Bajo la Sombra del Hombre Abstracto

Por Daniel Claros Stark - 7 de Noviembre, 2010, 0:17, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS


Por: Daniel Claros Stark

Olvidar por lo que peleamos alguna vez. Dar la vida y la de quienes más amamos por llegar a conocerlo, por lo que en teoría representa. Eso es lo que hoy, en verdad me entristece más.

-Cuéntame más acerca de ti, de tu origen, de tu destino. Hay tiempo de sobra y pienso que no tengo nada mejor que hacer – dijo con voz taciturna el muchacho.

 Tan breve es el tiempo que se nos ha concedido, que nuestros sueños se desbordan creando la ilusión de un afuera plagado de eternidad. -Mira niño, hoy tuve un sueño que en su momento me pareció digno de reconstruir y hasta de nombrar.

- ¿De nombrar?

- Sí así es, de nombrar, de ponerle título como a una película o un libro. Prisioneros de la Mente, fue así como lo nombré. En él veía un sinfín de celdas, dos hombres en cada una de ellas, en completa desesperación tratando de escapar. Durante toda la ensoñación trataba de enfocar sus rostros, pero me era del todo imposible.

Las prisiones eran interminables y si acaso lo único perceptible eran los innumerables brazos que asomaban de ellas. Conforme fui despertando y conforme transcurría el día la simple idea de mi ensoñación me pareció ridícula y hasta banal, sin embargo lo interesante es que hace unos meses leí acerca de Platón y de su concepción de lo eterno con límites.

Y sí sé lo que estarás pensando, pero qué mejor manera de ejemplificar tal paradoja que con la imagen de un número infinito de celdas, que en sí mismas se determinan por un límite en concreto.

El niño esbozó una sonrisa recordando como para su madre, la figura del hombre que había representado siempre la idea de una prisión y que sin embargo no le molestaría pasar toda una vida a lado de su padre.

- Pero sí lo que me cuentas es cierto, y no tendría por que ser de otra manera – dijo el muchacho resueltamente y con gran confianza en sí mismo- pues acostumbramos mentir acerca de lo que consideramos real, más no así de lo que imaginamos. Tú preocupación en todo caso ¿no debería centrarse hacía esos millones de seres atrapados dentro de su prisión?

- Tengo muchas cosas que decir, pero sí para algo tomé hoy mi arma, es por que estoy dispuesto a morir por él. El soldado acarició la pistola, deslizando suavemente dos dedos en el gatillo.

 -Nunca antes había soñado con tanta nitidez a una mujer. Delgada, bonita, con ojos tan expresivos y a la vez tan distantes. Si la viera en este instante la reconocería de inmediato.

-¿Ella se encontraba en una de las celdas?

-Han pasado ya varios años y lo cierto es que no logro recordarlo, puede ser que alguno de esos brazos le pertenecieran a ella. Y si alguno de esos seres como tú les llamas, se encontrara en perpetuo sufrimiento, en realidad no me interesaría en lo más mínimo.

-¿Más si llevaran su rostro... Si todos los rostros fueran el de ella?

El soldado miró con cautela a su alrededor, hasta finalmente fijar la mirada en el rostro del muchacho. – Conocer... ahí radica el verdadero problema y el más grande de los goces. Pues amamos sólo aquello que conocemos e intentamos conocer a profundidad sólo aquello que en verdad amamos.

- Nos ocupa el torrente, mas no así la gota individual que lo compone. -Dijo el soldado mientras en el horizonte asomaban numerosas nubes anunciando una copiosa lluvia.

-Navél fue para mí, la gota, la individualidad que un día le dio sentido a toda mi existencia. Mujeres iban y venían, una más bella e inteligente que la anterior. Pero poco me interesó conocerlas.

-Y lo que no conoces... jamás llegas a amarlo – afirmó el muchacho al tiempo que soltaba una sonora carcajada.

-Antes de ser devorados por la tormenta, la temperatura resulta muy agradable. Antes de morir hay quienes experimentan un bienestar indecible, sin llegar jamás a percatarse de que están parados justo al umbral de su extinción.

El soldado se llevó lentamente su arma a la cabeza, entrecerrando los ojos al tiempo que murmuraba - ¿Qué es lo que queda en la memoria? ¿Qué es lo que queda, si lo que amamos ha de desaparecer?

El joven miraba perplejo, sin apartar un instante su mirada del soldado, quien pronto sería trasladado por un convoy a la ciudad de L. Ya no prestaba atención a las palabras, sino tan sólo al triste semblante del soldado que seguía gesticulando sonidos que no llegaban a formar palabra alguna.

-¿El claro-oscuro no es lo que determina la belleza y la realidad de toda percepción? – exclamó el muchacho al tiempo que un gritó ahogado salía del soldado, para dar salida a su dolor.

Alzando todo lo posible su voz, el muchacho se dirigió al soldado:

- ¿Acaso el drama..., por definición, no es simple movimiento?, ¿Esperabas encontrarte siempre, parado en el mismo lugar? Destino y trayecto, Tiempo y espacio ¿acaso importan sin una conciencia que los recorra?

-Perder la cordura no es más que situar la mente en otro lugar y tiempo. La verdad que poco a poco se ha diluido, nos ha legado únicamente el amargo sabor de su añoranza – afirmó en tenue sollozo el soldado.

El general Hux asistía puntualmente para presidir su discurso, en dónde se exaltaría la proclama de un nuevo proyecto de reforma al ya antes mil veces reformado "Tratado del Hombre en Confusión", cuya parte esencial la constituían una serie de aforismos cuya fuerza y autoridad provenían de la originalidad de sus incoherencias.

El muchacho observaba perplejo la comitiva que acompañaba al general, con recelo vio aproximarse dos hombres, imponentemente armados que llegaban hasta el soldado que yacía hincado y en actitud de plena renuncia.

El más fornido de los dos, se aproximó lentamente al soldado. Levantándole violentamente el rostro mientras lo miraba directamente a los ojos, exclamó: (al tiempo que le mostraba una fotografía)

- ¿Conoces a este hombre?, estas dispuesto a morir por él ?

En cuanto tomé conciencia de la situación ya era demasiado tarde. Baz había desaparecido, y con él tan sólo queda el principio de esta historia, en donde encontramos a su protagonista preguntando de qué modo las cosas debieron pasar, para impedir que su vida finalizara de tan triste manera.

¿Qué es lo que queda en la memoria? ¿Qué es lo que queda, si lo que más amamos ha de desaparecer?

Mis pensamientos..., son tan sólo líneas difusas que se pierden en el Universo. Ya no hay horas, ni minutos; los años y los siglos son ahora, el instante que agoniza.

    Y Las prisiones..., eran interminables... bajo
la sombra del hombre abstracto.

 

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