7 de Noviembre, 2010

Artículos del 1301 al 1400

Por Chobojo Master - 7 de Noviembre, 2010, 21:10, Categoría: * * * INDICES * * *

Artículos publicados en Chobojos
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Artículos del 1301 al 1400

1301      Frontón México

1302      José Saramago, el portugués universal, escritor lúcido y comprometido

1303      Carlos Monsivais

1304      El pan nuestro

1305      Guitarra

1306      Ay niña bonita

1307      Pedro Aguayo. El legendario perro de Nochistlán

1308      Votar o no votar

1309      La sagrada familia de Miguel Angel

1310      Un entretenimiento clásico

1311      Tehuantepec - Tehua

1312      Jaque Mate

1313      Un sax en el pueblo

1314      Adiós papá

1315      Primeros versos

1316      Picaresca mexicana - Rimas y dichos de Borrachos

1317      Confesión

1318      Tiempo de mis veinte años

1319      Soy el hombre imperfecto

1320      Tacos, joven

1321      Martes 13

1322      Lo dañino y lo efectivo

1323      Frutal soledad

1324      Pelea de gallos - Trío Tariácuri

1325      Frases célebres - 55

1326      Escultura en papel - Escenas de nativos americanos

1327      La poesía aquí

1328      Te veo - Fotografía

1329      Fotografía

1330      Haikús de Abraham Peralta

1331      La azafata

1332      Soleares

1333      Karoshi. Muerte por agotamiento

1334      Contacto con el dibujante de Tomasz Setowski

1335      Grito en el humo

1336      Canto a la marimba

1337      Sin alas

1338      Basureros tirados

1339      Los pajaritos - Humor

1340      Blanco

1341      Basurero sui generis

1342      Viaje a Australia

1343      Decisión gubernamental. Información oficial

1344      Reflexiones del hijo de Pablo Escobar Gaviria

1345      Descansando en la escultura

1346      Canción Mixteca con Pedro Vargas y Miguel Aceves Mejía

1347      El vals en México

1348      Un peinado chidito

1349      Guerra contra el crimen - Caricatura de El Fisgón

1350      La Tabla de Flandes de Arturo Pérez-Reverte

1351      Frases célebres - 56

1352      Poco tiempo de Juan Cervera Sanchís - Proyecto Cultural Chobojos

1353      El tequila y las canciones

1354      Nanosegundo

1355      Automóvil imposible

1356      El Espejo de Khronos

1357      Cambio de gobierno

1358      México y el pulque

1359      Ese Dios

1360      Un camino

1361      Escribo

1362      El inspector - Humor

1363      Así son los gringos - Humor gráfico

1364      ¿Cómo llegó hasta aquí? - Fotografía

1365      Horóscopo de Alonso Marroquín Ibarra

1366      Monólogo del encarcelado

1367      Mi encuentro con Juan Cervera Sanchís. Una luz en la soledad

1368      Museo Franz Mayer

1369      Angélica - Soneto de Luis Alfonso Villalobos Guerrero

1370      Graffiti mexicano 37

1371      Pensamiento a la moda

1372      Este Septiembre del 2010

1373      Fraudes sin casigo - Introducción

1374      Samantha de Karin

1375      Explosión

1376      Hijos muy hijos

1377      Departure (Una nueva experiencia) Autor: Bernd Wachtmeister

1378      Moscas

1379      Torre de Mexicana de Aviación

1380      Frases célebres - 57

1381      Coplas chobojas por el Bicentenario de la Independencia de México

1382      Coplas chobojas por el Centenario de la Revolución Mexicana

1383      Desnudo de Gabriel Ponzanelli

1384      A veces

1385      Dinero

1386      Pobreza

1387      Doscientos años después

1388      Excelentes resultados del sexenio calderonista. ¡Festejemos!

1389      Andalucia

1390      Respeten la imagen

1391      Desde mi nacimiento

1392      Graffiti mexicano 38

1393      El eterno visitante

1394      Graffiti mexicano 39

1395      Al paraíso o al infierno

1396      Mientras escribo

1397      El Paricutín del Dr. Atl, pintor de volcanes

1398      Exquisito

1399      Andaluza

1400      Grupo maorí Waka Huia en la Plaza de San Marcos

 

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Artículos Publicados - Archivo Llave

Por Chobojo Master - 7 de Noviembre, 2010, 13:25, Categoría: * * * INDICES * * *

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Graffiti mexicano 41

Por Alonso Marroquín Ibarra - 7 de Noviembre, 2010, 1:43, Categoría: GRAFFITI MEXICANO



Graffiti mexicano 41

Fotografía: Alonso Marroquín Ibarra

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Los libros del pasado

Por Luis Alfonso Villalobos Guerrero - 7 de Noviembre, 2010, 1:35, Categoría: LIBROS

Por Luis Alfonso Villalobos Guerrero
Octubre 18 de 2010.

