Agosto del 2010

Un camino

Por Alonso Marroquín Ibarra - 30 de Agosto, 2010, 22:39, Categoría: FOTOGRAFIA



Un camino

Convento del Desierto de los Leones
Distrito Federal. México
Fotografía: Alonso Marroquín Ibarra

Ese Dios

Por Juan Cervera Sanchís - 30 de Agosto, 2010, 6:16, Categoría: VIDEO CHOBOJOS

Y me senté a la puerta de mi casa no a ver pasar cadáveres de viejos enemigos, sino a esperar, por fin, que Dios llegara...

 

Juan Cervera Sanchís



Ese dios

 

Y me senté a la puerta de mi casa

no a ver pasar cadáveres de viejos enemigos,

sino a esperar por fin que Dios llegara

y Dios, ¡ay, Dios!, llegaba a cada instante

vestido de mendigo y gorrioncillo hambriento,

y a veces de hormiguita laboriosa.

Llegaba, sí, llegaba ese Dios que no vemos

y tenemos día con día delante de los ojos.

Ese Dios siempre niño, con mirada transparente de aire.

Ese Dios jamás nunca absoluto y tirano.

Ese Dios pecador y equivocado,

pero siempre irradiando amor a manos llenas.

Ese Dios siempre Dios que juega con nosotros

a la vida y la muerte, al dolor y al placer,

a la risa y al llanto. Ese Dios libre y bello

y ajeno a toda clase de candados.

Dios libérrimo Dios y Dios porque sí Dios

y por siempre humildísimo

y alta y hondamente enamorado.

Ese Dios casi nunca encerrado en los templos,

tan presente en las nubes, en la hierba, en el barro,

en el agua, en el fuego, en el duelo y la fiesta.

Ese Dios y no otro es mi Dios y en Él creo.

 

Juan Cervera Sanchís

México D. F., 28 Agosto 2010

 

México y el pulque

Por Juan Cervera Sanchís - 27 de Agosto, 2010, 1:02, Categoría: NUESTRO MEXICO

Por Juan Cervera Sanchís

 

Si leemos "Los Once Discursos Sobre la Realeza", del libro sexto del código florentino, descubriremos que los primeros traductores al referirse a la bebida octli traducen vino y, más tarde pulque.

Don Francisco Xavier Clavijero en su valioso y precioso libro "Reglas De La Lengua Mexicana Con Un Vocabulario", traduce, sin más, octli como vino.

Ello pues debido a que la palabra pulque no existía en la lengua náhuatl ni en la de Castilla.

Pulque es término procedente de la lengua araucana hablada por los aborígenes chilenos. De ahí fue tomado el vocablo por los españoles y, a la hora, en México, de referirse al octli así lo designaron.

Volviendo a "Los Once Discursos..." vale la pena recordar el noveno en donde mucho se habla del octli y sus consecuencias.

Ahí, la voz del sabio, se levanta para prevenir a los hombres sobre los peligros de la embriaguez. Leemos estas palabras:

"Déjalo hijo, déjalo; águila o tigre, déjalo; si en algún lado lo oliste, olvídalo, déjalo, que no por ello morirás".

En este discurso se advierte de las consecuencias de la borrachera. Se deduce que ya en aquellos tiempos la embriaguez era el pan nuestro de cada día para no pocos.

El pulque –el octli náhuatl- tiene, según los eruditos, unos mil años de existencia. Se ha dicho que a este producto procedente del maguey poco le falta para ser carne y alimentar como tal.

No cabe duda de que esto es mentira, pero las clásicas exageraciones subliminales se dan en todas las culturas, y más cuando se idealiza aquello procedente del pasado.

Lo que sí parece saberse sobre el pulque tiene mucho de leyenda, pero no descartemos que en el fondo las leyendas no dejan de ser, en cierta manera, realidades.

Respecto a su origen se ha escrito que fue en el año de 1050, durante el reinado de Tepecaltzin, octavo rey del imperio Tollan, que un súbdito de nombre Papantzin le llegó con la nueva de que su hija Xochitl había descubierto en el interior de la planta llamada metl un líquido edulcorado y de gratísimo aroma.

El rey se interesó en ello y aceptó que la bella joven le obsequiara una jícara de aquel líquido.

Aquel encuentro de Tepecaltzin con Xochitl, con el pulque, perdón, con el octli como protagonista estelar, terminó en boda. El rey y la doncella se unieron y, de aquella unión, nació Meconetzin, al que más tarde se le llamaría Tepiltzin.

