Recordando a un clásico.
Hace veintiún años—la mitad de mi vida—junté un día todos los textos que había escrito hasta ese momento. Había alguno que otro intento de cuento en mis libretas de primaria, desgraciadamente muy disneylandescos casi todos; había también varios pseudopoemas amorosos en mis cuadernos de Español de la secundaria, pero la mayoría eran paráfrasis de la obra de Gustavo Adolfo Bécquer. Ya en el bachillerato, me dio por escribir acerca de los dilemas filosóficos, las crisis existenciales y la necesidad de una revolución real, no espiritual ni ideológica ni abstracta; aunque, ya en la distancia, siendo sincero conmigo mismo (y con aquellos camaradas de juventud), me encantaban más Giovanni Papini y Hermann Hesse que Karl Marx y Sigmund Freud.
Así pues, ya reunidos todos aquellos textos, decidí destruirlos. De hecho, ya lo había pensado varias veces antes, pero siempre había algo que me detenía: alguna que otra frase bien lograda; algunos versos no tan románticos, no rimados tan gratuitamente ni calca de los de Bécquer; algún cuento o relato con el germen de alguna idea interesante; algún protoensayo casi argumentativo o casi crítico... o algo por el estilo. Pero aquel día quemé todo en una fogata que armé en la azotea de mi casa. No quedó más que un montón de cenizas. Sólo eso y la decisión de volverme positivista, realista y profesionista, ¿para qué distraerme con el ejercicio artístico si ya existen las obras monumentales de Sófocles, Cervantes, Shakespeare, Baudelaire, Maupassant, Poe... [etcétera]?
Desde niño había dicho que sería doctor, o más específicamente, médico; porque se puede ser doctor en muchas áreas, incluida la medicina, pero yo quería llegar a ser doctor en medicina y específicamente en la especialidad de neurología. Sin embargo, me descarrié en el camino y terminé matriculándome en la Facultad de Psicología de la H. UNAM; y no me arrepiento, pero esa veta literaria que siempre he querido acallar, reprimir, olvidar o encubrir, nunca me ha dejado en paz. Quizá, o [yo] así me lo explico, la psicología sea un punto intermedio entre la medicina y la carrera de las letras. Y el ejemplo más evidente de este razonamiento o creencia es precisamente el señor Freud, que tuvo que estudiar medicina por la presión de su padre y por las circunstancias económicas de su familia –venida a menos –que no podía arriesgarse a financiarle una carrera literaria que no garantizaría su sobrevivencia física ni su status social. ¿De dónde le salieron a aquel brillante psiquiatra varias de sus teorías más famosas si no de la literatura clásica? De alguna manera, su vocación más profunda nunca pudo ser sometida porque las grandes y verdaderas pasiones no mueren tan fácilmente ni se dejan asesinar impunemente.
Ahora bien... ¿cuántos de los que escribimos lo hacemos nada más por hobby y cuántos por una verdadera necesidad de expresión y amor a las palabras? Y aún si es sincera esa necesidad y ese amor, ¿cuántos nos esforzamos por perfeccionar tanto la forma como el fondo de lo que redactamos? ¿Cuántos ya sólo nos dormimos en nuestros laureles por haber conseguido algún premio, algún diploma o el aplauso del público (muchas veces caprichoso y falaz o sumamente sectorial)?
En fin... ¿Quién mejor que un clásico para ilustrarnos con su sabiduría? Por eso ya me callo [yo] y les comparto éste texto del Maestro Stevenson. Y como dice el dicho: "Quien tenga oídos que oiga". Esta carta me la dedico a mí mismo –más que a nadie en el mundo—y me aplico sus sentencias en el presente, ahora como entonces...
