A estas alturas, no importa quien haya hecho las promesas. Lo que sí cuenta y pesa como el diablo es la realidad, que se vuelve aplastante. Una gran mayoría de la población, otra vez, se ve inmersa en la desesperanza, en la necesidad y en la angustia. Finalmente los mexicanos pobres, que son el grueso de la población, están más arrinconados que nunca.
Para efectos estadísticos siempre se habla de la famosa "canasta básica". Ella sirve para medir qué tan lejos o qué tan cerca se está de la línea de pobreza. Pero el truco que permite ocultar desde el principio las grandes mentiras de las mediciones está en la definición misma de esa canasta básica.
El salario mínimo que se le pague a quien sea por el trabajo que desempeña, debe ser suficiente para sostener una familia y permitirle vivir de manera digna y suficiente (esto nada más existe en la teoría; es letra muerta en la constitución).
Pero ¿qué es lo que necesita esa familia para vivir? Ese es realmente el punto: lo que debería estar integrado en una canasta básica. Y la canasta básica debe poder adquirirse con el salario mínimo. ¿Y qué demonios está considerado en la canasta básica actual?
Obviamente considera comida, pero no se vayan a equivocar creyendo que incluye quesos (mucho menos de los apestosos) ni caviar, langosta o filete; tampoco bacalao noruego, mero, camarones, ostiones o suculencias por el estilo. No. La canasta básica no considera vinos de ninguna clase. ¡Ni imaginar que los mexicanos pobres, tengan derecho a eso! La canasta incluye productos alimenticios de los más baratos que puedan encontrarse en este país y a estas alturas es difícil pensar que las tortillas -de consumo general- quepan en ella, dado los considerables aumentos de precio que se les ha aplicado.
Es más fácil, no menos vergonzante, mencionar lo que no incluye la canasta básica, para darnos cuenta, con precisión, del nivel de vida que tienen los mexicanos que ganan el salario mínimo. México, dentro de su grandeza, es un inmenso espejo de la ignominia; la infamia no deja de reinar en nuestra tierra. Nada más hay que recordar que también son demasiados los paisanos que no alcanzan a ganar sus 5 dolarcitos diarios.
Esa canasta básica, que no lo es para nada, no incluye pasajes para trasportarse al trabajo, ropa, ni zapatos; no está previsto que la gente habita una vivienda y tiene que cubrir un arrendamiento; tampoco considera gastos escolares ni una partida para esparcimiento o cultura. Sólo integra lo que a juicio de los economistas alineados al gobierno y los políticos es suficiente para esa "bola de mexicanos" que no tienen derecho a nada, sólo a sobrevivir. Es más preciso, lo que he dicho en otra ocasión: tienen y ganan, apenas, lo necesario para no morir.
Este Master podría pensar como muchos: ¿Y a mí, qué me importa lo de los demás? A mí mientras no me falte nada, todo está bien. La bronca de los otros no es mi asunto. Pero pensar así es precisamente lo que nos ha llevado a esta situación tan lamentable, donde un país rico, riquísimo, tiene un mundo de hambrientos repartido por todos sus rincones.
Es erróneo pensar que si aplastan al vecino a nosotros nunca nos sucederá nada. Precisamente permitir que nuestra patria se haya llenado de miserables es lo que nos dice que en cualquier momento puede pasarnos lo mismo.
Como la tortilla subió
y fue día de Reyes, voy por pan.
Mejor no, el pan subió también:
Chobojo Master