Mayo del 2007
La Casa de la Estupidez
Sólo tuve dos horas para recorrer aquella inmensa y compleja casa; para verla, sería más exacto. Apenas entré por una de sus tantas puertas, quedé inmerso en un mundo concebido para atrapar a cuanto visitante posara sus ojos en él. Luces, colores brillantes, cuartos resplandecientes, risas, mujeres… ¡Qué mujeres! ¡Fantásticas! De todos los tonos de piel, de curvas exuberantes, de movimientos sexuales, no sensuales, que me activaron el impulso de aparearme de inmediato.
Recordé, con dificultad, una de las tesis de Desmon Morris, el autor del Mono Desnudo, escrita hace muchos años: el sexo opuesto tiene sus olores, sus formas, sus colores para provocar la continuidad de la especie. Nada más real. Pero, más allá de las tetas perfectas, de las caderas ampliándose contundentes, del torneado impecable de sus piernas, de sus movimientos y porte regio, había en todas ellas una mirada vacía, una sonrisa postiza, una manera de responder mecánica. Eras mujeres irreales, muy lejanas de la vida… Sin embargo me tenían encandilado, y a todos, me percaté en ese momento, los que habían entrado antes y después de mí.
-Esta su casa nunca cierra, permanece abierta siempre, para todos ustedes -nos dijo con amabilidad extraña, un guía que hablaba con una impostura circense–. ¡Síganme! ¡Continuemos!
Sin pensarlo, me uní al grupo que se había formado y seguimos de manera automática al sujeto de apariencia virtual. Llamémosle Funny, para hacer justicia a cierta simpatía que emanaba. ¡Me lleva el diablo! ¿Por qué se me ocurrió un terminajo en inglés para bautizarlo? La verdad no lo sé, pero ese fue el que me vino a la mente. Funny nos llevó por aquí y por allá. Pasamos por habitaciones que parecían vacías, pero no era así, siempre había alguien, con un hacer o a punto de empezarlo. Lo mismo vimos payasos haciendo rutinas demasiado gastadas y dándose de golpes para provocar la risa a como diera lugar, que hombres trajeados repitiendo información de manera ininterrumpida, escenas familiares dolorosas, plenas de llantos, sufriendo las más ruines traiciones, infidelidades, acoso y toda clase de desventuras, accidentes donde los cuerpos mostraban en exceso las quebraduras, los tejidos rasgados, abiertos, los órganos saliéndose y sangre, mucha sangre, sangre por todas partes.
Mi mente se había quedado con los fabulosos cuerpos femeninos, otros que estaban junto a mí, seguían riéndose de las tonterías de los payasos, en un grupito de señoras comentaban el reflejo de la vida real en el cuadro presenciado y lloraban a moco tendido, producto de alguna extraña catarsis.
El recorrido continuó, vertiginoso, avasallador. Vi, -vimos, vieron, ven todos los visitantes, verán- personajes de todos los ámbitos, figurones del deporte; conductores de hablar ininterrumpido, con una capacidad de bombardeo verbal insospechada; más mujeres, maricones y lesbianas –gays y les, les dicen ahora-; políticos con su inevitable ego inflado al máximo; dibujantes y caricaturistas trabajando incesantes, casi con avidez; figuras públicas de escándalo, haciendo alarde de sus abyecciones; cínicos y bufones; madres de familia frustradas dando consejos de cómo llevar un hogar; yoghis, charlatanes visionarios; expertos en el mundo de ultratumba; cazadores de ovnis y extraterrestres…
-¿Cómo le está pareciendo nuestra casa?- me pregunto Funny.
-Este… bien, muy bien- contesté como un soberano imbécil. Por alguna razón no pude externar mi punto de vista. Esa sensación de impedimento me molestó, como tener un ladrillo en la cabeza que me hubiera aplastado el criterio.
-Nuestra casa es integral. Quiero decir, cubre todas las expectativas de lo que a ustedes les gusta y desean. ¡Síganme! ¡Vámonos!- Funny, como una locomotora, cabeza del desfile, nos jaló a todos, y fuimos con él, sin pensarlo.