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CARTA A UN JOVEN QUE SE PROPONE SEGUIR LA CARRERA ARTÍSTICA*
Con la agradable franqueza de la juventud, usted se dirige a mí, sobre un asunto de cierta importancia práctica para usted, y (es también concebible) de cierta gravedad para el mundo: ¿debe o no debe usted ser artista? Es algo que enteramente debe usted decidir por sí mismo; cuanto yo pueda hacer sólo es llevar a su conocimiento algunos de los materiales de esa decisión; y empezaré, como también acabaré probablemente, asegurándole que todo depende de la vocación.
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· Y además, tenemos vocaciones imperfectas; hay hombres cuyo espíritu se dedica afanosamente no tanto a un arte como al general ars artium y base común de toda obra creadora; que ahora estará inclinado a la pintura, luego estará aprendiendo contrapunto, y después ha de estar escribiendo un soneto: todo con igual interés, y a menudo con verdadera sapiencia. De este temperamento, cuando existe aisladamente, me es difícil hablar; pero a uno así yo le aconsejaría seguir las letras, porque en literatura (que arrastra una red tan amplia) toda su información se considera útil algún día, y si continúa como empezó, y entra al fin en la crítica, habrá aprendido a usar los instrumentos necesarios. Últimamente llegamos, de un golpe, a esas vocaciones que son decisivas y precisas; algunos hombres han nacido con el amor por los colores, la pasión por el dibujo, el don de la música, o el impulso de crear con palabras, exactamente como otros, y quizá los mismos hombres, han nacido con el gusto de la caza, o del mar, o de los caballos, o del torno. Éstos son predestinados; si un hombre gusta del ejercicio, de una ocupación cualquiera, sin embargo de toda finalidad de éxito o fama, lo han llamado los dioses. Podrá tener también la vocación general; podrá tener también afición a todas las artes, y creo que a menudo la tiene; pero la prueba de su vocación es esa laboriosa parcialidad para con una, ese deleite inextinguible en sus éxitos técnicos, y, quizás sobre todo, cierto candor de ánimo para tomar esa frívola empresa con una gravedad que llenaría el cuidado de un imperio, y para creer que es digno de lograrse el más pequeño progreso, a cualquier costo de tiempo o de trabajo. El libro, la escultura, la sonata, han de ir adelante con la irrazonadora buena fe y el persistente espíritu del niño en sus juegos. ¿Merece la pena? Cuando le ocurra a un artista esta pregunta, lleva implícita la respuesta negativa. Pues no le ocurre a un niño cuando juega a ser pirata en el sofá del comedor, ni al cazador cuando persigue a su presa; y la ingenuidad del uno y el ardimiento del otro deben juntarse en el pecho del artista.
· Si usted reconoce en sí mismo un gusto tan decisivo, no hay lugar a la duda: siga su inclinación. Y observe (a menos de que lo desanime demasiado) que la disposición no resplandece al principio de un modo tan brillante, o, por lo menos, no tan constantemente. El hábito y la práctica habilitan los dones, la necesidad de la faena se hace menos desagradable, llega hasta a ser bienvenida, con los años; un gusto leve, siempre que sea genuino, con la indulgencia se convierte en una pasión exclusiva. Baste, por ahora, que al recordar un intervalo suficiente, vea usted que el arte escogido ha logrado preponderar entre los insistentes intereses de la juventud. El resto lo hará el tiempo, si lo ayuda la devoción; y pronto cada pensamiento suyo irá a ingresar en la labor atractiva.
