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Si se hubiera establecido un corruptómetro, desde mediados del siglo veinte, para medir el desempeño de los políticos, sería muy evidente que las escalas deberían haberse ido incrementando, ya que, si inicialmente se hubieran establecido del 1 al 10, en la actualidad éstas serían, a ojo de buen cubero, del 1 al 10,000,000 y eso con el temor de quedarme corto.
Estoy hablando de un corruptómetro de políticos mexicanos, sin que sea excluyente, ya que los indicadores nos dicen que el comportamiento de esta grey maldita en cualquier país del mundo tiene exactamente las mismas tendencias. El único factor que puede considerarse una variable es la intensidad (capacidad de sangrar al país) con que estos detentadores del poder proceden.
Pensemos por un momento que tenemos un corruptómetro perfectamente calibrado, para medir el desempeño de los funcionarios públicos, de los diputados, de los senadores, de los secretarios de estado y del mismo presidente de la república, y también de esa hermosísima ralea conformada por los sacrosantos hombres del capital privado que se hacen uno para explotar y saquear al país de manera infame y permanente junto con los hombres del poder político.
Imaginemos también que hay un conjunto de medidas reales para sancionarlos, tal como existe en la constitución la pena de muerte para los traidores a la patria.
Dejemos correr más nuestros deseos subconscientes y visualicemos cuántos de ellos se librarían de un castigo ejemplar y cuántos estarían en la cárcel por sus acciones permanentes de pillaje, ratería y despojo.
La conclusión, sin temor a equivocarme, nos entregaría (tal vez debiera escribir: nos entrega) una visión tal, que requeriría o bien un gran conjunto de prisionesy, muy probablemente, líneas de fusilamiento masivo donde grandes filas estarían a la espera de los disparos de los rifles purificadores para despojarnos de tantos patricidas (traidores a la patria, traidores a México).
Los robos imparables al erario, los sobornos, la desviación de los recursos públicos, el manejo discrecional de cientos de fideicomisos establecidos con dineros nacionales de los que no se rinden cuentas (suman cientos de miles de millones de pesos y no es exageración), la venta de favores, el tráfico de influencias, la malversación de fondos, la dispensa parcial de la justicia, la exoneración permanente de los "amigos y familiares del circulo del poder" cuando están involucrados en delitos y una lista que parece interminable de actos de corrupción, serían parte de lo que el corruptómetro podría medir, asociado a los correspondientes castigos reales que merecerían los protagonistas medidos.
De existir un corruptómetro, nos libraríamos de los políticos y principales partidos actuales. El país podría rehacerse.
Eso sí, para que la historia no se repitiera se debería dejar el corruptómetro funcionando de modo permanente.
Los pensamientos utópicos pueden ser la fuente de realidades que perfeccionen a la especie humana: Chobojo Master
Nota final: Podrían aportar nombres alternos para el corruptómetro, chobojos, pongamos por ejemplo: raterómetro.
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