Me sentí confundido, pero seguí. El grupo era inmenso –tampoco me había percatado- y los empujones, para satisfacer la ansiedad de ser los primeros, se multiplicaron. Lento, despacio, rápido, seguíamos a Funny, como las ratas hipnotizadas por la melodía del flautista de Hammelin. Concursos enfermizos hicieron la delicia de muchos; palabras dichas sin ton ni son, provocaron carcajadas de Santa Clós en otros tantos; la virulencia, el desparpajo y la grosería dichas por un "hombre respetable", ganaron las convicciones de muchos más; la actitud regañona de un líder político que desnudaba lo negro de su opositor, arrancó aplausos eufóricos y gritos compulsivos.
Me sentía aturdido, como si hubieran congelado mis sentidos. Por un lado, tenía la impresión de que no había pasado el tiempo, y por el otro, que ya había permanecido demasiado. Quería largarme de aquella casa y al mismo tiempo quería seguir viendo más. Izquierda, derecha, arriba, abajo… no sabía dónde estaba.
-¡Disfruten! ¡Vivan nuestra casa! ¡Nuestra pasión es servirlos!- Nos invitaba Funny, siempre Funny, con su sonrisa de ángel, con sus ademanes cordiales y su extraño magnetismo. ¡Hay mas, mucho más! ¡Déjense llevar! ¡Conmigo todos, allá vamos!
No había tregua. la casa parecía infinita, era un auténtico cuerno de la abundancia, fuente de recursos inagotables. Vimos peleas de todo tipo, más mujeres, más maricones, más lesbianas, más risas, cómicos, payasos y patiños, más comentarios, noticias y resúmenes, guerras, explosiones atómicas, "dictadores" latinoamericanos, a los buenos y a los malos, juegos de fútbol, béisbol, tenis, póquer, billar, más políticos poéticos de falsa sonrisa y bondad, más crímenes sangrientos, misterios y más chistes, más dramas, asesinatos y asaltos, despojos, violaciones, crueldad, misoginia, perversión, aberración… La multitud enajenada que seguía a Funny lindaba en el paroxismo y me arrastraba, me pisoteaba, me empujaba, me hacía mierda. Ya no podía pensar, me había convertido en parte de la turbamulta.
Algo dentro de mí, arrancó mi conciencia por un instante de aquel aquelarre de "diversión". Fue suficiente. No aguantaba más, no podía seguir, y haciendo de tripas corazón, hice un esfuerzo, un jalón, un empujón, otro esfuerzo, otro jalón, golpes, hasta que pude salir.
Me recargué en el respaldo del sillón mecedor, aflojando todos mis músculos. Me levanté como un rayo y apagué la televisión: auténtica casa de la estupidez.
Alonso Marroquín Ibarra año 2007 y corriendo
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Terrorismo, espionaje, toque de queda y otras gracejadas
El gobierno mexicano actual, el de la continuidad (del foxismo), va por el mismo camino. ¿Qué es lo que continúa y a dónde nos lleva el caminito? La primera parte de la pregunta es tan difusa que la mayoría no podría contestarla –los grandes capitalistas y los cuates beneficiados, sí- y la segunda, de entrada, nos lleva a otra pregunta: para empezar ¿quién hizo ese caminito, para quién es?
Esto que parece un galimatías verbal, a final de cuentas tiene su explicación, no es gratuito.
En los últimos días se han publicado varias noticias inquietantes relacionadas con la seguridad nacional -independientemente de que el ejército está activo en varios estados de la república-. Relacionándolas, nos dejan ver con claridad cómo se está instrumentando y poniendo en marcha la estructura y los recursos "legales" y económicos para tener un control total de la población y convertirnos en servidores y ejecutores de objetivos netamente norteamericanos, prefiero decirles gringos.
Si estuviéramos dos o tres décadas atrás, lo que escribo sonaría como un panfleto de militante extremista. Por desgracia lo que está sucediendo hoy, no requiere de un pensador o de un analista radical, para darse cuenta de que algo no encaja en el quehacer político y nuestra realidad.
Como se diría coloquialmente "lo que está haciendo el gobierno no hace click". A no ser que el objetivo real se esté ocultando; y ¿cuál podría ser? : convertirnos en una extensión (¿más?) de sus políticas militares y de control continental.
Van algunas preguntas
¿México necesita un comité de desarme (hablamos de armas de destrucción masiva, químicas y biológicas y gua, gua, gua) y terrorismo?
¿México requiere para combatir el narcotráfico toques de queda en tiempos de paz y la militarización de las ciudades?
