27 de Diciembre, 2009

Punkijote de la Raza - Quiero garantías para llegar al infierno 1/2

Por Alonso Marroquín Ibarra - 27 de Diciembre, 2009, 19:35, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Por Alonso Marroquín Ibarra

El título se debe, mis rubicundos, imberbes o barbados y cachetones lectores, a una inmensa preocupación que ronda desde hace tiempo a este galopante amigo de todos ustedes y enemigo de muchos. El coco me baila una y otra vez debido eño que tuve en días recientes. Desato mi lengua y les platico.

Me encuentro en un lugar insultantemente blanco, muy claro, mejor dicho. No importa para donde mire, todo es resplandor. Por unos momentos me tapo los ojos para alivianar aunque sea tantito la molesta sensación que me produce tanta luz. Al cabo de un ratón, me acostumbro y volteo para todos lados con la desesperación subiendo por mis espaldas. No veo a nadie, no hay ni maíz, nada más la canija lluvia de luz. Pues, ¿"on toy?, me pregunto. Camino ligerito, como si flotara, durante horas –esa fue mi sensación en el sueño- y nada. Ni un cerro, una calle, algún cuate… un can, pues. No. Nada. No hay nada. Pierdo la noción del tiempo y sigo camine y camine, hasta que finalmente, si mis oclayos no me traicionan, veo a lo lejos la figura de alguien. Va en chinga, caminando de espaldas a mí. No sé si es una vieja o un güey, pero es una persona. Corro, como si en ello me fuera la vida, hasta que la alcanzo. Se voltea, veo que es una ñora, vestida con atuendos monjiles, sonriéndome con una amabilidad que siento extraña. Luego me suelta un chorito, que me deja con el hocicote abierto.

-Bienvenido, Telésforo. Has llegado a la región más transparente de la Gloria.

¡Chale! ¿Y ésta? ¿Como sabe el pinche nombrecito que me pusieron mis jefes? Respingo:

-¿Telésforo? Estás como licuada del cerebro. Soy Punkijote, Punkijote de la Raza, eterno aprendiz, hacedor de voluntades, ilustrador para los ignorantes, valedor que se la rifa todos los días y que persigue su pan realizando las faenas necesarias que haya menester para ese fin. ¿Tú quién redemonios eres? ¿Qué mamada es esa de la región más transparente de la Gloria?

-Estás en la Gloria, Telés… Punkijote. Aquí podrás conversar, por toda la eternidad, con los grandes guías espirituales de todos los tiempos, con santas y santos, con gente pía de almas bondadosas, gente plena de amor y misericordia.

-¿Puedo platicar con el mero efectivo, con los ángeles y arcángeles?

-Ellos pertenecen a la grey celestial, hay que hacer cita y si procede…

-¡Chale! ¿Cita? ¿Si procede? Mucha burocracia, ¿no? ¿Podría platicar con el Mahatma, al menos?- pregunté entusiasmado.

-¿Te refieres a Mohandas Karamchand Gandhi?- Asiento, de asentir, no me refiero al lugar que se usa para sentarse. –No, Gandhi, aunque fue un pacifista de los más altos vuelos, cometió algunos pecadillos que…

Chale! Cometió algunos pecadillos… ¿Pos qué onda…? Si Gandhi no está en este dizque paraíso, entonces ¿quién está? ¿Está Juanita? Me refiero a Sor Juana Inés de la Cruz,  a Juanita Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, para ser muy claro…

-No te sulfures, Punki. Está Ignacio de Loyola, Carol, Juan de la Cruz, Juan Diego, El Niño de Atocha… Aquí, cuando es el caso, ya no les endilgamos el santo o santa; nada más los llamamos por su nombre.

-¿Ignacio de Loyola? Ese bato fue un soldadote que mató a buti de raza…

-Se arrepintió, Punki, se arrepintió.

En esta parte del sueño vi venir a una viejita sonriente. La identifiqué de volón era La Madre Teresa. Era la segunda persona que veía en aquel espacio que más me daba la impresión de estar lleno de soledad que de alegrías y paz. Eso sí, la luz seguía hiriendo mis pupilas, me refiero a las de mis ojos, no a mis admiradoras. Teresa –no sabía si decirle madre porque en rigor no tuvo hijos- me soltó un decálogo… más bien dicho una especie de icosálogo de consejos, porque fueron como veinte los que, más rápido que pronto, me quiso imponer para que tuviera una estancia perfecta en aquella inmensidad.

