Mayo del 2010

Interiores - Despedida

Por Constantino Pol Letier - 29 de Mayo, 2010, 14:37, Categoría: PICOS Y QUIMERAS

Cada día que en que transcurro

muero con más intensidad,

aunque a ratos se detengan las manecillas.

 

 

Sé, porque lo vivo y lo siento,

que al dormir, y al amanecer,

ya no estarás a mi lado compartiendo la cama;

sé, que las sonrisas frescas del tiempo pasado

no regresarán para contagiarme el ánimo;

sé, también, que el acto de compartir

se habrá convertido en historia,

acaso bella como para escribirla, y no más;

sé que los halagos y los buenos días

quedaron anquilosados hace mucho

cambiando su lugar con la cortesía.

Lo vivo y lo siento.

 

Hay huellas profundas, con su realismo doloroso,

con un peso que ya no puedo, no quiero, cargar.

 

Necesito un poco de esperanza,

por eso he vuelto a acariciar las tardes

para absorber los colores que están en toda cosa

y en todas partes;

por eso ocupo mi tiempo, todo,

alejándote de mis pensamientos,

mientras intento ser fuerte

-oh, iluso, soy más débil que mi coraza-

y camino calle tras calle queriendo

llevarme sus secretos...

Hasta en eso me entretengo.

 

Sé que los relojes me han quitado el futuro

y que no tendré ya más tu cuerpo,

ni siquiera el sosiego de las caricias;

sé que la armadura de los sentimientos

se ha vuelto dura, muy dura,

tan dura que ya no dejará que salgan de paseo

y ellos eran, y son, la esencia del amor y sus extremos.

Lo vivo y lo siento.

 

Debo despedirme.

Ya no tengo tiempo para enredarme más

en un amor sin destino, sin consuelo,

y sé que tampoco tengo derecho

a pedir ni exigir –aunque lo he hecho-

la reconstitución de tantos enredos.

 

No sé cómo paliar mi fracaso,

que, necio, se convirtió en una rutina cíclica,

de mala siembra y nula cosecha.

Me ocuparé, mientras esté despierto,

para engañar a mi mente

y que mis sentimientos, ojalá así sea,

los oculte el tiempo.


Mayo del veinte diez (2010)

 

Gabriel Vargas - Historietista, creador de La Familia Burrón

Por Chobojo Master - 26 de Mayo, 2010, 12:00, Categoría: Obituario




El historietista Gabriel Vargas, creador de La Familia Burrón, falleció este martes 25 de mayo de 2010 a las 7:31 de la mañana por causas naturales a los 95 años de edad.

 

Decía a su esposa:

-¿Por qué me hacen homenajes?, si yo nada más trabajo.

 

¡Puto dinero!

Por Juan Cervera Sanchís - 23 de Mayo, 2010, 23:50, Categoría: JUAN CERVERA: VIDA SIN FIN

Busqué en el diccionario

la palabra puto

y sólo encontré puta.

Aquel muchacho amigo

seguía y seguía quejándose

y exclamando seguía.

-¡Puto! ¡¡Puto dinero!!

Dinero puto y cabrón dinero,

Dinero, ay, dinero

que, la necesidad,

entre la afiladísima espada

y la dura pared,

lo ponían a parir como se dice

y a caminar por tristes

y oscuros callejones sin salida;

por días y por no noches de no tengo,

de no puedo y colgado de su título,

pues era titulado aquel muchacho

con sus alas rabiosamente rotas

ante la gran putada de su bolsa vacía.

¡Puto dinero! ¡¡Puto!!,

exclamaba el muchacho,

aquel muchacho trilingüe por más señas

y no mal parecido,

que jugaba ajedrez y odiaba el fútbol.

Aquella inteligencia acorralada

por los hijos de hetarias sinuosas

y elegantes banqueros perfumados.

 -¡Puto! ¡¡Dinero puto!!