Así lo narra la leyenda, una de las leyendas, respecto al origen del pulque, pues hay otras contrarias a esta, pero dado que son menos poéticas, la memoria colectiva las relegó a un segundo plano, cuando no al olvido.

Como ya dijimos el pulque, u octli, fue una bebida reservada para los grandes señores, sacerdotes y ancianos y, asimismo, para mujeres lactantes. El pueblo no podía tomar más allá de cuatro raciones. El que se pasaba era castigado severamente.

Si esto sucedía en el mundo precolombino, tras el proceso de mestizaje que dio comienzo tras la llegada de Hernán Cortés y surgir en las tierras conquistadas la Nueva España, el pulque terminó inquietando a los virreyes y a los propios reyes. Según noticias que recibían de los efectos del mismo en sus súbditos y los naturales.

Una Cédula Real a la Audiencia y al Obispo fray Juan de Zumárraga dicta medidas para moderar el desmedido consumo de la embriagante bebida. No obstante, la producción del pulque generó con el tiempo lo que se denominó "la aristocracia pulquera".

Los personajes más poderosos del virreinato vieron en el pulque una mina de oro y lo explotaron en grande, ya que acumularon grandes fortunas gracias a él.

El pulque generaba tales riquezas a los particulares que la Real Hacienda en el año de 1763 decidió controlarlo. Esto hizo que en el siglo XVII se levantara un edificio dedicado exclusivamente al cobro de impuestos por el mismo. Nació de esta manera la Aduana del Pulque, también Llamada Garita de Peralvillo, dada su ubicación en el Barrio de Tlatelolco y el Carmen, entonces en las afueras de la zona urbana.

Fue a partir de entonces que en las calles cercanas a la Aduana comenzaron a abrirse las primeras pulquerías de nombres, ya, entre mágicos e irónicos. Veamos. Gran fama alcanzó la llamada "Sal si puedes" e igualmente "Las Glorias del Infierno", "Donde Todo se Olvida" y "El Hombre Feliz".

Todavía quedan algunas pulquerías en la Ciudad de México, que fuera la Meca de las Pulquerías en el país.

La verdad es que son muy pocas. La modernidad trajo otras costumbres y otros gustos, así como otras bebidas, por lo que hoy el pulque parece condenado a convertirse en asunto de museo.

Quizá en unos años se cree el Museo del Pulque en nuestra Ciudad y ahí, todo un privilegio para los degustadores, se nos sirva un vaso de pulque como algo exótico y extraño del pasado, ya para muchos, remoto.

Verdad sin vuelta de hoja que el pulque no es carne de ternera, pero no se puede negar que el octli, como bien lo llamaba el pueblo nahuatlato o mexica, contiene sales minerales y vitaminas y su contenido alcohólico, en comparación con otras bebidas embriagantes, es muy bajo.

Se sabe que es bebida diurética y nutritiva, pero es innegable que hoy, en que todo se adultera, es harto difícil hallarlo en la totalidad de su pureza. El pulque que aún se consume en esas escasas y raras pulquerías que nos quedan, sólo Dios sabe qué pueda ser en realidad.



Cambio de gobierno

El Espejo de Khronos

Por Daniel Claros Stark - 23 de Agosto, 2010, 1:07, Categoría: PICOS Y QUIMERAS

Por: Daniel Claros Stark

 

Y en los reflejos de tu grandeza encontrarás tan sólo miseria;

de lo eterno, sólo un efímero porvenir.

 

Incierta era la hora en que debía partir, incierto el destino y el camino por dónde habré de llegar; pues desdichado es aquel quien ausente de su propio sentido ha sido impelido para buscar todo cuanto ha sido, es y llegará a ser.

Si les dijera que en el principio de todo cuanto soy, hay tan sólo una gran dosis de temor y amor por lo que un día fui, quizás el más astuto de ustedes podrá argumentar que la falta de deseo, se compensa con una in cuantificable cantidad de memoria. Pues no hay mayor tranquilidad que saberse vencedor en batallas ya consumadas, que no volverán jamás.

En posición fetal me encuentro, pues supongo que esta es y será una de las mejores actitudes para enfrentar lo que vendrá. ¿Pues quién de ustedes pensaría que los dioses tienen miedo, y más aún que éste está en relación directa y proporcional con el poder y alcance de sus deseos?

