Febrero del 2008
Ajedrez, imaginación y pinceles 3
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La piedra
Por Juan Cervera Sanchís
La piedra, al margen de cuanto sucede a su alrededor, permanece impasible. La piedra, sí, la piedra, y yo, con la piedra en la mano, cual pastor enloquecido y desposeído de su honda, me enfrenté a la estupidez del rebaño, a sabiendas de que perdería la batalla, ya que por más que pudiera descalabrar al macho cabrío, mi acción en solitario redundaría para mí, inevitablemente, no en una victoria, sí en un total descalabro.
Lo sabía. No obstante decidí arrojar aquella piedra, que en el hueco de mi mano era por completo ajena a la pasión que me impulsaba a usarla como arma, por demás inútil, contra el estúpido rebaño.
Aquella piedra que, para algunos, tenía aristas de piedra de escándalo y, para otros, ángulos de piedra filosofal, sin que faltaran los que, al entreverla en el hueco de mi mano, creyeran que era piedra de moler, así como no faltaron los que llegaron a sospechar que bien podría ser una piedra preciosa y a su vez una piedra infernal.
Lo cierto fue que, tras arrojarla, con toda la fuerza de mi brazo, al despreciable rebaño, sin saber tan siquiera si había alcanzado algún blanco, éste, furioso, me respondió con una lluvia de piedras meteóricas, que me obligaron a correr despavorido, pues si bien las piedras son del todo inocentes, como las espadas y las pistolas, quienes me las arrojaban, desde el enfurecido rebaño, eran verdaderos demonios.
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El pozo
Por Juan Cervera Sanchís
¿Quién tapó el pozo? ¡Ay!, el pozo aquel donde nunca se ahogó ningún niño y embellecía
el patio de mi casa. Aquel pozo donde mi madre refrigeraba las sandías, introduciéndolas
en un canasto de caña, y sumergiéndolas en sus aguas salobres, durante las tórridas
noches del verano.
¿Quién tapó aquel pozo, ahogando en él tantos y tantos
recuerdos míos y de nadie más?
El pozo, sí, aquel pozo donde las tortugas conversaban con
las avispas y mi alma de niño con las golondrinas.
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El tiempo
Por Juan Cervera Sanchís
Aquella mañana
se dio cuenta de que le sobraba el tiempo y, con varias horas de más y sin
saber qué hacer con ellas, vagó y vagó al azar por su propio laberinto. Fue entonces
que descubrió lo desesperante que es estar sobrado de tiempo, no saber qué hacer
con él y comenzar a girar en el desolador vacío. La idea de Dios
se le vino a la cabeza y llegó a la conclusión que el gran drama de Dios no
debe ser otro que el de ser dueño absoluto del tiempo y no saber muy bien que hacer
con él, sí construir o destruir, una vez y otra vez, su propia obra y, así, poder
sobrellevar la locura que implica disponer a su antojo de la inmensidad del tiempo
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El silencio
Por Juan Cervera Sanchís
Ante el cúmulo de frases hechas que oía por todas partes decidió taparse los oídos y rendir culto a la sordez.
Estaba más que hastiado de oír expresiones como "de alguna manera", "la voluntad popular", "a ciencia cierta", "cabe destacar" o "científicamente hablando".
Frente aquella fraseología hueca optó por la sordera y la mudez , descubriendo la riqueza incuestionable del silencio.
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Despídeme del sol
Despídeme del sol Ruber León Rodríguez
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Hastiada
Por Juan Cervera Sanchís
La Tierra está hastiada de eso que se auto nombra humanidad, y no puede explicarse cómo apareció en ella criatura tan voraz y a la vez tan amoral. Ella, la Tierra, programó a los insectos, a las aves, a las fieras, a los reptiles, a los mares, a los ríos, a las praderas, a los bosques y las selvas, pero la Tierra nunca pensó que engendraría eso que se auto nombra humanidad, por lo que no se explica su existencia destructora en su piel. Piensa la Tierra, piensa, porque la Tierra piensa, que eso que se auto nombra humanidad, es un virus maligno que un extraño enemigo sembró en ella con el único fin de destruirla, y lo está consiguiendo.
