Junio del 2008

Eya - Dudas existenciales

Por Chobojo Master - 29 de Junio, 2008, 22:30, Categoría: Eya

9 - Dudas existenciales

¿Cuántas personas viven sólo de ilusiones? . ¿Cuántas viven sólo de recuerdos?. ¿Cuántos y cuántos seres pululan sobre la faz de esta tierra después de haber vivido su máximo anhelo?.¿Cuántos siguen mintiendo sabiendo que mienten?

Continuará...

Las entregas de Eya se publican en esta sección los días domingos y miércoles

Excediendo las expectativas – Humor

Por Chobojo Master - 29 de Junio, 2008, 18:30, Categoría: HUMOR

Un carnicero estaba atendiendo su negocio y se sorprendió al ver entrar un perro. Lo espantó, pero el perro volvió enseguida. Nuevamente intentaba espantarlo cuando se dio cuenta de que el perro traía una nota en el hocico. Tomó la nota y leyó:

"¿Podría mandarme 12 salchichas y tres chuletas de cordero, por favor?" Y el carnicero vio que el perro también traía en su hocico un billete de 50 mil pesos.

Así que tomó el dinero y metió las salchichas y las chuletas en una bolsa que, junto con el cambio, le puso al perro en el hocico.

El carnicero estaba muy impresionado y como ya era hora de cerrar el negocio, decidió seguir al perro que comenzó a bajar por la calle con la bolsa en su hocico.

Cuando llegó a un cruce, depositó la bolsa en la acera, se alzó sobre sus patas traseras, y con una de las delanteras apretó el botón de peatones para cambiar la señal del semáforo.

Tomó de nuevo la bolsa y, con ella en el hocico, esperó pacientemente a que el semáforo diera paso a los peatones. Atravesó entonces la calle y caminó hasta una parada de autobús, mientras el asombrado carnicero lo seguía de cerca. En la parada, el perro miró hacia el tablero de rutas y horarios, y se sentó en la acera a esperar por su autobús.

Llegó uno que no era el suyo y el perro siguió esperando por el correcto. Llegó entonces otro autobús. El perro lo miró y al darse cuenta de que era el correcto, entró en él por la puerta trasera, para que el conductor no lo viera.

El carnicero, boquiabierto, lo siguió. De repente el perro se alzó sobre sus patas traseras, y tocó el timbre de parada, y siempre con la bolsa en el hocico. Cuando el autobús paró, el perro se bajó, y también el carnicero, y ambos se fueron caminando por la calle hasta que el perro se detuvo en una casa, puso la bolsa en la acera, y retirándose un poco, corrió y se lanzó contra la puerta.

Repitió la acción varias veces, pero nadie abrió la puerta. Entonces el perro rodeó la casa, saltó una cerca, fue hasta una ventana y, con su cabeza, golpeó varias veces en el vidrio.

Regresó entonces a la puerta, que se abrió y apareció un hombre que comenzó a golpear al perro.

El carnicero corrió hasta el hombre y le gritó:

- ¡Por Dios, amigo! ¿Qué es lo que está haciendo? ¡Su perro es un genio!

El hombre, irritado, respondió:

- Un genio? ¡Esta es ya la segunda vez en una semana que este perro estúpido olvida las llaves!


Moraleja: Usted puede continuar excediendo las expectativas, pero ante los ojos del jefe estará siempre por debajo de lo esperado.

La merca

Por Elena Ramos Moreno (Eleram) - 29 de Junio, 2008, 13:15, Categoría: NUESTRO MEXICO

Por Elena Ramos Moreno (Eleram)


Sinior, tome asté su merced  una naranjita
pa" la  calor, pos esta rete juerte
hágase pa"cá a la sombrita de este arbolito
asté tan refinao!, tan trajeado!
dígame cuántas naranjas tengo que mercar
pa´darle a los pobrecitos escuincles
qui están jodíos como yo
unos zatitos pa`sus pies rete rajaos

Yo le tupo macizo todo el día
dendi antes, dendi escuincla,
no me rajo pa"l trabajo,
Día y noche como burro
uno que es probe, nació ancina!
an qui ande camine, y camine,
mercando las naranjitas
dulces, jugosas, y sabrosas!

Cómase otra su merced
son de a pesito
bien baratas, oigame asté!
li pongo sal con chilito?
Una más para  el camino?
otra pa" la casa?
no me haga el desaigre
solo dos pesitos marchantito,
pa" los zapatitos de mi" hijitos.

Interiores - Carta al viento

Por Constantino Pol - 27 de Junio, 2008, 10:30, Categoría: PICOS Y QUIMERAS

Por Constantino Pol

cartas iban y venían;
más, muchas más, quisiera escribirte,
acaso serían una promesa para alcanzarte... ¿las leerías?