¿La situación de nuestro país es tan extremosa que se necesitan labores de espionaje en todos los niveles, incluyendo el correo electrónico?
¿Nos encontramos bajo amenaza permanente de grupos llamados "terroristas" y hemos sido víctimas de sus atentados?
Para no extenderme más, sepan chobojos, que ya se integró en este país un comité en materia de desarme y terrorismo, que los legisladores discuten ya una ley para combatir tan terrible flagelo, que el gobierno cuenta ya con recursos para el espionaje del correo electrónico, etc., etc. Aunque el texto que reproduzco a continuación forma parte del artículo "Ley antiterrorismo en México" de Carlos Montemayor, les puede servir de "probadita" para darse cuenta cabal de lo que está sucediendo y, si leen con detenimiento, del alcance e implicaciones que el asunto tiene.
Así las cosas, veamos ahora lo que constituye quizás el texto central de esta reforma legislativa en México: "Se impondrá pena de prisión de seis a 40 años y hasta mil 200 días de multa, sin prejuicio de las penas que correspondan por los delitos que resulten, al que utilizando sustancias tóxicas, armas químicas, biológicas o similares, material radioactivo o instrumentos que emitan radiaciones, explosivos o armas de fuego, o por incendio, inundación o por cualquier otro medio violento, realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad para que tome una determinación".
Alguien espía tu e-mail por Enrique Galván Ochoa
El espionaje, elemento fundamental para frenar reformas sobre seguridad: senadores por Andrea Becerril
Toque de queda en 50 colonias de Ciudad Juárez por Rubén Villalpando
Ley antiterrorismo en México 1 Ley antiterrorismo en México 2 por Carlos Montemayor
Hoy se integra nuevo comité en materia de desarme y terrorismo La Jornada
Usando detectores contra todo y buscando la seguridad total:
Chobojo Master
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Los Vicios del Esclavo - Capítulo I
"El hombre que inventó la caridad, inventó al pobre y le dio pan"
Víctor Manuel.
Ser libre no es fácil: se extrañan las cadenas, se extraña el uniforme, se extrañan también las órdenes que hay que cumplir con puntualidad.
Al mediodía, en el corazón del Centro de la Ciudad, dan ganas de descalzarse, de respirar profundamente, de alzar los brazos y gritar con toda el alma para espantar los fantasmas de las taras hereditarias o para expresar la alegría de ver todavía en pie los edificios que construyeron los abuelos de nuestros bisabuelos.
La gente pasa y vuelve a pasar por su punto de origen sin darse cuenta cabal de lo absurdo de su prisa. Las rocas son más sabias: "aquí estuvieron antes que nosotros y seguirán después de que nos hayamos ido", diría José Saramago. Y es verdad.
Una bandera ondea en lo alto: simboliza pertenencia y fraternidad parcial; pero también mucho dolor, pues confirma que el ser humano no es ecuménico y que tal vez no conozca jamás otra cosa que no sean simples destellos del compromiso moral que se debe a sí mismo por el solo hecho de haber sobrevivido a glaciaciones, a tormentas, a sequías, a dioses sanguinarios o ineptos, a leones hambrientos, a revueltas armadas o a la intrínseca soledad en que cada quién nace y muere. Al homo sapiens la realidad desnuda nunca le basta: siempre quiere, siempre necesita inventar algo "más allá" para después convertirse en acólito de su propia creación.
El sol brilla en lo alto, solo unas nubes rompen el cielo despejado. Me siento a mirar a las personas que pasan y me detengo en el rostro de una u otra sin llegar a comprender para qué somos ya tantos ni por qué, en vez de ser mejores, simplemente seremos muchos más.
Una niña, de unos siete u ocho años, con un zapato roto me sonríe. Se acerca a mí y me pregunta:
-¿Qué hace señor?
-Escribo—le respondo y le sonrió.
-¿Yo puedo estar en sus hojas señor?
-Claro ¿Cómo te llamas?
-Socorro.
-Socorro ¿qué?
La niña se echa a correr; se va y yo la sigo para darle un pan, una moneda o algo, pero la multitud, el "monstruo citadino" la devora entre sus fauces y no puedo encontrarla.
Existen infinidad de seres a quienes no voy a reconocer en el infierno y que, siendo sincero, no me importan ya; pero me gustaría saber si ésta noche, aquella niña humilde tiene un pan que llevarse a la boca.