No hace más de ocho años, cuando colaboraba para una prestigiada firma intermediaria de seguros,  tuve oportunidad de conocer la imprenta, la enorme imprenta en donde se producían los libros de texto gratuitos auspiciados por la secretaría de educación pública. La fábrica encargada entonces de su impresión se ubicaba por allá de la salida a la carretera a Pachuca, y era propiedad de un alto empresario de bajo perfil que manejaba relaciones personales con políticos, hijos de políticos, y especialmente hijos de algún ex presidente.

La visité varias veces durante nuestros intentos para hacernos de la cuenta en el campo de sus seguros, por lo que estuve muy cerca de sus procesos de impresión, encuadernado y empaquetado, lo que traería sin duda muchos recuerdos de mi niñez alrededor de los libros.

Según me he podido cultivar, el libro de texto gratuito fue una obra del presidente Adolfo López Mateos (sexenio 1958-1964), hombre memorable no solo por su sencillez, sino por haber sido el artífice del ISSSTE, por la nacionalización de la industria eléctrica, por conquistas laborales como son el reparto de utilidades y el aguinaldo, por obras tan importantes como el museo nacional de antropología en Chapultepec, el del Virreinato en Tepotzotlán, el conjunto urbano Nonoalco Tlaltelolco y la unidad Independencia. Pero también, y en mayor medida, por haber nombrado a los mejores secretarios de estado en cuatro de las más importantes carteras: Antonio Ortiz Mena en Hacienda, Javier Barros Sierra en Obras públicas, Jaime Torres Bodet en Educación, y el mejor de todos, Ernesto P. Uruchurtu en el departamento del Distrito Federal.

En 1959, cuando se distribuyó el primer libro de texto gratuito, yo cursaba apenas el segundo año de primaria en el colegio América que entonces estaba en Gelati 29 del pueblo de Tacubaya, donde hoy se encuentra el hospital Mocell, y lamento haber estado tan chamaco cuando la segunda esposa de mi padre vendiera al kilo cada libro garabateado durante el ciclo escolar anterior, porque estoy cierto que hoy formarían parte de aquellos viejos tesoros que guardo bajo vitrina.

En ella conservo por ejemplo y en todavía buen estado, el primer libro con el que aprendí a escribir y a leer.

Ese viejo libro está impreso por la editorial Progreso el 25 de Mayo de 1955, cuando apenas era el momento, a los cuatro años, de comenzar mi preprimaria para garabatear con lápices de colores. Apenas suelo sacarlo de vez en cuando, como a los demás que conservo, por el enorme temor de que se me deshagan entre las manos.

Mención aparte es aquel momento en que aún niños nos regocijábamos con los cuentos que nos platicaban nuestros mayores. Quién de nosotros no leyó en sus épocas de niñez algún cuento de Perrault, de los hermanos Grimm, de Rabindranath Tagore, de Julio Verne o de aquel célebre Samuel Langhorne Clemens, mejor conocido como Mark Twain.

Tiraba entonces una moneda de veinte centavos  al aire por ganarme un par de aquellos merengues color de rosa, recién horneados, con la esperanza de endulzar mi boca para, después de la consabida tarea, dedicarme a soñar con la lectura. El libro del cuento de la Cenicienta que conservo está editado por Sopena, Argentina en Junio de 1951.

Debió ser por allá de 1958 o 1959 cuando circuló para los niños una colección de doce librillos que la editorial Novaro México intitulo "Biblioteca de los pequeños libros de oro", y de los cuales aún conservo tres ejemplares cuyas portadas reproduzco. Estoy cierto que fueron el agasajo de mi niñez.
          
Con 98 títulos entre los que se encontraban la isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, La cabaña del tío Tom de Harriet Beecher Stowe, Los viajes de Marco Polo de Lewis Walace, Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas, Bernardette de Jean Meunier, Moby Dick de Herman Melville, David Copperfield de Carlos Dickens, y tantos otros, la colección de historias de la editorial Bruguera en Barcelona se distribuyó en México a partir de 1959. Hoy, desgraciadamente, sólo conservo un ejemplar, y espero que el resto mi hermano mayor, Jesús, no los haya vendido al mejor postor.