Pintura de Diego Rivera

Las teclas de una computadora y los procesadores de palabras, hace muchos años, sustituyeron las líneas de mi caligrafía personal. Quién sabe qué tanto hubiera deducido un grafólogo acucioso, de esos que tienen la pasión por hurgar en la vida de los demás sin ver, nunca, sus propias letras, al recorrer mis garabatos, y con más razón aquellos de contenidos pasionales.

Pocas veces te he escrito de mi puño y letra, sin embargo, recuerdo con precisión una especie de primera plana de periódico, que llené con paciencia de Job, con ocurrencias que surgieron de algún rincón luminoso de mi mente, eso pienso yo. Juntos los detalles, uno tras otro, no con sarcasmo sino con humor, formaron un conjunto singular en aquel lienzo de papel. Fuera de eso, garrapateé en ¿servilletas?, ¿medias hojitas de papel carta?, una que otra cosa que, siempre para ti, se ha escapado de mi memoria.

Nuestra correspondencia, con nosotros muy integrados a la época, fue de teclas, electrónica, de esa que lleva el matasellos de entrega instantánea y que consume más tiempo para escribirla que el que se requiere para recibirla, leerla o eliminarla.

Aquellos tiempos de nuestra juventud donde se contaban los días para recibir una carta, están más que muertos para los internautas. No hay perfume en el papel, no hay colores en el sobre, no hay peso, no hay rasgos personales, no hay cartero a quien preguntarle, ni apartados postales para el secreto. Tampoco hay dilación; todo sucede de inmediato: te escribo, contestas, contesto, contestas otra vez. No hay tiempo para pensar bien y escribir un poema, tampoco hay tiempo para urdir trama alguna que contuviera engaños o historias armadas con truculencia o dolo. No. La personalidad brota desnuda, a veces irreverente, tal cual es; las cosas se dicen en un santiamén por el camino de la fibra óptica quedando uno al descubierto... desnudo.

Los tlac, tlac, tlac y un click, arman la magia de la comunicación, hacen las delicias de los adolescentes y también le permiten al sexo treparse en millones de conversaciones. ¡Cuantos diálogos, promesas atrevidas, fantasías y citas sexuales nacen a cada instante! Se reproducen como sábilas, que casi pueden prescindir del agua, en tierra plana.

Una vez más te escribo, amada mía, con el alto riesgo de no ser leído. Sé de tus dudas o certezas mortales, de la desesperanza que te ha carcomido durante tanto tiempo y que, como un porrazo, hoy rompe tu corazón. Sin embargo, quiero defenderme con toda la fuerza de mi brazo, porque, en justicia, mis años han sido por ti y para ti. Nada más.

¿Cómo abrir el camino de nueva cuenta? Parece un trabajo, como los de Hércules,  imposible. La distancia que hoy nos separa no se mide en metros. Ojalá así fuera, empezaría a caminar de inmediato. ¿Cómo alcanzarte, dime, si, día a día, las circunstancias se conjugan adversas, como si las estructurara una mano tramposa, invisible y sistemática, donde yo resulto siempre culpable.

Acaso esta carta digital sea como escribirle al viento, y él mismo, al moverse un poco, borre o distorsione mis palabras y, peor, desdibuje mis pretensiones.

Mi deseo único y final es que se integren las diagonales separadas de nuestra "y griega" y se junten con armonía en un árbol macizo que pudiera dar frutos preciosos.

Amada, siempre amada, fundido con la noche, con mil ideas de locura atormentándome, lleno de sueños imposibles y, a ratos, con una sonrisa estirándose en mis labios secos, te dejo, como en los tiempos anteriores, un beso suave y dulce, amoroso y eterno.

Sobre la muerte

Por Alonso Marroquín Ibarra - 27 de Junio, 2008, 1:15, Categoría: LETRAS Y GARABATOS

Por Alonso Marroquín

Presentí la muerte
en una edad temprana.
Un futuro que no quería alcanzar,
acaso porque, es cierto,
me abruma la oscuridad.

Pero en los ojos,
en las manos, en las piernas,
en los músculos todos,
lo mismo que en el cerebro,
he acumulado cansancio y penas.

De que me aterra la muerte, me aterra;
no puedo, como otros,
verla como luz paradisíaca
ni como un abrazo amoroso,
ni como una playa serena.

Cuando llegue, inexorable y fría,
será un descanso, sí,
un alivio del dolor
de los mismos huesos
que ya no podrán soportar mi cuerpo.

Pero nadie sabe a ciencia cierta,
más allá de la fe ciega y sus creencias,
qué es lo que hay, si es que hay,
más allá de esta existencia.

En millones de años
La Tierra misma será polvo,
como el polvo original del universo,
y si mueren y nacen estrellas
tal vez, sólo tal vez,
pueda regresar en luz nueva
o me quede, simplemente,
como parte de la inmensa oscuridad
del universo.

