Punkijote de la Raza - A golpe de calcetín

Por Alonso Marroquín Ibarra - 11 de Marzo, 2009, 9:00, Categoría: PUNKIJOTE DE LA RAZA

Por Alonso Marroquín Ibarra

Como me había quedado sin un clavo para el camión, tuve que iniciar la marcha para llegar a mi madriguera. Por varias horejas anduve aplanando calles, avanzando, sin prisa pero sin pausa, a puro golpe de calcetín. La bronca real es que aquella no era una hora adecuada, mucho menos prudente, para andar camellando por aquellos barrios bravos. La tropa en aquellos lares siempre ha tenido fama de cabresta, así que me desplazaba con los ojos alerta y los puños dispuestos. Así debe de ser: estar siempre dispuesto al tiro, sin importar qué tipo de rufián malvado ose, siquiera, intentar sobajarme y mucho menos agandallarme.

Uno, dos, tres... setenta y cinco... quinientos cuarenta y dos... contaba los pasos que tenía cada cuadra; a veces una cierta distancia. En algo me tenía que entretener. Ni idea tengo de cuantos pasos conté, eso sí, fueron chingos, verdaderos chingos de zancadas, que, según yo, debían ser de a metro. Varias veces por anda en la pendeja di traspiés; incluso, debo confesarlo, al bajar una banqueta me fui de hocico y medí el suelo. Me fastidié una rodilla y me di un raspón sabroso en la trompa. ¡Ah, si serás pendejo!, me dije. Luego cambié mi actitud y pensé que todo estaba bien. Ten espíritu firme, de héroe, sin quejas: ¡Lanza en ristre y adelante, Punkijote!

Un tramo del Periférico se me hizo larguísimo y después de tararear quién sabe cuantas rolas de lo más chido, vi a un grupito de güeyes chupando en una esquina. Puede haber problema querido Punky, me dije, así que ponte buzo caperuso y pasa sin hacerla de tos. La neta, cualquier previsión que hubiera tomado hubiera sido inútil. El destino ya tenía registrado en su inmenso librote lo que pasaría.

Pasé junto de la bandita casi sin hacer ruido, mirando de soslayo, pero sin voltear. No quería alborotar el avispero.

-¿Qué pedo, güey?, al menos da las buenas noches. ¿No sabes que aquí somos decentes?- El conflicto ya estaba cantado.

-Buenas noches, Mai... disculpa. La neta es que venía distraído y...

-Chitón, cabrón, pelón, mamón- me di cuenta de que la agresión ya iba derecha.

-¿Qué pachó, no que son decentes?

-Uy... nunca se te hubiera ocurrido decir eso. Nos acabas de ofender y no lo podemos permitir, mi buen. ¿Cómo ves? Pero si nos das una feria para el pomo todo se puede olvidar.

En estos casos, lo tengo bien vivido, si uno se muestra débil, la cosa termina peor, así que decidí enseñarles a la bola de incróspidos irredentos, bandidos de poca monta, monitos cilindreros, changuitos baratos, malandrines esmirriados, pelandrujos desparpajados, semejantes labregones y demás calificativos, que yo no era cualquier bato al que pudieran ningunear.

-Si vengo caminando por esta zonaja es porque no traigo varo. Y, te lo digo bien claro, aunque trajera, no me latería darte ni maiz, así que sigan ustedes con su peda y yo sigo con mi camino.

-Ya no te salvas, pinche cabeza de papagayo... Y no te va a salir barato.

Empezaron los mamporros. Me les adelanté, madrugándolos, y solté tres que cuatro cates a sus cabezotas aturdidas. El alcohol que habían ingerido fue mi mejor compañero de batalla. La vi fácil y seguí repartiendo madrazos a lo sabroso. Pum, pok, chínguese, toma lo tuyo, aquí te mando otro, va de nuez, ¿quieres otro?, va pa"llá...

Primero pensé que me iban a tupir, pero al estarles dando su lluvia de puños, hasta risa me dio. Ni las manos metían y menos sabían de dónde les llegaban tantos pocotones. Parecía yo boxeador en el gimnasio sonándole a la pera a todo vuelo y hasta lleno de contento por mis destrezas. En eso se convirtieron sus cabezas para mí, en peras. Y dale a ésta y ahora a la otra, regrésate, céntrala, repite el uno dos, gancho, bombazo, propínale un "opercot", mazazo, mazazo doble, dale sus coscorrones... ¡Pa" su mecha, qué surtida les estaba dando!

Los gritos estaban por todos lados, las botellas, vacías o llenas, se rompieron, y la escandalera provocó que salieran los vecinos. En ese momento me di cuenta que me debería haber largado desde hacía rato en vez de seguirles dando en su madre. Me engolosiné, lo reconozco, y esa fue mi perdición. Los papeles se invirtieron. Un prieto bien choncho me jaló de la mohicana y me puse quietecito de inmediato. Me cuesta un chingo dejarla chida (hasta mi chica me tiene que ayudar) como para ponerla en riesgo.

Quedarme quieto fue mi segundo error. Me debería haber chispado de inmediato, aunque mi cresta hubiera valido madres, que de todas maneras valió, porque fue entonces que los malditos borrachos, incróspidos, pedos, briagos, troles, tragalumbres, bolos, monstruos báquicos, demonios etílicos, rascaos, cobraron en mi cuerpo su venganza. Quijada, pecho, brazos, huevos, costillas, empeine, hombros, espalda... Me cayeron los madrazos como una granizada de época. Me jalaban de la mohicana, me rasgaron mi chamarra, la más decorada y simbólica, me escupieron los muy desgraciados... ¡No manches! ¡Me escupieron! Me zafaron el cinto de mis pantalones y me los querían bajar, y fue en ese preciso momento (pensé que me iban a darmatatumbo) que reaccioné. Moví mis brazos con todas mis fuerzas, como si fueran las aspas de un molino de viento y repartí el máximo de vergazos que pude. Luego... salí por piernas...

- - -

Mi chica trajo agua oxigenada, algodón, merthiloate, un ungüento y vendas para curarme, pero la neta me duele más lo maltratada que está mi mohicana... y mi chamarra... era la envidia de todos mis cuadernos; no cualquiera la tiene de ese tamaño ni tan bien lograda.

Bueno, ni pex, de cualquier forma llegué a mi cueva, sin dinero, cansado, todo puteado, triste porque es difícil que la gente cambie, contento porque la libré y... bueno... aquí está mi chica y en un rato... eso no se los voy a contar. Eso sí, espero verlos pronto.

 

Glosario

clavo: dinero

horejas: horas

camellando: caminando

cabresta: agresiva, cabrona

tiro: pleito, pelea

chingo, chingos: mucho, muchos

buzo caperuso: listo, alerta

hacerla de tos

chido: bonita, bueno, agradable

Mai: maestro, camarada

bato: fulano

zonaja: zona

varo: dinero, pesos

ni maiz: nada

pocotones: golpes

choncho: gordo

chispado: escapado

dar matatumbo: violar

cuadernos: cuates, amigos

ni pex: ni pedo, ni modo

puteado: golpeado

 

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