Respiro, bajo la mirada y me dispongo a regresar a casa. No tengo valor para quitarme los zapatos ¡cómo si mi madre me hubiese parido con ellos ya puestos!
¿Libre? ¿Dónde me embriagué con esa falsa ilusión?
Leonel Puente Zócalo. México D.F. 31 de Marzo del 2007
Los vicios del esclavo – Relato de Leonel Puente Los vicios del esclavo - Capitulo XX Los vicios del esclavo - Capítulo XXI Los vicios del esclavo - Capítulo XXII Los Vicios del Esclavo - Capítulo 0 Los vicios del esclavo - Capítulo XXX
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Pintura callejera, otros conceptos
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No, no es sólo eso
El ejército está en las calles, los muertos, como si fuera normal –tal vez ya lo sea-, aparecen por todos lados, los pobres se multiplican más que los conejos, las deudas del país crecen y los grandes proyectos nacionales (¿negocios?) quedan en las manos de los mismos que siempre han sido sus depredadores (inversionista los llaman).
No sólo es la basura que se acumula en los barrios, en las plazas históricas, en las avenidas que debieran lucir esplendorosas, no es que me moleste no poder caminar ligero por las aceras invadidas por miles y miles de buhoneros, que también crecen día con día –de algo tiene qué vivir la gente-, ni que el transporte esté en condiciones infames, con asientos y techos hechos para niños o enanos y ni qué hablar de los cafres que conducen (zafios y rústicos son los sinónimos que tiene el diccionario de la RAE). No, no es sólo eso.
Es mirar los rostros de la paisanada con una expresión de tristeza que se extiende por todas partes, que se pega; saber que hay un gobierno que sigue hablando de maravillas y gasta en pocos meses decenas de millones de pesos en propaganda, mientras el cerebro trata de imaginar todo lo que se podría hacer con ese dinero en beneficio de la sociedad; es darme cuenta, con impotencia, que la voluntad ciudadana es ignorada, en el mejor de los casos, o reprimida hasta el exterminio para que no estorbe en los grandes planes de los de hasta arriba (los hace verse mal en el mundo de las noticias internacionales, se ensucia su imagen).
No es sólo desear que las cosas fueran diferentes, es saber que pueden serlo; no es sólo recordar otros tiempos o voltear la vista hacia otros países, con envidia de la buena, y darme cuenta que, con menos de lo que tenemos, sus pobladores viven mucho mejor. No es ignorar los males de nuestra idiosincrasia, esos que aborrecemos y malamente nos marcan, sino recordar también nuestra nobleza, saber que tenemos paisanos de grandes talentos, que somos un pueblo de trabajo y tradiciones, que siempre hemos sido entrones y solidarios.
No, no es sólo eso.
Lo que pasa es que hoy, como muchos otros días y como tanta gente, vuelvo a despertar, a integrarme a la realidad de la mayoría, no a la de los privilegiados. Salgo de mi domicilio, me voy amalgamando con la ciudad, con el país, y los veo tal como son. Leo los titulares de los periódicos y siento, a diferencia del orgullo de antes, unas inmensas ganas de vomitar. ¿En que se ha convertido mi patria? ¡Ah, qué políticos tenemos!
Pero no, no es sólo eso, es saber que sólo nosotros podemos cambiar la realidad por adversa que sea y darme cuenta de que nos hemos tardado demasiado.
Constantino Pol Mayo de 2007
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El vaso
¡Malditas ansias de beber! El vaso me jala, trata de romper mi voluntad y ríe burlón, con carcajadas cristalinas. Me provoca. Se parece a las prostitutas elegantes, sin peros, perfectas, glamorosas, dueñas de una paciencia fabricada por las fuerzas del dinero, perseverantes y sabedoras de su belleza.
El esbelto cilindro de vidrio se ve esplendoroso. Me conoce bien y me observa con sus ojos de hielo caleidoscópico; me lanza sus brillos adictivos, sus destellos retadores. Espera romper mi voluntad, sabiéndome esclavo, espera mi mano, y más ufano se muestra, como un señor prepotente y jactancioso. Me llena la vista y el cerebro con los tonos sensuales de sus contenidos. El calor del día se convierte en su cínico cómplice. Siento la garganta seca. Me deshidrato.
¡No has de vencerme, maldito! ¿Me engaño? ¿Podré con él? Debo ignorarlo. No puede influir en mí. Lo romperé. ¡Sí, eso es!