Por lo pronto
quiero agotar hasta el último instante,
pensando que podré encontrar,
más allá del tiempo,
nuevos estadios,
mundos nuevos,
otras dimensiones
donde continuar plus viviendo
y allí reencontrarte y continuar,
sin ningún límite oscuro o siniestro,
nuestro amor verdaderamente eterno.

Graffiti mexicano 6

Interiores - Un día de soledad

Por Constantino Pol - 17 de Junio, 2008, 16:00, Categoría: PICOS Y QUIMERAS

Por Constantino Pol

cada amanecer, al infinito,
me imagino, locamente,
armonizando contigo


Pintura de Salvador Dalí

Me desperté tarde, hubiera querido permanecer más tiempo fundido a la cama pero los rayos del sol, como en extraño conjuro, me acicatearon de manera inmisericorde y boté a un lado las cobijas. Sentí el cuerpo desfallecido, como si todavía no se conectaran las baterías que me dieran movimiento pleno.

Un torrente de imágenes oníricas se entremezcló con las de los muebles y los objetos de mi habitación. Vi a una mujer-difusa-jarra-de-agua que me sonreía, luego tomó tus rasgos, se puso seria, más allá de lo deseable, para desaparecer, sustituida por una guitarra-caderas-musicales que me invitaba a tocarla en todos los sentidos. ¡Qué cosa! Acaso esa imagen era el símbolo de mi libido contenida.

Me fui haciendo, rehaciendo, poco a poco, hasta que la sed me llevó a surtirme un inmenso vaso de agua. Remedé los estirones de los gatos y una tímida energía empezó a circular por mi organismo. Al menos Morfeo tendría que buscar en otra parte a quien cobijar con sus brazos.

El teléfono celular timbró: leí el mensaje, lo contesté y recordé que en este día se festejaba a los padres. ¡Malhaya!, exclamé en voz alta, y luego, en silencio, continué: como si con eso se retribuyera una vida, bien o mal aplicada a la conducción de los hijos. El asunto se reducía, para los que recibieran regalos, a una corbata, un perfume, un desayuno, un felicidades y el te quiero mucho, de suyo automático, al menos en esta fecha.

Uno, dos, tres... cuatro hijos, no más. Cada uno en una geografía diferente, como si fueran desterrados, o aventureros en busca de Barataria, El Dorado, y a su regreso, indefinido en tiempo, fueran a presentarse cargados de tesoros, incluida una moral a toda prueba y el temple necesario para acabarse la vida con plenitud y dignidad.

Es más fácil para mí festejar que ser festejado, aunque debo reconocer que hace mucho tiempo no participo en esos juegos, razón por la que se han escapado de mi panorama.

Pienso en ti, por ti, para ti, aunque es tu ausencia la que realimente me pesa. ¿Será posible que por no tenerte, mi necedad crezca más y más? Me veo como un reincidente de la autoflagelación. Debería entender, aceptar mejor dicho, que no estás, que estuviste; que no me besas, que me besaste; que ya no eres la guitarra-caderas-musicales donde armonizamos nuestros cuerpos como hombre y mujer, como macho y hembra; que alguna vez acariciamos sueños de futuro que se cumplieron, a pedazos quizá, o que se disolvieron irremediablemente... Si quedan, los sueños actuales están débiles, tal vez moribundos.

Acaricio mi soledad y me voy enamorando de ella. Es algo intangible, lo sé, pero estoy libre de reclamos, de altercados que atentan contra mis nervios. Nunca me gustó la sustitución de las caricias y los arrumacos por la retahíla interminable de suspicacias, inseguridades y desconfianzas. Me voy con las horas, a veces larguísimas, supliendo tu ausencia con la lectura, con el dibujo o atendiendo mis colecciones de tonterías...

- - -

El día finalmente murió, y yo un poco con él. Desatendí todo, huí de esa realidad tortuosa a la que casi siempre me integro. Desaparecer así nomás, siempre tiene consecuencias y, de seguro, no serán muy gratas. Veremos, veremos. Estoy cansado. Entro en la cama, cierro los ojos... Aquí estás. Me estoy quedando dormido, te escucho en la lejanía... te veo campiña-mujer-nube...

Eya - Sombra de una sombra

Por Chobojo Master - 17 de Junio, 2008, 10:41, Categoría: Eya

Por Leonel Puente

8 - Sombra de una sombra

Suena el teléfono. Contesto y es la mujer con la que acabo de intercambiar caricias hace unas horas. Quiere verme de nuevo. Debería decirle que está equivocada, que yo no soy ese de quien habla de forma tan agradable. Quisiera incluso pedirle perdón por haberla engañado: ella cree que tuvo a un hombre de carne y hueso entre sus brazos y yo - ¡ya lo dije hasta el cansancio! - sólo soy la sombra de una sombra. Pero no me he atrevido a romper su ilusión porque se escuchaba muy contenta y le he prometido otra cita.

Continuará...

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