En los años de juventud las lecturas debían ser ya no tanto en beneficio de la fantasía, sino de la cultura, y las editoriales se preocupaban por ello. También conservo el segundo de tres tomos de la entonces célebre colección "El libro de nuestros hijos", que publicada por UTEHA en 1956, incluía lo mismo las grandes lecturas de las culturas Griega y Romana, Biografías de las grandes personalidades de la humanidad, y hasta los conceptos y reglas básicas de todos los deportes.

Ahí tuve mis primeros acercamientos con la mitología Griega que resumiera aquel llamado Pseudo Apolodoro entre los años 180 a 120 antes de Cristo. Redactados a manera de cuentos infantiles y desde luego ampliamente resumidos, leí La Ilíada y la Odisea de Homero; la Teogonía, Prometeo y Pandora, de Hesíodo; las historias trágicas de Agamenón y sus hijos Edipo, Jasón y Medea, de Sófocles, y desde luego de la mitología Romana a Hércules o a sus principales Dioses como Ceres, y la tríada que formaban Júpiter, Marte y Quirino. Sería muchos años después, cursando el segundo año de preparatoria, cuando leería sus versiones originales.

Durante los últimos años de la secundaria y quizá por allá del primer año de preparatoria, ya circulaban una serie de cuadernillos que la editorial Interamericana publicara sobre las caricaturas que Charles Monroe Schulz (1922-2000) sobre ese particular personaje que siempre ha sido Charlie Brown para quienes lo gozamos. Charlie, eres lo máximo, Charlie, no te preocupes, Puedes hacerlo, No tienes suerte, y Calma, Charlie Brown, son algunos de los ejemplares de esa colección que guardo tras cristales.

Algún día llegaría el amor a mi juventud, y entonces también  llegaron muchos libros de entre los que no puedo hacer a un lado aquellos que dejaron una sensible huella en mi humanidad  y en mi personalidad.

Quién no leyó por ejemplo aquel tratado filosófico El arte de amar, que Erich Fromm publicara en 1959 y en el que postulara el cuidado, la responsabilidad, el respeto, y el conocimiento, como los elementos necesarios para el desarrollo de un amor maduro.

Y quien no se dejó llevar por la especial filosofía con que Antoine de Saint Exupery imaginara a El principito cuando lo escribió en 1943 estando hospedado en un hotel de Nueva York. Toda una metáfora  sobre el profundo sentido de la vida, la amistad y el amor.

Y desde luego que guardo un especial recuerdo por aquella verdadera homilía sobre el camino personal de superación que escribiera Richard Bach con el título original de Jonathan Livingston Seagull, y que aquí se conociera como Juan Salvador Gaviota. ¿Qué es la existencia?, ¿Qué soy yo?, y ¿Hasta donde puedo llegar si me empeño?, serían las inferencias que su lectura aportaría al conocimiento recogido en los libros del pasado. Se publicó por vez primera en 1970, y el ejemplar que conservo, ya ilustrado con las fotografías de Russell Munson, fue publicado en 1972 por la editorial Pomaire.

La generación de la que formé parte siempre estuvo tentada por el cuestionamiento a lo establecido en la estructura de nuestra sociedad,  de nuestro gobierno y de nuestra economía. Nadie puede minimizar la herencia política de verdaderos luchadores sociales como fueron Arnoldo Martínez Verdugo (1925- ), Heberto Castillo Martínez (1928-1997), Demetrio Vallejo Martínez (1910-1985), Valentín Campa Salazar (1904-1999), y tantos otros que con su trabajo nunca intentaron lucrar en su beneficio.

Y no puedo soslayar que como muchos que entonces participaron en los movimientos estudiantiles de 1968 y 1970, también cuestioné la fortaleza de aquellos principios y costumbres heredados de mis antecesores. Estuve cerca de la entonces embajada de la URSS, estudié a Vládimir Ilich Lennin y sus obras, e inclusive participé en una selección de jóvenes que irían a cursar estudios en Moscú. Con el tiempo y la necesidad de trabajar para solventar ciertos lujos a los que mi abuelo me había acostumbrado, abandoné toda posición de índole socialista.

Pero hay un libro entre los acumulados en la biblioteca que ya viejo me precio de tener, cuya lectura vino a equilibrar mi postura ante la vida, ante las posiciones sociales, ante el dinero. Ese libro recuerdo haberlo comprado en la casa de retiro Carmel Maranathá que los religiosos Carmelitas tienen en las afueras de Valle de Bravo, Estado de México. Yo nunca he sido un apasionado de mi religión, pero suelo visitar ese centro espiritual cuando tomo días de descanso en Valle, por la belleza de su construcción, por la magnificencia de sus templos, porque es un verdadero ejemplo de lo que el hombre puede dedicar al origen de sus creencias. Algo así como volverte a preguntar cuál es el prodigio que te ha traído a la vida, y para qué, porqué, y hasta dónde puedes llegar si a tu camino le imprimes el mejor de los empeños.