Me armo de valor, paso la lengua ansiosa por mis labios, mi mano se acerca temblorosa a él, lo alcanzo. Está frío, sudado; siento un inmenso alivio, y lo paseo por mi rostro. ¡Ah… qué placer!
Un traguito nada más y te irás al mundo de la basura. No creas que… Tomo una segunda vez, juego con los hielos en mi boca y el ron va resbalando por mis caminos interiores. Mis nervios se calman, mi frenesí empieza a ceder. Escucho el alegre tintineo del conjunto que baila al compás de mis manos. Otro trago, otro más.
Esta fue la última vez que ganaste. He apurado lo que tenías. No habrá próxima ocasión. Se acabaron las tentaciones.
El vaso viaja con la curva furiosa de mi brazo estrellándose en la mesa de centro. Me irrito más que nunca. ¡Carajo! Me dejo caer en el sofá. Estoy sudando. El síndrome de abstinencia, pienso. La vista se me nubla, siento como si estuviera a las puertas de una gran borrachera. Intento levantarme, recuperarme… no puedo. ¡No me puedo mover! ¡No puedo gritar! ¡Ahhgggg… siento que me m…!
«Se lo advertí claramente –llora entre gritos la viuda-. Pensé que esta vez si dejaría de tomar. Tal vez no me creyó. Y, sí, señor ministerio público, le puse veneno al ron. Pensé que se daría cuenta».
Alonso Marroquín Ibarra año 2007 y corriendo
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Antonio Machado, auténtica poesía

Lean, chobojos, despacito; imaginen lo que Antonio Machado -el poeta español que difundiera en sus primeras canciones Joan Manuel Serrat-; describe en sólo diez versos. En esta brevedad, crea un mundo con su paisaje, un escenario con sus personajes, y algo pasa… Lean, chobojos, despacito, y déjense llevar.
Chobojo Master
La plaza tiene una torre, la torre tiene un balcón, el balcón tiene una dama, la dama una blanca flor. Ha pasado un caballero ¡quién sabe por qué pasó! y se ha llevado la plaza, con su torre y su balcón, con su balcón y su dama, su dama y su blanca flor.
Antonio Machado
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Frases célebres - 11
El amor es el único deporte que no se interrumpe por falta de luz.
CLARASÓ, Noel. Escritor (1902. 1985), España
La ley es una telaraña que detiene a las moscas y deja pasar a los pájaros.
ANACARSIS. Filósofo de la Antigüedad, nacido en Escitia, región del Asia antigua
El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres.
KRAUS, Karl. Periodista, ensayista, poeta y dramaturgo austriaco nacido en Jicin, Bohemia
Los hombres viven del olvido; las mujeres, de recuerdos.
ELIOT, Thomas Stearns. Poeta, crítico literario y dramaturgo inglés
El matrimonio es tratar de solucionar entre dos problemas que nunca hubieran surgido al estar solos.
CANTOR, Eddy. Actor estadounidense
Aunque no te ocupes de la política, ella se ocupará de ti.
MONTAND, Yves. Cantante y actor francés
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Carta a mi hijo o la historia del Pizcuintillo
Alonso Marroquín ha compartido conmigo, para su publicación en este espacio, una carta singular que envío en 1994 a su hijo Héctor Alonso Marroquín Ayala, residente en Chicago, Illinois. El chavito tenía en ese entonces 14 años de edad y nuestro amigo encontró una forma singular de explicarle el levantamiento armado de Chiapas, ese donde surgió la figura del Subcomandante Marcos, el bato del pasamontañas y la eterna pipa. Tomo de la carta, larga por cierto, la historia del Pizcuintillo y otros fragmentos que considero de interés. Ustedes, ¿qué opinan?
Chobojo Master
…Te voy a contar la historia de un perrito.
Viviendo todavía tu abuelito Mingo -mi papá -apareció en la Calle donde vivíamos, la Cerrada de Monte Líbano, un perro pequeño de color blanco con grandes manchas en café castaño y con la colita en gancho y levantada. Tenia por desgracia el animalito estar cubierto de sarna, razón por la que la gente no quería que se acercara. Cuando el Pizcuintillo, que significa perro chico, -así le puso por nombre tu abuelito -tenia hambre, se acercaba donde creía que iban a darle algo, pero a cambio recibía gritos y ademanes furiosos que lo corrían de inmediato. Eso era cuando bien le iba, pues las más de las veces lo pateaban y le lanzaban piedras y palos. Era el Pizcuintillo un perrito en verdad desgraciado, aunque se notaba, fijándose bien, que de estar sano podría lucir un bonito pelo y, a pesar de todos los golpes recibidos, no había perdido el buen porte.
