18 de Mayo, 2008
Las 1001 caras de Jano - El árbitro
EL ÁRBITRO
Por Juan Cervera Sanchís
Del libro: Las 1001 caras de Jano
Aquel niño se divertía subiéndose a la silla del abuelo, desenchufando el interruptor de la casa e interrumpiendo las transmisiones de fútbol que su padre y sus hermanos veían por T. V., aunque esto le costaba invariablemente alguna que otra patada en el trasero y dos que tres moquetes en sus mejillas.
Pese a ello, él, no parecía, y menos quería, escarmentar; por lo que cada vez que podía hacía de las suyas desenchufando, en el momento más apasionante del partido que veían su padre y sus hermanos, el interruptor.
Éstos optaron por mantenerlo amarrado junto a ellos frente al televisor y ver y oír los, para él, insufribles partidos.
Fue así que se intensificó su odio al fútbol, lo que lo llevó, al crecer, a convertirse en el árbitro más arbitrario de que se tenga memoria.
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Habla Durazo de Catani - Edición facsímil
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Hiroshima - Las 10 fotografías del soldado Robert L. Capp
Por Chobojo Master

Muchísimos años después de sucedidos los bombardeos atómicos que lanzara Estados
Unidos sobre las ciudades de Hiroshima
y Nagasaki, el soldado
estadounidense, Robert L.
Capp hace públicas 10 fotografías que fueron halladas por él en una cueva en las afueras de Hiroshima, donándolas al Instituto Hoover. En ellas aparecen miles de cadáveres y los
estragos que produjo la decisión de unos cuantos para cegar la vida de cientos
de miles de civiles.
Esta es, sin dejar duda alguna, una de
las más grandes estupideces que se han cometido en toda la existencia de la
humanidad.
Fotografías
Hiroshima
1 Hiroshima
2 Hiroshima
3 Hiroshima
4 Hiroshima
5 Hiroshima
6 Hiroshima
7 Hiroshima
8 Hiroshima
9 Hiroshima
10
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Eya - Clavos enterrados en paredes desnudas
Por Leonel Puente 2 - Clavos enterrados en paredes desnudas
Veo las paredes desnudas y todo este espacio casi vacío que tengo alrededor, recuerdo que alguna vez estuvo lleno de muebles, de fotografías enmarcadas, de diplomas y medallas. Las fotos y los muebles se los llevó Eya; los diplomas y las medallas los guarde en un viejo baúl porque me fastidiaba ese irónico brillo que me evocaba otras épocas, en las que yo no era una sombra sino un ser sensible con el virus de la esperanza circulando por mi sistema nervioso. Los clavos enterrados son lo único que permanece y perdura.
Continuará...
Las entregas de Eya se publican en esta sección los días domingos y miércoles
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