Mayo del 2008

Puras ilusiones

Por Alonso Marroquín Ibarra - 30 de Mayo, 2008, 9:26, Categoría: FOTOGRAFIA


Puras ilusiones
Alonso Marroquín Ibarra

La vela en Roma - Humor

Por Chobojo Master - 28 de Mayo, 2008, 17:33, Categoría: HUMOR

La Sra. Donovan caminaba por la calle O"connell de Dublín, cuando se cruzó con el padre Rafferty. El padre, muy amable, le dijo:
-Muy buenos días, ¿no es usted la Sra. Donovan a quien casé hace dos años?
-Efectivamente padre, soy yo.
-¿No han tenido niños aún?
-No padre, todavía no, pero nos encomendamos a Dios.
-Bueno, la semana próxima viajo a Roma, así que, si quiere, encenderé una vela por usted y su esposo, para interceder ante el señor. Con ello, estoy seguro, podrán recibir su gracia, y así verán iluminado su hogar con esos angelitos tan lindos que son los niños.
-Oh padre, muchas gracias, le estaremos muy agradecidos- contestó agradecida la señora Donovan. Después siguieron su camino.
Años más tarde se encontraron nuevamente. El sacerdote, siempre amable, preguntó:
-Bueno, Sra. Donovan, ¿como se encuentra usted ahora?
-Muy bien, padre
-Por favor, dígame, ¿cuántos niños tienen ya?
-¡Oh, padre! Tenemos 3 pares de mellizos y 4 criaturas más. En total 10.
-¡Bendito sea el Señor! ¡Qué maravilla! ¿Y dónde está su amante esposo?
La señora Donovan, muy seria, contestó:
-Camino a Roma, a ver si puede apagar la dichosa vela que usted prendió.

Las 1001 caras de Jano - El tramposo

Por Juan Cervera Sanchís - 28 de Mayo, 2008, 16:56, Categoría: JUAN CERVERA: VIDA SIN FIN

Por Juan Cervera Sanchís

EL TRAMPOSO

Del libro: Las 1001 caras de Jano

Un día se dio cuenta que se había equivocado en todo desde de su nacimiento, cuando siendo un espermatozoide le ganó la carrera, haciendo trampas, a todos los demás. Era un tramposo congénito.

Al nacer ya traía consigo todas las artimañas habidas y por haber, por lo que desde niño engañó a su madre, antes que a nadie y, de paso, a su padre y a sus hermanos, y no se diga, en la escuela, a sus ingenuos profesores.

Su madre, en secreto, sospechaba que era el producto de un amante furtivo, por su manera huidiza de comportarse.

Al igual que en los días de su niñez, durante su juventud continuó engañando a todo el mundo. Al llegar a la edad adulta se convirtió en un personaje influyente y engañó a su país en nombre de la justicia y la libertad. Para colmo terminó en estatua y quedó en los anales de la historia como un benefactor de sus semejantes.

Eya - Maldita maldición

Por Leonel Puente - 28 de Mayo, 2008, 16:27, Categoría: Eya

Por Leonel Puente

5 - Maldita maldición

¿Cuánto tiempo se puede vivir sin emociones intensas?. Llevo tantos meses, con sus días y sus noches, que cada vez se me hace más extraño mi cuerpo. Recordar es vivir de nuevo, pero recordar siempre, es una maldita maldición que envenena, envilece y provoca una transformación de la luz en oscuridad. Una cosa es la memoria; otra muy distinta es el perpetuo recuerdo que no te permite conocer algo nuevo.

Continuará...

Las entregas de Eya se publican en esta sección los días domingos y miércoles

Graffiti mexicano 4

¡Aguas!

Por Alonso Marroquín Ibarra - 25 de Mayo, 2008, 3:36, Categoría: CUENTOS Y MICROCUENTOS

Por Alonso Marroquín Ibarra

La fila era de más de dos mil personas y llevaban horas de necesaria espera, incluyendo a los tempraneros, y, todos, muy por encima de su aburrimiento, estaban molestos, muy molestos.

Los que habían llevado a sus hijos eran los más desesperados, casi se daban de topes contra la pared. Los chamacos, a pleno rayo del sol, se habían agotado hacía rato y algunos, con penetrantes chillidos, presionaban sin dar tregua para irse a su casa.

Nadie, por nada del mundo, hubiera pensado siquiera en abandonar su lugar. ¡No, señor! El asunto exigía más que nunca del aguante, casi ilimitado, que es propio de los mexicanos.

–Y eso que nosotros somos los beneficiados, si no... ¡imagínese! – Le dijo un hombrón, Jacinto El Huapanguero, a su compadre, que estaba detrás de él.