Apareciendo poquito a poco me fueron rodeando cuates y cuatas que en sus vidas terrenales habían sido monjas, sacerdotes, beatas, portadores de la palabra, prelados eclesiásticos, santurrones de pueblo, proselitistas, rezadores y todos, sin excepción, a coro y en crechendo, me decían en tono gandallamente imperativo:

-Sigue los preceptos de Teresa.

-Haz lo que te manda Teresa.

-No pienses más que en lo que dice Teresa.

-Actúa como te pide y te ordena Teresa.

-Sé como Teresa…

¡Me desperté! Me desperté angustiado, sudando, con las cobijas –jodidísimas, por cierto- enrolladas en mi pescuezo. Mis brazos, como aspas, estaban tirando madrazos a diestra y siniestra, mientras mis piernas se flexionaban a lo loco… ¡En la madre! ¡Qué cosa más ojeta!

-¿Qué te pasa, Punki?

-¡Ay, güey!-. Me espanté más. Luego me percaté que la que me había preguntado no era Teresa, la madre esa del sueño, sino mi chava en turno, que se había despertado acelerada y que con voz pastosa me inquiría, preocupada, cuidando al mismo tiempo mi mohicana para que no se quebrara.

-Disculpa, morrita, es que tuve un sueño de lo más cañón-. Le resumí, me refiero a que le hice un resumen de mi visión onírica, no a que le haya re-sumido nada, eso fue después, para el aliviane. –Pienso que para cuando me pele de este mundo necesito garantías.

-¿Garantías de qué, mi gallito fino?

Lo de gallito fino me cayó al pelo porque ya había cumplido con mi agradable papel de machín y había cumplido bien. Lo supe al ver la sonrisa de satisfacción de mi chava.

-Sí, morrita. Necesito garantías para llegar al infierno. Allá arriba está de a tiro muy gacho. Nunca lo había pensado, pero este sueño hizo que mi conciencia se iluminara.

 -Ah, cabrón, ni que fueras lámpara.

-Frena tu carromato. Escucha, lissenea, para oreja, óyeme, cosita linda.

-Está bien, Punki. Dime. Te escucho con atención total, al cien. Cuando la fuerza mengua, te queda la lengua.

-Siempre había pensado, porque así nos han enseñado generación tas generación, que al petatearse el premio –después de esta vida-, era irse al cielo, pero… la neta, ¡está cabrón! Te repito: ¡Quiero garantías para llegar al infierno! El sueño que tuve, me dio cosa. Al fin de los tiempos ¿quiénes van a estar allá?; y más que quiénes, ¿cuántos? Allá arriba está vacío, me cae que sí. "Ora si que allá arriba está muerto.


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Punkijote de la Raza - Quiero garantías para llegar al infierno 2/2

Por Alonso Marroquín Ibarra - 27 de Diciembre, 2009, 19:30, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Por Alonso Marroquín Ibarra

Estuve echándole un de rollos a mi morra. Sin embargo, no sirvió de nada, ella no dejaba de verme como un maldito blasfemo. Me tachó de hereje, de desubicado, de desarraigado de la voluntad del altísimo, de loco –esto último sí lo acepté, aunque no como ella quería, tampoco estoy tuti chispoteado. ¡Faltaba más!-, me dijo irreverente, alejado de la fe, heredero de Luzbel, guía de los perdidos –no de los jodidos, sino de los que no tienen remedio-.

La chavala se descosió con chingos de calificativos mala onda hacia mi persona. Luego, agarró su tubo de tela, guatemalteco, metió sus trapos, sus "donas" para el pelo, sus adornitos y se fue… Bueno, debo reconocerlo: me abandonó, me botó como a un apestado. Eso si me caló. Tardé un buen en convencerla para que viniera a vivir conmigo y por un pinche sueño, se espantó. Ni siquiera cumplimos la semana de vida sabrosamente marital. Me convertí para ella en un vivo sinónimo del maligno. ¡Satanás redivivo! ¡Pa" su madre! ¡Qué cosa!

El punto es que, reflexionándolo bien, masticando el problema hasta el punto de ablandarlo, llegando al mero meollo del espinoso asunto, la neta es que originalmente no quería irme al infierno, aunque todos me decían:

-Cuando te pones en plan agresivo, eres un verdadero diablo.