Y así no más, sin más ni menos,

 su juventud amarga hasta el extremo

de todos los extremos, envejecía de prisa

comida hasta los huesos

por ese supercáncer, que él muy bien definía,

como el puto dinero, ese dinero puto,

y de su puta madre,

que lo empobrece todo,

ya sea a las hormigas voraces de Wall Street

o a las pobres ratas callejeras,

aún mucho más que pobres,

que en las sucias esquinas

alzan sus sucias manos

suplicando centavos a las gentes

que empobrecidamente van y vienen

arrastrando sus paupérrimas sombras.

¿Cuándo serás, dinero, por fin, bendito y santo

entre las limpias manos de los justos?

Aquel muchacho amigo

sigue y sigue quejándose

y no deja y no deja de quejarse:

¡Puto dinero! ¡¡Puto!!

¡¡¡Putísimo dinero!!!

 

Juan Cervera Sanchís

México D. F., 23 mayo 2010


Geometría artesanal

Por Alonso Marroquín Ibarra - 18 de Mayo, 2010, 23:25, Categoría: ARTESANIAS MEXICANAS



Geometría artesanal

Pieza en madera acabada en laca
Fotografía: Alonso Marroquín Ibarra

José Alfredo Jiménez el cantor de las lágrimas

Por Juan Cervera Sanchís - 16 de Mayo, 2010, 23:00, Categoría: MUSICA TRADICIONAL MEXICANA

Por Juan Cervera Sanchís

 

 

Dudo que haya otro compositor mexicano más obsesionado por las lágrimas que José Alfredo Jiménez.

Si revisamos el catálogo de sus canciones llegaremos a la Conclusión de que se pasó la vida llorando, como el Jeremías bíblico. En verdad, más que cantar, José Alfredo, lloró y lloró. ¡Qué manera de llorar la suya! Pobre de él. Consciente de sus lágrimas, el gran sentimental, que era José Alfredo, ya en "Camino de Guanajuato", consigna:

No vale nada la vida,

la vida no vale nada,

comienza siempre llorando

y así llorando se acaba.

Desoladora visión de la vida la de José Alfredo. Se puede decir que las lágrimas fueron las protagonistas estelares de sus canciones. En "Con mis propias manos" registra:

Se fue al clarear el alba

por el camino bañado en lágrimas.

Los caminos se bañaban de lágrimas para él. Más que caminos eran ríos de sollozos. Algunas de sus canciones llevan títulos muy significativos en relación con las lágrimas Recordemos: "Como lloran los hombres" o "Llora conmigo". Tenemos la sensación de que José Alfredo fue un hombre que se derramaba en llanto con harta facilidad. En "Cuando te acuerdes de mí" canta de esta dolorosa manera:

Cuando te acuerdes de mí

échate una copa a mi salud,

porque donde quiera que estés

vas a acabar llorando a mares.

Y no termina ahí. En esta misma canción reitera:

Cuando te acuerdes de mí

échate una copa a mi salud,

que yo también estaré

solo y sin ti llorando sangre.

Sangre llega incluso a llorar José Alfredo por cuestiones de amor y, por cuestiones de amor, llega a decir:

De mis ojos está brotando llanto,

a mis años estoy enamorado,

tengo el pelo completamente blando,

pero voy a sacar juventud de mi pasado.

Es casi un grito, desesperadísimo, este llanto de amor, en "Cuando vivas conmigo" y, en "El Jinete", malherido de nostalgia, manifiesta:

Con su guitarra cantando

se pasa noches enteras,

hombre y guitarra llorando

a la luz de las estrellas.

Con los ojos nublados por el llanto transitó José Alfredo por los caminos de este mundo. ¡Qué duda cabe! Si recordamos "Ella", nos sentimos inundados por todo un torrente de lágrimas:

Yo sentí que mi vida

se perdía en un abismo

profundo y negro como mi suerte

Quise hallar el olvido

al estilo Jalisco,

pero aquellos mariachis

y aquel tequila me hicieron llorar.