–Somos los beneficiados–. Repitió como un eco el aludido, hombre flaco en extremo, antítesis corporal del otro, mientras se rascaba la sien derecha.

El solazo veracruzano había ido menguando las fuerzas de la formación y también, no podía ser de otra manera, exacerbando su paciencia. Algunos, forzados por la resequedad en la garganta, habían enviado a sus hijos por agua, matando así dos pájaros de un tiro: saciar la sed y entretener a los menores.

Hacía unos días mil familias habían sido notificadas de ser las beneficiarias de un programa del gobierno federal. Después, mil viviendas habían sido entregadas en aquel poblado. El júbilo se vio reflejado en las miradas y en el ánimo de los habitantes. Muchos vaciaron varias botellas de aguardiente, una vez más, en compañía de primos, tíos, compadres y vecinos. Si en días normales no se necesitaba gran cosa para beber, esta ocasión, por especial, merecía festejarse como nunca y así lo hicieron. Algunos anduvieron en la borrachera varios días.

–No sé si por la Revolución, pero al fin se nos hizo justicia, cabrones–. Gritó con un ayayay al final, Jacinto El Huapanguero. Era un romántico. La Revolución había quedado reducida a unas cuantas líneas en los libros de texto de las escuelas primarias. Ningún político la mencionaba más, para ellos era una bandera olvidada, las modas ahora eran otras.

37 grados, 38, 39... La temperatura no dejaba de subir y, aunque acostumbrados al rigor del calor, los paisanos se pasaban una y otra vez la mano por la frente quitándose los goterones de sudor. Una cosa era el calor y otra muy diferente estar en la fila al vivo rayo del sol.

El Huapanguero tenía agotado su buen humor. Aunque muchos, para hacer menos tediosa la espera, le pedían algunas coplas humorísticas. Él de a tiro había perdido la vena. No estaba para eso. Nadie estaba para eso.

–¡Qué coplas ni qué la progenitora! No sólo han pasado tantos meses desde que el huracán nos partió en dos, sino que ahora nos salen con esta vacilada. ¡Qué coplas ni que la rechintola!

–¿A qué horas empezarán el reparto? –le preguntó su compadre–, porque a este paso el día no va a alcanzar.

–Uhhhh, compa. Va pa" largo, así que déjese de quejas y, con todo respeto, no me hable, que estoy que trueno.

Las horas se hicieron largas, como si se hubieran puesto de acuerdo con el sol para castigarlos a todos. La escena bien podría haberse comparado con las caravanas de esclavos de la antigüedad. Todos estaban exangües y la visión, a la media tarde, se convirtió en patibularia. La comida que habían llevado las mujeres para ellos fue como un pequeño tentempié. Las tripas pedían más, pero, ¡bendito sea Dios!, ya comerían por la noche. Ahora lo importante era aguantar un poco más, sólo un poco más; media hora tal vez, quizás menos.

Finalmente Jacinto y su compadre llegaron frente al repartidor, hombre gordo, que sudaba a mares, malencarado y también harto de haber pasado el día bajo un alero que era más del infierno que de este mundo.

–¿Corona?–. Dijo el gordo, esperando una respuesta.

–No, señor, soy Valverde... Jacinto.

–¿No digas pendejadas... ¿Que tamaño de corona? Chica, mediana, grande...

Jacinto volteó con toda su humanidad a ver a su compadre, suplicándole con la mirada, su apoyo. El compadre, hombre de buena fe, opinó.

–Yo diría que mediana, ¿no, compadre?

–Mediana, señor.

–Tu vale–. Ordenó el gordo. Estiro la mano, revisó el papel y preguntó: –¿Cuántos son en tu casa?

–Cinco, señor–. Como el tipo no reaccionó, repitió: –Cinco, somos...

El repartidor, agresivo, lo cortó.

–Ya oí, no estoy sordo.

Sin prisa le quitó los flejes a una de las tantas cajas que estaban detrás de él y desembaló los artículos.

–Valverde, Valverde...–. Cotejando contra el vale, recorrió las listas. –Aquí estás. Firma. Te estoy entregando cinco bacinicas de "porcelana". Cuídalas porque son las únicas que se te van a dar.


Sudando como maldito, el repartidor cortó un tramo de mecate, pasándolo hábilmente por las orejas de aquellos imprescindibles artículos, hizo el nudo de remate y se los entregó. Apenas salio de la fila, Jacinto escuchó otra vez la pregunta:

–¿Corona?

