaza central. Las calles son poco transitadas y en el andar despacio se encuentran algunas sorpresas como botines de piel por menos de trescientos pesos, o los recuerdos de la historia que aún deteriorados alumbran el recorrido que pensábamos encontrar.

Ahí mismo, sobre la calle Vicente Guerrero que corre desde la iglesia de la natividad hasta la plaza principal, se encuentra el anuncio que nos desvía hacia donde entonces se encontraba el número 59 de la calle de Arrabal, en el que la historiadora Raquel Huerta Nava ubica el nacimiento del consumador de nuestra independencia. Hoy se erige en la plazuela del antiguo barrio de Tlaltelulco, hoy de San Isidro, una pequeña plaza que en el fondo hace memoria, como en todos los monumentos que el poblado tiene en su honor, a las famosas palabras que le dirigiera a su padre, Don Juan Pedro Guerrero, cuando éste lo invitara a declinar las armas.

El recorrido por esa calle de cuando mucho unas seis u ocho cuadras culmina con el esplendor pueblerino de la plaza principal que se descubre lentamente al amparo de las torres de la parroquia principal o templo de San Martín, del lado derecho de la avenida.

La parroquia de San Martín de Tours ostenta dos campanarios de doble altura que engalanan la fachada labrada en cantera que simula cuatro pilares con capiteles románicos, dos ventanales sostenidos por maceteros, y una buhardilla sostenida por lo que serían cuatro columnas jónicas. El cuerpo de la nave es un arco simple sostenido en paredes de piedra colonial, y en ambos costados está rodeado por lo que algún día fueron esplendorosos jardines.

Frente a la parroquia y en medio de la arboleda se extiende la plaza principal que a su costado derecho y como en los viejos tiempos indígenas, apacienta el enorme mercado  de puestos improvisados con todo tipo de frutas y verduras que la región produce.

Justo en el centro de la plaza se encuentra la más impresionante escultura de Don Vicente Guerrero, consumador de nuestra independencia, prócer de la humildad que como luchador y como gobernante nadie más ha llegado a igualar.

Ahí he visto al mártir del convento de Cuilapan ungido con su uniforme militar, pero arropado por un manto blanco que le cuelga desde el hombro izquierdo y hasta su cintura del costado derecho, y con la vista en alto, tal y como siempre vivió, aun en la cúspide, aún en la desgracia.

Al fondo del jardín principal y al costado izquierdo de la plaza, como la ilustre escritura de un libro abierto que dos grandes tixtlecas heredaran para la posteridad, se encuentran inscritas las siguientes frases, que tomo de la última fotografía ampliándola hasta hacerlas legibles para el texto:

Y en frente del mercado, al costado izquierdo de la parroquia, se encuentra, en perfectas condiciones de conservación, aquella casona que Don Juan Pedro Guerrero le rentara a Doña Ana Moreno, viuda de José Rodríguez, para vivir con su familia, la de sus hermanos Manuel y Diego, y la de su mejor amigo, Luis Nava.

Es en esa casona donde Vicente crecería, aprendería primero el oficio de la arriería y luego el de la armería. Sería ahí donde se inculcara esa disciplina y esa honorabilidad inquebrantable, y donde compartiera vida y campo, riquezas y pobrezas con sus primos, Esteban, José y Rita.

El pórtico principal de lo que ahora es el ayuntamiento de la ciudad, da hacia el costado izquierdo de la plaza, y en su entrada tan solo se puede leer, austeramente, la siguiente inscripción:

"Casa que habitó el General Vicente Guerrero, actualmente palacio municipal, cuyos poderes fueron trasladados el 15 de septiembre de 1978. Tal inmueble se encuentra ornamentado con frontones al estilo neoclásico y decoración a base de figuras vegetales, figuras geométricas y dentículos. El interior de la casa de distribuye en torno de un tradicional patio pletórico de verdes así mismo se encuentran los murales que narran la lucha independentista. Hay una placa que dice "A la memoria del general de división Vicente Guerrero (que habitó en esta casa), Independencia y libertad, o muerte. Primero está mi patria que mi padre".

Pero el aviso se queda corto, porque dentro de la casa que en aquel entonces formaba una enorme plazuela alrededor del huerto central, los pasillos se encuentran pletóricos de pintura, de la pintura que el extenso mural intitulado "Tixtla y los próceres Guerrerenses", cubre una superficie de alrededor de 730 metros cuadrados elaborado entre 1984 y 1988 por el pintor Jaime Gómez del Payan, que por cierto quedara inconcluso por la muerte anticipada de su autor a sus sesenta y tres años.

Encontrarme dentro de esa enorme mansión, aún con sus bastas habitaciones cerradas pero disfrutando los frescos sangrados con que cada una de sus paredes trata de inmortalizar la historia, ha sido sin duda una experiencia enormemente gratificante. Imaginar que los miembros de cuatro o cinco generaciones atrás algún día devinieron y convivieron por esos pasillos, por esa huerta central que hoy alberga una pequeña fuente y un ocre testimonio al caudillo de la patria, es el mejor recuerdo que puedo guardar de mi visita al origen de mi apellido materno.

Tixtla, tierra del pan, del agua y de las empanadas de piña; del caldo blanco huacaxtoro y de los tamales tololochos. Tierra que es pródiga en maíz, jitomate, rábano, col, lechuga, calabacita, cebolla, frijol y sorgo, y artesana en el trabajo del cuero que le procura su extensa ganadería vacuna, porcina, caprina, ovina y equina. Secretos escondidos  que trabajan la palma para elaborar con ella sombreros, bolsas y tanates, para el deleite de sus visitantes. Tixtla, la del mezcal y del torito preparado con queso seco, chile, ajo y cebolla, la del clima húmedo y caluroso, la de tensa calma y permanente sosiego, la misma que tiene en su historia haber sido sede de los poderes del estado de Guerrero.

La hoy Tixtla de Guerrero, nido de águilas tejido a mil doscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, fue fundada por mandato virreinal a fines del siglo XVI como resultado del fallo dictado por Don Martín de Armendáriz, comisionado para dar término a la disputa del valle entre los habitantes de Atliaca y Mochitlán.

Vicente Ramón Guerrero Saldaña, hijo de Juan Pedro Guerrero y María Guadalupe Saldaña, nació en Tixtla en el año de 1782 -Los historiadores aún no se ponen de acuerdo si fue el 9 de agosto o el 4 de abril-  y su bautizo se encuentra registrado en el archivo parroquial de la ciudad, en el libro 15, tercera foja, partida cuarta, firmada por el entonces Pro. Francisco Saucedo Carvallo, y cuyo análisis ha sido un deseo postergado a lo largo de cincuenta años de mi vida.

He de encontrarme nuevamente con el pasado, porque el actual párroco del templo de San Martín de Tours, Don Sotero Sánchez Isapa, ha tenido a bien acceder a mi petición de revisar detenidamente ese libro 15 y los dos posteriores, que me permitirán descifrar el origen de mi apellido materno.

Retrato póstumo realizado por Ramón Sagredo

          Febrero 06 de 2011

 

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