· Pero aun con devoción, usted me advertirá, aun con asiduidad firme y placentera, muchos miles de artistas gastan sus vidas enteramente en vano, si se está al resultado: miles de artistas, y nunca una obra de arte. Pero la vasta muchedumbre humana es incapaz de hacer nada razonablemente bueno, en arte como en todo. El artista sin mérito tal vez hubiera sido un panadero muy competente. Y el artista, aun cuando no divierta al público, se divierte a sí mismo; de modo que en todo caso sus vigilias harán a alguno más feliz. Éste es el lado práctico del arte: que es una fortaleza inexpugnable para el que lo profesa con verdad. Las recompensas directas—las ganancias de la carrera—son pequeñas; pero las indirectas—las ganancias de la vida—son incalculablemente grandes. No hay otra ocupación que permita ganar el pan de cada día con tanto gozo. El soldado y el explorador tienen momentos de excitación más digna; pero se adquieren a través de crueles azares e inenarrables periodos de tedio. En la vida del artista no tiene que haber hora sin placer. Hablo del escritor, porque con su carrera estoy mejor relacionado; y es verdad que trabaja un material rebelde, y que el mero acto de escribir es entumecedor y fatigoso para la vida y el ánimo; pero obsérvele usted en su trabajo, cuando el asunto se desborda encima de él, y abundan las palabras, en qué continua serie de pequeñas victorias transcurre el tiempo; con qué sentido de la fuerza, como quien mueve montañas, él dispone sus personajes ínfimos; con qué placer, de los ojos y del oído, ve crecer en la página toda su aérea estructura, y cómo desempeña una labor a la que toda su vida contribuye, y que da entrada a todos su gustos, sus aficiones, sus convicciones y sus odios, de modo que lo que escribe es solamente lo que ha anhelado pronunciar. Él habrá disfrutado muchas cosas en este grande y trágico escenario del mundo, pero ¿qué habrá podido disfrutar de un modo más completo que una mañana de trabajo fecundo?
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* Texto extraído de la Antología de textos sobre lengua y literatura. Lecturas universitarias # 5. Colegio de Ciencias y Humanidades. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición, 1971. Ciudad Universitaria, México, D.F.
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Fuerza iluminada

Fuerza iluminada. Jackeline Cendejas Wusterhaus.
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Un juguete
Fue el primer día de la semana, en la primera hora del día.
Nos sentaron dentro de la oficina de la juguetería, era un lugar raro, sin escritorio ni ventanas.
Algunos juguetes cargaban objetos representativos de sus creencias, sólo se podía oír el susurro de los impacientes, todos nos encontrábamos alrededor del acusado, que sentado en el suelo esperaba el inicio del proceso burocrático para darle sentencia. Aquello era una especie de juicio medieval.
Después de tanto esperar, apareció el dueño del negocio y su voz impuso el orden necesario para toda la desperdigada concurrencia.
-¡Silencio!- dijo el vendedor de juguetes- hoy estamos aquí porque tenemos un juguete roto, un producto defectuoso, el único payaso triste en toda la juguetería, en todo la calle, en todo el estado. Los niños no vienen aquí a llevarse una bicicleta sin ruedas o un títere sin hilos, y por supuesto los padres no pagan por un muñeco triste, inconforme, subversivo, de colores fríos y ropajes remendados.
-¡Yo no soy ese juguete!- respondió el acusado levantándose rápidamente- usted entiende por humor, algo gracioso, cómico o felicidad, algo muy distinto a lo que creo yo.
-¿Cómo te atreves a replicarme?- gritó el dueño enfurecido- tus acciones siempre en contra de las reglas del establecimiento te convierten en el blanco de todas nuestras preocupaciones. Ningún juguete normal puede sentirse seguro mientras existan otros como tú en este lugar, pues, en el futuro veremos pasar a la clientela frente al aparador ignorándonos a causa de un triste payaso que nos hace mala fama espantando a los niños y a sus padres.
Pensar que la felicidad y la diversión deben ser un derecho gratuito para todos los seres humanos me resulta totalmente reprobable y utópico, eso es algo que nunca pasará, y tu eterno esfuerzo para lograrlo nos está cansando. Intentar escapar yéndose entre las cosas de un niño, arrastrarse por los ductos de aire o simplemente salir corriendo por la puerta buscando un sueño, llevó al basurero a los que creyeron en tus locas palabras y a pesar de haberte otorgado el perdón, por ser mi favorito, te esfuerzas en compartir el mismo destino que tus compañeros.