E insiste:

Me cansé de rogarle

con el llanto en los ojos...

Llora y llora y no cesa de llorar José Alfredo Jiménez. Se auto nombra rey y, ahí, en "El Rey", pobre y vencido rey, tampoco deja de invocar a las lágrimas:

Yo sé bien que estoy afuera,

pero el día que yo muera

se que tendrás que llorar,

llorar y llorar.

Visualiza su propia muerte y se inventa una amada reina que lo llora, una reina que, en realidad, es su propio y dolorido subconsciente. Nunca, las lágrimas de José Alfredo, son ajenas. Él, una y otra vez, llora y canta su propio llanto. En "Esta noche" levanta su voz así:

Esta noche me voy de parranda

para ver si me puedo quitar

una pena que traigo en el alma,

que me agobia y que me hace llorar.

¿Quién dijo que las parrandas son alegres? Hombre, José Alfredo, y músico y poeta y cantor y con una pena y mil penas traspasándole el alma que lo impulsan a cantar a fuerza de llanto. En "La mano de Dios" lo subscribe:

Yo seré para ti nada más,

te lo digo llorando...

 Ahogado en sus propias lágrimas, en "La que se fue" más que cantar casi grita con desesperación:

Si es necesario que llore,

la vida completa por ella lloro...

No se puede llorar más de lo que lloraron José Alfredo y su guitarra:

Llora conmigo guitarra mía,

tú sabes que no sé reír.

Desolador, José Alfredo confiesa que no sabía reír ni siquiera cuando el amor parecía sonreírle. Así, en "Poco a poco", deja dicho:

Poco a poco me voy acercando a ti,

poco a poco se me llenan los ojos de llanto.

Todo un caso de lágrimas y más y más lágrimas, desatadas e inagotables, el de José Alfredo de nuestras lágrimas, pues somos muchos los que hemos llorado con él. No cesa de llorar José Alfredo:

Repitiendo voy tu nombre,

llorando, triste, llorando.

Prisionero en su círculo jeremiaco bien podríamos considerarlo el Jeremías de nuestro cancionero, donde funge como profeta mayor. En "Ruega por nosotros" se sumerge en el pozo del lloro y llora sin consuelo:

Llorando paso las noches,

paso las noches llorando,

para mí el sol ya no brilla,

entre sombras voy vagando.

Sombras empapadas de llanto "canta, canta y canta" y, cantando, aún su dicha, su alma no cesa de llorar, como si conociera aquella ley de los vencidos de la que nos habla el pensador granadino Ángel Ganivet: "Es ley eterna que la victoria definitiva sea siempre la de los vencidos".

José Alfredo Jiménez, derrotado y víctima de las lágrimas, acabaría siendo el vencido triunfador, por el poder mismo del llanto, que pervive, contra la fugacidad de la ilusoria felicidad.

 

El desnudo en el cine mexicano

Por Juan Cervera Sanchís - 16 de Mayo, 2010, 22:18, Categoría: DIVULGACION. Trabajos y aportaciones

Por Juan Cervera Sanchís

 

El desnudo en la historia del arte cuenta con una antiquísima tradición.

Anteceden al cine la escultura y la pintura. Existe toda una galería de Venus, ya desnudas totalmente, ya semidesnudas. Célebre es la Venus de Cirene que, aunque perdió su cabeza, es de una asombrosa perfección. No se diga la de Milo, a la que todas admiran sin fijarse en sus amputados brazos y, así, llegamos al éxtasis que produce el lienzo de Boticelli: "El Nacimiento de Venus".

El desnudo femenino en el arte es una irresistible fascinación. Bastaría recordar "Las tres Gracias", de Rafael; "La Venus del Espejo", de Velásquez; "La Maja Desnuda", de Goya; "Dánae", de Tiziano... y tantas y tantas beldades desnudas como los grandes maestros de la pintura han inmortalizado.

