17 de Noviembre, 2009

Punkijote de la Raza - Me cae que sí era un muerto

Por Alonso Marroquín Ibarra - 17 de Noviembre, 2009, 3:00, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Muchos de mis cuadernos, mis cuates, mis amigos, pues, son aficionados a coleccionar chiva y media. En estos tiempos donde todos viajan por Internet, no falta quien se aplique, como poseído por el maldito demonio, acercándose al límite de la locura, a guardar miles de jotapegés (archivos jpg) de pornografía en todas sus variantes. Y vaya que hay un buen de categorías: softcore para los leves; hardcore para entrar en materia; bestialismo para los dañaditos; hermafroditismo, relaciones entre putos (les gusta decirles gays), lesbianas, ídem; eyaculaciones en todas las variantes imaginables; trabajos de manita, combates interraciales y… ¡Chale! mejor le paro. No vaya siendo que les pique la curiosidad y, la neta, no quiero ser promotor de esos mundos.

Otros hay que bajan y bajan música sin parar, tanta que sus Ipods o reproductores contienen cientos de gigabytes -sin exagerar- en archivos mp3. Las rolas almacenadas se cuentan por miles y, aunque se enchufaran los audífonos todo el día, tardarían meses o años en darle la vuelta a todo el material recopilado. Muchas veces ya no saben ni qué tienen en sus chunches o, para colmo, en discos duros externos, que también "llenan hasta el full".

Hay coleccionistas de videos; niñas que cambian y conservan los teléfonos celulares anteriores; ¡ah!, otras que coleccionan ositos y muñecos de peluche y también quienes coleccionan búhos, tortugas o palomas llenando todos los rincones de su vivienda con las figuritas -a veces figurotas- colocándolas hasta en el "trono de las necesidades elementales". Ni puede uno concentrarse como debe ser estando rodeado de las canijas figuras, que en ese momento tan especial más parecen vigilantes, como los de las tiendas Samborn"s (son bien aferrados esos fulanos… han de pensar que todos son rateros y a todos los quieren cachar en las actividades propias del caco).

Yo colecciono timbres postales.

-Ya, Punkijote, ¿qué chiste le encuentras a juntar esos pinches papelitos?

-¿Cómo que qué chiste? Si serás ignorante. Te pones en evidencia. La filatelia -así se llama, ¿eh, güey?, pa" que te ilustres- nos entrega el mundo en estas pequeñas piezas. Cualquier tema que se te ocurra está aquí.

-¿Y eso qué? Mejor veo la tele, allí también está el mundo y todos los temas.

-¿Sabes qué? Por eso tu cerebro no evoluciona, estás como patinado. Tu caletre no da para más, no lo ejercitas, ya no captas. Se me hace que también eres fanático macizo del fútbol. En tu forma de pensar se ve que tienes espíritu de televiso (de Televisa) y teveazteco (de TV Azteca). Este mundo de los timbres está mucho más allá de esa bazofia.

-¡No te manches! Más allá… -chilló despectivo-. Más allá, está el mundo de los muertos y más acá, el nuestro, el de los dizque vivos.

-La neta, estás cerrado de las entendederas. Ya mejor vete. Déjame cultivar y disfrutar mi afición.

-Pos a"i te ves mi Punkijote. Te dejo con tus alucines.

Oí clarito cuando el Robin cerró la puerta. Le decían así como sustitución de petirrojo, que a su vez era la evolución de jilguerillo. Se la pasaba chiflando todo el tiempo. Otros de sus apodos eran El pájaro "orcas, El bocinas, El tlaconete (por arrastrado, baboso y desagradable), La babosa (ídem), El nopal (vestía de verde, incluía otra vez lo baboso y era muy espinoso: por todo brincaba y eternamente buscaba camorra). Me regresé a la mesa y me dispuse a clasificar las estampillas que tenía pendientes. Escuché que se abría la puerta.

-Ya vete, Robin. No tengo ánimos para lidiar contigo y menos para que al rato estés todo esponjado, con ganas de hacerme la guerra. Hoy no quiero usar la fuerza de mis puños.