El Pizcuintillo vivía permanentemente atemorizado. Aún los movimientos que no iban dirigidos a él, lo espantaban, y, si estaba echado, brincaba como por arte de magia para emprender la huida. Todo para él significaba una amenaza. No había sitio donde pudiera dormir tranquilo, no existía una alma piadosa que le aventara aunque fuera un trozo de pan (a los perros no les gusta mucho el pan y de preferencia no lo comen), la piel le picaba y le ardía de tanto rascársela, le requemaba, le sangraba incluso, formándole unas costras que agudizaban su mal aspecto.
En un taller donde se hacia carpintería y plomería -lo conociste tú, era el del mentado Caperuso, el que estaba a la entrada del Restaurante-… en ese taller, te decía, lo trataron de forma especialmente cruel, llegando a vaciarle ollas de agua hirviendo, tomándolo de blanco para tirarle piedras, clavos, pedazos de madera. Cuando estaba al alcance de algunos de los que allí trabajaban, lo pateaban, hasta que un buen día...
Un buen día ese perrito tan pequeño, tan hambriento, tan indefenso, tan golpeado, tan ignorado, tan "sin valor" para muchos, tan amedrentado, con una vida sin un lugar siquiera para dormir, con una vida que sólo le ofrecía desgracias, rencores, malos tratos, escupitajos y desesperanzas, recibió una patada tan feroz que decidió, porque no tenía absolutamente nada que perder, lanzar la más poderosa mordida de que fuera capaz y se prendió a la pierna de su agresor. Lo hizo de tal manera que luego no lo podían desprender, tenia las quijadas trabadas en la carne del fulano de tal y gruñía con furia, con toda la furia que había acumulado durante todo el tiempo de su vida miserable. Los amigos del agresor lo golpeaban más para que se zafara, y él, más se prendía a la carne de la pierna que lo había hecho aullar infinidad de veces.
Para él valía la pena. Podía perder la vida por ese atrevimiento, pero ¿cuál vida? Valía la pena morir porque si eso pasaba lo dejarían de patear, y si no se iba de este mundo, también valía la pena porque entonces le iban a temer, o lo iban a considerar rabioso, y no se le acercarían por temor a sus mordidas. Buscar la comida entonces seria más fácil.
Hijo mío, Queño Queñito Bombiqueñito. Los chiapanecos, nuestros indígenas, ya se cansaron de llevar la vida del Pizcuintillo y para ellos es mejor morir peleando que seguir viviendo en las condiciones impuestas a lo largo de quinientos años.
En Chiapas, uno de los estados más ricos de nuestro país, siendo los indígenas los propietarios legales de la selva, de las tierras productivas, viven en una marginación y en una pobreza tan extrema que lo inconcebible es que no haya estallado esta guerra muchos años antes. Chiapas produce el 55% de la electricidad total del país, y allá de cada 10 casas 8 no tienen energía eléctrica. Chiapas es el primer productor nacional de maíz y también el primer lugar en desnutrición. Para muchos en Chiapas un "indio no vale nada", sólo es una curiosidad vestida de colores, de rasgos impasibles, callado y receloso, huevón, algo que estorba y que hay que quitar del camino. Los despojan de sus tierras, les queman sus casas, los matan junto con su familia/. violan a sus mujeres, los encarcelan y los torturan... A sus demandas infinitas y permanentes, no les hacen caso y si por casualidad pasa por allí un político o un candidato partidista, entonces les prometen y les prometen y luego les vuelven a prometer y a prometer.
En Chiapas el Pizcuintillo se decidió a morder. No importa perder la vida, porque para el indígena en Chiapas no hay vida. Ha revivido el espíritu de Emiliano Zapata, líder inmortal de los campesinos mexicanos que al grito de "TIERRA Y LIBERTAD" fue, y seguirá siendo, el símbolo honesto de la lucha digna para el bien del pueblo. Líder fundamental de la Revolución Mexicana de 1910, en 1994 le da su nombre al ejército del pueblo, que se ha levantado en armas contra la injusticia: EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL (EZLN).