La Tierra, ¡ay!, lo siente, siente la Tierra, siente que eso que se auto nombra humanidad es un grave peligro y es por eso que ella, tan noble y generosa, anda ideando como acabar con tan destructor virus, al que ya no soporta, pues lo envenena todo.
La Tierra ya está hastiada hasta el extremo, de todos los extremos, de las imperdonables atrocidades que esa plaga que, tan pomposamente, se auto nombra humanidad, le infringe día con día.
Hastiada, hastiada, hastiada, hastiada está la Tierra de tanta humillación y tanta barbarie como diariamente le causamos.
Se acerca pues la hora de que la Tierra haga en la Tierra limpieza y ponga fin al fin al destructor parásito que con sumo descaro se auto nombra, aunque suene increíble, humanidad, cuando esa humanidad, que así se nombra, todo aquello que toca lo corrompe, empezando por ella misma, y convirtiéndolo, con crueldad infinita, en antihumano.
México D. F. 22 febrero 2008
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Lilit, la cárcel del erotismo
Por: "La primera estrella de la tarde"
y "Centauro"
Según el libro del Génesis 1, 26-28, Dios creó al hombre y a la mujer a su
propia imagen el sexto día, dándoles el dominio del mundo. Pero ¿quienes eran
ellos?
Más
adelante el Yalqut Reubeni recopilado por R. Reuben ben Hoshke Cohen señala:
"Yahvé formó entonces a Lilit, la primera mujer, del mismo modo que había
formado a Adán aunque en lugar de polvo puro utilizó excremento y
sedimentos[...]
Adán y Lilit nunca hallaron armonía juntos,
pues cuando el deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilit se sentía
ofendida por la postura acostada que el le exigía. "¿por que he de
acostarme debajo de ti?" - Preguntaba - "Yo también fui hecha con
polvo y por lo tanto soy tu igual y tengo el mismo derecho que tú a mirar el
cielo" - Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilit encolerizada,
pronunció el nombre de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó.
Saliendo
del Edén, fue a dar a las orillas del Mar Rojo..."
Los
relatos en torno a este personaje de los cuales se tiene registro en distintas
mitologías, la describen siempre como un demonio femenino, como un ser
castigado, rechazado. Como una criatura envidiosa y trasgresora colocándola
siempre como la madre de las peores criaturas. Símbolo de algunos movimientos
feministas, ésta mujer no-demonio fue la primera en el mundo dispuesta a
imponer la diferencia y exigir el derecho al placer sexual, hecho que se
contrapone con el manejo del poder que desde tiempos inmemoriales se ha
ejercido a través de las doctrinas religiosas y de la interpretación que de sus
textos se ha hecho.
Lilit,
madre oscura, demonio femenino, criatura combativa, la ignorada, repudiada y
temida por la libertad que representa es hoy nuevamente motivo de controversia.
¿Por que un ser tan desagradable a cobrado tanta importancia a lo largo de los
siglos? ¿Por que aunque se le designe con otros nombres, aparece retratada en
los testimonios de tantas civilizaciones?
Quizá
porque más de una vez las mujeres se han atrevido a revelarse a la idea de que
el placer les está prohibido, o tal vez porque reivindicar a un personaje como
este nos coloca en la posición de tener que asumir nuestra condición de
distintos; propia de hombres y mujeres.
Según
la mitología judía Lilit al salir del Edén se entregó a la lujuria con los
demonios habitantes del Mar Rojo, dando a luz a los lilim [...] Cuando tres arcángeles
de Dios fueron a buscarla, ella se negó a volver aduciendo que era una
pecadora. Por lo cual le fueron muertos cien hijos al día. Desde entonces las
tradiciones judías medievales dicen que ella mata a todo niño menor de ocho
días (incircunciso). También se dice que Lilit, una vez fue encontrada por el
desterrado Arcángel Samael (posteriormente llamado Satanás), llevada al
infierno y allí fueron pareja. Esto último nos invita a la reflexión ¿Es que
acaso aquella mujer que busca el placer y disfruta su sexualidad, tiene por
castigo que renunciar a la maternidad? O dicho de otra manera ¿La maternidad
solo le está permitida a aquellas mujeres que renuncian a la idea del placer?