-Si, güey, además eres bien anti-todo. Te manchas con la tropa.

-Pinche Punkijote, de seguro tú sí te vas derechito al infierno.

Nada más que después del sueño y ver la Gloria –al menos esa- y de darle vueltas, como burro amarrado a un eje, al asunto, ya no se me antoja ir para allá.

Pero la bronca no para ahí.

La verdadera bronca es que, como en la actualidad el mundo –completito- está lleno de pecadores, de a madres, el infierno ha de estar a reventar. La neta no creo que queden muchos lugares para pecadores leves como yo, y digo leves, porque comparándome con cualquier político, empresario, líder sindical, funcionario público, o religioso de nivel –que se meten también en la política a lo cabrera- soy un aprendiz de poca monta.

Mi valía como pecador es mínima, debo reconocerlo. He trompeado, me han trompeado, he tronado naricitas y partido algunas mandarinas en gajos, he ofendido con mi filoso verbo, he gritado, he roto vidrios, pateado puertas, me han metido al bote, le he puesto los cuernotes a varios güeyes cuyas esposas quisieron conmigo, pero eso no se compara, para nada, con los pecadores de ligas mayores, como aquél que hace poco dejó sin chamba a más de 40,000 trabajadores.

Yo no armo guerras, menos hecho bombas de uranio enriquecido en ningún país, ni desmadro economías nacionales, ni traiciono causas populares, ni me tranzo los impuestos –de hecho como mis ingresos llegan por medios no ortodoxos no pago ortodoxamente impuestos-, no me robo la luz, no soy rata de ningún tipo…

Mi preocupación es no tener cabida en el averno. Allá están muchos gandallas, lo sé, pero también están los grandes libertadores. Sería buena onda hecharse un buen verbo con Bolívar, con Carlo Magno o con algunos escritores chipocles como Giovanni Papini, el Dante, Balzac o Proust. Supongo que Saramago va irse pa" allá abajo también, el Gabo (García Márquez) y una bola de pensadores chidos que han de estar pasándola de poca con nuevos cuates –en esas condiciones, intemporales-. Imagínense a Sócrates en un mano a mano con Marx o a Sigmund Freud polemizando con Wilhem Reich y Burrhus Frederic Skinner… ¡Chido! Para acabar pronto: el buen ambiente parece que está allá abajo.

Tal vez deba empezar a cometer pecados mayores para "garantizar" mi entrada en el tan demandado y saturado "mundo de allá abajo". Tal vez deba convertirme, como dice un anarco, en un ser hermosamente violento. No, creo que no va por ahí, atentaría contra mi filosofía personal. Ya se me ocurrirá algo efectivo: tal vez atacar las casas de los políticos que no resuelven nada con heces fecales, hasta que solucionen de raíz las broncas de la raza.

La inquietud que me queda es la onda esa de los castigos -y más porque se supone que son eternos-, aunque, meditando, concluí que va a estar lleno de mexicanos y que algo se les ocurrirá para evadir las torturas. ¡Vaya que sí! Creo que no debo preocuparme. ¡Hay de diablos a diablos y para asuntos donde hay que darle la vuelta a las cosas mis paisas se pintan solos!

Termino contándoles que cuando se fue mi morrita, la banda le preguntó por qué me dejaba y los convenció de que estaba yo poseído. Desde ese día me han visitado una lista interminable de proselitistas religiosos como no tienen idea, desde los dichosos Testigos de Jehová hasta los mormones, pasando por un madral de sectas de toda laya: los Hijos de Dios, Los Adventistas del Séptimo Día, Los Niños de la Alborada, Nuevo Amanecer, Pare de sufrir, Cristianos (de los nuevos), Evangelistas, Anglicanos, Calvinistas, Pentecosteses, Costaleros… También han apedreado mi morada, rompiendo los vidrios de la única ventana que tengo; hubo un intento de quemar mi aposento con una estopa llena de gasolina; se han manifestado varios grupos de hijos de toda su madre, mentándome la idem; me han hecho fama de hechicero y brujo negro y, en el colmo de la tontería, ayer pasaron unos güeyes pidiendo mi anuencia para hacerme un exorcismo. Todo ha sido "En el nombre de Dios"


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