Anthony de Mello (1931-1987) fue sacerdote Jesuita nacido en Bombay, India, y graduado en Psicología en los Estados Unidos. Seguidor de los ejercicios de San Ignacio de Loyola inició una corriente de retiros espirituales multireligiosos en los que se mezclaban conceptos católicos, budistas, y de otras tantas religiones que él había estudiado, corriente llamada entonces Renovación Carismática. Después de su muerte, el 24 de Junio de 1998, la congregación para la doctrina de la fe, entonces dirigida por el cardenal Joseph Alois Ratzinger, desde abril de 2005 Papa de la iglesia católica con el nombre de Benedicto XVI, condenó su obra como "incompatible con la fe católica". De Mello jamás pretendió crear manuales sobre la fe católica, pero intentó llevar la espiritualidad a los no católicos, a los agnósticos, a los ateos.

Se puede amar al dinero, pero nunca de forma tan exagerada que te impida ver el tamaño de las mismas monedas; se puede vestir elegante, pero nunca de forma que impida ver a los demás lo que traes en el cuerpo; se puede disfrutar la vida, siempre que no pierdas la proporción de las cosas que están en tu entorno; se puede ser grande, siempre que no olvides que algún día fuiste pequeño; se puede ser exigente, si nunca olvidas que algún día a ti te exigieron; se puede aceptar la rebeldía, si no olvidas cómo te encauzaron cuando tú fuiste el rebelde; se puede amar intensamente si no olvidas que amar es arrollidarte ante la vida para  ofrendar un poco de lo mucho que a ti te gustaría recibir.

Estoy cierto que he dejado de lado muchos, muchos libros que en el ayer dejaron una huella imborrable en la conformación de mi personalidad, de mi forma de actuar, de mis sentimientos, de mis pensamientos. A los que guardo en los libreros de mi estudio y que no bajé para recordarlos les pido una disculpa. No podría haberlos abarcado a todos. La vida me ofrecerá más tiempo para hablar de ellos.

Si finalmente esto sirve para invitar a la lectura, habré cumplido mi intención. Soy, a mi edad y en una buena proporción, producto de lo que he podido leer de esos libros del pasado.


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Bajo la Sombra del Hombre Abstracto

Por Daniel Claros Stark - 7 de Noviembre, 2010, 0:17, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS


Por: Daniel Claros Stark

Olvidar por lo que peleamos alguna vez. Dar la vida y la de quienes más amamos por llegar a conocerlo, por lo que en teoría representa. Eso es lo que hoy, en verdad me entristece más.

-Cuéntame más acerca de ti, de tu origen, de tu destino. Hay tiempo de sobra y pienso que no tengo nada mejor que hacer – dijo con voz taciturna el muchacho.

 Tan breve es el tiempo que se nos ha concedido, que nuestros sueños se desbordan creando la ilusión de un afuera plagado de eternidad. -Mira niño, hoy tuve un sueño que en su momento me pareció digno de reconstruir y hasta de nombrar.

- ¿De nombrar?

- Sí así es, de nombrar, de ponerle título como a una película o un libro. Prisioneros de la Mente, fue así como lo nombré. En él veía un sinfín de celdas, dos hombres en cada una de ellas, en completa desesperación tratando de escapar. Durante toda la ensoñación trataba de enfocar sus rostros, pero me era del todo imposible.

Las prisiones eran interminables y si acaso lo único perceptible eran los innumerables brazos que asomaban de ellas. Conforme fui despertando y conforme transcurría el día la simple idea de mi ensoñación me pareció ridícula y hasta banal, sin embargo lo interesante es que hace unos meses leí acerca de Platón y de su concepción de lo eterno con límites.

Y sí sé lo que estarás pensando, pero qué mejor manera de ejemplificar tal paradoja que con la imagen de un número infinito de celdas, que en sí mismas se determinan por un límite en concreto.

El niño esbozó una sonrisa recordando como para su madre, la figura del hombre que había representado siempre la idea de una prisión y que sin embargo no le molestaría pasar toda una vida a lado de su padre.

- Pero sí lo que me cuentas es cierto, y no tendría por que ser de otra manera – dijo el muchacho resueltamente y con gran confianza en sí mismo- pues acostumbramos mentir acerca de lo que consideramos real, más no así de lo que imaginamos. Tú preocupación en todo caso ¿no debería centrarse hacía esos millones de seres atrapados dentro de su prisión?