Según los preceptos religiosos así debiera ser. La mujer acepta la maternidad
como parte de su destino y el sacrificio que éste implica como un dolor
purificador que la libera de la culpa por la búsqueda del placer. ¿No sería
mejor y más saludable pensar que el placer y la maternidad no están escindidos?
Que son parte de un continuo? ¿Que la maternidad no es el fin último de una
mujer, pero el placer si debiera ser uno de los objetivos necesarios de todo
ser humano? Pero esta búsqueda debiera estar acompañada de la necesaria
comprensión de nuestra naturaleza dual e inevitablemente complementaria
hombre-mujer.
Quizá
convendría entender que la lucha por la equidad no se trata solo de mujeres
buscando llamar la atención, es un asunto que nos beneficia tanto a hombres
como a mujeres y que la reivindicación del erotismo femenino no es un intento
desesperado por reducir el numero de mujeres anorgásmicas en el mundo, sino que
se trata más bien de ir conociendo y reconociendo nuestra propia identidad para
así poder valorar las del otr@. Esa identidad que debiéramos buscar en nuestras
vidas así como el fortalecimiento de nuestra propia imagen como un ingrediente
indispensable para un adecuado desarrollo psicosocial.
La
imagen de Lilit como una mujer creada igual que el hombre a imagen y semejanza
de Dios, hecha por tierra las ideas que durante siglos se han vertido sobre la
imperfección femenina. Dicha imperfección radica en el temor al reconocimiento
de la necesidad de la contraparte como componente de la personalidad ya que al
reconocer nuestra necesidad del otro, entendemos que el otro también nos
necesita y esto sienta las bases para generar una comunicación equitativa en la
que se revalora la diferencia y se reivindica el derecho al placer inherente a
todos y todas.
Sirva
este personaje místico como el símbolo que ejemplifica el derecho que hombres y
mujeres tenemos para constituirnos como individuos únicos con el mismo derecho
a contemplar el cielo.
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Volver
Por Juan Cervera Sanchís
Volver viejo y cansado, empobrecido y triste, con las manos vacías, con la sonrisa amarga y con la sombra rota. ¿Volver? ¡Oh, no! Volver jamás. Jamás, jamás, jamás. Mejor morir, buscar la manera de que nuestro cadáver no pueda ser jamás, nunca jamás, y jamás nunca, identificado, y evitar la tristeza de una tumba, y la infeliz señal de un epitafio. Perderse en el gozoso anonimato de la poesía pura y en la invisible página del viento; perderse para siempre en la voz de la nada donde todos cabemos. No volver nunca más, no volver, no volver nunca más. ¡Oh amigos de mi infancia y juventud! ¡Oh amores con sabor a auroras vírgenes! ¡Oh vida siempre huidiza, huyendo siempre! ¡Oh sueños no cumplidos! No volver, no volver, no volver ya jamás nunca, porque volver viejo y cansado, envejecido y triste, con las manos vacías, con la sonrisa amarga y con la sombra rota, es mil veces peor que no volver. No vuelvas, ¡ay!, no vuelvas, ya no vuelvas, quema tus naves, ¡quémalas!, y piérdete en el mar o en las selvas incógnitas de la absoluta nada. México D. F., 25 Febrero 2008
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Pretensión imposible
Por Alonso Marroquin Ibarra
año 2008 y corriendo
Cuando me desperté, todavía con jirones de la noche pegados al cuerpo, la vi. ¡Cuánto esplendor había en ella! Dudé de mi visión, y apoyé los pies con firmeza en el suelo. Era ella, sin duda. La mujer anhelada. Me levanté, el júbilo llenándome el espíritu, y las ansías brotando por cada uno de mis poros. Extendí mis brazos para tomarla…
-¡Aldonza Lorenzo, mi alma!
