José Alfredo Jiménez el cantor de las lágrimas

Por Juan Cervera Sanchís - 16 de Mayo, 2010, 23:00, Categoría: MUSICA TRADICIONAL MEXICANA

Por Juan Cervera Sanchís

 

 

Dudo que haya otro compositor mexicano más obsesionado por las lágrimas que José Alfredo Jiménez.

Si revisamos el catálogo de sus canciones llegaremos a la Conclusión de que se pasó la vida llorando, como el Jeremías bíblico. En verdad, más que cantar, José Alfredo, lloró y lloró. ¡Qué manera de llorar la suya! Pobre de él. Consciente de sus lágrimas, el gran sentimental, que era José Alfredo, ya en "Camino de Guanajuato", consigna:

No vale nada la vida,

la vida no vale nada,

comienza siempre llorando

y así llorando se acaba.

Desoladora visión de la vida la de José Alfredo. Se puede decir que las lágrimas fueron las protagonistas estelares de sus canciones. En "Con mis propias manos" registra:

Se fue al clarear el alba

por el camino bañado en lágrimas.

Los caminos se bañaban de lágrimas para él. Más que caminos eran ríos de sollozos. Algunas de sus canciones llevan títulos muy significativos en relación con las lágrimas Recordemos: "Como lloran los hombres" o "Llora conmigo". Tenemos la sensación de que José Alfredo fue un hombre que se derramaba en llanto con harta facilidad. En "Cuando te acuerdes de mí" canta de esta dolorosa manera:

Cuando te acuerdes de mí

échate una copa a mi salud,

porque donde quiera que estés

vas a acabar llorando a mares.

Y no termina ahí. En esta misma canción reitera:

Cuando te acuerdes de mí

échate una copa a mi salud,

que yo también estaré

solo y sin ti llorando sangre.

Sangre llega incluso a llorar José Alfredo por cuestiones de amor y, por cuestiones de amor, llega a decir:

De mis ojos está brotando llanto,

a mis años estoy enamorado,

tengo el pelo completamente blando,

pero voy a sacar juventud de mi pasado.

Es casi un grito, desesperadísimo, este llanto de amor, en "Cuando vivas conmigo" y, en "El Jinete", malherido de nostalgia, manifiesta:

Con su guitarra cantando

se pasa noches enteras,

hombre y guitarra llorando

a la luz de las estrellas.

Con los ojos nublados por el llanto transitó José Alfredo por los caminos de este mundo. ¡Qué duda cabe! Si recordamos "Ella", nos sentimos inundados por todo un torrente de lágrimas:

Yo sentí que mi vida

se perdía en un abismo

profundo y negro como mi suerte

Quise hallar el olvido

al estilo Jalisco,

pero aquellos mariachis

y aquel tequila me hicieron llorar.

E insiste:

Me cansé de rogarle

con el llanto en los ojos...

Llora y llora y no cesa de llorar José Alfredo Jiménez. Se auto nombra rey y, ahí, en "El Rey", pobre y vencido rey, tampoco deja de invocar a las lágrimas:

Yo sé bien que estoy afuera,

pero el día que yo muera

se que tendrás que llorar,

llorar y llorar.

Visualiza su propia muerte y se inventa una amada reina que lo llora, una reina que, en realidad, es su propio y dolorido subconsciente. Nunca, las lágrimas de José Alfredo, son ajenas. Él, una y otra vez, llora y canta su propio llanto. En "Esta noche" levanta su voz así:

Esta noche me voy de parranda

para ver si me puedo quitar

una pena que traigo en el alma,

que me agobia y que me hace llorar.

¿Quién dijo que las parrandas son alegres? Hombre, José Alfredo, y músico y poeta y cantor y con una pena y mil penas traspasándole el alma que lo impulsan a cantar a fuerza de llanto. En "La mano de Dios" lo subscribe:

Yo seré para ti nada más,

te lo digo llorando...

 Ahogado en sus propias lágrimas, en "La que se fue" más que cantar casi grita con desesperación:

Si es necesario que llore,

la vida completa por ella lloro...

No se puede llorar más de lo que lloraron José Alfredo y su guitarra:

Llora conmigo guitarra mía,

tú sabes que no sé reír.

Desolador, José Alfredo confiesa que no sabía reír ni siquiera cuando el amor parecía sonreírle. Así, en "Poco a poco", deja dicho:

Poco a poco me voy acercando a ti,

poco a poco se me llenan los ojos de llanto.

Todo un caso de lágrimas y más y más lágrimas, desatadas e inagotables, el de José Alfredo de nuestras lágrimas, pues somos muchos los que hemos llorado con él. No cesa de llorar José Alfredo:

Repitiendo voy tu nombre,

llorando, triste, llorando.

Prisionero en su círculo jeremiaco bien podríamos considerarlo el Jeremías de nuestro cancionero, donde funge como profeta mayor. En "Ruega por nosotros" se sumerge en el pozo del lloro y llora sin consuelo:

Llorando paso las noches,

paso las noches llorando,

para mí el sol ya no brilla,

entre sombras voy vagando.

Sombras empapadas de llanto "canta, canta y canta" y, cantando, aún su dicha, su alma no cesa de llorar, como si conociera aquella ley de los vencidos de la que nos habla el pensador granadino Ángel Ganivet: "Es ley eterna que la victoria definitiva sea siempre la de los vencidos".

José Alfredo Jiménez, derrotado y víctima de las lágrimas, acabaría siendo el vencido triunfador, por el poder mismo del llanto, que pervive, contra la fugacidad de la ilusoria felicidad.

 

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