Si el Pizcuintillo se animó a morder solito, hay que respetar y considerar con cuidado lo que está pasando en nuestro país, porque la indiada está armada y organizada, no sólo desesperada por su condición de vida tan extremosa.
En Chiapas hay maderas preciosas: caoba, cedro rojo y blanco, primavera; hay petróleo, hay zonas arqueológicas únicas en el mundo, eternamente saqueadas por propios y extraños; hay tradiciones, etnias que debieran ser sagradas; hay agricultura abundante. aunque el café sólo haya enriquecido a unos cuantos malditos; hay personas de color cetrino, con corazones bondadosos y manos productivas y creadoras; hay deseo de justicia, deseo de autentica democracia y reconocimiento de los derechos del hombre; hay rebelión...
Esto esta pasando en nuestro país.
…Desde entonces y hasta hoy he estado convencido de que priva una gran injusticia con la gente pobre, que es la mayoría, y que esa inmensa diferencia entre lo mucho que tienen y reciben pocos y lo que le falta y necesitan muchos, es lo que en la historia de cualquier pueblo genera los levantamientos armados.
…En los tiempos en que se hizo la revolución mexicana, Porfirio Díaz, que era el dictador del país, promovió la cultura francesa de tal modo que el que no estuviera al tanto de "lo francés" o en la "onda francesa" estaba atrasado o fuera de lugar. Esto influyó en todos los campos: la música y las artes, la arquitectura, la moda, el modo de hablar, la literatura, las noticias etc. Ahora en muchos países del mundo lo francés ha sido sustituido por "lo gringo".
…Las de los indígenas y tantos pobres del mundo parecieran ser vidas inútiles por el abandono en que viven, pero ellos, siempre ha sido así, han hecho los grandes cambios del mundo, son ellos los que generan los alimentos y las grandes riquezas y a ellos les corresponde una vida mucho mejor.
Queño, hijo mío, hay que saber observar el mundo en todas sus facetas. Tiene cosas hermosas, muy hermosas, pero en su otra cara tiene oscuridad, miseria, desequilibrio. No debemos ignorar lo que sucede en él. No. Debemos estar enterados de lo que acontece, e intentar comprender, primero, esos fenómenos que lo envuelven, para participar, después, en los cambios necesarios que nos lleven a hacerlo mejor. La participación empieza por ser conscientes, y el solo hecho de divulgar, de platicar y explicar lo que para nosotros ya es claro, significa que ya estamos poniendo un grano de arena para ese cambio.
Hay guerra en Chiapas. Hay guerra en México. Puede haber muchos Chiapas en muchas partes de nuestra republica, porque la miseria no les es exclusiva a ellos. Esa miseria tan grave, el hambre, la muerte por insalubridad, la tortura, las vejaciones a la dignidad más elemental, se la han aplicado a muchos de nuestros paisanos. Puede haber muchos Chiapas en México.
Como en otras ocasiones, esta carta es larga. Trataré en las próximas, de ser más breve…
Recibe como siempre, Hectorín, mi más profundo amor en un abrazo fuerte, muy fuerte. Te extraña eternamente:
Tu papá: Alonso
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Amores locos - Humor
Luego de una larga noche haciendo el amor, él nota la foto de otro hombre en la mesa de noche de ella. Comienza a preocuparse. –¿Es tu marido? – pregunta nervioso. –No, tonto-, responde ella, acurrucándose. –¿Tu novio, entonces?- continúa él. –No, para nada–, dice ella, mordisqueándole la oreja. –¿Es tu papá o tu hermano?- pregunta, esperando quedar conforme. –No, no, no! ¡Me pones tan ardiente cuando estás celoso!- responde ella. –Bueno, ¿quién carajo es ese tipo, entonces?- demanda él. –Soy yo... antes de la cirugía.
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Me quiere, no me quiere...