Quise un día, ser lo más grande, lo más bello y perfecto que pudiera imaginar, mas primero. y he ahí el dilema de toda verdad, tenía por obligación ser el primero en nacer. Bastó un instante de inspiración y de pronto estaba ahí contemplando... y ordenando, mi grandeza en lo inferior, la eternidad en el reflejo que se diluye.

Mi nombre lleva ya de por sí la sola confusión de la moda, pues si el cambio es lo único que ha de permanecer en mí ¿cómo habré de conservar una única y verdadera identidad?

Se dicen de mí tantas cosas, tan variadas son las formas y las normas para medirme que para el hombre me habría de convertir en una labor titánica.

Crono fui durante largos siglos, para el labrador que en la semilla contempló cuán grande llegaría a ser. Crono fui durante incontables noches, para el amante que en su desdicha contempló cuán insignificante llega a ser la inmortalidad si no hay con quien compartirla.

Se dicen de mí tantas cosas, que incluso en cosa me llegue a convertir. La cosificación de mi esencia fue necesaria para adquirir permanencia... e hice del espacio un inseparable y entrañable aliado.

                          Tic, tac... tic, tac, las manecillas recorren con frenesí cada punto cardinal.

Llegue a extender tanto mi imperio, que ni los cien brazos de los Hecatónquiros, ni los millones de ojos impares de los Cíclopes podrán llegar jamás a custodiar.

Miles de estrellas vigilan ahora mis pasos y en el silencio contemplan mi vasta e infinita soledad, pues cierto es que entre más grande llegan a ser los sueños más pequeña la realidad se vuelve para poderlos contener. Y es que de confesar sin resabio de pudor, que cuando a la ensoñación se le llega a homologar con la realidad toda pretensión se esfuma, pues a falta de estímulo imaginativo no existe ya razón para desplazarse hacia delante.

¿Dónde principia y termina una historia, en la que el instante es todo cuanto hay por abarcar; donde todos y cada uno de los medios a nuestro alcance se encuentran en un pasado lo suficientemente vasto para que el movimiento se pueda dar?

Se me ha dicho muchas veces que sólo hacia delante es posible acumular la experiencia y la riqueza necesarias para transformar algo, que un paso hacia atrás o la simple alusión de la duda nos hace perder perspectiva y existencia valiosas.

Baste decir que algo fue, para que adquiera el rango de lo imposible de recuperar. Mas si de conservar cosas valiosas se trata, entonces he de hablar de que aún existen fronteras que no he podido alcanzar; y baste con recordar que hasta al futuro le fue trazado un límite.

Los relojes de arena continuamente invertidos son capaces de igualar en ritmo la descomposición paulatina del pensamiento nuevo. Pues a toda idea de progreso le deviene la inevitable necesidad de consumación virtual, que harán de su contenido algo digno de repetirse a perpetuidad.

Miles son las formas que han y habrán sido conservadas con el único y simple propósito de no perder ese algo tan valioso que soy yo mismo y que por tanto no puedo darme el lujo de perder.

Curioso es que si saltas una vez, ya nada impedirá que lo repitas una y otra vez. Ya que lo de menos será tocar fondo, pues el simple impulso es lo que por principio deberá ser preservado. ¡Pues maldito y mil veces maldito es el impulso que se alimenta de si mismo y hace que todo vuelva a empezar!

                     Tic, tac... tic, tac, los momentos se arrojan con frenesí, sin saber donde caerán.

Sin descanso me pregunto hacia dónde he de voltear para poder decir con orgullo - ¡He ahí la más amada e imprescindible de mis creaciones! ¡Contemplad en esta parte del mundo a lo más querido y necesario de mi descendencia! ; pues hijos son muchos, pero más abundantes aún son los sepulcros diseñados de antemano, para anularles toda posibilidad de resurrección.

Cada momento cuenta... cada momento, distinto de su antecesor, es promesa de renovación, de regeneración. Pero una vez abrumado por las insaciables mandíbulas del eterno depredador, el cadáver no guarda ya mayor distingo que el que le otorga la nostalgia engañosa que le hace imaginar que su lapso de duración fue en realidad el más importante de todos.

Se contempla a sí mismo, y es en ese sí mismo donde la otredad y la relación que guarda la propia imagen, es lo que motiva en mayor grado su decisión inapelable de verse multiplicado hasta el infinito.

           Tic, tac... tic, tac, los seres nos engañamos creyéndonos tan distintos.

