Julio del 2010

Grito en el humo

Por Juan Cervera Sanchís - 31 de Julio, 2010, 13:15, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Por primera vez en la historia de la muy noble, bella, limpia y leal ciudad de México, los manifestantes, que llenaban por completo el espléndido Paseo de Reforma, lo hacían entre espesas columnas de humo y gritando a todo pulmón:

"¡¡¡Fu, fu, fu, fu, fu fá!!!

 A lo que añadían perfectamente orquestados:

"¡¡¡Primero no comer que dejar de fumar!!!"

Verdaderamente era impresionante y espectacular ver aquella singular y única manifestación, de no acarreados, conformada por mujeres y hombres de todos los partidos políticos y todas las clases sociales, sin excepción, unidos estrechamente por el mismo y unificador propósito: la defensa de los fumadores.

 Los fumadores, unidos por su devoción al tabaco, mostraban la unidad de las unidades por una causa común.

 Se oían frases como éstas: "Fumemos hasta la Santa Muerte" y: "Los fumadores unidos jamás serán vencidos". En aquella apoteótica manifestación no hace falta decir

que se daban cita panistas, priistas y perredistas, católicos, protestantes, ateos y creyentes, seguidores del América y fanáticos de las chivas.

 Se confirmada así que el vicio une mucho más que la virtud y quedaba patentizado en aquella manifestación; que se convertía en la gran noticia del momento en Internet, las televisoras, las emisoras de radio, periódicos y revistas.

México lograba ser el primer país donde se hacía una manifestación multitudinaria en defensa de los fumadores.

 Lo extraordinario de aquella protesta se derivó de sus consecuencias. Días después, imitando a los fumadores mexicanos, se desataron manifestaciones similares en todas

las grandes ciudades del mundo. Primero fue en París y de inmediato continuaron en Londres, en Berlín, en Roma, en Madrid, en Lisboa... y, luego, en América, desde Nueva York a Buenos Aires.

 La ciudad de México pasó, con toda legitimidad, a la historia, como líder defensora del tabaquismo, por aquella manifestación que los historiadores denominaron "Grito en el Humo".

 

 

Juan Cervera Sanchís

México D. F., Enero 2050


Contacto con el dibujante de Tomasz Setowski

Por Chobojo Master - 30 de Julio, 2010, 20:59, Categoría: BUENAS Y MALAS ARTES

 

Contacto con el dibujante

Autor: Tomasz Setowski

 

Karoshi. Muerte por agotamiento

Por Agustín Garfias - 27 de Julio, 2010, 21:34, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

Por Agustín Garfias

 

En 1969, un empleado de 29 años, que pertenecía al departamento de facturación de la compañía periodística más importante de Japón, llevaba 40 días trabajando sin apenas descansar y murió a causa de un derrame cerebral. Aquel fallecimiento fue catalogado como "muerte súbita ocupacional" y, tiempo después, se consideró como el primer caso de karoshi.

En japonés, "karo" significa exceso de cansancio, y "shi", muerte. Karoshi: muerte por exceso de cansancio. Este término fue acuñado en 1982, año en que se autorizó la publicación de libros que hablaban sobre el tema pues, antes de esa fecha, el gobierno nipón trató de evitar toda información al respecto. En la actualidad, este fenómeno ya está tipificado, pero es escasa la difusión que se le ha dado; las estadísticas y las estimaciones epidemiológicas son dudosas, y su legislación aún está en proceso.

El hecho de que el término para definir este fenómeno haya surgido de ese país oriental, no es casual, obedece a razones históricas y socioeconómicas. Después de la Segunda Guerra Mundial, debido a la devastación que habían sufrido dentro de su territorio, los japoneses optaron por desarrollar e implantar el sistema de control de calidad total en todos sus ámbitos de producción y de servicios al cliente; este sistema exige un profundo compromiso, difícil de entender y de ser aplicado en el mundo occidental, pero que para ellos, debido a su crítica situación y a su radical idiosincrasia, se adecuó perfectamente. En menos de tres décadas, se convirtieron en una potencia económica, sus productos y servicios adquirieron gran fama, y se ganaron el respeto y la admiración de la opinión pública mundial.