Se fue diluyendo lentamente en el espacio, de manera irremediable.
Ya no quiero saber nada del Toboso, ¡nunca más!, ni quiero acordarme de ningún lugar de La Mancha.
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Ajedrez, imaginación y pinceles 2
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Eya 55
Por Leonel Puente Colín
Eya. era mi patología hecha realidad: una adolescente loca con voz de niña; de pechos grandes, de caderas finas; zurda, es decir siniestra; a la vez alumna, a la vez maestra; tonta, muy tonta para algunas cosas; astuta, muy astuta para las faenas glamorosas; con un lunar preciso en el lugar soñado y, además, otro, todavía más hermoso, en un sitio sagrado; y esos ojos, ojazos brillantes y veleidosos; y ese cabello dorado y traicionero, sedoso y casi siempre alborotado; y ese andar de hembra en celo; y esos delgados labios y esa tibia boca, que lo mismo develaban cielos que desataban infiernos, que lo mismo se transformaban en suaves flagelos que en despiadadas rocas; y esos modos tan arrebatados; sentíase nula cosa, soñábase diosa; sabíase frágil, mostrábase mártir (para embaucar y luego destrozar a quién se tragara el cuento); humor de veleta, a capricho del viento; un estuchito de monerías para encerrar, a medias domado, un corazón retorcido y endemoniado...Y si es que no coinciden los versos, o abusé de las "y" griegas conjuntivas, eso no importa para nada: esto no es exactamente un poema, ni siquiera es poética prosa: es una confesión descarada y descarnada de quién tanto, tanto adorara, a esa mariposa descarriada.
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PEMEX, como una tiendita familiar
Por Chobojo Master
PEMEX para los últimos gobiernos ha sido como si una familia tuviera una tiendita de la que dependen todos, y en lugar de reinvertir en ella, los ingresos se hubieran despilfarrado en supersueldos para los empleados y en prolongadas parrandas pletóricas de alcohol y putas para todos los amigos, sin agrandar ni mejorar el negocio. Y ahora, cuando sus mercancías dejan más ganancias, cuando hay más dinero, en lugar de corregir los errores, se decidiera venderla con todo tipo de facilidades a los cuates, compartiendo con ellos los beneficios.
Abrumado por el sentido común, que es el del pueblo: Chobojo Master
(2008)
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Rebeldía sana
Por Agustín Garfias
No necesito doctor de cabecera; tengo maestro. Y llegará el día en que no lo necesitaré. Mientras tanto, respetuosamente sigo su ejemplo.
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Don José - poesía marginal
Por Fernando Emilio Palma Saavedra

Desde la ventana de mi cuarto miro hacia una calle y escucho la jauría de perros a distancia se acerca "Don José"
Las damiselas al servicio de los hogares salen con sus bolsas multicolores paran a Don José, como algunas le dicen
y en dos o tres calles más adelante le gritan y dicen Pepe, Pepillo, Pepito
Don José camina elegantemente y siempre me platica algo algo que guarda en su memoria cibernética
De año en alo seguimos platicando y limpiando al tiempo "organizando la basura"
entre los amigos dueños del gran basurero entre los amigos que recogen la basura entre los amigos a la vista de la basura
Se aglutinan los años del conocimiento y camino por las calles conduciendo a ojo el recuerdo del andar pasado con el carro de la basura
Mirando todo con escáner cada una de las calles intercambiando protocolos
Caminando por las calles de los años 70"s en los 80"s y 90"s es continuidad silenciosa y en el 2008 todo se renueva
La basura es un caos azaroso organizado la basura cósmica es un caos azaroso organizado la basura organizada es tierra composta
Así en las calles de mediados de los 70"s nacía la tierra composta poética al vuelo de los gorriones a las 6 de la mañana
Por supuesto también en las noches sigilosas donde ratones, ratas, gatos, perros, lobos, convivían y veían
El día llega la basura la basura la basura…
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Ataque inesperado - Cuento
Por Alonso Marroquín Ibarra
año 2008 y corriendo
Anoche me atacaron mis perros. Estuvieron un tiempo sin nombre y fue justo ayer que decidí llamarlos Philipe y Martha. Su furia fue inusual; me lanzaban verdaderas tarascadas; entre más los quería controlar, la intensidad de sus ladridos y sus intentos por liquidarme se volvían más incisivos.