En el reino del cine mexicano han existido, y existen, mujeres bellísimas desde la época del cine mudo, aunque éste se nos fue sin regalarnos un solo desnudo. El puritanismo de la época no permitió que hoy, nosotros, podamos admirar desnudos los espléndidos y bellos cuerpos de actrices como Mimí Derba, SIPRI Martí, Socorro Astol, Matilde Cires, Carmen Bonifaz o Teté Tapia. Esta última, la más atrevida de todas aquellas estrellas, todas excelentes figuras de la escena, y que en el cine no pronunciaron una sola palabra, sí nos mostró escotes que escandalizaron a las pudorosas abuelas de entonces, pero hasta ahí. El pudor se imponía con hipócrita prepotencia.

Con el cine sonoro que, en México, arranca con la película "Más fuerte que el deber", protagonizada por Idolina Romagnoli, habrá que esperar dos años para ser testigos del primer e histórico desnudo.

 

Monja, casada, virgen y mártir

El 24 de enero de 1935 se inicia el rodaje, bajo el auspicio de Producciones Alcayde, de la historia original de Vicente Riva Palacio, "Monja, Casada, Virgen y Mártir", en adaptación, diálogos y dirección de Juan Bustillos Cros.

Cincuenta y cuatro días después la película se estrena en el cine Palacio con un éxito impresionante. La fotografía es de Ezequiel Carrasco, el sonido de Rafael Esparza y la escenografía de Carlos Toussaint. La música de fondo es de Federico Ruiz. El reparto artístico, según se decía en aquel tiempo, estaba integrado por: Consuelo Frank, Joaquín Busquets, Julio Villarreal, Antonio R. Frausto, Elena D´Ordaz, Carlos Villaloro, Luisa Obregón, Eduardo Arozamena, Dolores Caramillo, Emma Roldán y Pablo O´Farril.

Todo el mundo salió del cine Palacio hablando de lo mismo: El maravilloso desnudo de Consuelo Frank que, vista desde arriba y por la espalda, era una obra de arte y una sugerencia erótica sin precedentes en el cine nacional.

Se escribía así la primera y una de las más exquisitas páginas de la historia del desnudo en el cine mexicano.

Según contaría más tarde Juan Bustillo, Consuelo Frank, de alguna manera fue engañada para que permitiera que se filmara tan artístico desnudo. Al descubrir la argucia, Consuelo, se enojó, pero, gracias a dicha escena, junto con Bustillos, trascendió y se ganó, merecidamente, un pedestal en la historia del cinematógrafo nacional.

 

Veinte años sin desnudos

Después de aquel artístico y sutil desnudo transcurrieron más de veinte años sin que nadie se atreviera a filmar un desnudo en México. Si se filmaron semidesnudos, que ya de por sí eran atrevidísimos. Se mostraron muchas piernas, muchas caderas, hombros, espaldas...y se entrevieron senos, pero lo que se dice desnudos...No, desnudos a plenitud no.

El año de 1952, Rosa Carmina, nos muestra en "La Diosa del Thaití" sus seductoras piernas y su espléndido y escultural cuerpo; Lilia Prado, ese mismo año, juega a la tentación y enseña parte de sus virtudes físicas en la cinta "Cuarto de Hotel".

En 1953, de nuevo Rosa Carmina, en "La Segunda Mujer", se atreve, hasta donde el guión de Mauricio Magdalena y Max Aub, se lo permite, a insinuar, más que a enseñar, los cielos de su carne, lluviosa, digámoslo así, de sensualidad apasionada.

Ese mismo año, Gilberto Martínez, emociona al gran público con su película "Mulata", protagonizada por Ninón Sevilla. Los pechos desnudos de las excitantes mulatas exaltan pasiones.

En 1954, María Antonieta Pons, en "La Gaviota", saluda al mar con los pechos salados y acariciados por la espuma entre juegos de suaves y lujuriosas olas. El desnudo total aún no llega, pero se insinúa cada vez más y más tentador.