El asunto parecía marchar de maravilla, pero todo tiene su precio y el "error cero" de su filosofía empresarial no podía ser la excepción. Los turnos de trabajo excesivos y las constantes horas extras en las décadas de los 50´s, 60´s y 70´s, no eran considerados por ellos como un sacrificio, sino como un honor. Trabajar indiscriminadamente era motivo de orgullo, porque de esa forma sentían que colaboraban directamente en el levantamiento de su patria. Sin embargo. se les escapó un detalle: el cuerpo tiene un límite. Más allá de todo valor moral, cívico, patriótico o religioso, el ser humano de cualquier latitud, de manera general no puede vivir inmerso en una disciplina permanente y asfixiante. Muchos trabajadores murieron en el desempeño de sus labores o se suicidaron al sentirse frustrados por no haberlas cumplido satisfactoriamente.

Son admirables los logros obtenidos por los japoneses, pero han llegado a un punto en el cual ya no pueden seguir ocultando los altos costos que han tenido que pagar. A pesar del hermetismo de su cultura, ya existe un Consejo Nacional para la Defensa de las Víctimas de Karoshi, formado principalmente por abogados de Tokio; sin embargo, los requisitos para entablar un juicio de este tipo son exagerados: para que la familia de un empleado muerto por esta causa pueda cobrar una indemnización, se debe demostrar que el finado trabajó más de 25 horas consecutivas o que laboró más de 16 horas sin descanso durante los siete días anteriores al deceso.


La muerte por exceso de trabajo, o karoshi, afecta principalmente a los empleados  que laboran en empresas dedicadas a las telecomunicaciones o a los transportes; regularmente se manifiesta mediante infartos o derrames cerebrales, y las edades más críticas oscilan entre los 35 y los 50 años. El fenómeno no es exclusivo de Japón, ocurre en todo el mundo y en todos los niveles de producción y servicios.

En cierta forma, este fenómeno no es nada nuevo; tiene un nuevo nombre y una forma distinta, porque en todas las épocas de la historia del mundo "civilizado" se han dado incontables casos de muerte por agotamiento: en las canteras, en las minas, en los talleres, en el campo, en las fábricas y en los laboratorios. Faltaban los oficinistas, los conductores y una nueva especie de esclavos elite: los deportistas de alto rendimiento, que ahora también se han sumado al mercado.

Tiene poco tiempo que la OMS reconoció que la salud (en general) no es solamente la ausencia de enfermedad, sino un estado de bienestar físico y psicológico del individuo; pero este concepto está más ligado al papel que a los hechos. Ahora bien, hablando específicamente de la salud en el trabajo, nos topamos con un tema descuidado por todos los gobiernos del mundo y las autoridades que se encargan de los derechos humanos también se han hecho de la vista gorda. La verdad es que los empleados son considerados, por los grandes empresarios,  como "factor humano", como "fuerza de trabajo" o, literalmente, como parte de los costos de producción; desde su punto de vista, los trabajadores, aún los que se desempeñan en puestos privilegiados, no se cansan ni se enferman sino que se deterioran o se descomponen y hay que darles mantenimiento o reemplazarlos, economizando al máximo los gastos que generen. Es evidente, entonces, que la salud en el trabajo es ilusoria. La productividad se sobrepone al bienestar en todo momento.

En México, la Ley Federal del Trabajo, Título Noveno (Riesgos de Trabajo), contiene una Tabla de Enfermedades de Trabajo (Artículo 513); en dicha tabla hay una sección que se refiere a las Enfermedades Endógenas (Afecciones derivadas de la fatiga industrial, números 156 al 161 de este listado), pero el trabajador debe de encontrarse en condiciones físicas lamentables para que se le tome en cuenta. En relación al aspecto psicológico, en toda la Ley sólo se menciona la neurosis (número 161 del listado) como consecuencia de la actividad laboral, pero nada más ampara a los "pilotos aviadores, telefonistas y otras actividades similares".  Si alguien que no sea piloto, telefonista o realice una actividad similar se vuelve neurótico, la Ley no responde.