-¡Philipe, no me muerdas! ¡Quítate! ¡Ay! -grité al sentir sus colmillos en la pantorrilla.
El trasformado can me recordó, en un flashazo, la película de Disney donde Golfo, defendiendo a Reina de una rata, muestra en la animación el extremo de su capacidad de furia y ataque. Tal cual se comportó Philipe conmigo. Estaba incontenible y tuve que refugiarme en la cocina, cerrando la puerta abatible en un movimiento relámpago. Me asomé por la mirilla y lo vi como un demonio. Ahí estaba, ladrando una y otra vez, como si tuviera una misión de exterminio donde yo era, sin dudarlo, el blanco.
-¡Pinche perro!
No puede evitar la exclamación al ver que la pierna derecha de mis pantalones estaba totalmente desgarrada. Un poco de piel levantada, nada más, y cuatro puntitos.
Fueron más de dos horas las que estuve refugiado en el laboratorio de los chimoles. No sabía cómo proceder, ni tenía modo de comunicarme con alguien que me ayudara a salir del apuro. Probé las órdenes a pleno grito para que se calmaran, pero se produjo el efecto contrarío, Philipe y Martha apenas escuchaban sus nombre, más ladraban y se enfurecían; ¡me atacaban!
Les hable con marcada seriedad, como si fueran personas, cosa que nunca había hecho con animal alguno, y si bien se apaciguaron momentáneamente, apenas los volví a nombrar, la pesadilla arrancó de nuevo: los dos pastores me mostraron, babeantes, el poder de sus mandíbulas y la capacidad de sus afilados colmillos, destrozando en un dos por tres uno de los cojines del sofá de la sala.
-¡Martha! ¡Philipe! ¡Deténganse perros cabrones!- Grité desesperado. Mi economía era precaria y faltaban muchos meses en la tarjeta de crédito para saldar el pago de los muebles que había adquirido.
Todo fue inútil. destrozaron sistemáticamente todo el conjunto. Sacudiendo sus cuellos con energía inaudita, despanzurraron el resto de los cojines; desflecaron el tapete español, adquirido con sudor y lágrimas; volcaron las mesitas esquineras y rompieron las lamparitas francesas de delicadas bombillas, único recuerdo de la mujer que más quise y que, con el genio tan disparejo que tengo, me aguantó por tantos años; las cortinas recién estrenadas, esas sí pagadas de contado, quedaron convertidas en hilachas, no habría manera de volverlas a coser. No podía verse con mayor claridad la capacidad destructiva de aquellos animales, los mejores amigos del hombre.
Ver el escenario de mi departamento en aquellas condiciones, hizo que sin ser consciente, empezara a suplicarles, a implorarles que no siguieran con su vandalismo perruno. Para ganármelos, saqué del refrigerador un paquete de bisteces de ternera y se los ofrecí, entreabriendo apenas la puerta.
-Ya, perritos, esténse quietecitos… Ya, ya, tranquilos… Coman, coman…
Viéndome directo a los ojos, Martha cambió su expresión, y después de un pequeño gimoteo, volvió a mostrar la mirada amable que le conocía. Philipe se acercó con ella y también dejó su actitud guerrera.
Siempre detrás de mi puerta, no me sentía nada confiado, les fui dosificando la carne. El paquete no duró gran cosa, así que seguí con el jamón, las tortillas de harina, y hasta los guisados que me preparaban para toda la semana. Al fin, los dos quedaron saciados y permanecieron por un buen rato sentados frente a la puerta haciendo guardia.