Sin descanso he de repetir, que no hay mayor logro que ser el único y más notable de los sobrevivientes, pues como la misma palabra lo expresa, más allá de toda consideración, mi condición es y será siempre la de  colocarme por encima de toda fragilidad condenada al olvido.

Sin embargo, y volviendo al principio de mi relato, la angustia es tan grande que la incapacidad de verme es lo que me ha orillado a buscar ese espejo capaz de proyectar el más nítido y palpable de los reflejos. En posición fetal me encuentro, pues supongo que esta es y será una de las mejores aptitudes para asumir que hasta al fruto más maduro, le es imposible conocer a ciencia cierta la sombra del árbol que lo engendró. ¿Pues quién de ustedes pensaría que los dioses tienen miedo, y más aún que éste es en relación directa y proporcional a la inconsciencia e irracionalidad de sus deseos?

Irrefrenable es ya de por sí, considerar al manantial como principio y fin de lo que vemos, para aún así añadirle a los causes dispersos e inconexos la responsabilidad creciente de ser el origen y causa de innumerables males.

Pues basta con decir que algo pudo llegar a ser, para que perdamos de vista el buen camino y tomemos por válidas las desviaciones cortas y fugaces que gustamos apodar con el nombre de capricho. Mas si de manías he de hablar es que aún existen recorridos que no he podido concluir; y baste con recordar que hasta la serpiente que se devora en círculo no cesa de mirar lo que aún le queda por delante.

Concluir..., concluir, he ahí el mayor de mis dilemas, pues apenas del comienzo me he es dado disfrutar su aroma, cuando miles son ya, las sonrisas marchitas que aguardan curiosas del otro lado del espejo.

       Tic, tac... tic, tac, el principio de un buen final radica en ser indefinidamente inconcluso.

Inevitable será la hora en que deba partir, inevitable el destino y el motivo que me ha puesto en marcha, pues desdichado es aquel quien ausente de su propio sentido ha sido impelido para buscar toda huella de lo que ha sido, es y llegará a ser.

 Muchas esposas han tenido a bien el serme fieles, - ¡mas sólo tú... sólo tú Ananké has podido adivinar que hasta los dioses tienen necesidad de amor, y que es sólo a través de éste que la grandeza puede nacer!

En posición fetal me encuentro, a punto de nacer nuevamente como humano; de contemplarme del otro lado del espe..., de mirar..., mirar en éste breve lapso todo cuanto he creado.

 ¿Por capricho?, ¿por deseo?, de eso no cabe la menor duda. Más cuando llegué a cerrar estos ojos, y todo a mi alrededor se torne negro, sabré que nada fue en vano; pues si de algo estoy completamente seguro, es que dispongo de todo el tiempo del mundo para crear y destruir todo de nuevo.

     Tic, tac... tic, tac, espejos somos... de un tiempo que no tiene fin.

 

Automóvil imposible

Por Chobojo Master - 23 de Agosto, 2010, 0:23, Categoría: HUMOR GRÁFICO

No se sabe si va o viene, dónde es el frente y dónde atrás, ¿o sí?

Manejar un vehículo así debe tener sus complicaciones, sin embargo, debemos reconocer, chobojos, que es una pieza digna de un buen ingenio.

Ustedes deben ser definidos, para evitar que quien los mire los confunda con lo que no son, aunque, reconozcámoslo, hay chobojos que no tienen remedio.

Chobojo Master

Nanosegundo

Por Fausto - 23 de Agosto, 2010, 0:10, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Por Fausto

 

Vivamos...

Veo cómo truenan uno a uno los cristales, es como si el aliento de un enojado dios de aire escupiera hacia afuera del edificio. El estruendo ensordece y alcanzo a notar el pedazo de arena convertida en vidrio que viene directo hacia mí y que será sin duda el culpable de que ruede mi cabeza por los suelos de esta transitada avenida. Los rostros atormentados, los gritos que ya oigo y aún no salen de las gargantas de los otros colorean el ambiente de un rojo intenso, como de cerezas maduras, como de fuego devorando maderas negras, como de noche, como de día muriendo.

Algo ha explotado. Lo sé, alcanzo a ver cómo se esparce por el aire la mortal lengua, siento como avanza por cada milímetro de piel, como que comienza a evaporar, como deshace mi ropa, como me avienta, me violenta, me destroza.