Después de haber dicho lo anterior, los espectadores empezamos a cuestionarnos unos a otros sobre la veracidad de ambas formas de pensar e interrumpiendo nuestros susurros, respondió el payaso:
-La razón de nuestra existencia recae en el momento en que alguien nos toma en sus manos y podemos mover algo dentro de su ser: una historia pasada o futura, un sentimiento, una imagen o simplemente creamos la sensación de compañía. Pero ustedes empresarios siempre están creando barreras que impiden que la gente decida por sí misma, alejando al comprador del juguete barato y pasado de moda, dejándonos solos en los estantes de rebajas y solamente consiguen enriquecerse y venderle a la gente un producto frio que los hará felices hasta que ustedes publiciten un nuevo juguete en el mercado.
Al final los únicos ganadores son los dueños de las jugueterías, los juguetes con el tiempo somos olvidados o tirados a la basura y los compradores engañados de forma permanente.
Entonces todos los juguetes reflexionábamos sobre las palabras de aquel payaso triste y a pesar de estar de acuerdo con él, nadie hizo nada cuando después de haberse dicho todo, enfurecido por el apoyo que le dábamos a nuestro compañero, el juguetero lo descoció y le dio uso a sus ropajes como trapos de limpieza.
¿Porqué contar la historia de un juguete después de tanto tiempo?
Porque con el tiempo aparecieron mas juguetes como él, que inspirados por la firmeza que tuvo un payaso ante su inminente fin, dan seguimiento a la búsqueda de una sola meta: lograr un mundo, donde todos puedan recibir de forma gratuita felicidad y garantizar que nunca nadie utilizará el poder de un juguete para su enriquecimiento personal.
Probablemente somos productos nada mas, tal vez, negocios son negocios y nunca deberíamos de pensar, seguramente este es un pensamiento utópico, ¿pero no es precisamente ese el motivo del juguete, darle no sólo a un niño, sino a todos aquellos que puedan disfrutar de la felicidad que trae sin precio alguno? y si no es esa la razón por la que existe ¿para qué comprar alguno?
Convoco a toda la clientela de la juguetería para que nos pongamos de acuerdo, y sea el cliente quien decida ¿qué juguete es valioso y cual no? y para que nos platiquen esas historias del cómo los que hoy son padres, jugaron con aquel payaso triste y reventaron de alegría, porque fueron ustedes los actuales adultos los que motivaron a aquel payaso a pensar en quien lo quería comprar y no en quien lo quería vender, por ustedes luchamos y les rogamos no nos dejen morir.
Atte. Un juguete
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Sueño de la madrugada del 26 de julio del 2011
En un bar cualquiera, de estructura un tanto extraña…
Mi razón me hace pensar que con base a su estructura debió tener escaleras helicoidales, todo tapizado de rojo con ornamentos rococó color oro y algunos barandales de madera aparentemente de nogal oscuro.
Bastante curioso aquel mesón en el que nos encontrábamos Alejandra, Fanny, su hermana, su primo John y yo, recuerdo que bebimos como habitualmente se hace ahí; después de algunos tragos y pláticas sin sentido decidimos salir.
Ahora que lo recuerdo bien, más que decidir irnos, ya casi cerraban las puertas de la alienación.
Tuvimos que ir a buscar a un tipo apodado "el güero" para poder pagar; en realidad no recuerdo el porqué del afán de pagarle forzosamente al famoso "güero" pero dudo que tenga importancia. Así en cuanto pagamos, ipso facto salimos del establecimiento, no miramos el reloj como deberían de haberlo hecho aquellos que de momento se siente despabilados por la fría brisa de la madrugada pero, sin embargo, miré al cielo y me percaté de que la hora oscilaba entre las 5:50 y las 6:20 de la mañana. Aquel lienzo gélido poco a poco se tornó menos negro y más azul. Solamente las estrellas más brillantes y aferradas del firmamento combatían contra el alba que poco a poco desgarró el mundo sublunar, dejando ver el delgado trazo de azul celeste, muy parecido a la experiencia de mirar haces de luz blanca a través de una gema aguamarina.