 

1955: año de los desnudos

Fue el año de 1955 en que se desgarró por completo el velo de Isis y los desnudos totales se hicieron patentes en la pantalla. La admiración ante la belleza, sin intercesiones de

de sedas y muselinas, del cuerpo femenino, suplió al escándalo. En realidad los cuerpos que se podían ver en la pantalla no eran como para caer en las redes del hipócrita moralismo, sino más bien de hinojos ante la poesía que visiblemente transpiraban.

La auritmia corporal de Kitty de Hoyos, en "Esposas infieles", embelesó a todos. ¿Acaso se había visto cuerpo tan perfecto antes en la pantalla? Kitty desnuda era una diosa comparable a las Venus del mundo clásico. Todos se rindieron ante la justicia del desnudo, pues resultaba injusto ocultar lo que la Madre Natura había creado para que se le rindiera tributo de contemplación.

Kitty, más que deseada, fue contemplada con auténtica Devoción. Ella, físicamente, era en sí una viva obra de arte y el cinematógrafo estaba en su legítimo de inmortalizarla.

Con Kitty de Hoyos, ese año de 1955, los cinéfilos admiraron a Ana Luisa Peluffo en "La ilegítima", y la desearon.

Al igual que a Columba Domíguez en "La virtud desnuda".

María Félix, siempre imperiosa, subyugaba a sus admiradores en "Los héroes están fatigados".

Aída Araceli ejercía un ingenuo encanto en "Juventud desenfrenada".

Ana Berta Lepe nos prometía a su vez"Vernos en el cielo" y, Christian Martell, filmaba "Batacán mexicano".

 

Más y más bellos cuerpos

Vendrían más y más desnudos en el cine mexicano. Ninguno, en puridad a la verdad, superó, ni ha superado, a los realizados en 1955, en belleza, calidad y sentimiento artístico.

Vimos, hemos visto, muchos y hermosísimos cuerpos. Los seguimos viendo. Recordamos de aquellos añorantes entonces el de Sonia Furió, espléndido; el de Lorena Velásquez; los pechos de Silvia Pinal en "La Soldadera"; el torneado encanto de Martha Valdés en "El Gato sin Botas"...

Entraríamos más tarde en un período de ordinariez y descarado mal gusto, si recordamos algunas películas de Meche Carreño, por ejemplo, y otras que no vale la pena ni nombrar, donde se verían desnudos ajenos por completo a la armonía clásica de las pioneras, que sí estuvieron a la altura del arte y con gusto las hubieran esculpido Praxiteles y pintado, de haber sido sus contemporáneas, Boticelli, Tizziano o Rafael.

 

Suicidas

Por Fausto - 16 de Mayo, 2010, 19:28, Categoría: VERSOS LIBRES

Por Fausto

 

A Sylvia, Virginia, Alexander, Alfonsina, Ernest, Ian, Vincent,

Yasunari, Yukio y Sandor, a quienes ahora entiendo.

 

Suicidio es dejar de oler la tibieza y de saborear la piel,

cerrar los párpados y llorar las llaves del que fue camino...

 

Es hacer desierto de la ternura,

desamarrar lazos y soltar el vuelo...

 

Suicidio es explotar el corazón,

es derrota decidida, es canción... es jugar la última broma...

 

Suicidio es mezclarse con la nada,

es evaporar la miel... es ser bruma...

 

Suicidarme es volverme niebla de nuevo, dejar de ser agua y no por ello dejar de ser...

 

Suicidarse es dejarse ir tras dejar ir...

 

*********************************************

Para unos es dormir. Para otros dejar de soñar. Para otros descansar.

 

Caballero durmiente de Tomasz Setowski

Por Chobojo Master - 16 de Mayo, 2010, 13:45, Categoría: BUENAS Y MALAS ARTES


Caballero durmiente

Pintura de Tomasz Setowski


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