El Huapanguero sonrió por primera vez en el día. Nunca se volvería a ver tanta gente en las calles cargando bacinicas. Se hizo consciente de estar viviendo algo único. Cuando su compadre lo alcanzó, le dijo preocupado:

–Ya la jodí compadre, no conté a mi suegra.

El compadre soltó una risita; luego, conteniéndose un poco, resolvió:

–Que haga en una de las cinco que le dieron, ¿no?

–Tiene razón. Aunque ella...

El compadre no dijo más, pero sin poderlo evitar volvió a reír, por lo bajo, y terminó contagiando a Jacinto.

No se contaron los treinta días del mes cuando en aquel poblado resucitó la expresión, propia de los tiempos de la Colonia, ¡Aguas!, que simplemente era el aviso de los que tiraban los contenidos de las bacinicas a la calle, para evitar que algún distraído se viera bañado por aquellos indeseables perfumes.

Los olores fétidos vistieron al pueblo y por más que sus pobladores trataron de acostumbrarse, aquello se volvió imposible. Las mujeres, todas, volvieron a usar rebozo. No tenía que ver con la preservación de ninguna costumbre, pero la prenda, además de su utilidad tradicional, les servía como filtro para aminorar la intensidad de los olores. Muchos de los varones, con pinta de aguantadores, dejaron de fumar, porque al darle el jalón al tabaco, la sensación de fumar ya no era igual, era: "un poquito diferente", decían.

El cuadro que ahora presentaba el lugar, siempre se pudo prever, con un mínimo de imaginación. El nuevo paisaje de olores era el resultado de las evacuaciones de un pueblo con sus males y costumbres, consumidor de comida saturada de condimentos, aceite y chile, con padecimientos frecuentes de enfermedades gastrointestinales, en una geografía de calores sofocantes.

El día de la entrega de las viviendas fue jubiloso. El día de la entrega de las bacinicas fue de alivio. Usarlas, ese fue otro cantar, se convirtió en un verdadero purgatorio. Todo sucedió porque el gobierno federal entregó mil viviendas sin baños. Una idea, probablemente, innovadora y genial del arquitecto que diseñó el conjunto. Una idea de primer mundo, quizás, para reducir costos... ¡Vaya usted a saber!

En el caso de Jacinto, para colmar sus males, Refugio, su suegra, mujer de abundantes y fofas carnes, a los pocos días de usar el artefacto, se quedó atorada haciendo su necesidad y no hubo forma de librarla sin romper la bacinica. Cuando hubiera un poco de dinero, ya irían al pueblo a comprar otra, pero en esta ocasión sería de corona extragrande y de peltre.

Convento de Culhuacán
año 2008 y corriendo



Nota curiosa. El día 19 de mayo de 2008 en Río Blanco, Veracruz, el ejecutivo del gobierno federal mexicano entregó simbólicamente a los pobladores damnificados por el huracán Dean, mil viviendas sin baño.

El nombre completo de Picasso

Por Chobojo Master - 25 de Mayo, 2008, 3:35, Categoría: VIDEO CHOBOJOS

Nota de Alonso Marroquín Ibarra

Pablo Picasso se quedó con el primero de sus nombres -sus padres le colgaron demasiados- y el apellido materno, omitiendo todo lo demás. Su nombre completo era:

Pablo Diego José Francisco de Paula Nepomuceno Crispín Crispiano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso.

El siguiente video nos muestra, en su evolución, los rostros masculinos y femeninos plasmados en su obra pictórica.

Eya - Los senderos de la memoria

Por Leonel Puente - 25 de Mayo, 2008, 1:51, Categoría: Eya

Por Leonel Puente

4 - Los senderos de la memoria

Recordar y recordar. ¿Hasta cuando acabará esta infame tarea?
Había ocasiones en que me esforzaba por recorrer todos los senderos de la memoria y parecía que estaba a un punto de concluir; pero siempre surgía algo que no me permitía llegar al fondo. Entonces tenia que comenzar de nuevo porque, en un solo esfuerzo, por muy grande que este fuera, no era posible hilvanar una totalidad y, al siguiente empeño, algo se volvía a escapar o a darle un enfoque distinto al conjunto de causas y efectos, de pensamientos y sensaciones, de vivencias y de ilusiones.
Cuando está casi terminada una imagen global, se matizan las querencias con tonos extraños, las culpas se hacen más o menos terribles, el remordimiento a veces desaparece y en otras no se puede mirar el propio ser sin sentir una honda repugnancia. Entonces hay que iniciar otra y otra y otra vez con los recuerdos, sin poder entrelazarlos completamente y sin encontrar una solución eficaz, ni dar una sentencia definitiva.

Continuará...

Las entregas de Eya se publican en esta sección los días domingos y miércoles

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