Nos decidíamos a detener un taxi cuando recordé (cosa extraña, quiero enfatizar) que traía un Volkswagen azul rey un tanto deteriorado, el cual de pronto apareció ante nosotros como si psíquicamente lo hubiese materializado. Lo abordamos, yo al volante obviamente, y lo primero que se me vino a la mente sin importar lo que los demás pensaran fue, dejar sano y salvo a John en su casa, para lo cual debíamos haber viajado por el periférico, pero por temor a un accidente y basado en mi poca experiencia, opté por tomar una avenida paralela menos transitada, avenida que sin temor a equivocarme no es físicamente posible que existiese, ya que en ese lugar está el lago de Cuemanco.
Recuerdo aquella ficticia avenida por la que viajamos, una arteria evidentemente de caravana escasa; con abundantes sauces llorones de nuestro lado derecho y en su reflejo un prado con unos cuantos árboles más, que por la hora se nos mostraba oscuro y sin fin.
De un momento a otro me vi fuera del auto, aunque este siguió andando a una velocidad normal y con una dirección establecida, ahora miraba nuestro medio de transporte como si fuese un peatón ajeno a dicho vehículo, lo más extraño es que alcance a ver una leyenda en inglés con lo que parecía ser sangre sobre la parte trasera del VW, si mal no lo recuerdo la frase era bastante intrigante; "llegando tarde a la casa del infierno", algo que hasta el momento me trastorna en demasía.
Poco recuerdo de lo que sucedió después, así que me temo que daré un salto cuántico y nos ubicaremos afuera de mi hogar llegando del bar Alejandra, Fanny y yo. Ellas descendieron del auto mientras yo alistaba todo para dejarlo fuera de la casa sin que ocurriera algún nefasto hurto, me parece haber entrado a un cuarto que no formaba parte de mi casa, una habitación en la que sólo había una cama y una ventana por la que entraba la luz de nuestra interminable madrugada. Allí dentro se encontraba un sujeto que lloraba desesperadamente y en cuanto tuvo conciencia de que ya no estaba solo se abalanzó sobre mí, se arrodilló, gimoteó y gritó con aturdida desesperación -¡me los mataron! ¡mataron a mis hijos!- y entre descargadores sollozos me explicaba -¡los degollaron, les sacaron los intestinos y abandonaron a mi muchachos como perros en medio de la calle!- la impresión fue inexplicable después de escuchar a este hombre describir tan horripilante suceso, me quedé pasmado, pero lo que más me trastornó fueron la serie de imágenes que me llegaron posteriormente de su inconsolable pérdida y, ante mis ojos, apareció una televisión con el canal de las noticias haciendo público el acontecimiento previamente relatado, miraba unas manos llenas de sangre y dos cuerpos en el suelo; inevitablemente una fría sensación recorrió todo mi cuerpo.
De pronto el hombre se levantó y encendió la luz, no pude hacer nada, más que tirarme en un sillón, al ser consciente de la identidad de aquel desafortunado e infeliz al que escuché llorar por su pérdida; resulto ser el tío de mi novia y sin lugar a dudas los jóvenes por los que lloraba y, a los que ahora entiendo yo había matado tan desquiciadamente, no podían ser otros más que los primos de Alejandra.
Aún no encuentro explicación para tan atroz desdoblamiento de mi subconsciente, pero me asusta saber lo que mi mente esconde de mí mismo.
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Amanecer
El sol está saliendo. Me da los buenos días con una sonrisa dibujada en su cara.