Más calmado, pero siempre atento, yo también me senté, recargándome en la estufa, con las piernas contra la puerta, reteniéndola. ¿Qué había sucedido? Intenté encontrar una respuesta analizando todo, desde que me los regalaron, hasta llegar al día de hoy y me metí en el mundo de los pensamientos. Cuando Philipe y Martha fueron al extremo de la sala y se echaron, descubrí lo que había hecho mal con ellos y, también, encontré la solución.
Con precaución, alcancé la puerta de la entrada, y salí, como un ratero que acaba de terminar su trabajo, rumbo a un hotel. No era seguro pasar la noche en compañía de Philipe y Martha. Al día siguiente todo estaría resuelto.
Me desperté tardísimo, mucho después de darme cuenta, semidormido, que el sol me pegaba de lleno en la cara; lo evité una hora o dos, no sé, arrebujándome en las cobijas; finalmente mi alarma biológica me impulsó e hizo que me sentará en la cama. Sentía, y tenía sin lugar a dudas, la cara hinchada; comprimí todos los músculos faciales y con los índices me froté los ojos para aclarar la mirada, quitándome de pasada las lagañas.
Cuando fui consciente de la hora, me vestí apresurado y al ver mis pantalones destrozados, a pesar de ser absurdo, les menté la madre a los canes, como si no existiera la distancia y ellos, además, pudieran recibir mis injurias y darse cuenta de mi molestia. Luego reconocí mi gran amor por ellos y los perdoné, convencido de que no tenían la culpa de lo que había sucedido. La razón de su conducta para mí había quedado clara desde el día anterior. Sólo me di una manita de gato con agua y un poco de jabón, y salí disparado rumbo a la casa de Armando, quien me había regalado aquellos esplendidos ejemplares.
Me subí a la camioneta y tomé la carretera rumbo a Toluca. Una hora después llegaba a la finca de mi amigo y respiraba el aire incomparable de la zona, que siempre tomaba con dificultad. Daba la impresión de ser un concentrado de pureza que cuando entraba en mis pulmones, se abría paso de manera despiadada y alteraba todos mis sistemas acostumbrados a la polución.
Armando estaba leyendo en el patio, sentado a un lado de la fuente estilo colonial que era su orgullo. Me recibió un tanto extrañado y, cerrando el libro, me condujo hasta el alero del fondo donde siempre departíamos. Nos sentamos en aquellas cómodas butacas de baqueta y le platiqué lo que había pasado la noche anterior. No paraba de reír, hasta el punto en que me contagió; luego los dos estábamos a las carcajadas.
-Es lógico lo que sucedió. Ja, ja, ja… -. No paraba de reír. -Para empezar… ¡qué nombres les pusiste!, como si fueran personas… Pero ése no es realmente el problema.
-Si, lo sé. Me di cuenta.
-El problema, ahí sí, como si fueran personas, es que no puedes separar a las parejas de enamorados o… ¿casados?, si se vale el término. No te llevaste el par adecuado. Alejaste a Martha de su macho. ¡Imagínate! Eso sí es dolor, no sólo para ella. Lo mismo le pasaría a una mujer. Y a…. Philipe… lo dejaste sin su amigo…
-Sí, tienes razón. El punto es: ¿me regalas también al mero mero o te regreso a Philipe y Martha?
Sabía que mi amigo le tenía un profundo cariño al otro pastor, un perro de crianza que había estado siempre con él. Pensé que a pesar de mi pasión por los perros tendría que regresarle los que ya consideraba muy míos. Armando se quedó pensando, me dijo salud con un ademán y le dio un gran trago a su cerveza. Después de mirar la lejanía por un buen rato, como buscando la respuesta adecuada, soltó una bocanada de aire y me dijo.
-Es tuyo. Llévatelo y cuídalo muy bien. Es un animal dócil, muy entendido; contigo se adaptará de inmediato; ya te conoce, y te quiere. Tal vez hasta le guste cómo hueles.-Soltó otra buena andanada de carcajadas.