- Tengo muchas cosas que decir, pero sí para algo tomé hoy mi arma, es por que estoy dispuesto a morir por él. El soldado acarició la pistola, deslizando suavemente dos dedos en el gatillo.

 -Nunca antes había soñado con tanta nitidez a una mujer. Delgada, bonita, con ojos tan expresivos y a la vez tan distantes. Si la viera en este instante la reconocería de inmediato.

-¿Ella se encontraba en una de las celdas?

-Han pasado ya varios años y lo cierto es que no logro recordarlo, puede ser que alguno de esos brazos le pertenecieran a ella. Y si alguno de esos seres como tú les llamas, se encontrara en perpetuo sufrimiento, en realidad no me interesaría en lo más mínimo.

-¿Más si llevaran su rostro... Si todos los rostros fueran el de ella?

El soldado miró con cautela a su alrededor, hasta finalmente fijar la mirada en el rostro del muchacho. – Conocer... ahí radica el verdadero problema y el más grande de los goces. Pues amamos sólo aquello que conocemos e intentamos conocer a profundidad sólo aquello que en verdad amamos.

- Nos ocupa el torrente, mas no así la gota individual que lo compone. -Dijo el soldado mientras en el horizonte asomaban numerosas nubes anunciando una copiosa lluvia.

-Navél fue para mí, la gota, la individualidad que un día le dio sentido a toda mi existencia. Mujeres iban y venían, una más bella e inteligente que la anterior. Pero poco me interesó conocerlas.

-Y lo que no conoces... jamás llegas a amarlo – afirmó el muchacho al tiempo que soltaba una sonora carcajada.

-Antes de ser devorados por la tormenta, la temperatura resulta muy agradable. Antes de morir hay quienes experimentan un bienestar indecible, sin llegar jamás a percatarse de que están parados justo al umbral de su extinción.

El soldado se llevó lentamente su arma a la cabeza, entrecerrando los ojos al tiempo que murmuraba - ¿Qué es lo que queda en la memoria? ¿Qué es lo que queda, si lo que amamos ha de desaparecer?

El joven miraba perplejo, sin apartar un instante su mirada del soldado, quien pronto sería trasladado por un convoy a la ciudad de L. Ya no prestaba atención a las palabras, sino tan sólo al triste semblante del soldado que seguía gesticulando sonidos que no llegaban a formar palabra alguna.

-¿El claro-oscuro no es lo que determina la belleza y la realidad de toda percepción? – exclamó el muchacho al tiempo que un gritó ahogado salía del soldado, para dar salida a su dolor.

Alzando todo lo posible su voz, el muchacho se dirigió al soldado:

- ¿Acaso el drama..., por definición, no es simple movimiento?, ¿Esperabas encontrarte siempre, parado en el mismo lugar? Destino y trayecto, Tiempo y espacio ¿acaso importan sin una conciencia que los recorra?

-Perder la cordura no es más que situar la mente en otro lugar y tiempo. La verdad que poco a poco se ha diluido, nos ha legado únicamente el amargo sabor de su añoranza – afirmó en tenue sollozo el soldado.

El general Hux asistía puntualmente para presidir su discurso, en dónde se exaltaría la proclama de un nuevo proyecto de reforma al ya antes mil veces reformado "Tratado del Hombre en Confusión", cuya parte esencial la constituían una serie de aforismos cuya fuerza y autoridad provenían de la originalidad de sus incoherencias.

El muchacho observaba perplejo la comitiva que acompañaba al general, con recelo vio aproximarse dos hombres, imponentemente armados que llegaban hasta el soldado que yacía hincado y en actitud de plena renuncia.

El más fornido de los dos, se aproximó lentamente al soldado. Levantándole violentamente el rostro mientras lo miraba directamente a los ojos, exclamó: (al tiempo que le mostraba una fotografía)

- ¿Conoces a este hombre?, estas dispuesto a morir por él ?

En cuanto tomé conciencia de la situación ya era demasiado tarde. Baz había desaparecido, y con él tan sólo queda el principio de esta historia, en donde encontramos a su protagonista preguntando de qué modo las cosas debieron pasar, para impedir que su vida finalizara de tan triste manera.

¿Qué es lo que queda en la memoria? ¿Qué es lo que queda, si lo que más amamos ha de desaparecer?

Mis pensamientos..., son tan sólo líneas difusas que se pierden en el Universo. Ya no hay horas, ni minutos; los años y los siglos son ahora, el instante que agoniza.

    Y Las prisiones..., eran interminables... bajo
la sombra del hombre abstracto.

 

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