Carta abierta a Felipe Calderón sobre la Corrupción o Pidiéndole peras al olmo

Por Chobojo Master - 9 de Octubre, 2006, 17:36, Categoría: LAS NOTAS DEL CHOBOJO MAYOR

A los lectores de las Notas del Chobojo Master

Sabiendo que Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, "coronado" como presidente electo por "Los 7 magníficos" magistrados del Tribunal Federal Electoral, ocupará en breve la silla presidencial –con sus dizque manos limpias–, me surge la necesidad de ponerle sobre la mesa el delicado tema de la corrupción –tema medular e insoslayable, de total trascendencia que requiere atención y solución urgente, impostergable– y lo que al menos deberían ser sus compromisos ineludibles con el pueblo de México, en cuanto será él quien tenga la batuta, nos guste o no, para dirigir este mi tan amado país.

Ya que el hombre se dice apegado a las leyes y ha proclamado a los cuatro vientos que se conduce y se ha conducido siempre, bajo estrictos valores familiares y sociales, fundamentales, sería de esperarse –¡Oh, iluso Master!– que no le tiemble la mano para acabar con los corruptos, que tantos hay, por todos lados.

Acabar con la corrupción no fue bandera de su campaña. Eso hubiera significado reconocer que el sexenio foxista ha estado podrido hasta el tuétano en todos los niveles, incluyendo por supuesto a la dichosa "familia presidencial". Aceptar la corrupción, que se ha paseado de lo lindo, como nunca, en este gobierno panista hubiera implicado "matarse a sí mismo" y tener que comprometerse, como mínimo, a tomar cartas en asuntos demasiado espinosos. No le convenía. Equivalía a "darle de patadas al pesebre". Perro no come perro.

Esta carta, fue escrita, originalmente, cuando sucedían las campañas electorales por la presidencia de la república, e iba dirigida a quien resultara ganador Hoy la personalizo, ya que es FeliPillo el que "legalmente" se va a sentar en la silla del águila –sea dicho sin afán de excluir ninguna opinión o corriente sobre el proceso electoral, ni del reconocimiento o no de la legitimidad de su nombramiento–. Valga la carta en todo su contenido y alcance.


A qué le tiras cuando sueñas mexicano: Chobojo Master


CARTA ABIERTA SOBRE LA CORRUPCIÓN A FELIPE DE JESUS CALDERÓN HINOJOSA, DECLARADO POR EL TRIBUNAL FEDERAL ELECTORAL COMO PRESIDENTE ELECTO DE MÉXICO, Y NO RECONOCIDO COMO LEGÍTIMO POR DEMASIADOS MILLONES DE MEXICANOS.

Señor presidente electo, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa:

Usted debe acabar con la corrupción, con hechos. ¡No con rollos! Para rollos el sexenio de su predecesor –al que le quedan todavía xx días para seguir disfrutando las cabañas de Los Pinos a costa nuestra–, ha sido un verdadero exceso; tanto, que el México de su gobierno, bien lo sabe usted, fue bautizado como Foxilandia: lugar inexistente, de puro verbo, sitio donde se le dio vuelo desmedido a la lengua, donde el tal Vicente difundió palabras de acomodo, hablando de un país de mentiritas, de puras virtualidades. Espero que usted no tenga ese loco y enfermizo afán por las cámaras de televisión como Fox lo ha tenido. Es por demás una enfermedad, excesivamente costosa. Mejor dicho: es un mal de grosero y ofensivo despilfarro. ¡Cuánto dinero tiró a la basura el que fue su jefe! Ese para quien trabajó usted 8 meses, nada más, como Secretario de Energía. Espero que usted no invente un país virtual como Felipitío, Fecalgangueo, Felipécuaro, o Calderolandia.

Felipe de Jesús, no podrá negar usted que todo aquello que está corrupto, está podrido. No sirve. Como la fruta. Lo que se encuentre en estado de descomposición, hay que tirarlo a la basura.

Estoy convencido que esta debe ser su labor fundamental, la que mayor esfuerzo y dedicación requerirá de su parte, porque de ella se deriva una cantidad impresionante de males que realmente han ido matando a nuestra patria. Los ejemplos puede ponerlos hasta un niño de primaria, pero las consecuencias las cargamos todos los que vivimos aquí en nuestro querido México.

La corrupción en nuestro país es semejante a las canciones infantiles clasificadas como aglutinantes: crece, crece y crece; se parece a los virus que se reproducen, atacan, enferman y contagian progresivamente, hasta convertirse en epidemia; más aún, en pandemia. Los focos de infección se encuentran en los políticos, en las autoridades y en todos aquellos –iniciativa privada incluida, con mención honorífica, por supuesto– que entran al juego, para eludir alguna responsabilidad o para beneficiarse de la manera más vil y despreciable. ¡Cuántas inmensas fortunas se han hecho gracias a la corrupción!

El fenómeno de la corrupción no es nuevo, ni exclusivo de nuestro país; estoy consciente de ello. Todos somos conscientes, incluyéndolo, supongo. Durante décadas nuestro país ha tenido ese estigma maldito. México ha sido conocido como el país de la mordida, de la dádiva, de la untada de manita, del compadrazgo (que puede usted leer también como cuñadazgo, hermanazgo, esposazgo, hijastrazgo etc.), que nos exime del cumplimiento de las leyes y reglamentos, de las sanciones que debiéramos cubrir conforme lo establece el derecho.

