Por Constantino Pol
Hoy amanecí amargo, miré hacia atrás, luego adelante, con la imaginación. La boca se me resecó y en el estómago el vacío me provocó angustia. Tal vez fue algún sueño tortuoso que se borró al despertar el que trastocó mi humor cotidiano. ¡Como si fuera gran cosa! Hace mucho tiempo que mis ánimos son impredecibles, disminuidos, como si de haber sido manantiales se hubieran convertido en chorros minúsculos de agua que apenas brota. Tampoco amanecí con el pensamiento claro. Las ideas parecen estar peleando por ocupar el foco de mi atención; pero en su batalla, sólo pasan, degollándose unas a otras, aplastándose sin piedad, mientras mis ojos vagan buscando alguna imagen amable para afianzarse a ella. Tal vez si lo logro, mi mente se centre, recreándote. Amanecí con esa amargura que significa haber tenido y haber perdido todo, sin remedio. Así lo vivo, así lo siento. Porque tú eras todo para mí, mi centro, el resorte de mis piernas, el látigo fustigador de mis pretensiones… y te has fugado.
mes de enero sombrío