Esta nota,
chobojos, me exige hablarles en primera persona y de riguroso usted, para que
no pierda la seriedad –ja, ja, ja-, así que empiezo.
¿Es usted el tipo de chobojo que atribuye
su mala suerte a los males de ojo, a latigazos que el destino se ensaña en
darle hasta dejarle las espaldas cruzadas de verdugones? ¿Nada le sale bien?
¿Todo lo que emprende finalmente fracasa por razones fuera de su comprensión?
¿Hasta los amigos que eran depositarios de su máxima confianza y cariño le
quieren bajar la vieja o, peor, se la
bajan? ¿Lo corren de la chamba a cada rato y su dinero desaparece como por arte
de magia, mientras anda mendigando ayuda por aquí y por allá? Si es usted
soltero, ¿resulta que ninguna chava le hace caso y, pero aún, se alejan como si
fuera usted un ser indeseable? En las fiestas, si llegan a invitarlo, ¿no cabe
en ninguno de los grupos que se forman y termina siendo como un nopal aislado
en el llano? ¿Su salud, ánimo y aciertos
van en picada? ¿Lo rehuyen las personas como si fuera usted un apestado, un
leproso, un enfermo terminal de sida?
Bueno si esto le pasa, es usted un chobojo
salado, un mala suerte, un chamoi; alguien que tiene imán para atraer lo nefasto, lo dañino; alguien
que desde su subconsciente pareciera estar gritando: ¡Males, vengan a mí!, y
evidentemente logra que suceda.
Es casi seguro -ya que la probabilidad de
que sea usted creyente es muy alta-, que haya invocado a Dios, pidiéndole el
alivio de sus males, sin resultado inmediato, razón por la cual puede dudar de
su eficacia. No paso por alto que haya acudido al templo a dejar ofrendas y a
ofrecer sus rezos, a comprometerse a mandas insólitas para cuando el milagro se
haya realizado.
Si de salud se trata y se siente
verdaderamente quebrantado, a pesar de que su diagnóstico medico-clínico es de
“perfectas condiciones” y ha acudido hasta el cansancio a un sinnúmero de
médicos sin obtener beneficio alguno, no cabe duda de que usted, chobojo,
necesita algo más.
Casi como si lo estuviera viendo, sé que
ya recurrió usted a talismanes para atraer la buena suerte y alejar las malas vibras; que ya puso en su casa y
lugar de empleo flores blancas para atraer a los buenos espíritus –hasta una
planta de zábila con moño rojo debe tener-; habrá flameado alcohol y lo habrá
pasado por todos los rincones de su vivienda para erradicar cuantas influencias
negativas hayan estado ahí. Para ese dolor de cabeza que no se va, y que nadie
le cura, de seguro ya tomó todo tipo de píldoras medicamentosas, polvos e
infusiones –té de cuachalalá, árnica, gordolobo, ruibarbo, carbonato con
hierbabuena y limón, etc.-; para sus otros males habrá incrementado sus visitas
y consultas con médicos de toda laya: alópatas iridólogos, homeópatas, acupunturistas,
reflexólogos, curanderos, hueseros, sobadores, brujos blancos, negros y de
todos colores.
Acá entre nos, dígame, chobojo, ¿cuántas
limpias le han hecho? ¿Ya lo azotaron con romero? ¿Ya le pasaron un huevo para
extraerle todo lo maléfico que tenía metido en el cuerpo? ¿Por lo menos le
tiraron las cartas de la buena fortuna, con pases mágicos secreta para su
protección permanente? ¿Ya hizo todo para mejorar su destino? ¿Ya le habló a
las psíquicas de Walter Mercado, se comunicó con Amira o consultó a Madame
Sazú?

Pues, chobojo, está usted mal. No ha hecho
lo que debe. Ha olvidado lo que realmente le quitará tanto desasosiego, le
regresará la salud y lo reintegrará de manera exitosa y con esplendor a este
mundo. Usted será un chobojo con aureola brillante, de primer nivel, si sigue
el consejo del Chobojo Master, que es gurú de gurús, guía de guías,
aleccionador de magos, formador de espíritus chobojamente fuertes y dignos,
profeta, visionario y encausador de almas.
El Chobojo Master recomienda
simplemente que se haga usted una “Limpia mexica de
purificación”. Tal
vez la invocación de Huitziopoxtli, Tláloc, el espíritu de Cuauhtémoc o Cacama,
y otras entidades prehispánicas, operen la estabilización y equilibrio en usted
que es un “malvibroso”. Todo aunado
con el incienso de copal, el señalamiento de los puntos cardinales y oraciones
secretas, de esas que nadie sabe, ni se pueden aprender, ni se oyen, ni se
entienden –tal vez hasta estén dichas en náhuatl.
Pero no se deje llevar por los prejuicios
pensando que es una vacilada. La Limpia
mexica de purificación debe dejarlo puro, sin contaminación, libre de todo
maleficio y salación, saludable y
entero. ¡Qué belleza! ¡No debe haber nada mejor ni más efectivo en todo el
mundo!
Si ya probó todas las
limpias, pruebe ésta que, de seguro, le saca todo lo que tenga dentro. No
piense que esto no existe. A un costado de la Catedral Metropolitana en la
Ciudad de México, puede encontrar a “los limpiadores”, vestidos de blanco, con
sus con cintas rojas a la cintura y banda de paliacate en la cabeza. Aunque
inadecuadamente enhuarachados, ahí están, con el incensario en las manos, el
infaltable caracol y un cúmulo de yerbas. Ahí donde estuvo la Gran
Tenochtitlan, al aire libre, se realizan las limpias que sí limpian. Total, Chobojo que nace
torcido, jamás su vida endereza. Nada pierde con intentarlo..
¡Habráse visto! ¡Ja!
Esto también es México: Chobojo Master