Me veo de niño tomando tu mano madre. Te veo sentada iluminada con la luz clara de una tarde eterna, cargas a mi hermana y mi hermano te observa. Te veo sonriendo, eres la mujer más hermosa del mundo.

Me veo corriendo fúrico a la primera base. Te veo enojado, estoy sudando, sonríes cuando conecto una carrera y luego estás cargándome sobre el agua de una infinita alberca, luego feliz porque te gané una partida de ajedrez y desconcertado porque no entiendo de números. Sé que eres el hombre más inteligente del mundo papá, el más fuerte.

Veo que todos corren despavoridos, hay que esconderse. Que nadie te encuentre, que nadie te escuche, esa es hoy la misión más importante del mundo. Hay que ser el último en ser hallado. Escondámonos, seamos siempre niños. Permanezcamos siempre juntos.

Siento una boca húmeda recorriendo mis labios, veo piernas, brazos, un mar de piel en el que navego. Lloro lágrimas y perlas de sudor me cubren. Somos todos turgentes, somos todos suaves, olemos a una ambrosía desconocida y perturbadora, palpitamos mientras nos vemos...

Veo cómo caigo en el abismo que dejaron las partidas. Te veo sentada en tu cuarto abuela. Me veo jugando contigo de niños, Magda, cuando me decías "hermanito". Te veo tomando mi dedo con tu manita de apenas seis meses, mi Santiago. Y de ti, escucho las palabras que fueron tu despedida a través del cable de un teléfono, prometiendo regresar sin saber que nunca lograríamos vernos de nuevo... no aquí.

Los veo a todos y cada uno de ustedes entrando en mi corazón. Mi familia elegida. Tan míos... ahí, siempre haciéndome ver más y más...

Me veo enamorado, me veo llorando. Me veo encontrándote, con tus ojos como soles de un mundo por ver, por conocer. Caminando juntos, riendo de los cardos y las enredaderas, de los ladridos y el ulular del miedo. Trazando, bocetando ilusiones, cambiando de plan... Veo tu mano tomando la mía una noche tibia en la que soy quien cae dormido primero. Me veo despertando antes para verte dormir, oliendo tus sueños, reconociendo tu llegada, sospechando tu partida y decidiendo confiar en que somos más que dos.

Entiendo entonces que es cierto eso que dicen, entiendo ahora que voy a morir. Ese cristal cortará mi cuello: muerte disfrazada de un instante. He pagado por ella, por estar aquí, en este momento. He trabajado para vivir este error, para hacer de este accidente causa. Soy el jugador que puso las piezas en este lugar. No existen las despedidas, no existen porque no existe el tiempo. Me preparo para el final. Cierro los ojos, quiero sentir cómo se corta la piel, como emana la sangre, como escurren todos mis años y todos mis momentos... cierro los ojos...

Todo es oscuro.

Escucho.

Respiro.

Abro los ojos.

Estoy, sé que estoy.

.

.

.

.

.

.

Tengo un nanosegundo más de esto que llamo vida. Uno más.

 

El tequila y las canciones

Por Juan Cervera Sanchís - 22 de Agosto, 2010, 23:46, Categoría: MUSICA TRADICIONAL MEXICANA

Por Juan Cervera Sanchís

El tequila, que en el mundo precolombino estaba reservado para uso exclusivo de sacerdotes y ancianos, así como para aliviar los dolores provocados por la artritis, frotándolo en las articulaciones de la persona enferma, terminada la conquista y establecido el virreinato, hubieron de pasar cien años antes de que las autoridades virreinales decidieran levantar la prohibición que establecieron sobre esta bebida autóctona.

Pese a dichas prohibiciones, y de manera clandestina, los naturales no dejaron nunca de elaborarla y consumirla.

La prohibición fue levantada el año de 1640. No obstante, posteriormente, en varias ocasiones volvió a ser prohibida. Así hasta su legalización definitiva en 1795 en que José María Guadalupe Cuervo recibió una concesión real para su fabricación y comercialización. Surgirían después otras destilerías de renombre y, algunas, aún vigentes, como las de Cenobio Sauza en 1673. Más tarde aparecieron otras como Orendáin, Corona, Romero, González, Ruiz...

Ya a mediados del siglo XVIII, el tequila, había recobrado su prestigio prehispánico en la nueva sociedad criolla y mestiza al calificar el médico español Jerónimo Hernández “sus buenas cualidades, tomado con moderación, para las vías respiratorias y gripe, tónico nervioso y estimulante digestivo”.