Con la superstición por un lado y la certeza por el otro, Juan deshojaba la margarita. Me quiere, no me quiere, me quiere… Con la misma blancura con que concebía su amor, caían los pétalos en el tapete verde del prado. Me quiere… Sonreía, y sus dedos, con suavidad desconocida, continuaban esa tarea de ilusiones, y los pétalos en la corola se hacían menos. Los sinsabores de sus pasados amores estaban sepultados. La ira, la decepción, el desengaño, todo se había ido. Inés era la causa, se había convertido en su centro. Su infausto pasado, así lo vivía, y sabía también que se engañaba, nunca había sucedido. No me quiere, me quiere… Llegó al último pétalo que confirmó, contra todo, que Inés lo amaba. Saltó con el júbilo de un muchacho. Había hecho bien en poner su vida, su fortuna y su esperanza de ella. La vería por la noche al llegar a casa. Caminó hacia la avenida y entonces la vio. Inés estaba fundida en un beso holliwoodesco con quien había sido el administrador de sus bienes.
Alonso Marroquín Ibarra año 2007 y corriendo
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Imágenes en la luna – Prosa poética
La prosa poética de Alonso Marroquín empieza a “sonar” en Audio Chobojos. En esta ocasión su Imágenes en la luna nos amplia el horizonte mostrándonos otra forma de ver a nuestro satélite, y lo que eso conlleva. Escuchen Chobojos, opinen también. Las palabras nos llevan, nos invitan…
Chobojo Master

Satélite y Fonogramas Cósmicos Presentan:
Imágenes en la luna
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Frases célebres - 10

Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.
SHAKESPEARE, WILLIAM. Poeta y autor teatral inglés
No lo hagas, si no conviene; no lo digas si no es verdad.
MARCO AURELIO, EMPERADOR. Emperador romano (161-180) y filósofo estoico
Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.
EINSTEIN, ALBERT. Físico alemán
¡Un genio! ¡He practicado catorce horas diarias durante treinta y siete años, y ahora me llaman genio!
SARASATE, PABLO. Violinista español
Los ignorantes son los muchos, los necios son los infinitos; y así el que los tuviere a ellos de su parte, ése será el señor de un mundo entero.
GRACIÁN, BALTASAR. Escritor, pensador y pedagogo español
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Arboles
Los árboles me impresionan y me cautivan: árboles jóvenes unos, muy jóvenes, presumiendo su follaje naciente de verdes claros y brillantes; otros, árboles centenarios -¡cuántas historias podrían contar!- extendiendo sus ramas y verdeciendo una y otra vez, llenos de rumores y secretos, plenos de sabiduría. Al menos eso me parece.
El más pequeño de los árboles es majestuoso, señor de su suelo, y crece sin prisa, bien, en armonía con el cielo.
Ah, y esos ejércitos de árboles gigantes que hacen manifiesta nuestra pequeñez, tocan los brazos de las nubes y juegan a su ritmo con el sol, con la lluvia y con todo lo minúsculo que pasa o vive a sus pies.

Los árboles son la fuerza vegetal dueña de las gamas de verdes amarillos rojos naranjas cafés y en su madera guardan los naranjas morados y guindas el sepia profundo Oro verde por fuera y, por dentro, oro puro.
Cuando me acuerdo, me impregno más de su oxigeno, crezco, me embriago con la sensación y el mareo de una inspiración profunda.
El aire entra, sale, entra, sale, viaja por mi cuerpo y es un baño interior intenso y profundo.
Árboles de hojas minúsculas o inmensas; con frondas de ramas flexibles, quebradizas, espinosas; con vaivenes de valses, tangos y sinfonías
Están todos los ritmos en un árbol y toda la música en todos los árboles. Los años por decenas, centenas y millares van sumándose a sus anillos Productores de una extensa frescura bajo su sombra, que se entrega humilde, sin tacañerías Hermanos genéticos del tigre, del cóndor y del hombre.
Todos los árboles se acumulan en una inmensa suma, lo mismo el extraviado en los interminables llanos, que el fornido ejemplar de la selva.
Respiran en su compás, se mueven y crecen, estallando siempre en jubilosa primavera después de renovarse por completo más allá de los otoños y los inviernos.
Árboles de frutos y flores imposibles.
Árboles de extrañas semillas del imaginario de la naturaleza, que en complicidad extraordinaria con animales y vientos, garantizan la continuación de sus especies.
Árboles de resistencia infinita, indoblegables a climas y terrenos, hermanos mayores de todas las plantas, monumentos vivos inmerecidos por el hombre.
¡Árboles, centinelas silenciosos, contra todo: creced y multiplicaos!
Alonso Marroquín Ibarra año 2007 y corriendo
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Los gorriones de Reforma

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