Después de una generosa y suculenta comida, una larga sobremesa y tanto aire puro, la tarde me dijo a gritos que debía regresar a mi ciudad capital. Fuimos por el pastor, prodigándole Armando caricias casi infinitas para entregármelo finalmente. Apenas lo subimos a la camioneta el precioso ejemplar manifestó todo su dolor por la despedida de su amo, que intuía definitiva.
Han pasado algunos meses y nunca he vuelto a tener problemas con mis perros. Los tres me aman; son extraordinarios guardianes y aunque no me obedecen en todo, puedo decir que somos una familia feliz. La verdad es que así los considero y los quiero mucho; no puedo vivir sin ellos. Hacen que me sienta muy seguro y son mi compañía. El departamento, es cierto, parece campo de guerra pero no me importa. Olvidaba decir que al tercer pastor, al marido de Martha, amigo de Philipe, le puse por nombre Vincent.
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Nuestras son las canciones y las poesías
Por Alonso Marroquín Ibarra
Para decir las cosas como son; para eso están los cantores y los poetas.
Las mascaradas y las felonías son de los que llaman políticos, pero su voz, no es la voz de nosotros y están impedidos para escuchar nuestros cantos.
Nuestras son las canciones y las poesías que recuerdan a nuestros muertos, a los que dieron la vida por lo poco o mucho que tenemos; las que cantan a la tierra, a sus frutos, a sus flores, a sus animales; esas que conservan el sonido de los manantiales o nos recuerdan la sequedad de los campos,
Nuestras son aquellas canciones y aquellas poesías que nos confortan con su melodía, por las tardes, cuando estamos tristes; esas que se nos pegan al cuerpo convertidas en la persona que amamos;
Nuestras son las canciones que nos alegran en las bodas sencillas, en el campo de labranza, en la fábrica, en el destierro; y nuestra es la poesía que cala hondo en nuestras almas, la que se recuerda y se hereda de padres a hijos, porque ha recogido la esencia de nuestro mundo, grande y precioso.
Que se pierdan los adornos, las adulaciones y las mentiras convertidas en tonadas comerciales o en páginas de libros con altas comisiones.
Que se olvide todo lo que se canta y escribe siguiendo el signo del dinero. Nada es auténtico por encargo.
Nada nos deja a nosotros lo que salga de un corazón maquillado. Nada engendra quien no tiene semilla. No puede llenarse nadie con las palabras y el sonido de quien vive vacío.
Por eso, no queremos más palabras muertas de cantantes comerciales, de escritores mercantiles, de bocas mentirosas que prometen sin conocer nunca el cumplimiento.
No queremos eso Tenemos canciones y poesía y son nuestras desde la raíz hasta la muerte
Y tenemos también nuestros cantores y nuestros poetas que nos dicen las cosas como son, con claridad, con sinceridad, con dolor si es necesario. Por eso habrán de vivir siempre, siempre, en nuestras voces y en nuestros corazones.
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Ajedrez, imaginación y pinceles 1
Gabino Ramírez Sánchez ha hecho llegar a este Chobojo Mayor las siguientes imágenes fantásticas sobre el juego ciencia, y que, diligentemente, se comparten con "todo el chobojal de chobojos".
Sin querer tumbar el rey: Chobojo Master

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Ojalá
Por Juan Cervera Sanchís Ojalá, ojalá que algún día nuestros labios se unan en el ascua escarlata del beso.
Ojalá, ojalá que la fe del abrazo y el abrazo hecho luz transparente entrelacen tu alma y mi alma en la luz cristalina del uno y su pura y feliz transparencia.
Ojalá, ojalá que la luz nos absorba y en la luz seamos luz ya por siempre.
Ojalá, ojalá que por fin se fusionen en la luz de la luz -de Dios hablo-, y al amor del amor que nos ama, tu luz y la mía.
Ojalá, ojalá que así sea. México D. F. 16 febrero 2008
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- Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (16 de Febrero, 2008)
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