No me contestó; pero eso sí, conforme caminaba hacia mi cuarto, empezó a dar de zapatazos en el piso de duela, ya demasiado vieja y carcomida como para resistir sus embates.

-Vas a chingar la duela. Ya te dije que te vayas, pinche Robin. Afuera te ves bien bonito, me cae que sí.

Ni una palabra. Peor aún, como de seguro estaba ardido porque lo taché de "cerradito", tiró mi librero, y eso me enchiló más rápido que pronto. Ya se había pasado de la raya y era necesario un hasta aquí.

Me levanté como rayo, volteando mi silla de mimbre, también bastante desvencijada, y haciendo a un lado la cortinita que hacía las veces de puerta, atravesé el umbral y… ¡Ay, güey! ¡No había nadie! Miré mis libros en el suelo y traté de encontrar alguna explicación lógica: un gato intruso, o un perro… Pero no, no era posible. Ni modo que un animal hubiera abierto la puerta y hubiera caminado como soldadote de Felipe por el cuarto… Un movimiento me hizo voltear y vi cómo la cortinita se hacía a un lado, como si la estuviera moviendo un chiflón, luego escuché un repapaloteo y alcancé a ver cómo caían las hojas de mi carpeta y volaban mis timbres por todas partes… ¡No manches!, dije quedito, muy quedito, y sentí cosa. Recordé las palabras de Robin «Más allá, está el mundo de los muertos y más acá, el nuestro, el de los dizque vivos»

«No te arrugues cuero viejo que te quiero pa" tambor» dije, para darme valor y ¡Madres! que oigo cómo daba mi lira contra el piso. Luego, como decía mi jefa, «me tentó la muerte chiquita». Sentí que me tocaban el hombro y, «patas, para qué las quiero», que salgo hecho madres de mi cantón.

Saliendo, vi al Robin sentado en la banqueta Robin con otros gandules. Estaban bien entretenidos chupando. Voltearon de volón.

-¿Y "ora qué, pinche Punkijote? Al mono ese de la capa no lo corriste como a mí. Me discriminaste y eso, la neta, no se les hace a los amigos.

-¿Cuál mono? ¿Cuál capa? Si me acaban de asustar. Me cae de madres que se coló un fantasma a mi guarida. Tiró mis libros y mis timbres; hasta pensé que eras tú, pinche Robin…

-"Ora sí, ca". Primero me corres, luego dejas pasar a tu cueva otro güey que no es de la banda, discriminándome, como si fuera yo basura, y ahora me pincheas. La verdad, te pasas de lanza. Si perdono, no valgo, así que, aunque yo no quiera, debo hacerme valer. A"i te voy.

Empezaron los trompones. Yo me la rifé y lo empecé a surtir, pero los otros gandayas al ver al Robin caer dos veces se me echaron en bola y la cosa se puso cañona. Allí estaba mi chante, pero no sabía qué hacer. Si me seguía rifando con aquellos bandoleros de banqueta, me iban a tupir de lo lindo y si decidía entrar de nuevo a mi mansión quién sabe cómo me iría con el fantasma. Tenía que escoger: los vivos surtiéndome o el muerto -porque debía ser un muerto- que hasta ese momento nada más me había asustado.

Por estar en mis elucubraciones, cual Alonso de Quejana con sus novelas de caballería, me descuidé, y el Robin me dio un sopapo, a mano abierta, pero que me dolió un chingo, pero un chingo, y me atarugó todito. Reaccioné: «Manos, brazos, ¿para qué os quiero si no es que para que seáis como aspas de un molino de viento y detengáis a estos atorrantes» Que me les voy encima. Dando y recibiendo, recibiendo y dando. Uno, dos, tres, abajo, arriba, patada, puño, codazo, cabezazo también.

La cosa fue subiendo de intensidad y con la escandalera que armamos, aparecieron más cuates del Robin y yo, la neta, ya no pude aguatar la madriza, así que, sin pensarlo más, traspuse la puerta de mi chalet y preferí enfrentarme con el muerto.