Despierto sólo para volver a vivir en un mundo lleno de asesinos, violadores, políticos ladrones, cinismo, envidia, muerte, resignación, alienación. ¿Por qué despierto todos los días en un mundo, que a mis 21 años, no ofrece nada? ¿Por qué antes si uno se esforzaba lo suficiente garantizaba su lugar en el mundo y ahora no?
Qué clase de mundo han hecho para las futuras generaciones. ¿Es realmente esta vida un terreno de juegos donde puedan reír y crecer seguros? ¿Por qué nos esforzamos en defender lo que nos está destruyendo?
Poco a poco, pierdo las ganas de pararme. Ya no quiero ir a trabajar, ya no quiero vivir otro día más en un lugar así, pero algo me vuelve a levantar y me dirige hacia mi trabajo, y hoy vuelvo a esforzarme más allá de lo que me piden, porque mi trabajo empieza con las labores por las que me mal pagan, pero ese es sólo el principio.
Todos tenemos un segundo empleo, que de hecho, es el primero que aceptamos en nuestras vidas, es el más importante y el que realmente satisface, somos seres humanos.
Este trabajo es de tiempo completo y la retribución, a pesar de no ser monetaria es más grande que cualquier otra, pues, esta paga no hay forma de gastarla sin compartirla, no se despilfarra en rebajas, ni se puede disponer de ella con planes de crédito y no importa si tienes mucho o poco, lo importante es que todos tenemos algo que ofrecerle al que está enfrente.
Mientras sigo pensando en este amanecer, la sonrisa me vuelve al rostro, y me acuerdo de mis 15 años, cuando defendía el mundo con mi vida, simplemente porque es lo correcto, pero, aun así esa alegría es acompañada por un ligero llanto, porque el recuerdo viene acompañado por la desesperación, que la gente adulta generó sobre mí, sus eternos ataques para que cambiara: porque ese camino nunca me iba a llevar a nada, porque el mundo no va a cambiar, porque la vida siempre ha sido igual y siempre lo será, porque casi me arrebatan mis ganas de luchar, porque casi convierten a un ser humano de 15 años en un zombi que se arrastraría por el mundo obedeciendo, ganando, comprando, follando, drogándose con televisión, ¡pero no!
Esta frase me acompañara toda mi vida y en ella he basado mis esfuerzos: "Podemos seguir en este camino o podemos pensar en un cambio". Es una de las más importantes de mi vida, porque cuando todo parece ser una gran red de mentiras imposible de romper, en vez de seguir por ese camino, recorro el sendero del cambio, empezando con no colaborar para que esa red continúe, de esta manera aunque no se debilita ya no se fortalece, y en la medida de lo posible la intento debilitar cuando menos deshilachando un pequeño hilo de ese gran telar.
Gracias sol por recordarme quien soy y de que soy capaz, gracias por este nuevo amanecer.
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Todos caminamos
En alguna ocasión alcé la cabeza para tratar de encontrar en el cielo la paz y la tranquila felicidad, que siempre le ha hecho falta a mi vida, pero una graciosa ave me orinó en la cara.
En otra desesperada ocasión, desde una gran altura agaché la cabeza, y cavé en el suelo con la mirada, esperando encontrar una salida o por lo menos el eterno descanso y sólo pude ver mi triste reflejo en un mugroso charco.
Mucho de mi tiempo lo dediqué a las mujeres, soñando que un día encontraría algo, lo que fuera, pero que fuera mejor que estar sin ellas, sólo conseguí dolores más fuertes que los que ya tenía y nuevas heridas para mi colección.
A pesar de que suelo olvidar temporalmente mis dolores perdiendo la conciencia con algún agente externo a mi persona, siempre me golpea la realidad que sin importarle con cuánto esfuerzo me levanto en cada ocasión, me tira una y otra vez de forma iracunda y con más fuerza, fomentando mis deseos de desertar y nunca volver a pararme.