El objetivo de este artículo no es promover el ocio, la negligencia, el bajo rendimiento ni la disidencia laboral, pero sí la reflexión acerca de la calidad de vida. El trabajo es un aspecto muy importante en la existencia de todos los seres humanos desde cualquier enfoque: psicológicamente, se puede considerar como un medio para la autorrealización; filosóficamente, como una vía de trascendencia; incluso, antropológicamente, como un motor evolutivo; pero en la realidad sólo es un medio de supervivencia para la gran mayoría de las personas.

Existen varios niveles de estrés laboral y la resistencia de las personas es muy variable; sin embargo, tanto los más fuertes, como los más hábiles (quienes desarrollan eficaces  estrategias de afrontamiento) o, llanamente, los más tercos, tarde o temprano comienzan a minar sus facultades si no se detienen en un punto y aceptan que la situación en que se encuentran es grave e, incluso, enajenante.

En el grado que sea posible, según las necesidades particulares de cada individuo, hay que trabajar para vivir en vez de vivir para trabajar.

Existen algunos indicadores para darse cuenta de que el exceso de trabajo comienza a afectar considerablemente la existencia de una persona; algunos son muy evidentes y están directamente relacionados con la clase de labor que se realiza, otros parecieran ser muy generales y estar causados por otros motivos, incluso hay algunos que, por su simpleza, no se les da la mayor importancia, pero es trascendental tenerlos en cuenta para plantearse la posibilidad de una solución o de un cambio positivo.

  • Aumento gradual en el consumo de café, tabaco, aspirinas, vitaminas, bebidas energetizantes, alcohol o algún otro tipo de medicina o droga con la finalidad de mantenerse activo durante la jornada laboral.
  • Alteraciones de la memoria a corto, mediano y largo plazo.
  • Afasias (Transtornos del lenguaje).
  • Agnosias (Transtornos en la capacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos o para aprender nuevos)
  • Apraxias (Transtornos en la ejecución de alguna actividad motora).
  • Alteraciones crónicas del sueño (demasiado o muy poco).
  • Trastornos alimenticios constantes por deficiencias nutrimentales o por horarios de comida desordenados.
  • Agudización de los problemas familiares  por constantes ausencias en el hogar (debido a los horarios de trabajo).
  • Dolores crónicos de cabeza, cuello, espalda u otro miembro u órgano del cuerpo (provocados por la actividad laboral).
  • Irritabilidad o desesperanza extremas.
  • Dejar prendidas las luces o abiertas las llaves del agua con frecuencia.
  • Dificultad para realizar actividades conocidas y sencillas.
  • Cansancio permanente.

Soleares

Por Juan Cervera Sanchís - 26 de Julio, 2010, 23:52, Categoría: VERSOS LIBRES



Mi  mare  me lo dezía:

Er  que ize la  verdad

ze pierde p´a tó la vía.

 

Dioz mío, ¿quién me engañó,

que digo  puras  mentiras

y  ando  perdiíto yo?

 

Yo que  le quería poné

los cazcabelez ar gato,

nunca tuve un cazcabé.

 

Tal como loz añoz pazan,

lo máz que arcanzo a zabé

ez que aumenta mi inoranzia.

 

Malhaya  zea mi zuerte,

que juego a la lotería

en la que ziempre ze pierde.

 

Naíde caiga  en la iluzión

de  que se va  í   zin  pagá

zi ze zube a  ezte  camión.

 

Ezte  mundo,  mare  mía,

ez apenaz apenitaz

barata  bizutería.

 

No me quiero rezigná,

pero no me queda  otra

que cayarme y aguantá.

 

Ezpero, mare,  ar  morí,

que en verdá  haya  otra vía

donde ze  puea  viví.