La mente es cabrona. A lo largo de la noche escuché risotadas malignas, como las de los malosos de las caricaturas; llantos lastimeros, quejidos de ultratumba… ¡Pa" su madre!, aquello parecía programa de radio con todos los efectos tecnológicos de ahora. Se cayeron los tres vasos que tengo y se rompieron; la cafetera que compré hace un mes, también valió queso; mis CD"s rodaron por el suelo y el Robin, afuera, con los ojetes que lo acompañaban, soltaban como si fueran ametralladoras verbales, mentadas y más mentadas… Para mí aquello fue una noche terrible, una Noche de Walpurgis. No supe a qué horas terminó todo. Me perdí.

- - -

Al día siguiente, me encontré con la maciza de Graciela. La noté preocupada.

-¿Cómo estás, Punkijote lindo?- Le iba a contestar que de la rechintola, cuando continuó. –Me cae que ahora sí se pasaron el Robin y sus ojetes esbirros. Tenían su plan. Como saben que estás alejado de todo lo que ellos le meten a sus cochinos cuerpos, decidieron ponerte algo leve para que viajaras pero, por lo que supe hace rato, se mancharon gacho…

-¡Ah, que hijos de toda su prostituida jefa!- Fue lo único que me salió del corazón y en mi coco ya se estaba fraguando la venganza, mejor dicho, la necesidad de hacer justicia. Pero les juro que todo fue tan real que quien estaba en mi casa… me cae que sí era un muerto.

 


Información adicional


Noche De Walpurgis

"La noche anterior al primero de mayo, las brujas vuelan por Wernigerode hacia Blocksberg, para allí casarse con el diablo." www.alemania-turismo.com

Noche de Walpurgis, la noche en que se hace la reunión o aquelarre de Brujas más importante del año.

De acuerdo a las leyendas tradicionales de países como Alemania, Finlandia, Estonia, Suecia y Rumania; en esta noche ocurrida entre el 30 de abril y el 1 de mayo, las brujas salen de sus casas o escondites para reunirse y celebrar el equinoccio.

El Aquelarre

Para acudir a esta gran reunión, las brujas se ungían con aceites especiales que les permitían volar hasta el lugar del aquelarre o en ocasiones se montaban en un perro o chivo proporcionado por el demonio.

Cuentan las historias que los lugares mas concurridos por las brujas para celebrar la Noche de Walpurgis eran las cercanías de Kiev, en Rusia; la región de Blocula, en Suecia; Puy de Dome, Auvernia, en Francia; y Blocksberg, la montaña mas alta en la Sierra de Harz, en Alemania.

Hay quienes cuentan que en alguna ocasión llegaron a reunirse más de diez mil brujas en esta noche. Así pues, una vez reunidas todas en el lugar, el objetivo del aquelarre era saludar la llegada de la primavera, jurar obediencia al diablo y realizar distintos ritos satánicos y sacrílegos.

Verdadero Origen

En la antigüedad, en esta fecha se realizaba una celebración pagana; en la cual se adoraba a Waldborg, diosa de la fertilidad a la que le pedían distintos favores. Durante toda la noche se celebraba y se esperaban los primeros rayos del sol de la primavera.

Tiempo después, con la aparición del cristianismo, esta celebración pagana se mezcló y confundió con la celebración de Santa Walpurgis, una abadesa y misionera inglesa que contribuyó a consolidar la Iglesia Católica y que tiempo después fue canonizada. Los restos de esta santa fueron trasladados a la iglesia de la Santa Cruz un día 30 de abril, confundiéndose de esta forma ambas celebraciones.

Con el paso del tiempo, a la celebración de la diosa de la fertilidad fue relacionada con la adoración al diablo y las mujeres que continuaban con esta tradición fueron consideradas brujas… naciendo así La Noche de Walpurgis como la noche en que las brujas se reúnen para adorar al diablo.

 

Tomado de: http://nemesis2074.blogspot.com/2008/04/noche-de-walpurgis.html


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