Afirmado esto públicamente por el galeno Jerónimo Hernández, todos lo creyeron. ¡No faltaba más! Pero, entonces, todavía, aunque todos se alegraban con tres copas de tequila, no tenemos noticias de canciones donde se cantaran, propiamente, las coreadas virtudes de la estimulante bebida.

Los cantores del tequila en nuestra música popular no se remontan más allá de sesenta o setenta años atrás. Entre los compositores y cantores que rinden culto al tequila con mayor devoción y fervor, uno de los más insistentes y apasionados es José Alfredo Jiménez y en varias de sus populares canciones así lo testimonia. ¿Quién no recuerda, entre nosotros, aquellos versos de “Ella” que dicen: “Pero aquellos mariachis/ y aquel tequila me hicieron llorar”?

Tras esta inolvidable canción, José Alfredo compondría otra titulada “Ella volvió”, que es una contrarréplica a la primera. Ahí manifiesta:

Ya estoy al estilo Jalisco,

pero ahora el tequila en vez de agüitarme

me vuelve todo feliz.

Esta canción francamente no gustó y cayó por completo en el olvido.

En “Llegó borracho el borracho” escuchamos: “Pidiendo cinco tequilas”. ¡Bárbaro! ¿Exageraba José Alfredo o retrataba una realidad por él conocida? Sus canciones suelen ser estampas o fotografías de hechos, al parecer, vividos. En “Tu recuerdo y yo”, expresa:

Estoy en el rincón de una cantina

oyendo una canción que yo pedí...

y, habitual en él:

Me están sirviendo ahorita mi tequila.

Ese es José Alfredo, aunque de ninguna manera es en solitario el único cantor del tequila. La presencia de la histórica, legendaria y antiquísima bebida, llena también el vaso, el verso y la música de Pepe Guízar. En su canción “Como México no hay dos” canta:

San Francisco, Hollywood y sus artistas:

la Marlene, la Greta, ¡ay Dios!,

pero yo prefiero un trago de tequila,

porque vamos...vaya... claro, hombre,

como México no hay dos.

Y, el mismo autor, en “El Mariachi”, hace que las mejores voces de su tiempo canten:

Monto en pelo y bebo en jarro,

la tequila es mi mujer.

Es el único que cambia de género a la bebida. De muy macho que es el tequila, Pepe Guízar, curioso ¿no?, lo transforma en hembra del charro bravío. Se advierte que es una hembra muy hembra, malabarismo del subconsciente, La Tequila, la compañera del mariachi que monta en pelo y bebe en jarro.

Fuera de él, para todos los cantores, el tequila es el tequila. En “¡Ay, Jalisco no te rajes!”, de Esperón y Cortázar se Canta:

Oír cómo suenan esos guitarrones

y echarme un Tequila con los valentones.

Sí, porque se deduce que es cosa de valientes echarse un tequila. Cortázar, el letrista o, mejor dicho, el poeta, insistirá en el tequila, unido al limón, en una canción un tanto entrañable:

Y beber en un jarrito

un tequila con limón.

Por su parte, Chucho Monge, en “P’a que me sirve la vida”, redunda:

Yo la cambio por tequila.

Cambiar la vida por tequila. ¡Ah, caray!

A su vez, Alfredo D’Oray, nos hará la pintura musical de La Tequilera:

Borrachita de tequila

llevo siempre el alma mía,

para ver si se mejora

de esta cruel melancolía.

A lo que añade:

Me llaman La Tequilera

como si fuera de pila,

porque a mí me bautizaron

con un trago de tequila.

Ramiro Hernández, en “Voy de gallo” hace cantar a muchos:

Voy de gallo con mis cuates

diez mariachis y tequila.

Pancho Michel, en “El Aventurero”, afirma y reafirma:

Yo juego baraja

y sé parrandear,

lo mismo les tomo

tequila y mezcal.

Guadalupe Trigo, en “Mi ciudad”, tampoco se olvidó de la histórica, tan real y presente bebida, pues hoy por hoy reina en todos los ámbitos del planeta, y nos dejó su testimonio tequilero en este verso:

Baila al son del tequila y su valentía.

El tequila es raro que aparezca en las letras de las canciones actuales, aunque, sin duda alguna, intérpretes y compositores de hoy, entre nosotros, al celebrar sus triunfos, brindan alegrando su lengua con granitos de sal, rajitas de limón, polvo de chile piquín y, naturalmente, un espléndido sorbo de tequila.



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