 

 

Juan  Cervera Sanchís

Ciudad de México 14 de Abril 2010

 

La azafata

Por Chobojo Master - 25 de Julio, 2010, 1:50, Categoría: MISCELÁNEA

Enviado por Heriberto Martínez Fernández

 

En un avión, iniciado el vuelo, una "señora" oprime insistentemente el timbre para llamar a la azafata

-¿Cuál es el problema, señora? - Pregunta la azafata

-¿Es que no lo ve? - Responde la dama

-Me  colocaron junto a un sucio indígena. No soporto estar al lado de uno de estos seres repugnantes. ¿No tiene otro asiento?

-Por favor, cálmese… -dice la azafata- Casi todos los asientos están ocupados. Pero, voy a ver si hay un lugar disponible

La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:

-Señora, como yo pensaba, ya no hay ningún lugar libre en la clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase económica. No obstante, tenemos aún un lugar en primera clase.

Antes de que la dama pudiera hacer el menor comentario, la azafata sigue:

-Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase. Pero, dadas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante.

Todos los pasajeros alrededor, observaban la escena, indignados.

Entonces, la azafata, dirigiéndose al indígena, le dice:

-Si el señor. lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.

Y los pasajeros, que sorprendidos, presenciaban la escena, se levantaron y aplaudieron…

 

Haikús de Abraham Peralta

Por Abraham Peralta - 25 de Julio, 2010, 0:37, Categoría: VERSOS LIBRES

En el otoño

las lágrimas del árbol

son mariposas.

 

Aunque no creas

el sol vuelve a alegrar

la pasión de la flores.

 

Aunque lo dudes

en el llanto te encuentras

tus mariposas.

 

Aunque herida

la flor de los amantes

perfuma la vida.

 

Vuelve la noche

otoñal; como vuelve el día

en su primavera.

 

La Locura loca 

se extravía en los desiertos

del abandono.

 

¡Sonríe loca

que ahí viene el tren

en sus latidos!

 

Deja la lluvia

que lloré sus amores.

De ahí las flores.

 

Altísimo Naranjo

alumbra la sed y es sombra

del vagabundo.

 

La oración

de la lluvia da esperanza

a los desiertos.

 

En la honda noche

las estrellas inasibles

siguen brillando.


Fotografía

Por Juan Cervera Sanchís - 25 de Julio, 2010, 0:34, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Despiertas. Desentumeces tus extremidades.

Te bajas de la cama. Vas al baño.

Te cepillas los dientes y defecas.

Te afeitas y te bañas. Desayunas.

Te vistes. Te anudas la corbata.

Bajas las escaleras. Ruedas hacia el trabajo.

Llegas a la oficina y marcas tu tarjeta.

Te sientas frente al ordenador.

Letras. Números. Segundos y minutos.

La vida pasa. Apenas te das cuenta.

La hora del almuerzo. Un cigarrillo.

El tiempo se hace lento, pero llega

el tiempo de salir y una gota

de poesía colorea tu mente.

El día laboral toca a su fin. Ruedas hacia tu casa.

Se suceden los días, las semanas,

los meses y los años.

La vida toda es un suceso repentino

que se esfuma en la nada.

Te jubilan arrugado y neurótico,

sin ninguna ilusión de engañar

al espejo cansado de tu alma.

Los hijos han crecido y vuelan solos.

Tu mujer se ha hecho vieja y malgeniada.

Como tú. Todo son malas caras.

Estrecheces. Fatigas... Pero por fin te mueres,

¡válgame Dios, qué dicha!

Tu entierro de antemano está pagado,

se realiza sin más. El ciclo se ha cumplido.

El cementerio calla. No, no calla el cementerio.

Un gorrioncillo pía en un ciprés

por cuyo tronco sube una hilera de hormigas.

Una mosca revuela y las hojas se mueven.

Algo sucede que no encaja del todo con la muerte.

Aparece un mendigo acompañado de su perro

en la puerta del viejo camposanto

-¡qué escándalo, Dios mío!-,

y hablando de la vida nos advierte

que hay vida todavía que nadie domestica.

 

Juan Cervera Sanchís

México D. F., 24 agosto 2009

 

Te veo - Fotografía

Por Alan Sting - 24 de Julio, 2010, 8:16, Categoría: FOTOGRAFIA



Te veo - Autorretrato
Fotografía de Alan Sting

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