El asunto no queda ahí. No sería tan grave. La práctica del soborno excede infinidad de niveles, sin ser excluyente y tradicionalmente consigue todo (si la tajada es adecuadamente sustanciosa) en cualquier ámbito de la administración pública.

Repartir dinero nos exime de penas y multas, borra registros o antecedentes penales, otorga licencias y permisos de toda índole, elimina expedientes con historiales turbios, permite la entrada a los negocios verdaderamente jugosos,, hace ganar concursos y licitaciones gubernamentales para los grandes proyectos, de cientos de miles de millones de pesos, consigue plazas, exenta penas, otorga amparos, ciega a los empleados de las aduanas y garitas para que pase lo que se quiera, libera delincuentes o evita que caigan en la cárcel, crea personalidades, titula pelagatos, expide pasaportes, logra amigos en altos niveles políticos, abre totalmente las puertas a los negocios del gobierno, calla periodistas, genera editoriales a modo, alínea televisoras, promulga leyes favorables para unos cuantos, persigue a inocentes, encarcela a los incómodos, inventa maestrías en Harvard… La lista es demasiado larga. La corrupción está en todos los niveles de la vida nacional, no sólo en la ventanilla de atención ciudadana o en el agente de tránsito de crucero o en el patrullero de ronda. No. Hacia arriba la cadena de la corrupción es colosal, insólita y de mayor cuantía. Hacia los niveles superiores la corrupción es de millones, decenas, centenas, miles de millones; es inconmensurable: exageradamente grande.

La iniciativa privada no se escapa. ¡Por supuesto que no! Ella forma parte medular de la corrupción; más: es pieza clave. Los empresarios participan desde el mañoso manejo contable en sus empresas, escondiendo utilidades (para algo están los huecos de la ley, los contadores y los abogados), hasta en el acto de sobornar a las autoridades. Siempre están dispuestos a "dar una lanita", para resolver las incomodidades que se les presentan; una corta les permite aprobar las inspecciones; con aflojar un billetín sacan 10 en medidas de seguridad; con el soborno solventan el incumplimiento de la Ley Federal del Trabajo, salvan auditorias, o sus resultados; con la pizcacha puesta en las manos adecuadas se incrementan sus ventas. ¡Ah, eso sí, hay que tener los contactos adecuados! ¡Pero qué le cuento, Felipe!, si de esto usted se las debe saber de todas, todas. La iniciativa privada actúa con el lema de "Ganar, ganar". Ganas tú, gano yo; los dos nos ayudamos.

De cualquier manera, la componenda sucede. Después de la mordida, después del soborno, viene otra preciosidad en el esquema de la sagrada corrupción: el reparto.

El reparto es práctica común en los juzgados, en el jueguito macabro y despreciable del narcotráfico, en la trata de blancas y el tráfico de personas, en la policía, en las oficinas del Ministerio Público, en el tráfico de influencias, habiéndose documentado también casos de militares bien metidos en el ajo. Usted como buen abogado, colega y correligionario de Diego Fernando de Ceballos debe saberlo de sobra.

El reparto de la lana, el billete o billullo, la marmaja, la pizcacha, los pescolines; donde muchos le dan a muchos; donde desde abajo se recibe el dinero y se distribuye hacia arriba, a los niveles superiores; donde todo está perfectamente estructurado, como reloj electrónico. ¡No hay que pedirle nada a la relojería suiza!

¡Qué belleza es el reparto de los beneficios entre los mandos medios y superiores!

Yo pido y ordeno, tú autorizas, él formaliza, otro convence al comité y otro más recibe. El que quiera mantenerse al margen del negocio, es involucrado también, aunque no quiera. Ah, y si de todas formas se niega, entonces se larga. Se le quita el empleo y ya. ¡Qué alegría! Finalmente, entre todos los coluditos se reparte el beneficio.

En los altos niveles la corrupción campea, se pasea de lo lindo. A fin de cuentas la mecánica es sencilla: todos se vuelven "tapaderas" de todos.

En todo tipo de organizaciones, públicas o privadas, existe y existirá Radio pasillo, donde se corre la voz, de persona a persona, de todo lo que sucede en cualquiera de los niveles de la administración. Radio Pasillo es el río que suena porque agua lleva. Y no falla. Es como una conciencia incomoda pero infalible que ha tenido y seguirá teniendo la información a la mano, por confidencial que sea, de todo cuanto sucede: de las decisiones que se toman, buenas o malas, de las amantes del chalán o del señor director, de las botellas de cognac que personajes de lo más oscuro le envían a los gobernadores, de los beneficios especiales que tal o cual empleado ha recibido y de las tranzas que se hacen, de quién es de verdad El Peje, o quien es usted que se dice con las manos limpias. Radio pasillo informa, e informa bien.

Despidiéndome, Felipe, le recuerdo que a Vicente, su exjefe y principal promotor, le quedan 53 días. La verdad, aunque ya es muy poco se me hace insoportable. Ufff. Abóquese a demostrarnos que tiene las manos limpias. Y acabe con la corrupción. ¿Es imposible? ¿Suena a suicidio? Tal vez lo sea.


Como no espero nada de usted, no puede desilusionarme: Chobojo Master

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