Así empezó la plática, acompañado de una extraña persona, en medio de la calle llena de lodo fresco, y en el hermoso cielo rayos y nubes negras que adornaban la noche. La persona más singular con la que he conversado en mi vida, digna de recuerdo y de admiración, su mirada me perdía, tenía todas las respuestas y a pesar de que era un defecto caminante, posiblemente haya sido de las pocas personas que con facilidad impresionan.
Sin darnos cuenta nuestros pasos nos llevaron al entronque en donde teníamos que separarnos, quise regresar y acompañarlo en su camino, pero no lo hice así. Puede ser que nuestros caminos fueran distintos, puede ser que nos dirigiéramos a lugares distintos, o incluso no lo acompañé por egoísta, pero lo que es seguro es que nunca volveremos a caminar juntos.
Lo más curioso de todo es que los recuerdos de ese ser, que se sentían como cicatrices en mi memoria, se disipan de una forma discreta pero constante. Supongo que es causa del alcohol, o porque ya no quiero recordar. Para fines prácticos es lo mismo.
Conforme pasó el tiempo mi vida se pudrió, estando dentro de un ataúd justo antes de ser lanzado a las frías llamas incineradoras de un horno crematorio, alguien se acercó y me dijo – Siempre supiste con quien caminaste aquel día, nunca olvidaste al individuo peculiar y a pesar de todo lo que aquello te produjo, gracias por haber caminado conmigo.
Adiós amigo-.
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Biblio
Cuéntame todo lo que sabes, dime con letras todo lo que has pasado para llegar a mis manos. ¿Cómo te sientes a lado de tus hermanos, complementándose constantemente en mi mente, formando así un gran rompecabezas de ideas, teorías, cuestionamientos, y sentimientos a lo largo de la historia?
Platícame como has sido perseguido por los que no quieren que nos relacionemos, no escatimes en detalles y relátame la gran persecución que has sufrido desde tiempos ancestrales por ser peligroso para un gremio poderoso.
Hermano, llora con tinta negra; dime como dolió ser parido por la pluma de tu padre, cómo a golpes de imprenta has crecido y como te reprodujiste en las mentes de los que te hemos escuchado hablar dentro de nuestra cabeza.
Canta con alegría, que a pesar de todo, sigues luchando por cultivar en cada persona la semilla del progreso, la diversidad cultural, un buen criterio, la necesidad de avanzar justamente…
Y, por último, denuncia a todos los que después de conocer tu poder lo han malempleado para tener resultados contrarios a tus intenciones; aquellos que con tu gran acervo sólo se han cultivado con la intención de desinformar y destruir.
Sin ti compañero la luz se extinguirá.
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Estadísticas 2011
Continuando con la tradición de hacer partícipes a nuestros lectores de los logros alcanzados por el Mundo Cultural Chobojos, les damos a conocer las "aburridas y tortuosas estadísticas". Nuevamente hemos convertido los números que arroja el registro electrónico de páginas vistas de nuestro proveedor zoomblog.com en gráficas.
La primera gráfica nos muestra, mes a mes del 2011, el conjunto total de los Blogs, donde cada sección de color en las barras compuestas representa cada uno de los sitios y su proporción con el total; la segunda, la gráfica de pay o queso muestra la composición, con las cifras anuales de las páginas vistas, y el porcentaje de aportación de cada Blog; la tercera y última sólo representa los Blogs asociados con sus cifras anualizadas.
No nos queda más que agradecerles por seguirnos y por hacernos más fuertes; como dijo el Chobojo Master y dijo bien: "para todos nosotros, es un aliciente formidable saber que la cultura, esas ideas sin fronteras, son semillas que engendran más semillas y que todas dan fruto".
Seguiremos cometiendo poesía, crítica, cuento, tradiciones, música, dibujo, pintura, haciendo a un lado las edades, los credos y la censura… Seguiremos atreviéndonos, siendo medio locos o locos completos, irreverentes, tradicionales, extravagantes o vanguardistas.
Chobojos sean.


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